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Mario Benedetti y la imposibilidad de sacarse de la cabeza aquello que sale del corazón

Mario Benedetti: biografía, libros y poemas del célebre escritor argentino, autor de "La tregua".

Hace ciento dos años, en un rincón uruguayo de las márgenes del río Negro, allá donde habitaban los “hombres toro”, Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia echaba su primer vistazo a este mundo incontable, donde asumiría la misión de Vivir adrede y A ras de suelo.

Lo que él vivió y percibió durante casi nueve décadas, lo mismo en Paso de los Toros que en Tacuarembó, en Montevideo, Buenos Aires, Lima, La Habana o Madrid, lo ayudó a forjarse como un hombre de pensamiento libre, a quien lo tosco y lo solitario se le quitaba en un par de días: “…Mañana o a más tardar pasado, sé que despertaré alegre y solidario, con mi culpita bien lavada y planchada; y no solo se me abrirán las puertas, sino también las ventanas y las vidas; y la carta que espero llegará y la leeré seis o siete veces y las malas noticias de los diarios no alcanzarán a cubrir las buenas nuevas; y la que quiero pensará en mí hasta conmoverse…”.

El poeta no tardó mucho en identificar el mayor error del ser humano: “Intentar sacarse de la cabeza aquello que sale del corazón”; y no estaba dispuesto a cometer tal disparate. Así, por esa ruta que lleva del corazón a la cabeza, le pasaron los diálogos de Pedro y el capitán, los cuentos de La sirena viuda, sus Despistes y Franquezas, y las Historias de París, impregnadas de los agridulces aromas del exilio, del amor y de la soledad.

Así se dejó encantar por Baldomero Fernández Moreno y se envolvió después en Damocles y en Orlando fino (sus seudónimos) para empapar de filo y de humor sus colaboraciones periodísticas en el semanario Marcha o en el diario La Mañana de Montevideo.

Y se volvió amoroso por Luz y para Luz, su compañera y cómplice durante seis décadas. Se dispuso a amarla en defensa propia y entonces sonaron todos esos versos suyos que cimbran y que provocan, “…después de todo, usted y yo sabemos que, en el fondo, el amor, el amor es una cosa seria. Por favor, esto último no vaya a publicarlo”. (Interview, Poemas de hoyporhoy).

Fue también a ritmo de latidos que escribió las Canciones del que no canta e intentó componer otras, las Canciones para el más acá, pensando en aquellos que entonan. Y también vio a sus rimas posarse en las voces indicadas. ¿Quién, que se llame latinoamericano, no se ha conmovido con el Te quiero de Benedetti interpretado por Nacha Guevara o Tania Libertad?Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo, y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos”.

Con ese mismo ánimo de músico, en 1985 participó en la producción de Joan Manuel Serrat: El sur también existe basada en sus poemas. El cantautor catalán haría después, ya en forma póstuma, Mario Benedetti, antología poética, una selección de obras que buscó integrar a “todos los Benedettis que Mario guardaba en su mochila”.

Al recadero, vendedor, contable y taquígrafo, convertido en escritor, poeta, periodista y dramaturgo, todo le fluía el corazón y todo lo dejó entrar a su cabeza, y de ahí lo pasó a su pluma, sin importar si al paso le salía una Primavera con una esquina rota, las Perplejidades de fin de siglo, el Viento del exilio o La borra del café. Y tal fue su forma de hacerlo que hasta su misma sombra comenzó a mirarlo con respeto (Hombre que mira más allá de sus narices).

El integrante de la “generación crítica”, el hombre con Noción de patria, dudoso de Dios, pero convencido de su Prójimo próximo, no dudó en Quemar las naves cuando tuvo que hacerlo, dejando antes en ellas toda la “arrogancia masoquista” y todos los “escrúpulos blandengues”. Así ocurrió tras el golpe de Estado en Uruguay en 1973, cuando renunció a su cargo en la Universidad de la República y se fue al mundo por el carril de la izquierda durante más de una década hasta que pudo recobrar la patria y consumar su “desexilio” en 1983.

A Benedetti la muerte no lo tomó desprevenido, ya la había analizado y la había intentado descifrar: “No es más que un síntoma de que hubo vida”, escribió en el Rincón de haikus.

Así, el 17 de mayo de 2009 emprendió su Viaje de salida, tres años después de que su “Luz” se extinguiera y sabiendo que “hay lugares que duran un minuto y para cierto tiempo no hay lugar”. Y así se quedó para el porvenir como uno de los grandes de la literatura como el poeta que a todos hizo poetas.

 

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