5 curiosidades de la vida de Emilio “El Indio” Fernández

Emilio "El Indio" Fernández: Biografía, los años de juventud y su papel en el diseño del Oscar.
agosto 6, 2020

Uno de los cineastas más prolíficos y emblemáticos de la llamada Época de Oro del cine mexicano, Emilio “El Indio” Fernández fue un apasionado del séptimo arte hasta el último de sus días. Lo recordamos por películas como María Candelaria (1944) y La Perla (1945). Director, actor y guionista; buscaba involucrarse en varios aspectos de su obra. Hoy recordamos los claroscuros de la vida de este artista a través de 5 curiosidades que probablemente no sabías de él.

¿Modelo para la estatuilla del Oscar?

Por años ha circulado la versión de que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas basó el diseño del Premio Oscar en Emilio Fernández. Según se dice, el director era cercano a Dolores del Río, entonces esposa de Cedric Gibbons, director de arte de la Metro-Goldwyn-Mayer. A Gibbons le encargaron la realización de la codiciada estatuilla, y Del Río le habría sugerido tomar como modelo a Fernández.

Cuenta la leyenda que Fernández en un principio se habría negado a posar para Gibbons, pues este necesitaba que el actor y director mexicano posara desnudo. Pero al final aceptó, y prestó su figura para el diseño.

Esta historia cobró cierta fuerza por el hecho de que a finales de la década del veinte del siglo pasado, Emilio Fernández llegó a Hollywood exiliado de México por sus acciones militares durante la Revolución. Sin embargo la Academia nunca ha confirmado la anécdota. Lo más seguro es que haya sido el propio director quien forjó esa leyenda, como señala Charles Ramírez Berg, profesor de estudios cinematográficos de la Universidad de Texas (vía Código Espagueti).

Revolución Mexicana

Antes de forjar su leyenda en el cine, Fernández participó en el evento histórico más importante para el México del siglo XX, la Revolución.

El nombre completo del que años después se convertiría en un gran director de cine era Emilio Fernández Romo, hijo de un general y una mujer descendiente de indios Kikapú, así como hermano del actor Jaime Fernández. Nació en Sabinas, Coahuila, el 26 de marzo de 1904, justo a tiempo para participar en el levantamiento de Adolfo de la Huerta contra el gobierno de Álvaro Obregón en 1923. Pero no tuvieron éxito y Fernández fue a dar a prisión, por suerte logró fugarse y huyó a los Estados Unidos, primero a Chicago y luego a Los Ángeles, lugar donde realizó tuvo diversos empleos, entre ellos, uno como albañil de un estudio de cine.

El trabajo le dio la oportunidad de adentrarse al mundo del cine, primero como extra de películas, y el resto es historia.

Director ¿y asesino?

Como dijimos anteriormente, Fernández se encargó de crearse su propia historia y reputación de hombre agresivo. Lo cierto es que sí asesinó a un hombre, un hecho que lo llevó de nueva cuenta a tener problemas con la Ley. (Vía El Universal)

El hecho ocurrió mientras buscaba locación para su película México norte en Torreón en el año de 1976. Ahí el director estaba conversando con unos gitanos hasta que aparecieron tres campesinos en supuesto estado de ebriedad a importunarlos, uno de ellos, de nombre Javier Aldecona Galván, ebrio y con pistola en mano, provocó a los acompañantes de Fernández.

La pelea no se hizo esperar y Aldecona Galván resultó muerto de dos tiros en el pecho. Emilio Fernández, con ayuda de amigos, huyó del estado y luego del país hacia Guatemala. Posteriormente, el director de cine se entregó a las autoridades por cuenta propia, en todo momento alegó que los disparos los realizó en defensa propia, sin embargo las investigaciones no respaldaron dicha versión. El juez lo condenó a cuatro años y medio de prisión, empero tuvo derecho a fianza. Salió libre el 12 de diciembre de 1976 por 150 mil pesos de aquel entonces.

Al día siguiente informó a los medios que continuaría con la búsqueda locaciones en Torreón.

Una calle con el nombre de su amor

La actriz Olivia de Havilland se convirtió en el amor platónico de Emilio Fernández, quien nombró “dulce Olivia” la calle del barrio colonial de Coyoacán donde se encuentra la mansión en la que residió gran parte de su vida, pese a que nunca la conoció. (Vía EFE)

Olivia de Havilland (1936). (Foto: De Chalmers Publishing, New York – page 96 Cine Mundial)

De Havilland fue considerada la última sobreviviente de los actores del clásico Lo que el viento se llevó (1939), murió en julio de 2020.

Fue precisamente viendo esa película que Fernández se enamoró de ella, así que le pidió a su amigo, el novelista Marcus Goodrich, que le llevase las cartas de amor que él le escribía, según cuenta la cronista Julieta González en una entrevista con EFE. Sin embargo fue el literato y no el cineasta quien se casó con ella.

“Cuando decidió bautizar la calle con su nombre, en una noche se cuenta que él escribió el nombre de dulce Olivia en una tabla y salió con un martillo y lo pegó en el poste, para que la gente supiera que así se llamaría la calle”, comenta González.

La prueba de amor quedó inmortalizada por la ley cuando el presidente Miguel Alemán (1946-1952) se conmovió por dicha historia, así que la calle conservó el nombre elegido por Fernández.

“Yo me enamoré mucho y tengo una gran cantidad de fotografías dedicadas y de retratos. Por ahí han de andar, o a lo mejor me las rompieron aquí. He tenido cinco esposas, quizá una de ellas las rompió”, dijo en su momento el cineasta.

Su coguionista, Juan Rulfo

Siempre cercano a los más grandes artistas de México, Emilio “El Indio” Fernández compartió créditos con Juan Rulfo en la escritura del guion de Paloma herida (1963). Protagonizada por Patricia Conde, Emilio Fernández, Andrés Soler y Columba Domínguez, y dirigida por el propio Fernández.

La película en blanco y negro cuenta la historia de Paloma, una mujer indígena que llega a un pueblo costero, entra a una cantina y asesina a un hombre llamado Danilo Zeta (Emilio Fernández). Paloma es llevada ante un juez, al que le cuenta los hechos de inmensa violencia que la llevaron a cometer dicho crimen.

Ilustración Principal: Valentina Avilés

Autor:
Marco Ortiz Agorero