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Por qué Trump no quiere que leas Fire and Fury: te contamos los casos más incendiarios del libro

Si Fire and Fury fuera una obra de ficción, sería fácil compararla con La conjura de los necios o Catch-22, sátiras que exageran los absurdos de la vida social. Por esto, resulta inverosímil (y a la vez aterrador) que Fire and Fury no sea una novela sino un reportaje, un vistazo al interior de la Casa Blanca durante uno de los periodos más extraños de toda su existencia.

Aunque Donald Trump ha sido el blanco de varios libros tras el inicio de su campaña presidencial, ninguno ha generado tanta atención mediática y popular como el libro de Michael Wolff. A diferencia de otros periodistas, Wolff tuvo acceso directo al personal de la Casa Blanca, gente que puso su confianza en el escritor para ventilar sus frustraciones o para lanzarse contra sus compañeros de oficina. En otras palabras, el tipo de información del que uno luego se arrepiente de haber compartido.

Tal vez por eso sea fácil perdonar a Wolff por los numerosos errores de redacción y faltas de ortografía en Fire and Fury. Ante la amenaza de los abogados de Trump, la casa editorial Henry Holt & Co. aparentemente optó por brincarse una revisión adicional del corrector de estilo con tal de hacer llegar el libro a nuestras manos lo antes posible.

No hay duda de que la sociedad estadounidense debe estar informada sobre el tipo de gente que eligió para trabajar desde el despacho más influyente del mundo. Si el libro se lee como un chismógrafo de dimes y diretes esto se debe al tipo de personalidad que controla la presidencia, más apta para el protagonismo de un reality show que desempeñando las funciones del poder ejecutivo.

De cualquier forma, te presentamos un resumen de los chismes más “picantes” y “candentes” contenidos en Fire and Fury.

SOBRE LA PERSONALIDAD DE TRUMP

A lo largo del libro, el nombre de Trump en la boca de sus subordinados, rivales e incluso amigos, suele ser acompañado por adjetivos como “estúpido” o “infantil”. Para Roger Ailes, el ex-jefe de Fox News, Trump carecía de postura política, no tenía disciplina, ni era capaz de respaldar un programa legislativo. En otras palabras, era un “rebelde sin causa”. Cuando Sam Nunberg, un consejero de campaña, intentó explicarle la Constitución al entonces candidato (porque, en efecto, Trump ignoraba por completo el contenido del principal documento en los archivos históricos de Estados Unidos) Nunberg le confesó a Wolff:

Pude llegar hasta la Cuarta Enmienda antes de que empezara a jalarse el labio con su dedo y sus ojos miraran hacia el techo.

A juicio del resto del mundo, uno de los grandes enigmas sobre la psicología colectiva del pueblo estadounidense es ¿cómo es posible que un país tan desarrollado pueda elegir como su máximo mandatario a una personalidad tan nefasta e inmoral como la de Trump? Por ejemplo, al magnate le gustaba presumir que una de las cosas que disfrutaba más en la vida era chantajear a las esposas de sus amigos para acostarse con ellas. ¿Cómo llega este tipo de persona a ser presidente y sentarse en el mismo lugar que ocupó Lincoln o Roosevelt?

Mucho se ha publicado sobre las actitudes misóginas del presidente, pero poco se ha dicho sobre su dependencia en cierto tipo de perfil femenino: optimista, leal, entusiasta, y claro, atractiva. Según Trump, la mujeres son más leales y confiables que los hombres. “La mujer, por su naturaleza, o la versión de Trump de su naturaleza, es más proclive a centrar su propósito en un hombre. Un hombre como Trump.” Ahí tienes como prueba a su consejera más cercana, la veinteañera Hope Hicks.

En uno de los fragmentos más inquietantes de Fire and Fury, Wolff describe una escena en Trump Tower en junio de 2016, en la que Hicks se pregunta en voz alta cómo podría ella ayudar a Corey Lewandoski -en aquel entonces jefe de campaña- tras ser despedido por Trump. En aquellos tiempos circulaban rumores de que Hicks y Lewandowski tenían una relación sentimental, rumores que no eran del agrado del candidato. Por eso, al escuchar la pregunta lamentosa de Hicks, Trump le respondió:

Why? You’ve already done enough for him. You’re the best piece of tail he’ll ever have.

