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Eugenio Caballero: El genio que creó la Ciudad de México en Roma

Detrás de la reconstrucción de la Ciudad de México en Roma de Alfonso Cuarón, hay un genio desconocido: el gran Eugenio Caballero.
febrero 11, 2019

Detrás de la reconstrucción de la Ciudad de México en Roma de Alfonso Cuarón, hay un genio desconocido: el gran Eugenio Caballero.

Muy pocos conocen al genio responsable de la profundidad contextual en Roma; el hombre que recreó toda una esquina de Insurgentes de la nada, que revivió el cine las Américas y el Metropólitan, que creó la textura de lodo en Ciudad Neza y adecuó una casa de la Narvarte para revivir la colonia Roma. Este superhéroe sin capa, poco conocido en México pero alabado en el mundo no es otro que Eugenio Caballero, el más grande diseñador de producción mexicano de la actualidad.

¿Qué es el diseño de producción?

Hacer una película es un proceso complejo y colaborativo. Los directores tienen todos los reflectores técnicos y los actores el resto de los aplausos… pero pocos saben en qué consiste la labor de un cinefotógrafo o un editor de audio, el continuista, director de arte o diseñador de producción. Y la labor de todos ellos es esencial para plasmar una idea en pantalla grande.

Una de las más hermosas y poco conocidas profesiones del cine es la de director de arte o diseñador de producción. Dos términos terminan por confundirse pero que, en Hollywood, designan cosas distintas. El primero se refiere al aspecto más técnico del decorado de set y el otro al más amplio en el diseño y planeación de toda la película. En cualquier caso, los directores de arte y diseñadores de producción se encargan de crear los mundos en los que se desenvuelven los actores (sean estos digitales, en locaciones reales o sets).

¿Recuerdan los hermosos detalles del mobiliario sesentero en Mad Men? ¿O recuerdan el interior del Korova Milk Bar en Clockwork Orange? ¿O la nave de Alien y el mundo de Avatar? Todos estos increíbles contextos visuales fueron planeados por talentosos diseñadores de producción y realizados, con detalle minucioso, por un vasto equipo a cargo de un diseñador de producción.

El diseñador de producción tiene que planear hasta el más mínimo detalle de todas las escenas para realizar, con un dejo de propia creatividad, la visión de un director. Su trabajo está íntimamente ligado al del realizador, es un creador físico de lo que el guionista escribió y, claro, es el máximo aliado del gerente de la luz, el cinefotógrafo. Junto a ellos, el diseñador de producción debe planear espacios que respondan a una paleta de color, que tengan todos los detalles necesarios, que se sienta real -o irreal, si trabajas con Michel Gondry o Wes Anderson-, que creen texturas para los personajes y un contexto coherente para el mundo en el que habita la trama.

Es un puesto complejo en el que han destacado grandes personajes de la industria en Hollywood y el mundo: William Cameron Menzies, el primer ganador de un Oscar en esta categoría y leyenda en la forma de crear el rutilante Technicolor de Gone With the Wind; el legendario Ken Adam que creó la visión única de Around the World in 80 Days (en la que actuó Cantinflas) y dio vida a las locaciones históricas de Ben Hur; Cedric Gibbons que ganó 11 Oscares en esa categoría; o Anthony Masters, el mítico creador de las atmósferas en 2001: A Space Odyssey.

Ahora, Eugenio Caballero, un mexicano, se une a la fila de los legendarios diseñadores de Hollywood con su segunda nominación al Oscar. Ésta es su historia.

La gran mentora

En México, la loable profesión de diseñador de producción está íntimamente ligada al nombre de la leyenda alemana que redefinió su rumbo: Brigitte Broch. Esta gigante del cine nacional dio vida a la primera película de Cuarón, con sus enormes departamentos llenos de vasos de plástico (Sólo con tu pareja) y a la primera película de Iñárritu, con locaciones de pobreza extrema y gran riqueza melancólica (Amores Perros). Posteriormente, ganó un Oscar por el impresionante trabajo que hizo en Moulin Rouge, por el que ganó un Oscar. Y fue Brigitte Broch la que, antes que nadie, le dio un trabajo importante en la industria a Eugenio Caballero.

