Colombia enfrenta el fenómeno migratorio más grande de su historia

Mujer colombiana y su hijo en la frontera con Colombia. (AP, archivo)

Lo reconocen todos, el éxodo venezolano es uno de los peores de América Latina y para Colombia es el fenómeno de migración más grande de su historia.

La masiva ola migratoria no es una noticia falsa, como dicen las autoridades de Venezuela. Los desmienten sus propios compatriotas que se han visto obligados a dejar su país.

Carlos Carvallo, venezolano migrante, narra: “Tengo varios hijos, mi esposa, y ya estaban cayendo en estado de desnutrición los niños. Entonces, hicimos el experimento a ver qué tal nos iba en otro país”.

Como Carlos, tres millones de venezolanos ya se fueron de su país. La mayoría de ellos lo hace por su frontera de San Antonio de Táchira, vecina de la ciudad colombiana de Cúcuta.

El fenómeno migratorio se inició el 2015, pero se ha intensificado este año por muchas razones: la inflación venezolana de un millón por ciento, el desplome del bolívar, la pérdida del poder adquisitivo, el desabastecimiento de alimentos y medicinas.

Soy una persona hipertensa, me es muy difícil conseguir los medicamentos, tenemos que venir a Colombia a adquirirlos”, dice el venezolano Manuel Tovar.

A diario, las autoridades colombianas registran el paso de 35 mil venezolanos. De ellos, 20 mil siguen más al sur a Ecuador, Perú y Chile.

Aquí en Colombia se quedan otros 15 mil, muchos de ellos en Cúcuta, un lugar donde el desempleo y la informalidad han superado hoy los niveles históricos. Para los emigrantes, la vida no es fácil en la primera puerta de este éxodo.

No puedo hablar mal de la ciudad, pero sí es fuerte el trabajo. Hay que salir a la calle todos los días a luchar contra la Policía, la migración, para poder llevar el sustento”, dice el migrante venezolano Junior Chirinos.

Cúcuta, ubicada al nororiente de Colombia, sobre la cordillera oriental de los Andes, es conocida como la perla del norte.

Es la perla del norte, es la ciudad verde, hay muchas historias, que están en la memoria de toda su gente.

Y sí, hoy más que nunca, se tejen aquí muchas historias. La de Danielle es una de ellas. Ella vende ropa en un mercado de vendedores ambulantes.

Que nos dejen trabajar honradamente, que nosotros no andamos en la calle, yo sé que por unos pagan todos, pero hay unos que de verdad si quieren trabajar”, subraya Danielle Vásquez.

Danielle alude a la creciente inseguridad en Cúcuta, al crecimiento de la delincuencia que muchos atribuyen a los emigrantes venezolanos.

Al respecto, el colombiano José Antonio Contreras asegura: “Ha crecido la delincuencia y pues por otro lado hay personas que vienen a trabajar legalmente y honradamente, pero hay otras personas que vienen con interés de hacerlo mal”.

Y es que la migración, en efecto, tiene muchos rostros. Los de gente que trabaja de manera honrada para salir adelante, pero, ya se sabe, en las olas migratorias llegan también la delincuencia y la prostitución. En muchas calles de Cúcuta, antes tranquilas y ordenadas, hoy, incluso de día, jóvenes venezolanas, captadas por los tratantes de personas, venden sus caricias a la vista de todos.

Para Miguel Ángel Torres, residente colombiano de Cúcuta, “ahora en las mismas calles las mujeres hacen prostitución por todas partes y no dejan ni pasar a la gente, porque hay mucha abundancia de mujeres prostituyéndose en la calle”.

Son, sin embargo, casos excepcionales. La mayoría de los hombres y mujeres que emigran de Venezuela, son gente esforzada, honrada y cabal que busca un futuro mejor, que trata de despertar de la pesadilla que les tocó vivir en su país natal.

“Bueno, no es tan fácil, porque uno se la ve ruda pue, como quien dice, pero tampoco es difícil, más difícil está allá en Venezuela, aquí por lo menos, se hace algo”, son las palabras de Michel Colina, venezolana emigrante.

Con información de Ricardo Burgos, Noticieros Televisa

AAE