Opinión: A casi 6 años de guerra, ¿Siria aún tiene futuro?

Opinión Sin Filtro. Marzo de 2011, mes clave que marca el inicio de una guerra civil que, hasta el momento, ha desencadenado una guerra sin precedentes en pleno siglo XXI –siglo de una nueva revolución industrial, tecnológica y que dinamiza a partir de relaciones económicas con grandes oportunidades entre regiones y bloques–. Esta guerra ha tenido efectos catastróficos en términos de infraestructura, educación, sanidad y protección de derechos humanos para los habitantes de un país codiciado por Oriente y Occidente: Siria.

Siria, la nación rica en gas licuado con una producción –según medios internacionales– que se potenciaría a más de 40 mil toneladas entre las instalaciones de extracción y producción de Damasco y Palmira; y un lugar de nuevos yacimientos de petróleo con alto potencial de distribución en la región, y que ahora se encuentran en una zona territorial ocupada por el Estado Islámico de Irak y el Levante; Siria se ha convertido en una plataforma geoestratégica donde penden de un hilo el dominio y la expansión de Rusia y Estados Unidos en la región del Medio Oriente, así como el estallido de una nueva guerra mundial.

¿Con qué objeto? Evitar a toda costa que una zona de importancia geopolítica alta, o como referiría Halford MacKinder, un “pivote geográfico de la historia” (uno de ellos, pues no olvidemos a Crimea como ficha en el tablero de dominio ruso) sea punto de partida para el dominio de otra potencia en Asia, que no incluya el sueño imperial de la Rusia de Putin. O incluso, podemos decir que dicho pivote está conteniendo un conflicto a punto de estallar desde la Guerra Fría, una Tercera Guerra Mundial de costos humanos y monetarios altos.

Aunque, siendo realistas, la guerra en Siria ya es de corte mundial al estar involucradas varias naciones de al menos 3 continentes, y que ha tenido de por sí un costo mayor a 200 mil millones de dólares, sin mencionar la crisis humanitaria como resultado de un éxodo sin precedentes que ha cobrado más de 250 mil vidas civiles, entre ellos niños y niñas que mueren en su trayecto a Europa por el mar Mediterráneo, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y la Unicef (y de los mismos diarios y sus fotos).

De los 22 millones de ciudadanos sirios, más de la mitad han tenido que ser desplazada forzosamente con la angustia de no poder pedir asilo en países como Estados Unidos, principal promotor de grupos rebeldes y proveedor de recursos para abastecimiento de armas (según fuentes como el mismo “Mr. President” Trump durante su entrevista para el Wall Street Journal).

Sin embargo, no todo está perdido, aún podemos rescatar que, mediante los compromisos firmados en Naciones Unidas, países amigos –conscientes del reto de la oleada de migrantes sirios y otros desplazados por conflictos armados– han contribuido a organizaciones no gubernamentales, así como a la misma ONU y Cruz Roja Internacional para aminorar el problema, ya que éstos tienen la capacidad de ayudar a la gente al menos con comida, refugio y educación para los miles de pequeños futuros de una Siria, actualmente, destruida.

México se ha unido al reto, pero, ¿será suficiente tras la polémica –y por el momento suspendida– Orden Ejecutiva sobre migrantes de países árabes por parte de Estados Unidos? ¿No habrá en algún momento un efecto dominó de protección de fronteras como lo ha hecho ya Israel o incluso Argentina? Por ahora los miles de desplazados pueden encontrar asilo y un impulso mediante una buena educación y alimentación en países amigos, vecinos o no, que podrían rescatar el futuro de la reconstrucción de Siria mediante el cuidado y preparación de los mismos ciudadanos sirios.

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