ELECCIONES EUA 2020: Por qué los estadounidenses le tienen pavor al socialismo

Elecciones USA 2020: Es la última oportunidad de Bernie Sanders para alcanzar la candidatura, pero ¿alguna vez tuvo una oportunidad para ser presidente?
marzo 12, 2020

El domingo 15 de marzo se llevará a cabo el décimo primer debate entre los precandidatos del Partido Demócrata. Y uno pensaría, ¡Qué molesto! ¿Once debates ya? En efecto, puede sonar pesado y tedioso porque, después de tanto tiempo, parece que estos tipos ya no tienen nada nuevo qué decir. La gente ya debería estar más que familiarizada con sus propuestas y sus posturas.

Pero lo que le da su verdadero peso a este debate es que veremos la reacción de los contendientes a una crisis que se desarrolla en tiempo real. La pandemia de coronavirus y su impacto económico a nivel global bien podrían brindarle a Bernie Sanders la última oportunidad para vender su candidatura a los votantes estadounidenses. Para acentuar el contexto crítico, el debate será transmitido desde Washington D.C., en lugar de Arizona, sin la presencia de un público asistente, como medida cautelar de salud.

¿CÓMO LLEGAMOS A ESTE PUNTO?

Resulta difícil de creer que, todavía a mediados de febrero, el senador Sanders se había posicionado como el puntero de las campañas primarias. Contra todo pronóstico, la campaña de Joe Biden se había desinflado, y su lugar había sido ocupado por los contendientes moderados más jóvenes, como Pete Buttigieg y Amy Klobuchar. A todas luces, el viejo vicepresidente se veía derrotado pero dispuesto a cavar su última trinchera en Carolina del Sur.

¡Y vaya que pagó la apuesta! Carolina salvó al señor Biden de una humillante derrota. Si bien Sanders contaba con el respaldo de los jóvenes y los latinos, la población afroamericana salió al rescate de “Obiden”, a quien veían como un hombre comprometido con darle continuidad a las políticas de Barack Obama. El regreso triunfal del ex-V.P. revivió también la esperanza del Partido Demócrata de poder postular al hombre que juzgaba mejor parado para vencer a Donald Trump en noviembre. La dirigencia partidista movió sus fichas para que los demás candidatos moderados cerraran filas y dieran por concluida la contienda de las primarias, una pelea costosa que ponía en riesgo la unión del partido entre más se prolongaba.

Con la cerrada pero innegable derrota del senador Sanders en las primarias del 3 y el 10 de marzo, parecía que el político de 78 años estaba a punto de colgar los guantes. La tarde del martes pasado, la comentocracia ya estaba cantando el retiro del señor Sanders y los medios de comunicación se mostraban ansiosos por cambiar la narrativa de ‘Biden vs. Bernie’ a ‘Biden vs. Trump’. Era como si todos los actores políticos del llamado establishment dieran un respiro colectivo de alivio. El peligro que representaba la candidatura de Bernie Sanders los había tenido espantados por unas semanas, pero finalmente había sido neutralizada.

O al menos esa es la impresión que querían dar. El 11 de marzo, la campaña de Sanders volvió a desafiar al partido y anunció que su candidato no se iba a retirar aún de la contienda. Ahora nos queda esperar al próximo domingo para el tan anticipado debate que enfrentaría a estos dos hombres por primera vez ‘cara a cara’.

Bernie Sanders con Alexandria Ocasio-Cortez (Kena Betancur/Gettyimages

TODOS CONTRA BERNIE

Tanto en 2016 como este año, Bernie Sanders se mostró como el candidato que se rebelaba, no solo contra la vieja guardia del Partido Demócrata o su estilo convencional de hacer política, sino también se presentó como un crítico auténtico del modelo neoliberal que había dejado desamparado a los sectores más vulnerables de la sociedad, a costa de enriquecer a un grupo cada vez más pequeño de oligarcas.