Según lo documenta Wolff, Hicks salió corriendo de la habitación, pero no de la campaña ni del mismo Trump. En la actualidad, ella es la Directora de Comunicaciones de la Casa Blanca y la única persona entre el presidente y su cuenta de Twitter. ¿Qué tipo de hombre puede inspirar semejante nivel de lealtad?

En lo que respecta a otros rasgos característicos de la personalidad de Trump:

  • Así como es incapaz de poner atención si te estás dirigiendo a él, tampoco reflexiona o piensa demasiado en lo que él mismo dice (lo que explica su tendencia a repetirse).
  • Es inútil discutir con él porque si te atreves a contradecir su punto de vista, sin importar toda la razón que puedas tener, simplemente no te cree.
  • Se siente incómodo cuando los hombres de su entorno no visten de traje. Wolff explica que lo casual es enemigo de la pretensión. Y su pretensión es que la marca TRUMP simboliza poder y riqueza.
  • Todo lo relacionado a datos, detalles, análisis, estadísticas, opciones o PowerPoint le resultaba de lo más aburrido. Él se asumía como un hombre afín a los grandes nombres, a las grandes imágenes y requería pruebas visuales e impactantes.
  • Según Bannon, el problema esencial de Trump era su tendencia a ver todo con un sesgo personal. Veía el mundo en términos del lenguaje comercial y de la industria del entretenimiento. Todo es un show, ratings y buenos encabezados.
  • Quizás sin darse cuenta, lo suyo era atribuirse los logros de los demás. ¿Recuerdas su tan aclamado libro The Art of the Deal? Cuenta su co-autor, Tony Schwartz, que Trump casi no contribuyó a la redacción y es muy probable que ni lo haya leído.
  • Quizás fue Katie Walsh, ex-asistente del Jefe de Gabinete, quien lo puso mejor:

Fundamentalmente, el presidente solo quiere ser querido. Fundamentalmente, le hace tanta falta ser querido que todo es una lucha para él.

STEVE BANNON Y SU PLATAFORMA NACIONALISTA

Si no fuera por Steve Bannon, hoy no estarías leyendo este artículo de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Así de simple. Así como Bannon es la mente que puso a un millonario analfabeta en la Casa Blanca también es el que dictó el rumbo de la agenda nacional e internacional durante el primer año de la presidencia de Trump. Wolff explica que la esencia del “Bannonismo” es un aislacionismo radical, un proteccionismo proteico y un keynesianismo empedernido, y tal fue la agenda política, económica y social que adoptó Trump desde su inauguración.

Pero hubo ciertas circunstancias que no permitieron que el “presidente Bannon” (como él se refería a sí mismo de vez en cuando) pudiera asumir “el poder detrás del trono”. En su camino estaba “Jarvanka”, el dúo de Ivanka y su marido, Jared Kushner, que no simpatizaban con la ideología derechista de Bannon. “Los niños”, en palabras de Bannon, buscaban utilizar a su padre como un vehículo para impulsar una agenda liberal que contradecía casi todas las promesas de campaña de Trump. Para eliminar este obstáculo en la marcha de su movimiento Trumpista, Bannon se dedicó a filtrar información confidencial a la prensa, lo suficiente para obligar al presidente a ordenar que “sus niños” se marcharan a casa.

No creo que Bannon o Trump sean identitarios o de la alt-right. Pero están abiertos a estas ideas. Y abiertos a la gente que está abierta a estas ideas. Somos la especia en la sazón.

Palabras de Richard Spencer, líder neo-nazi cuyo movimiento bautizado como alt-right movilizó a la juventud a votar por Trump en las elecciones federales. Para Spencer y sus seguidores, Trump, Bannon y el fiscal general, Jeff Sessions, representan lo más cercano que se ha acercado una corriente política a tolerar ideas con inclinaciones racistas y xenófobas. Y vaya que alteraron el statu quo​ global.