Corría la mágica era de los noventa, Leonardo Dicaprio seguí volviendo locas a las adolescentes y Baz Luhrmann estaba en plena racha creativa. Fue entonces cuando el polémico director contrató a Brigitte Broch, en la Ciudad de México, para dar textura a una aventura totalmente desproporcionada: una recreación moderna y postapocalíptica de Shakespeare llamada Romeo + Juliette.

Todos los que crecimos en los noventa recordamos esa película: la belleza incomparable de Claire Danes y Leonardo Dicaprio, la fotografía estrafalaria y las coreografías de Luhrmann se quedarán para siempre en nuestras tiernas memorias. Pero algo sobresalía en la película: el contexto desplazado de una obra escrita en el siglo XVII y adaptada a los paisajes apocalípticos de la Ciudad de México. Esa labor estuvo a cargo de Brigitte Broch -que fue nominada a un Oscar por ella- y de un joven asistente de producción que iniciaba una prometedora carrera: Eugenio Caballero.

El joven prodigio

Nacido en 1972 en la Ciudad de México, Eugenio Caballero estudió la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Iberoamericana. Ahí empezó a interesarse por el mundo del cine participando en distintos cortometrajes. A los 27 años, emigró a Florencia para estudiar Historia del Arte en paralelo a Historia del Cine en Florencia. Al regresar a su ciudad natal comenzó a trabajar como decorador en el Instituto de Bellas Artes. Paralelamente, fue director artístico de su alma mater, la Ibero.

Por esa época, empezó a grabar videos musicales. Sobre todo, grabó una buena cantidad de videos de la época de oro de Café Tacuba para la época de oro de MTV. De hecho, ganó un MTV Award por su trabajo con el grupo de Satélite. Paralelamente, siguió participando en distintos proyectos de cortometrajes.

Después de su gran oportunidad, en 1996, con Romeo + Juliette de la mano de la mítica Brigitte Broch, Caballero empezó una prolífica carrera como decorador en largometrajes. Participó en ese viaje alucinante llamado Katuwira, de Íñigo Vallejo-Nágera con Bruno Bichir y Damián Alcázar. Después se encargó de una película mucho más compleja con La Otra Conquista de Salvador Carrasco e incursionó por primera vez a Estados Unidos con Love Always de Jude Pauline Eberhard.

En 1999 comenzó su carrera como diseñador de producción con una absoluta revelación: Santitos de Alejandro Springall, una película que sorprendió en Sundance. Con ese trabajo, Caballero recibió su primera nominación al Ariel. Dos años después repetirá esta nominación por su trabajo en Seres humanos de Jorge Aguilera y, después, por Zurdo de Carlos Salcés.

En el 2004, llamará la atención del mundo con su primera incursión en una película nominada por la Academia de Artes Cinematográficas de Hollywood: la poderosa y turbia Crónicas del director ecuatoriano Sebastián Cordero. La cinta fue nominada a mejor película extranjera en los Oscar y, también, compitió en la sección de Un Certain Regard del prestigioso Festival de Cannes. Y fue, justamente, en Cannes que Caballero conoció al hombre que cambiaría su vida: Guillermo del Toro.

El Oscar del Fauno

En Cannes, Guillermo Del Toro habló con Caballero sobre un proyecto que tenía para el futuro. Era una historia que siempre había querido rodar en México pero que acabaría rodando en España; una historia sobre una niña presa de la Guerra Civil que empieza a imaginar un mundo mágico lleno de criaturas fantásticas…

Mientras Del Toro trabajaba en el guión de lo que, en un futuro, sería El Laberinto del Fauno, Caballero empezó a diseñar algunas ideas para el proyecto. Como es su costumbre, empezó un nuevo cuaderno para analizar propuestas. El desarrollo de la producción comenzó a tener forma en el trabajo paralelo con Del Toro… y el resultado final fue apabullante.

Los pequeños detalles de ese diseño de producción están ahí para que todos los vean. Esta película es una mezcla perfecta de sets creados con detalles en computadora, todo meticulosamente planeado y dibujado por Caballero. Los dos mundos de la película se oponen en las formas de la arquitectura: los sets reales son desproporcionadamente grandes para dar una sensación intimidante frente al pequeño personaje de la niña; los sets de la imaginación son chicos para dar un sentido hogareño y familiar en la perspectiva… De la misma manera, todos los sets imaginarios tienen bordes redondeados para simular una sensación acogedora de regreso al útero materno.

