¿Por qué sigue causando indignación el incendio de la Guardería ABC?

El 5 de junio de 2009, 49 infantes murieron quemados y más de cien resultaron heridos por quemaduras graves. Apenas un día después, el presidente de la república en turno (Felipe Calderón) ofreció sus condolencias para las familias por lo que llamó “la terrible situación”; sin embargo, lo que pasó no fue un accidente, sino el resultado de una mala administración que descuidó las medidas de seguridad necesarias para la apertura y el mantenimiento de estancias infantiles.

Nuestros pensamientos, nuestras acciones y nuestras oraciones están con las familias que hoy están viviendo esta terrible situación. Como mexicano, como padre de familia, como Presidente de la República estoy, verdaderamente, entristecido y consternado desde el momento en que me enteré de esta tragedia” (vía Presidencia).

Cardboard silhouettes of children holding balloons stand during a protest demanding justice for the 49 children killed in a daycare center in northern Mexico in Mexico City, Tuesday, Jan. 5, 2010. Parents and relatives of the children who died at the June 5, 2009 daycare fire in Hermosillo, capital of Mexico’s northern state of Sonora, have been demanding justice without results yet. (AP Photo/Eduardo Verdugo)

Una serie de horrores

Cuando la escritora Svetlana Alexiévich (Bielorrusia, 1945) escribió sobre la catástrofe nuclear en Chernóbil advirtió una diferencia entre varios tipos de destrucción masiva provocada por el hombre. Si las personas que nacieron después de la Segunda Guerra Mundial sólo identificaban la guerra como la maquinaria de exterminio por excelencia, Chernóbil llegó para demostrar que había otro tipo de horror: el de la radiación. Alexiévich coloca ese desastre en una serie que continúa hasta nuestros días:

Ahora ya no podemos creer, como los personajes de Chéjov, que dentro de cien años el mundo será maravilloso. ¡La vida será maravillosa! Hemos perdido este futuro. En esos cien años ha pasado el gulag de Stalin, Auschwitz… Chernóbil… El 11 de septiembre de Nueva York…

Alguien podría reclamar que la muerte de 49 niñas y niños no es comparable en dimensiones al atentado contra las Torres Gemelas o al genocidio en los campos de concentración; sin embargo, la tragedia de la Guardería ABC fue un punto importante en la historia de la seguridad de este país. Si contamos el número de muertes a partir de la administración de Felipe Calderón, hoy suman más de 100 mil y más de 30 mil desapariciones, según cifras oficiales.

La Red por los Derechos de la Infancia en México calcula que, de ese total de muertos, al menos dos mil eran infantes. Estamos en una era de precarización de la vida: un momento en que el poder político consiste en administrar la muerte, tal vez no de manera activa, pero sí de manera pasiva,  “colateral”, esas vidas que los gobiernos se dan el lujo de “dejar morir”.

(AP Photo/Eleazar Escobar / Expreso)

ABC: los niños al cuidado del Gobierno

En 2010 una comisión del Tribunal Pleno de la Suprema Corte de Justicia determinó que hubo numerosas irregularidades en el inmueble que funcionaba como estancia infantil, especialmente en los rubros de protección civil y requerimientos mínimos de seguridad. Por ejemplo: no había salidas de emergencia ni extintores.

Como todos recordamos, el incendio se extendió desde una bodega colindante que pertenecía a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, donde se almacenaban archivos, placas de coches y vehículos. Por esta razón, una de las teorías de la causa del fuego es que fue un intento salido de control por quemar evidencias documentales resguardadas en la bodega. Aunque esa hipótesis nunca se comprobó, el dictamen oficial sobre los hechos determinó que los funcionarios públicos responsables de las condiciones que permitieron la tragedia pertenecían a los tres niveles de gobierno (municipal, estatal y federal).

Una silueta de cartón de una niña que sostiene un globo frente a un letrero que dice: 49 bebés muertos + 0 encarcelados = IMPUNIDAD”. (AP Photo/Eduardo Verdugo)

En lugar de reconocer su responsabilidad, el gobierno decretó a partir del 2010 duelo nacional el 5 de junio, en honor a lo que fue llamado “una herida profunda”. El intento era reparar de manera simbólica los daños causados; pero no hay efeméride en el calendario que pueda sanar la muerte de un hijo.

Siete años después de lo sucedido, en 2016, el juez federal Raúl Martínez Martínez dictó sentencia contra algunos de los involucrados en la muerte de los 49 niños; sin embargo, la determinación judicial llegó tarde y de manera ineficiente. Según los abogados de las familias:

Dicha sentencia es deficiente en cuanto no esclarece las causas estructurales de las condiciones de inseguridad en la Guardería, subrogada por el IMSS, y tampoco deslinda claramente las responsabilidades de las diferentes personas procesadas en la causa penal de referencia, mientras no aborda las posibles responsabilidades de otras personas no procesadas.

Además de que los padres de los niños no han recibido justicia, existe el riesgo de que algo similar vuelva ocurrir: una situación donde personas inocentes sean víctimas de violencia desmedida ante la mirada indiferente de las autoridades. El sistema de justicia mexicano ha sido señalado una y otra vez como ineficiente y corrupto. En 2015, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos determinó a partir de un largo escrutinio que en nuestro país existe

una profunda brecha entre el andamiaje legislativo y judicial, y la realidad cotidiana que viven millones de personas en el país, en su acceso a la justicia, prevención del delito, y otras iniciativas gubernamentales”

Francisca Moreno Arellano sostiene a Javier Alexis Pacheco, de dos años de edad, y a una niña no identificada en una ambulancia mientras esperan a recibir atención médica en Hermosillo, México. (AP Photo/Pepe Avila – Expreso)

comentarios