Para Bannon, China es una estado hipernacionalista que se encuentra en el mismo lugar que ocupaba la Alemania Nazi de 1929 a 1930. El veto musulmán que Bannon puso en frente de Trump para que firmara la orden fue ejecutado un viernes, para que así “hubiera más liberales en las calles vueltos locos”. Pero más allá de sus medidas provocadoras y reaccionarias, su último objetivo era “la deconstrucción del estado administrativo”. Desafortunadamente para Bannon, un títere como Trump también era com una espada de doble filo.

Odiaba estar en la campaña, odiaba la transición y odio estar aquí en la Casa Blanca.

Así se expresaba Bannon en el libro de Wolff. Con el paso del tiempo y bajo las presiones de una oficina extremadamente conflictiva y tóxica, el estado físico del estratega se fue deteriorando. Sus piernas se inflamaron, su cara se volvió más marcada, sus ojos más rojizos, no se cambiaba de ropa y se distraía con mayor facilidad. El presidente veía con malos ojos a todo subordinado que recibiera más atención de la prensa o que fuera percibido más inteligente que él. Ante los medios, Bannon era visto como presidente de facto y ese detalle le era sumamente irritante a Trump.

El libro de Wolff cierra con las predicciones y aspiraciones de Bannon. Tras su renuncia/despido en agosto de 2017, el polémico estratega se dedicaba a promover el movimiento Trumpista desde los márgenes, pero al mismo tiempo, construía su propia plataforma política para buscar una candidatura. Para Bannon, Trump tiene una probabilidad de 33.3% de ser expulsado por un juicio político a causa del Rusiagate, así como un 33.3% de ser expulsado por su propio gabinete de acuerdo a lo planteado en la Enmienda 25, y un 33.3% de concluir su primer término.

Eso sí, la posibilidad de que Trump pueda reelegirse es casi nula, y ahí será el punto en que Bannon orqueste su regreso triunfal (asumiendo que pueda revivir del suicidio político que cometió tras la publicación de Fire and Fury).

EL CAOS DE LA CAMPAÑA

El hecho de que haya triunfado sobre la maquinaria Clinton (la cual Trump admiraba) no es lo más fascinante de la caótica campaña de Trump. Lo que resulta más increíble aún es que los integrantes de la misma campaña estaban apostando por la derrota. El acuerdo tácito entre el personal de campaña era que su jefe ni siquiera debería ser presidente. ¿Cómo podría serlo? Estamos hablando de DONALD TRUMP. Pero había un factor que la campaña no había tomado en cuenta: los deseos más oscuros de la sociedad estadounidense, particularmente, la clase media, media-baja de raza blanca. Nadie estaba listo para la victoria…

Pero un momento. Si Trump ni siquiera anhelaba ser presidente, ¿para qué perder el tiempo de todos con una campaña presidencial?

Simple. Para que creciera su marca personal.

Trump lo único que buscaba era incrementar su presencia en televisión. Un reality show como El aprendiz no era suficiente. Lo que más anhelaba era su propio canal. The Trump Network. Roger Ailes le propuso un plan: si quieres una carrera en televisión, primero ve por la presidencia.

Su plan era ambicioso, espectacular y de lo más ridículo, digno de una trama de Mel Brooks (el autor cita la premisa de Los productores como fuente de inspiración). Lanzar una campaña, dar la pelea y acercarse lo suficiente a la victoria como para más tarde declarar… ¡que le robaron el triunfo!

Era brillante. Trump iba a ser el hombre más famoso del mundo, víctima de la maquinaria corrupta de Hillary Clinton. Ivanka y Jared iban a pasar de niños mimados a personalidades internacionales. Steve Bannon se volvería líder del movimiento ultraconservador del Tea Party. Kellyanne Conway sería una estrella en los canales de noticias. Reince Priebus y Katie Walsh estarían mejor posicionados en el Partido Republicano. Y Melania regresaría a una vida de lujos y discreción.

