Cinco artistas que moldearon la música de la década

Los Artistas De La Década (2010-2019): Taylor Swift, J Balvin y otros cantante que marcaron los últimos diez años.
noviembre 5, 2019

La década de 2010-2019 estuvo caracterizada por el lanzamientos de más artistas que nunca. Además, son voces todo el mundo y de distintas características. ¿Quiénes fueron los cinco más destacados? La respuesta, a continuación.

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Taylor Swift

En 2010, Taylor Swift lanzó Speak Now, un álbum que la separó de su faceta más country y la acercó a las más grandes ligas de la industria musical. Un año antes consiguió su primera portada en la revista Rolling Stone, en la que se le presentaba como la cantante juvenil más importante del momento, dándole apertura al género folklórico del sur de estados unidos como si fuera un nicho más.

Sin embargo, desde este momento y a raíz de Speak Now, pudimos ver cómo es que Taylor, desde siempre, ha entendido su papel dentro de la industria, cómo esta funciona y cómo puede modificarla a su favor.

Con su cambio y su mezcla difusa de pop puro y el country más tradicional, Taylor avanzó y se colocó rapidísimo como la figura femenina más importante para una juventud llena de mujeres sin ídolas para reconocerse o identificarse más allá de lo evidente.

Durante esta década, Taylor no solo se hizo un ícono juvenil, sino que aprovechó su estrado para mover la conversación política a su alrededor en diferentes ocasiones, ya sea en su rechazo al partido republicano o al ser señalada como homófoba, racista y xenófoba.

Por otro lado, su música pasó de ser una mezcla entre el country y varios géneros pop consolidados, a ser su propia interpretación de la música, gracias a sus alianzas como Max Martin, Jack Antonoff y Nathan Champan, tres de los más grandes productores en la industria que han aprovechado el trabajo con Taylor para introducir nuevas tendencias y productos que no podrían ser rentables con alguien más.

No hay cosa que toque Taylor Swift que no se convierta en una mina de oro. Su genio mercantil comparte espacio con su genio creativo, que ha aprovechado todos sus problemas para generar álbumes multimillonarios, pero también ganadores de premios e impactantes en muchos niveles. Una simple prueba de ello es que a partir de su debut, el número de mujeres que aprenden y compran guitarras ascendió al 50% del mercado en su totalidad, de acuerdo con un estudio de la fabricadora Fender, a pesar de que su uso en la música popular va en declive.

Taylor Swift no solo marcó la década, sino que la moldeó a su gusto y necesidades, siempre esperando encontrar, del otro lado, el eco de quien necesite de sus palabras y, además, pueda entregarle su dinero.

Carly Rae Jepsen

“Call Me Maybe”, el debut mainstream de Carly Rae Jepsen es el sencillo más lucrativo de la historia moderna. La cantidad de ventas y reproducciones que tiene es, aún hoy, ridícula y difícil de creer. Es, fácilmente, una de las canciones más reconocibles de toda la historia de la música y no es ninguna exageración.

Aunque esto vaticinaba un éxito monumental para una cantante canadiense surgida de la nada con la ayuda de Justin Bieber… la realidad es que ella echó toda la posible fama y todos los posibles millones por la borda para concentrarse en producir una de las obras más grandes en toda la historia de la música popular: Emotion.

Con los millones que generó (y que aún genera “Call Me Maybe”), Carly decidió alejarse y construir un álbum que pudiera representar sus inquietudes en la composición lírica y las inquietudes de composición de Tavish Crowe, su compañero y compositor de toda la vida.

El resultado fue un álbum que recuperó elementos antiguos y los integró en un complejo musical que entendió cómo la nostalgia podía ser el evento más importante de esta década.

La música hecha con sintetizadores, pero adecuada a los estándares actuales de composición, producción y armonía se empezó a popularizar a partir de que Emotion demostró ser un álbum lleno de elogios críticos y de cariño por parte de los fans, aunque sus ventas no fueran acordes a lo que esperaban los mercadólogos luego de haber tenido la canción más lucrativa de la historia.

Sin hacer mucho ruido y cuidando de su música como si fuera un tesoro y no una mercancía, Carly Rae Jepsen cambió absolutamente todo lo que se conocería en esta década como música popular, a pesar de que siga cantando y buscando cantar en lugares pequeños ante los fans que hicieron de su álbum una obra de culto, lejos de las grandes listas de popularidad, pero cerca de ser una radiografía de la música popular que sí integra esas listas.

Beyoncé

Queen B no era una desconocida al entrar a esta década. Después de una gran trayectoria con Destiny’s Child, Beyoncé emprendió una carrera solista que aprendió de las más grandes estrellas afrodescendientes para posicionarse como la gran cara que sustituiría a Toni Braxton, Diana Ross, Donna Summer o Tina Turner.