Por estos motivos y muchos más, el señor Sanders era tachado de “socialista” por sus numerosos contrincantes; pero a diferencia de otros políticos que huían despavoridos de la etiqueta, este hombre la aceptaba con orgullo. Si aspirar a que todos los ciudadanos reciban cobertura bajo un sistema universal de salud, o luchar para que la educación superior sea gratuita, o buscar la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, si todo esto era socialismo, entonces él se decía socialista.

Ahora bien, hubo un tiempo en que asumirse como socialista era visto como un deseo suicida en la política estadounidense. Todavía lo es, claro, pero las nuevas generaciones son incapaces de comprender los motivos del tabú, ya que no les tocó vivir la Guerra Fría. Por esta razón, no debe ser sorpresa que ‘Bernie’ reciba la aprobación abrumadora de jóvenes y estudiantes. Y a la vez, también nos explica por qué había sido tan marginado por sus colegas a lo largo de su trayectoria política. “A nadie le cae bien Bernie”, dijo Hillary Clinton en su más reciente documental. ¿Pero dijo esto porque Sanders tiene una personalidad algo pesada o tendrá que ver más bien con sus ideales y principios? Ser socialista carga con un estigma dentro la clase política de muchos países, pero en Estados Unidos, ser socialista es como decir que eres “un enemigo de la nación” para buena parte de la sociedad.

Para entender esta animadversión hacia el socialismo, solo basta echarle un ojo a los últimos 150 años de historia en Estados Unidos.

TRABAJADORES DEL MUNDO: NO SE UNAN TANTO

Tras la Guerra Civil y la Reconstrucción, Estados Unidos era un país joven y ambicioso, cuyo sector productivo crecía a un ritmo tan acelerado que los otros países del mundo se quedaban atrás. El gobierno le daba rienda suelta a los empresarios de la época para que pudieran explotar a su antojo los recursos de la nación. Mientras el país se enriquecía a través de la fiscalización de sus numerosas industrias emergentes, los grandes capitales plantaban sus semillas en todos los ámbitos de las estructuras de poder.

La explotación de recursos también implicaba la explotación de trabajadores, y esto trajo consigo las primeras confrontaciones de clase en las grandes ciudades como Chicago, cuna del Día del Trabajo. En la segunda mitad del siglo XIX, los obreros exigían la jornada laboral de 8 horas, salarios más dignos y el derecho a formar sindicatos, pero los empresarios respondían con la fuerza opresora de la policía o las golpizas de los esquiroles.

La Primera Guerra Mundial y los años sucesivos de opulencia acallaron en Estados Unidos al movimiento laboral, pero la Gran Depresión de 1929 revivió con fuerza la lucha por la reivindicación de causas sociales y laborales. Parecía que la implementación del New Deal -una serie de medidas intervencionistas propuestas por el presidente Franklin D. Roosevelt- le abría la puerta del gobierno a proyectos de corte socialista, como el Seguro Social, las libertades sindicales y demás, pero este optimismo llegó a su fin tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial.

Después de la derrota del nazismo y sus aliados, Estados Unidos y la Unión Soviética se partieron el mundo como un pastel. La Guerra Fría marcaba el inicio de una competencia entre las dos superpotencias restantes. Los estadounidenses tenían que demostrar que su modelo, liberal y capitalista, garantizaba la felicidad de su población. Si bien programas sociales como Medicare y el mismo Seguro Social sobrevivieron al corte de caja, todo lo que “apestaba” a socialismo cayó en desprestigio, al ser atribuido como el corazón de la economía planificada de los países comunistas.