Trump le había prometido a su esposa que iban a perder y que pronto volverían a su penthouse de Nueva York para reanudar su rutina. Pero cuando se hicieron los últimos cálculos de la votación y el resultado era más que evidente, Don Jr cuenta que su padre estaba tan pálido que parecía haber visto un fantasma, mientras que la pobre Melania no paraba de llorar.

Steve Bannon observó con diversión como Trump se transformaba de un momento a otro, de la estupefacción al horror, para luego asumirse por completo como el único hombre destinado a ser presidente de los Estados Unidos de América.

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“POBRE MELANIA”

Las revelaciones de Wolff sobre la extraña relación entre Donald y Melania Trump no deben ser sorpresa para nadie. Antes de conquistar el poder, a la pareja casi nunca se les veía juntos. Menos tiempo aún tenía Trump para su quinto hijo, Barron. Melania tampoco gozaba de buen prestigio entre el resto de la familia, particularmente Ivanka.

Para colmo, el magnate no iba a dejar a un lado su hábito de mujeriego y durante su campaña, la conducta inapropiada de Trump era más que notoria. Pero eso no quiere decir que Trump no estaba “orgulloso” de su tercera esposa. Entre sus amigos, Melania era introducida como su “esposa trofeo”, sin muestra de ironía alguna.

Aunque Melania tenía que dar la cara y mostrar un apoyo incondicional a su esposo, la idea de que Trump pudiera ganar la presidencia le provocaba terror. Luego de la vergüenza que padeció por los audios de Billy Bush y las fotos íntimas que publicaron los tabloides de su pasado como modelo, una Melania escandalizada le preguntó a su marido si aquello era el futuro que les esperaba.

Trump le hizo una garantía a su esposa: No había manera de que él pudiera ganar. Todo terminaría pronto.

Melania Trump, Ivanka Trump, Eric Trump y Donald Trump, Jr. (AP Photo/John Locher)

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SOBRE EL PRIMER DÍA

“Trump no disfrutó su propia inauguración,” escribe Wolff en Fire and Fury. El nuevo presidente tenía una imagen en su cabeza muy distinta a cómo se llevó a cabo el evento en realidad. Molesto y ofendido por el rechazo de las celebridades del espectáculo, Trump se asumió como la estrella principal de su show. Su compartimiento se vio reflejado en su trato frío y grosero con Melania, a quien podíamos ver al borde de las lágrimas.

Es probable que la historia de EE.UU. nunca había tenido un presidente más molesto al momento de pronunciar su primer discurso a la nación, un discurso escrito por Bannon, acentuado por un tono agresivo y amenazante a causa del pésimo estado de ánimo de Trump. “That was some weird shit,” dijo George W. Bush entre los asistentes.

EL CÍRCULO INTERNO

Una vez superado el shock de conquistar la presidencia y el terror de trabajar en una Casa Blanca encabezada por Donald Trump, el nuevo gabinete del presidente -la gran mayoría sin experiencia política alguna- llegó a otro tácito acuerdo: podemos lograr que esto funcione.

No pasó mucho tiempo para que el círculo interno se dividiera en tres bandos: Por un lado, los seguidores de Bannon. Es decir, los ideólogos que movilizaron a la base que le dio el triunfo a Trump. En otra esquina, Jared Kushner, Ivanka y sus aliados millonarios de Nueva York, de corte liberal y proponentes de un proyecto progresista. Y por último, los miembros del Partido Republicano, haciendo un esfuerzo sobrehumano para evitar que la casa de naipes se desmorone.

Así es como Wolff nos presenta al “elenco”.

Stephen Miller: Reclutado por Bannon. El escritor de discursos, incapaz de construir un enunciado. “Se supone que era un asesor de política, pero sabía poco de política. Se supone que era el intelectual local, pero era muy poco culto. Se supone que era un especialista en comunicaciones, pero antagonizaba a todos.”

Gary Cohn: Reclutado por Jarvanka. El ex-jefe de Goldman Sachs entró como asesor económico, pero al poco tiempo se daba de topes al tener que lidiar con Trump. “Un idiota rodeado de payasos,” escribió en un e-mail interno. “Trump no lee nada, ni los memos de una cuartilla, ni los breves reportes de políticas, nada. Se levanta a la mitad de las juntas con líderes internacionales porque se aburre.”

