CRIMEN Y SEGURIDAD

El estafador serial que seducía a sus presas y las abandonaba luego de robarles todo

Francisco Gómez Manzaneres fue descrito como un 'Don Juan' que odiaba a las mujeres

Francisco Gómez Manzanares es un estafador de España que sedujo a decenas de mujeres y manipulaba a sus parejas con el fin de robarles todo su dinero. Luego de quitarles todo su patrimonio, abandonaba a sus parejas y bloqueaba todas las vías de contacto. Este hombre no solo les vaciaba todos sus ahorros, también las destruía emocionalmente.

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La historia de Francisco Gómez Manzanares fue investigada y convertida en un libro de no ficción por el periodista Guillem Sánchez bajo el título de El estafador. La prensa describió a este delincuente como un ‘Don Juan’ por su facilidad para seducir a sus presas, pero el señor Sánchez agrega que este era un ‘Don Juan’ que odiaba a las mujeres.

-¿Qué viste en mis ojos? -Tristeza, soledad. –¿Pero era todo mentira? ¿Nunca sentiste nada? –No, no sentí nada. Igual que tú.

Así fue un intercambio entre Gómez Manzanares y una de sus víctimas por WhatsApp, publicada por Sánchez en su libro. Para los psicólogos consultados por el escritor, este delincuente “tenía que buscarse la vida para sobrevivir porque el mundo es un entorno hostil donde las mujeres son seres malvados, así que él tenía derecho a hacer lo que estaba haciendo”.

Su historia se volvió un asunto de interés público a partir de 2017, cuando se dio a conocer una denuncia de una joven de Barcelona a la que le robó 800 euros con la promesa de salir de viaje juntos.

Cuando Gómez Manzanares fue detenido por la Policía Nacional, ya para entonces había estafado a más de 50 mujeres por toda España.

Sin remordimiento alguno

¿Cómo fue que se salió con la suya por tanto tiempo? Por un lado, la mayoría de sus víctimas no querían denunciar. Luego de ser abandonadas, las mujeres dijeron sentirse humilladas y no querían ver que su abuso fuera un tema que podría llamar la atención de su comunidad. Por otro lado, no había interés de parte de las autoridades de investigar casos que parecían ser conflictos personales.

La mejor arma de este hombre era su facilidad para manipular a sus víctimas. No les robaba el dinero a punta de pistola sino las convencía para hacer inversiones en bienes raíces, como la compra de un departamento, o a prestarle fuertes cantidades de dinero.

El modus operandi de este hombre era inalterable. La clave estaba en las aplicaciones de citas, en las cuáles veía un terreno fértil para cazar a sus presas. Las más susceptibles eran aquellas que buscaban una relación seria, entre los 35 y 45 años de edad, entonces Gómez Manzanares descubría sus mayores vulnerabilidades y las explotaba, engañando de paso al resto de su familia con su carisma y facilidad de palabra.

A simple vista parecía ser un tipo ordinario. Sus víctimas ni siquiera lo describían como un sujeto atractivo, más bien “pasable”. Su talento para la mentira y la manipulación, sin embargo, no tenía par. A menudo se hacía pasar como un hombre de negocios éxitos, vinculado a la presidencia un equipo de fútbol o a la política, incluso tendía a llevar un fajo “grotesco” de billetes de 50 euros.

El precio de las estafas sentimentales

“Era un auténtico depredador que hacía muchísimo daño”, dijo Guillem Sánchez. “Hablando con sus víctimas me di cuenta de que las estafas sentimentales, al contrario de lo que la gente cree, son algo muy serio”.

“No es un simpático sinvergüenza, es una persona que deja auténticos cadáveres emocionales. Muchas víctimas no quieren hablar precisamente por vergüenza. Él se va, las deja tiradas en sus pueblos o sus ciudades, y queda el runrún de ‘este tío es el amo y ella es la tonta’. Hay un doble castigo. El daño y después el oprobio”.

Se estima que Gómez Manzanares estafó a sus víctimas por una suma de 3 millones de euros a partir de 1994, cuando apenas era un adolescente. Algunas de sus falsas relaciones incluso duraron tres o cuatro años, pero él nunca ha mostrado remordimiento alguno por sus delitos, dejando a su paso decenas de “cadáveres emocionales”, como describe el autor a sus víctimas.

“¿Por qué no se juzgan como abusos sexuales? Hay abuso si media abuso de poder o engaño, y aquí el engaño es evidente, porque todas estas mujeres se acostaban con una persona que no existía. Se debería plantear si esto es violencia de género y analizar no sólo el dinero que ha estafado, sino las secuelas emocionales que ha dejado en las víctimas. No sólo es un maltratador machista que se ceba con una mujer, sino con decenas de ellas”.

Con información adicional de El Español.