De 1947 a 1991, Estados Unidos se encargó de dibujar a la competencia como un país cuyo sistema (1) estaba condenado al fracaso y (2) amenazaba las libertades americanas. Desde la cultura popular a las clases de historia en la secundaria, los “comis” eran “los malos”, y esto quedó bien grabado en la mente de millones de estadounidenses. La carrera espacial, los Juegos Olímpicos, las guerras en Corea y Vietnam, las partidas de ajedrez y hasta Iván Drago en Rocky IV, no había campo donde los marxistas – leninistas – socialistas – comunistas – estalinistas – trotskistas (da muy igual el término, todos son villanos en esta película) no fueran los rivales a vencer.

La propaganda alegaba que la llamada dictadura del proletariado en realidad tenía esclavizados a sus trabajadores, todos ellos sometidos a un enorme aparato burocrático centralizado. El modelo soviético era ineficiente y desastroso, y su colapso era inevitable. Y cuando esto finalmente ocurrió, los estadounidenses exhibieron al socialismo y a todas sus variantes como si el Tío Sam estuviera sosteniendo la cabeza decapitada de Marx, diciéndole al resto del mundo, “¡Se los dije! ¡Yo tenía razón!”

(Chip Somodevilla/Getty Images)

BERNIE: ¿SOCIALISTA O SOCIALDEMÓCRATA?

Un divertido debate entre politólogos tiene que ver con encasillar al senador Sanders en la ideología adecuada. Medios conservadores se regocijan de indignación cuando lo pintan como socialista. El mismo Sanders se describe como un demócrata socialista. Pero sus políticas están más apegadas a una corriente con una fuerza política considerable en Europa conocida como socialdemocracia.

Al señor Sanders le gusta pronunciar que su presidencia va a emprender una revolución política, pero los analistas estiman que su estilo de gobernar se inclina más por la reforma que la revolución. Si bien Sanders quiere que sus seguidores adquieran conciencia sobre su condición de clase, tampoco busca que los trabajadores se levanten contra la burguesía e impongan su dictadura.

Por más que sus opositores quieran equipararlo con Hugo Chávez o Fidel Castro, el senador Sanders no mira hacia Venezuela en busca de ideas, sino a Canadá y los países escandinavos. Es obvio que estos países no son socialistas, pero han logrado encontrar la forma de implementar medidas para regular el mercado y distribuir la riqueza de manera más equitativa y justa. En lo relativo a su propuesta más importante, su modelo a seguir es el sistema universal de salud que tanto presume Canadá.

De cualquier forma, no deja de ser sorpresa que un político que se clasifica a sí mismo como socialista (con o sin complementos) pueda llegar tan lejos en un proceso electoral bajo la marca de uno de los dos principales partidos. Por un lado, nos indica que el modelo neoliberal, el mismo que se había colgado la medalla de patear el trasero de Marx en la Guerra Fría, ha caído en desgracia ante las desigualdades económicas que denuncia la generación millennial. Por otro lado, fuera del contexto de la Guerra Fría, la agenda progresista de la socialdemocracia no suena tan mal. La mayoría de estadounidenses está a favor de un sistema de salud universal y de cancelar la deuda estudiantil. ¿Qué está esperando la clase política para darle una plataforma mayor a estas propuestas?

P.D.: Esto no borra la metida de pata de hace unos años, cuando Sanders condenó el autoritarismo de Fidel Castro, cierto, pero también admitió que el régimen cubano tuvo sus cosas positivas, ya saben, como su programa contra el analfabetismo. Declaraciones como esta le costaron la candidatura a Sanders hace cuatro años, y es muy probable que le hayan costado la candidatura este año de igual manera. ¿Por qué? Porque Castro humilló a Estados Unidos en 1961 con la invasión de la Bahía de Cochinos. Así de simple. Los estadounidenses no han perdonado a los cubanos desde entonces.

La clase política podrá tolerar la idea de tener a uno o dos socialistas entre sus filas… pero los halagos a Castro están prohibidísimos. Otros socialistas o “demócratas socialistas” tendrán que pensarla dos veces antes de andar por ahí, rindiendo tributo a los enemigos de antaño.

Autor:
Javier Carbajal Doxálogo