Anthony Scaramucci: El lamebotas favorito de Trump fue reclutado por Jared e Ivanka para defenderlos de los filtros de Bannon. Al asumir el puesto de Director de Comunicaciones, “el Mooch” no duró más de diez días antes de explotar como pocos integrantes del personal lo habían hecho, y peor aún, frente a la prensa. Sin embargo, esos diez días fueron suficientes para despedir a su enemigo personal, Reince Priebus.

Reince Priebus: El Jefe de Gabinete, atormentado desde el primer día en la Casa Blanca, fue despedido de la manera más propia a la presidencia de Donald Trump, via Twitter. Cuando Priebus se presentó ante Trump para ofrecer su renuncia, el presidente le pidió que se tomara su tiempo. Minutos después, Trump anunció en Twitter el nombre del nuevo Jefe de su Gabinete: John Kelly.

John Kelly: El ex-director de Seguridad Interior es uno de los varios generales reclutados por Trump para poner orden en la oficina a pesar de sí mismo. Desde Seguridad Interior, Kelly miraba lo que ocurría en la Casa Blanca con asco y a menudo pensaba en la renuncia. Al ser promovido, Trump preguntaba a los demás si Kelly le agradaba. El general había asumido el rol de la figura paterna que tanto tiene traumado a Trump.

Kellyanne Conway: La polémica asesora famosa de acuñar el infame término “hechos alternativos” tiene dos caras. Afuera de la Casa Blanca, Conway considera a Trump como una figura absurda, ajena al mundo de la lógica y la congruencia. Dentro de la Casa Blanca, Trump no cuenta con una defensora tan dedicada y rabiosa como Conway.

Katie Walsh: Para la ex-asistente al Jefe de Gabinete, trabajar para Trump fue como “averiguar lo que un niño quiere”. Su reto era traducir las creencias e impulsos que Trump conservaba en su mente en su estado más primitivo, en un programa que podría ajustarse a una convención política o legislativa. Era un juego de adivinanzas, básicamente.

Sean Spicer: No debe ser fácil ser el segundo hombre más ridiculizado en los medios y, encima de eso, ser blanco de bullying por el primer hombre más ridiculizado en los medios, o sea, por Trump. Desde el primer día, el presidente criticó con vehemencia las “actuaciones” de Spicer frente a la prensa, ya sea por no ser lo suficientemente agresivo o por no defender sus intereses con mayor convicción. Cuando el Secretario de Prensa vio la oportunidad de presentar su carta de renuncia, Trump le pidió que lo pensara dos veces. Spicer, en cambio, entendió que tenía una oportunidad de oro y renunció al instante.

LA ODISEA DE JARVANKA

Aparentemente, nadie te está diciendo esto. Pero no puedes. Simplemente no puedes contratar a tus hijos.” Ann Coulter a Trump en el periodo de transición. No le hizo caso.

Dicen que en la política, lo que no te mata te hace más fuerte, y si tal es el caso, Jared Kushner e Ivanka Trump son prácticamente invencibles ahora mismo. Podemos decir que el bando de “Jarvanka” fue el único que sobrevivió el primer año de Donald Trump en la Casa Blanca, y de esta manera, gozan de acceso de primer nivel al presidente.

Esto se debe a cierto factor que Jared, Ivanka, y su principal aliada, Hope Hicks, lograron averiguar antes que Steve Bannon y Reince Priebus: ellos pudieron comprender (más no dominar) cómo llegar a la mente de Donald Trump. Después de todo, Bannon, Priebus y los demás eran agentes externos. A diferencia de su familia, no podían ver a Trump como lo que era en realidad: una persona de mente práctica, el vendedor carismático dispuesto a desafiar cualquier reto con una sonrisa.

El gran defecto de Trump es que su déficit de atención lo prestaba a que fuera manipulado por facilidad por agentes externos como Bannon. La pareja veía al director de Breitbart como un tipo de Rasputín, un ente diabólico que controlaba al hombre más poderoso del planeta. Alarmada por la dirección que la Casa Blanca había adoptado, Ivanka se dio a la misión de alejar a Bannon y sus ideólogos de su padre. Y ya de paso, redireccionar el camino político del país.

