Feminismo y porno: ¿cómo es el porno alternativo?

Pensar el sexo más allá

A partir de la década de los ochenta, comenzó a fraguarse una acalorada discusión entre mujeres feministas sobre la pornografía. En la polémica hubo al menos dos bandos: quienes pensaban que toda pornografía reproducía la opresión histórica de las mujeres por el patriarcado y quienes veían posible encontrar representaciones alternas del placer sexual femenino. Como resultado de esa afortunada conversación surgió la idea de una pornografía alternativa. La idea fue crear un cine para adultos cuyo interés estético estuviera enfocado en el placer de la mujer y tuviera un compromiso ético con las personas que participaran en la producción de este tipo de películas. El objetivo era no descartar una práctica cultural, sino transformarla.

Sería un error pensar que una temática, como el erotismo o la pornografía, posee una esencia imposible de transformar. Los actos sexuales han ocupado un papel importante en el arte y la cultura desde el principio de los tiempos y, desde luego, su representación ha servido como plataforma para reforzar o cuestionar los parámetros que rigen la vida en sociedad. Por esto mismo, históricamente, la pornografía ha mostrado prácticas de dominación contra las mujeres, que durante mucho tiempo se encasillaron como objetos del deseo. Sin embargo, no está restringido a seguir representando siempre lo mismo. El tratamiento de los temas puede cambiar, así como ha cambiado el papel de la mujer en la sociedad. ¿Cómo ocurrió esto en la industria del cine pornográfico?

Una de las consecuencias de las discusiones de los años 80, fue el surgimiento del feminismo prosexo, que defendía la libertad sexual de las mujeres como una de las prioridades de la emancipación femenina. Al mismo tiempo que surgió esta teoría, fue desarrollándose también otra manera de hacer porno, dentro del marco de los realizadores independientes. La premisa básica del porno feminista, su gran aportación, es el consenso como principio rector: las únicas prácticas sexuales que no deben representarse son aquellas que no se ejercitan por acuerdo común.

Incluso prácticas como el BDSM tienen cabida dentro de este nuevo tipo de pornografía. Lo que marca una distancia con la industria previa es la forma de tratar a las mujeres, tanto dentro como fuera de la pantalla. Para Erika Lust, una de las directoras más representativas de esta corriente, lo más relevante es el desplazamiento de una cultura de la violación a una cultura del consenso. La realizadora lo explica de la siguiente manera:

No te preocupes si eres nuevo en todo este movimiento alt-porn— Trataré de resumirlo en unas cuantas líneas. Primero, no es nada parecido a lo que estás acostumbrado — en serio, nada. Bueno, la gente coge, pero eso no es todo. Segundo, todos los días hay más como yo: criaturas hembras detrás de la cámara, tratando de introducir un poco más de cunnilingus al sistema de representación centrado en el coito. También un poco menos de pechos de silicón, y muchísimo menos de cuerpos femeninos deshumanizados, que sólo aparecen en escena para complacer el ridículo pene flotante salido de un cuerpo. Tercero, algunas de nosotras trabajamos realmente duro para hacerlo éticamente (en varios sentidos) Y por último, pero no menos importante, nuestras películas son vistas por personas que piensan justo como nosotras.

(Foto por Adam Berry/Getty Images)

En el porno tradicional, lo más común es ver cuerpos hiperestilizados en la pantalla, en situaciones simples y predecibles, en las que la mujer ocupa un papel pasivo como objeto del deseo masculino. Por este motivo, la pornografía alternativa busca mostrar una mayor variedad de cuerpos, presentar historias más complejas y representar a las mujeres como parte activa y poderosa en el sexo.

Para Lust uno de los ingredientes indispensables de un cine para adultos alternativo (como ella llama a sus películas) es tener buen sentido del humor y la liberar la imaginación; sin embargo también es necesario tener algunos principios en mente. Lust propone nueve puntos que deben considerarse siempre, tanto por el realizador como por el consumidor:

  1. Presentar de forma accesible y lo más sencilla posible quiénes estuvieron detrás de la elaboración de la película. Encontrar fácilmente a los responsables de una producción es una señal de cierto compromiso ético con el trabajo ejercido.
  2. Informar claramente a los actores (y demás miembros del equipo) las implicaciones de trabajar en la industria del cine para adultos. Hacer películas porno suele ser una manera desesperada de conseguir dinero a la que muchos actores principiantes recurren. Un buen productor debería avisarles sobre el efecto a largo plazo que este trabajo puede tener en sus vidas.
  3. Trabajar con mayores de edad. Lust asegura que no trabaja con menores de 21 años porque prefiere tratar con personas que han tenido tiempo para explorar su sexualidad en el ámbito privado antes de entrar a la industria porno.
  4. Un trabajo respetable merece una paga respetable. Los honorarios de los actores y del equipo de producción debe estimarse en relación con el trabajo realizado.
  5. Respetar los límites de los actores. Si un actor se niega a realizar una de tus peticiones, el productor debería encontrar a alguien dispuesto a hacerlas — Asegúrate de que nadie sea obligado a hacer algo que no quiera.
  6. Los actores son profesionales y deben recibir el crédito que merecen.
  7. El set debe contar con las condiciones necesarias para trabajar: agua, comida, descansos regulares.
  8. Todas las personas involucradas en las escenas deben recibir atención médica constante para estar exentas de daños a su salud: pruebas sanguíneas, métodos de anticoncepción y, lo más importante, protección contra enfermedades de transmisión sexual.
  9. Consenso y legalidad. La producción debe encargarse de mantener las acciones de la película dentro de los parámetros de lo legal y garantizar que todas las interacciones representadas fueron consensuales.

El punto es dejar de reproducir violencias machistas sin perder de vista que las mujeres también son seres sexuados que tienen derecho a una vida plena y dinámica. El porno alternativo demuestra que los feminismos no necesariamente tienen que seguir una moral dogmática. Muy por el contrario: en la celebración de la libertad que busca el feminismo se abren espacios para explorar, cuestionar e inventar nuevas formas de vivir nuestros cuerpos.

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