Sin embargo, Beyoncé tenía otros planes para ella misma. Al empezar la década lanzó 4, su cuarto álbum y en el que se entendió el alcance de su figura mediática y su status de estrella pop.

Esto duró poco porque Beyoncé pronto empezó a entender su poder como una de las más grandes celebridades del mundo y decidió empezar a usar esa imagen y esa figura para hablar de temas que, a pesar de que ella sea famosa y Will Smith multimillonario, siguen presentes: el racismo.

Beyoncé, su quinto álbum, fue una declaración de existencia, en el que tomó la bandera de representante afrodescendiente y en su siguiente álbum, Lemonade, como representante femenina afrodescendiente.

Esta década ha estado marcada por los movimientos más fuerte de la derecha “alternativa”, que comparten un fondo xenófobo, misógino y racista evidente, sobre todo desde el inicio de las campañas presidenciales en Donald Trump y con un auge imprevisto desde su inicio de presidencia.

Beyoncé, más que ser solo una cantante, es una representante viva y poderosa de una comunidad vejada por su propio presidente y por gente que, a pesar de odiar todo lo que Beyoncé representa, la consumen de manera masiva.

El impacto y la forma en que la mayor de la familia Knowles logró cambiar su música de ser un simple producto a ser una forma más de expresión cultural y resistencia negra, están ahí como documento de que el mundo no avanza, pero Beyoncé y su gente sí.

Kendrick Lamar

Antes de que Kendrick Lamar debutara en 2011 con Section.80, el hip hop y el rap atravesaban una época extraña y oscura, en la que pasaron por el mismo proceso de desintegración de identidad que el disco, la salsa, el reggae, el funk y muchos otros géneros procedentes de minorías en los Estados Unidos. La llegada de Kendrick significó una forma fresca y distinta de volver a entender el rap, ya no como una simple forma de versar y musicalizar pleitos de pandillas, o no como una forma blanca más de apropiarse de la cultura afrodescendiente, sino como una bitácora sangrante de los ghettos y las comunidades marginadas en las ciudades estadounidesenses.

Sus inicios líricos más pesados fueron en good city, m.A.A.d city, en donde ya se experimentaban de manera más certera con la música que acompañaba sus rimas, en las que se regresaba al costumbrismo de la vida en los barrios negros, pero donde también se empezaba una crítica y un análisis a la forma en que esto era (y es) visto, a través de su cultura violenta, marginal y pobre.

Kendrick Lamar cambió el juego para un género que se presumía estar muriendo entre intérpretes blancos, como Macklemore, y afrodescendientes que fingían su extracción para vender discos, como Drake.

A través de él, el género pudo volver a experimentar y resurgir como una expresión cultural propia, nacida de las cenizas de cada barrio donde la muerte es una sombra pesada sobre la espalda de quien tiene que matar para vivir.

Aunque para muchos Kendrick elevó el rap a una categoría literaria y poética, la realidad es que lo único que hizo fue demostrar que siempre ha sido eso.

J Balvin

El reggaetón es el género que más cambió durante esta década tanto simbólica como musicalmente, y quien más aportó para esos cambios fue J Balvin. El cantante colombiano entendió cómo podía pasar este género de ser un nicho aislado en América Latina a ser una sensación mundial y tomó todos los caminos hasta poder tomar el propio.

José Balvin acercó al reggaetón a los estaounidenses con “Sorry” junto a Justin Bieber y cimentó el camino para que “Despacito” fuera el fenómeno mundial que logró ser, todo con una visión cultural que, junto a su productor Sky, consolidó en años de trabajos y riesgos calculados que finalmente pagaron y lo tienen encumbrado como uno de los exponentes más importantes de su género y de la industria musical actual.

Sus dos álbumes más destacados, Vibras y OASIS, junto a Bad Bunny, son una perfecta muestra de su capacidad como empresario y como intérprete, combinando elementos del reggaetón con otros ritmos latinos, pero todo sobre las necesidades de producción e ingeniería musical que exigen las ligas mayores de la industria musical.

Al mismo tiempo, J Balvin ha sido insistente en seguir haciendo su contenido en español a pesar de tener presencia y peso en Estados Unidos y el resto del mundo, buscando darle amplitud a las demás expresiones de reggaetón y música urbana latinas e hispanohablantes de todo el mundo, además de representar y ser el artífice de lo que hoy entendemos como una cultura y una expresión genuina latinoamericana, más que simplemente una expresión de mercado más.

Autor:
Freddy Campos Periodista apócrifx. Todavía no lo suficientemente viejx para morir joven.