(AP Photo/Evan Vucci)

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Donald Trump nunca había tenido una creencia ideológica. Era incapaz de entender por qué una persona emprendería una carrera en la administración pública y en la burocracia. Tampoco podía comprender por qué Medicare no podía ofrecer cobertura médica a todos los ciudadanos, una blasfemia entre los republicanos. De hecho, todo lo que tenía que ver con el sistema de salud le provocaba una indiferencia total. Obamacare era algo que personalmente lo tenía sin cuidado.

En esta indiferencia, Ivanka y Jared vieron una oportunidad de oro, no solo para promover su propio programa ejecutivo, sino además, para impulsar sus propias carreras políticas (ser la primera mujer presidente de Estados Unidos es uno de los sueños de la Primera Hija). Pero primero había que emprender una guerra interna por el control de la agenda política, y para este fin, había que dejar fuera del tablero a Bannon y bloquear la intromisión del Partido Republicano.

Esta guerra interna no fue nada sencilla. En una escena increíble, Bannon confrontó a Ivanka en el Despacho Oval y le gritó, frente al presidente, “Tú eres una pinche mentirosa”. Ivanka se quejó con su padre y éste simplemente se lavó las manos. “Te dije que este es un pueblo duro, nena.”

FAKE NEWS

Fire and Fury aborda otros temas que seguro serán del agrado de los lectores que siguen de cerca la trama telenovelesca de la Casa Blanca: Rusiagate (Bannon acusa a Don Jr de ser un traidor), la investigación del FBI (“el Departamento de Justicia está lleno de mujeres que odian al presidente”), la reforma al sistema de salud (cómo Paul Ryan termina manipulando a su rival de campaña) y la NFL (un pleito ganador con el que Trump tropieza por accidente).

Pero hay un tema que no puede quedar sin mención: la curiosa relación de amor y odio con la prensa.

Recordemos que Donald Trump es un hombre del sector hotelero y de las bienes raíces, pero su verdadera pasión, en donde realmente anhelaba el éxito, era en la industria del entretenimiento.

Más allá de las ceremonias de Miss Universo o sus breves apariciones en películas (como Mi pobre angelito 2), su primera experiencia seria en la televisión ocurrió con El aprendiz. Wolff menciona a Jeff Zucker, el director de NBC que le dio luz verde al reality de Trump. Pero en los ojos del presidente, Trump fue el que le abrió las puertas a Zucker, para que después encontrara su camino hasta la dirección de CNN. La “ingratitud” de Zucker, reflejada en la “pésima y tendenciosa cobertura” de CNN, es razón suficiente para que Trump acuse al canal de noticias de Fake News.

Para Trump, los medios representaban el poder, muy por encima de la política, y él deseaba la atención y el respeto de sus hombres más poderosos.

Así lo expresó uno de sus amigos más cercanos, Roger Ailes, quien dijo que Trump hubiera preferido ser amigo de Rupert Murdoch, principal jefe del imperio de Fox, quién veía a Trump como un bufón, por lo menos antes de que tomara la presidencia.

Trump creía que para recibir una cobertura positiva en los medios -una de sus mayores obsesiones- era necesario ofrecer favores políticos del tipo “yo te rasco la espalda y a cambio tú me rascas la mía”. El presidente intentó cultivar estas relaciones, como en el caso del programa de noticias Morning Joe, pero al final del día, siempre se sentía traicionado.

Aunque Fire and Fury hace un retrato de un sujeto prepotente que está fuera de su elemento, resulta curioso cómo Trump termina por transformarse en una figura que inspira una tremenda lástima. El pobre tipo simplemente desea ser admirado y respetado por todos, como alguien que nunca superó los deseos de la infancia. Y aunque es fácil obsequiarle un poco de simpatía, hoy el mundo debe lidiar con un niño en cuerpo de anciano, propenso a los berrinches y a dos pasos del botón nuclear. Un auténtico Calígula.

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