Los ambientes mágicos de la película, la complejidad de los espacios, el hermosísimo diseño de la mesa del monstruo pálido, todo salió de una colaboración única entre la luz de Guillermo Navarro, las ideas brillantes de Guillermo del Toro y el diseño inigualable de Eugenio Caballero. Como consecuencia natural de este trabajo impresionante, Caballero ganó otro Ariel y un merecidísimo premio Oscar.

Cuando subió a celebrar la recepción de este premio histórico, Caballero se lo dedicó a todos los cineastas de su país.

El futuro brillante

El Oscar con El Laberinto del Fauno le abrió puertas inesperadas a este nuevo talento probado del diseño de producción mexicano. Y empezaron a lloverle proyectos. Entre las películas nacionales que hizo en esos años, estuvo Rudo y Cursi (2008) de Carlos Cuarón y Club Sándwich (2013) de Fernando Eimbcke. También siguió ayudando a Sebastián Cordero con Rabia (2009) y la maravillosa joya poco conocida de ciencia ficción y found footage, Europa Report (2013).

Paralelamente, las oportunidades en Hollywood le permitieron colaborar con enormes directores internacionales. Así, en 2012 recreó la catástrofe del tsunami en Tailandia con J.A. Bayona en The Impossible y, posteriormente, con el mismo director, hizo el impecable diseño de producción de la tiernísima cinta A Monster Calls.

Finalmente, en uno de sus más elegantes trabajos, Eugenio Caballero trabajó con Jim Jarmusch en The Limits of Control, una de las cintas más enigmáticas del famoso director punk. The Limits of Control muestra los diferentes encuentros de un terrorista bohemio antes de cometer su poético atentado. La cinta funciona más como alegoría y, por eso, el trabajo de arte es esencial: las diferentes paletas de colores, el cuidado de las perspectivas arquitectónicas, todo, absolutamente todo lo que rodea a los actores, significa algo en esta cinta. Y todo fue responsabilidad de Caballero.

Protagonizada por el gigante Isaac de Bankolé, Tilda Swinton, Bill Murray y Gael García Bernal, The Limits of Control no fue bien recibida por la crítica pero es un trabajo admirable de Caballero. Y este trabajo le permitió estar al lado de uno de los directores vivos más influyentes del mundo… Pero eso no fue la cúspide de la carrera de Caballero. Porque, después de triunfar en Hollywood, su máximo acierto fue regresar a México de la mano del director que abrió camino, desde 2013, a tantas victorias mexicanas en los Oscares: Alfonso Cuarón.

Roma es amor al revés

El 8 de septiembre 2016, se anunció que Cuarón regresaría a México para filmar una película sobre su infancia. La producción iba a empezar después de afinar los detalles de producción. Y fue ahí cuando empezó el trabajo de Eugenio Caballero para recrear una ciudad desaparecida, de olores y sonidos distintos, anclada en 1971.

La intención de Cuarón de hacer grandes desplazamientos en riel, la importancia de sitios históricos como el Cine las Américas o el Metropólitan, las tomas en el bosque, en casas de campo, en Ciudad Neza, en una casa que ya no existe, todo era un enorme reto para el equipo de diseño de producción. Y la búsqueda de locaciones se convirtió, muy pronto, en un viaje en el tiempo. En una entrevista con El Universal, Caballero habló de ese proceso:

“Hablábamos no necesariamente de cómo se veía una calle sino de cuáles eran los sonidos o cómo olía o de lo que ya no estaba porque se había caído con el temblor del 85. Eran largas horas de búsqueda de locaciones, íbamos, veíamos y de pronto Alfonso decía: ‘¡Mira, ese es el mosaico que había en mi casa!’ Y yo decía: ‘¡Este balcón me recuerda a tal cosa! ¡Mira las plantas!’ Era siempre estar abiertos en los sentidos y ver lo que daba la ciudad”

La mayor parte de la película ocurre dentro de una casa en la colonia Roma. La intención de Cuarón era la de encontrar el mismo lugar en donde pasó su infancia, pero esto resultó imposible. Al final, Caballero tuvo que recurrir al ingenio para truquear la casa, la construcción, los barandales y las lámparas. Así lo explicó Cuarón para Little White Lies:

“Quería rodar en la casa real, pero ahora está tan subdividido y transformado que hubiera sido imposible. Así que tomamos medidas de la casa original y referencias fotográficas, luego buscamos una casa que tuviera exactamente las mismas medidas y la transformamos para que coincidiera con la arquitectura y la estética.”

