¿Quién fue Martin Luther King y por qué su legado es tan importante?

A 54 años del discurso pronunciado por Martin Luther King, su mensaje está más vigente que nunca en la era de Donald Trump.
agosto 28, 2017

“Tengo un sueño” es la frase de un discurso que pasó a la historia. Fue dicha en medio de una lucha social que puso sobre la mesa un tema importante: Estados Unidos no era/es un país justo porque el gobierno era/es racista. 50 años después es importante recordar las palabras del reverendo Luther King, pues son palabras llenas de justicia y gran verdad.

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Fue en 1963 que el reverendo Martin Luther King Jr. pronunció a los pies del Monumento a Lincoln el discurso que ejemplificó el poder de la oratoria cuando es empleado por una causa noble. Las palabras de MLK resonaron entre las 250 mil personas que se reunieron en Washington D.C. para escuchar al líder más carismático e influyente del movimiento por los derechos civiles de la población afroamericana.

Inicialmente, el discurso marcaba los 100 años de la Proclamación de Emancipación emitida por el presidente Abraham Lincoln durante los días más desgarradores de la Guerra Civil, conflicto bélico que amenazó con fragmentar a la Unión Americana. Pero con el paso del tiempo, el discurso adquirió relevancia propia por la elocuencia de sus justos reclamos, la nobleza de sus aspiraciones y la belleza inherente a los talentos oratorios de MLK.

Aquella fuerte división racial que tanto daño ha provocado a lo largo de la historia de EE.UU. fue mitigada por el Dr. King, sus seguidores y sus contemporáneos pero nunca erradicada por completo. Lo que antes era ocupado por la segregación racial y las leyes de Jim Crow fue reemplazado por un racismo más sutil, un racismo “blando”. Las tensiones entre la población blanca y las minorías nunca desaparecieron y de vez en cuando explotaban en las calles, principalmente cuando surgía un caso de agresión policiaca.

Con la elección de Barack Obama en noviembre de 2008, muchos comentaristas (principalmente de tez blanca) declararon que Estados Unidos vivía en una sociedad “pos-racial”. Una de las naciones más racistas del continente americano había votado por un presidente negro para servir no uno, sino dos periodos en la Casa Blanca. Bien parecía que el país había superado finalmente su vergonzoso pasado… pero la realidad fue muy distinta.

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Al colocar a un hombre afroamericano en la cúspide del poder, varios sectores de la población blanca experimentaron “un despertar” y se sintieron atacados en su propia tierra, no por un movimiento armado sino por un fenómeno similar a la parábola de la rana y la olla de agua hirviendo. Por un lado estaba la paulatina penetración de la cultura latina en lo que se conoce popularmente como the american way of life. Y por otro lado figuraban las estadísticas que indicaban que la población caucásica estaba “condenada” a ser una minoría más alrededor del año 2050.

(AP Photo)

En cierto sentido, la creciente diversidad del pueblo americano obedece a uno de los principios expresados por el doctor King en su discurso. Aquel sueño en el que “los hijos de esclavos y los hijos de dueños de esclavos podrán sentarse en la mesa de la hermandad” quizás no podría darse sino hasta que deje de haber una mayoría integrada por una sola raza. Sin embargo, las manifestaciones recientes de “blancos nacionalistas” nos indican que mucha gente todavía no está preparada para un ambiente multirracial.

Ahora bien, en lugar de actuar como una fuerza conciliatoria en un país dividido por posturas extremas, Donald Trump prometió en su campaña -y sigue prometiendo como presidente- un retorno a “los buenos días de antaño”, cuando no había duda (en la mente de estadounidenses blancos y prósperos) de que Estados Unidos era un modelo económico, democrático y social para el mundo. Y en efecto, Donald Trump está cumpliendo parte de su promesa, aunque nadie está viendo los resultados en las tablas de crecimiento económico o influencia política. Donde sí estamos viendo un retorno a “los buenos días de antaño” está reflejado más bien en las expresiones, cada vez más descaradas, de una clase media y media-baja intolerante, racista e ignorante.

En el marco de la historia, Donald Trump podría ser visto como el anti-MLK. Una figura que no sueña con atenerse al más fundamental de los principios en la Declaración de Independencia, “que todos los hombres son creados iguales”, sino una que dibuja muros en las fronteras y que le cierra las puertas a los creyentes de otras religiones. El lenguaje de Trump se mueve, torpemente, entre palabras como “ratings”, “ganancias”, “cobardes”, así como insultos vulgares a sus rivales políticos, a los medios de comunicación y a los líderes de naciones aliadas. ¿Dónde quedó la grandeza inherente al que aspira a un puesto de poder?

En la retórica de Trump no existe la intención de inspirar, convencer o marcar un momento para la posteridad, sino la de vender un producto a un cliente fácil con tal de obtener un beneficio a corto plazo. Y cuando su cliente es la clase obrera blanca que se vio sumamente afectada por la crisis económica de la década pasada, su producto es fácil de definir: la nostalgia por un periodo inexistente en la historia estadounidense, lo cual excluye factores que hoy conforman el mercado neoliberal (la apertura de mercados globales y la mano de obra barata) y todo grupo que se atreva a criticar el status quo. Por tal motivo, los adversarios tienen rostros familiares: los extranjeros, los migrantes latinos y grupos activistas de izquierda como Black Lives Matter, los “Antifa” y el feminismo.

Hace más de 50 años, el mundo necesitaba grandes personajes que se atrevieran a postrarse ante un podio con el fin de dirigirse a un público con palabras que subrayaran “la urgencia del ahora”. Hoy no hay escasez de personajes dispuestos a pararse ante un podio, pero al juzgarlos por “el contenido de su carácter” (para usar una frase de MLK), estos personajes vacíos se desmoronan bajo el peso de los problemas actuales. Hoy más que nunca sobran los fanfarrones como Trump y sus ridículos tuits, a la vez que hacen falta auténticos líderes como Martin Luther King y su retórica colmada de gran verdad.

Texto: @ShyNavegante

Imagen principal de José Aguilar