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Octavio Paz: Premio Nobel, escritor y diplomático mexicano

Octavio Paz: biografía, libros y poemas del mexicano ganador del Premio Nobel de Literatura.

Con la conclusión del siglo XX, probablemente también llegó a su fin la figura del intelectual, ese personaje -casi siempre un hombre- al que la gente de su país recurría para contestar cualquier duda que aquejaba a la comunidad, ya que se creía que su prestigio en el mundo de las artes, la filosofía o las ciencias sociales lo acreditaba como un conocedor en toda materia. En México nadie ejercía con mayor profusión esa función que el ganador del Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz.

Poesía y política

En más de un sentido, Octavio Paz es hijo de la Revolución Mexicana y su régimen posterior. Su padre, Octavio Paz Solórzano trabajó como escribano y abogado para Emiliano Zapata, mientras que su abuelo Irineo Paz era un exsoldado, novelista e intelectual liberal. Por su parte, el joven Paz tuvo una “gran fe vasconcelista, en ese fervor que posteriormente produjo muchas cosas y, entre ellas, una organización de estudiantes pro obrero y campesino de la que a su vez surgieron muchas gentes que con los años se convirtieron al marxismo o al sinarquismo”, y luego se unió al movimiento anarquista por José Bosch, un joven catalán a quien conocería entonces y que lo introduciría al pensamiento libertario.

Posteriormente, Paz explicó que, como los jóvenes de su generación, tuvo que escoger entre los extremos. “Las tendencias al fascismo o al marxismo. Yo me identifiqué con la gente de izquierda”, escribió el autor. Su fervor revolucionario lo llevó a la Unión de Estudiantes Pro Obreros y Campesinos y a la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso.

Tras leer a algunos de los mayores exponentes de la poesía de su tiempo, así como el poema más emblemático de T. S. Eliot, traducido por Enrique Munguía como “El páramo”, y publicado en la revista Contemporáneos en 1930, Paz tomó el oficio de las letras. En uno de sus primeros textos publicados, “Ética del artista”, plantea la pregunta sobre el deber del artista entre lo que denomina arte de tesis o arte puro, descalifica al segundo en razón de la enseñanza de la tradición. Con los años, Paz cambiaría de postura.

Imagen: @juano.winternacht/Instagram

Su punto de partida en la poesía tuvo mucho en común con su postura política de juventud. Sin embargo el paso del tiempo hizo que estos dos caminos, el de la poesía que Paz quería hacer y lo dictado desde las filas del marxismo, se separarán. Su desconfianza por la poesía revolucionaria, los desencuentros con algunas figuras de las letras y su denuncia a los campos de concentración soviéticos y los crímenes de Stalin lo llevaron a la ruptura con la izquierda, de la cual sería muy crítico en años posteriores argumentando que ellos sí escuchaban “a diferencia de los otros”.

Un ilustre paso por las letras

La maestría en el manejo de la palabra escrita en la poesía y lo persuasivo de de su obra ensayística son innegables, le abrieron las puertas de la Academia Sueca de par en par a través de la traducción de su obra desde 1960 por varios autores de prestigio. En un mundo en el que cada vez hay más escritores, no basta escribir bien, se debe poder llegar a los círculos indicados. El escritor sueco Artur Lundkvist, ávido lector de los latinoamericanos y perteneciente a la Academia Sueca, fue pieza clave para que Paz recibiera el Premio Nobel en 1990.

No se puede decir que la obra poética de Paz haya dejado escuela, sin embargo su impacto y profundidad es estudiada hasta el día de hoy. En ella se observa la influencia de los surrealistas, característica en varios de los grandes autores latinoamericanos del siglo XX. Su poesía se destaca por su lirismo y, en una etapa sobresaliente posterior, por elementos del hinduismo. Por ejemplo “Blanco”.

Un ejemplo emblemático de la obra paciana es “Piedra de Sol” del poemario Libertad bajo palabra (1960).

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro

Mientras que la ensayística de Paz es inmensamente persuasiva, envolvente. Por el lado de la crítica sintetizó el ocaso de la literatura de las vanguardias al hablar de que pasamos de “la ruptura con la tradición” a “la tradición de la ruptura” en Los hijos del limo.

Pero quizá el ensayo más reconocido dentro de nuestro país, y que hasta el día de hoy es leído en escuelas y universidades es El Laberinto de la Soledad, un libro que del mismo modo que El perfil del hombre y la cultura en México de Samuel Ramos, explora la identidad del mexicano.

Asimismo, Paz fue un prolífico fundador de revistas, algunas de ellas, las más importantes para la literatura mexicana del siglo XX. Taller (1938), Plural (1971-1976) y Vuelta (1976-1998).

¿Octavio Paz renunció a su cargo como embajador?

Paz fue embajador de México en la India desde el 26 de abril de 1962 hasta el 18 de octubre de 1968, y es que el también escritor renunció a su cargo como protesta por la matanza de estudiantes en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968. O eso fue lo que se dijo.

Cuando se le preguntó sobre la renuncia de Paz al entonces presidente y responsable “histórico” de la masacre del 68, Gustavo Díaz Ordaz respondió: “¡Ése qué va a renunciar!”. según una versión retomada por libros y revistas como Emeequis. Ahí se explica que Paz no dimitió, sino que recurrió a un recurso conocido como disponibilidad.

Sin embargo, el también escritor mexicano Guillermo Sheridan asegura en Proceso que tal desmentido es una calumnia, ya que la disponibilidad es el único recurso legal para que Paz dejase su puesto como embajador.

“Desconcertado por esta libertad e incómodo con el desprestigio que le causaba este ejemplo de congruencia moral, que ni siquiera estaba previsto en la Ley Orgánica del Servicio Exterior, Díaz Ordaz se aprovechó de su semántica ambigua para procurar descalificar a Paz, insinuando que ‘disponibilidad’ no era lo mismo que ‘renuncia’ y que solicitarla suponía una actitud interesada en conservar beneficios Lo logró en la misma medida en la que, a treinta años de distancia, algunas personas que nunca le creyeron una sola palabra a Díaz Ordaz, hacen una excepción cuando se trata de calumniar a Paz”.

Al margen de la veracidad de estas afirmaciones, Paz veía su época como funcionario del gobierno priista como “una contribución dudosa” de la que no se sentía orgulloso.

Como muchos que vivieron el siglo XX, el pensamiento de Paz se transformó, de ser un joven militante, en lo político, del marxismo y, en lo artístico, de la vanguardia, pasó a una poesía más ortodoxa y al liberalismo. Para él, el mito de la Revolución se petrificó en dictaduras sangrientas.

En cierto sentido, la figura de Paz quizá también se petrificó al convertirse en una especie de patriarca del medio cultural mexicano en la segunda mitad del siglo XX. Un ejemplo de esta perspectiva está en la novela Los Detectives salvajes de Roberto Bolaño, cuyos protagonistas son unos jóvenes poetas deseosos de transformar el panorama literario, dominado por “los achichincles de Octavio Paz”. Sin embargo, no cabe duda de que la obra paciana sigue abierta a nuevas lecturas, en espera de que nuevas generaciones la descubran.

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