Encontraron una casa a punto de demolerse en la colonia Narvarte y, a partir de ahí, tuvieron que buscar locaciones para el hospital que visita Cleo:

“Al final de la calle Tepeji pusimos los multifamiliares que estaban ahí y se cayeron; a Baja California la rematamos con el Centro Médico derrumbado, hay una cuestión de precisión en la recreación que a lo mejor la gente descubrirá en su segunda o tercera visita a la película.”

También fue un enorme reto lograr recrear Ciudad Neza en la época de la elección de Carlos Hank González como gobernador del Estado de México:

”A Neza la recreamos por Chalco en un lugar largo. Neza ya es una ciudad desarrollada pero, por las fotos de referencia que teníamos, era impresionante ver el lodazal que había entonces, la falta de servicios y su vida cotidiana. Los materiales que se usaban entonces en los asentamientos irregulares eran distintos a los que hoy se usan y era importante ponerlo así. Alfonso tenía muy claro que quería poner un mitin y nos dimos cuenta que siempre (los vecinos) fueron abusados por los políticos. A esta gente del campo los líderes les llegaban a vender en dos ocasiones el mismo terreno”.

Finalmente, Caballero tuvo dos retos mayúsculos. El primero fue reconstruir de la nada, toda una esquina de Insurgentes.

La recreación era tan minuciosa que se pavimentaron calles artificiales para dar el aspecto pulcro y fluido que vemos en la cinta. Así describió el proceso:

“Construimos Insurgentes desde cero, dos cuadras y media de manera física hasta el segundo piso y después continuamos digitalmente. En físico pusimos desde asfalto, banquetas, vías del tranvía y la clásica e icónica marquesina del cine. En aquel tiempo, tanto Insurgentes como avenida Baja California tenían camellón en medio.”

El segundo fue recrear, a partir de fotos y testimonios, el nefasto jueves de Corpus Christi en el que murieron 120 personas, incluyendo a un adolescente de apenas 14 años. La masacre del 10 de junio 1971 ocurrió en los alrededores de donde hoy se encuentra el metro Normal. Para recrear este hecho histórico, Caballero tuvo que usar todo su talento:

“Una de las cosas que queríamos, cuando se pudiera por su importancia, era rodar en los lugares donde sucedieron los hechos que se narran. Entonces, la Calzada México-Tacuba, donde fue El Halconazo, había que usarla. Ya está cambiada, pero modificamos muchas cosas físicas, otras digitalmente, pero siempre supervisadas por Alfonso y yo. El edificio donde ocurre la escena es el mismo, ahora hay un gimnasio al cual quitamos para poner la mueblería. Originalmente ésta se encontraba en el segundo piso del edificio, pero nosotros la pusimos en el tercero, para que se viera mejor. Fueron dos días de rodaje”.

Todas estas recreaciones minuciosas se suman a los detalles que encontramos en la cinta: los pósters del mundial, los luchadores de plástico con rebaba, los garrafones de vidrio, los viejos radios, los coches (cocodrilos, combis, vochos, el Ford Galaxy…), el diseño de los Choco Crispis y el viejo escudo del Cruz Azul, los posters de propaganda política de Luis Echeverría y los vendedores afuera del cine…

Todo lo que pueden recordar en los detalles de la cinta es obra del minucioso trabajo de Caballero. Por eso, ahora que, después de 20 películas como diseñador de producción, de ganar un Oscar hace 13 años, de encargarse del arte de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, de haber creado un espectáculo del Cirque du Soleil, de tener 7 nominaciones y dos victorias en los Arieles, de haber sido jurado en cantidad de festivales y miembro de, al menos, tres academias fílmicas, Eugenio Caballero podrá conseguir otro enorme galardón en los premios Oscar del próximo 24 de enero.

Ojalá este reconocimiento sirva para que Caballero tenga enormes proyectos a futuro y pueda seguir desarrollando la espléndida historia del diseño de producción mexicano. Larga vida al genio detrás de la belleza histórica de Roma.

Autor:
Nicolás Ruiz Escritor y editor en distintos medios electrónicos e impresos, entusiasta de la literatura comparada y los mazapanes, reseñista de cine en Código Espagueti, conductor y chorero de profesión en Noticieros Televisa.