Foto: Huautla de Jiménez. Septiembre 2019

Con los cambios que traen los años, en ocasiones resulta difícil encontrar una comunidad que viva en un tiempo ajeno al del mundo y la realidad, sin embargo, al norte de Oaxaca, en la legendaria región de Cañada, existe un lugar por el que no pasan los siglos y la magia mazateca persiste al olvido.

Se trata de Huautla de Jiménez, la tierra que pertenece al distrito de Teotitlán y se levanta entre las faldas de las montañas, los bosques de coníferas y los encinos para preservar su cultura y sus ritos sagrados.

Huautla de Jiménez. (Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura de Oaxaca)

Su historia

Está ubicada en la Sierra Madre del Sur, en la cuenca del río Papaloapan, y es el poblado que tiene lluvias todo el año y clima templado.

Fue considerada una ciudad indígena en la antigüedad y se cree que sus habitantes descienden de la unión entre nonoalcas, mazatecas y chichimecas que migraron de Tula. Todos ellos integran a la cuarta etnia más predominante del país.

En la actualidad, Huautla de Jiménez aloja a los huehuentones, quienes viven en el Pueblo Mágico para preservar sus costumbres y ofrecer sus enseñanzas a los visitantes que llegan de todas partes del mundo para maravillarse con sus leyendas y ritos sagrados, en los que se emplean hongos y elementos ritualísticos que contrarrestan todo tipo de mal.

Rituales de Huautla. (Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura de Oaxaca)

La gastronomía

Entre sus platillos y bebidas, con los que sus pobladores y viajeros descansan, se encuentran el atole agrio, los tamales de tesmole, el pilte y el guasmole, así como tesmole de res y el de pollo, las empanadas de pajarito y el caldo de chivo.

¿Qué hacer en Huautla?

Algunas de las actividades que aguardan a quienes llegan a la región son la visita al Cerro de la Adoración, donde los huautlecos rinden tributo a sus dioses y a Chicon Nindó o Toxoco, el dueño de los cerros y las montañas.

La bajada a las Grutas de San Sebastián o el Sótano de San Agustín, unas de las más profundas de toda América, son actividades imperdibles al igual que la contemplación de la cascada Velo de Novia o la del Puente de Fierro, paisajes naturales que hacen palpitar el corazón de sus espectadores.

Grutas de Huautla (Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura de Oaxaca)

Las fiestas

Año con año, los mazatecas, un pueblo alegre lleno de vida y de color, se reúne en la Celebración al Señor de las Tres Caídas, en febrero, y para el Ritual de Petición de Lluvia, en mayo, tras el que esperan unos días a que lleguen junio y noviembre para la temporada de ceremonias y limpias con “Los Niños Santos”.

En julio se realiza el Festival Nacional de Homenaje a María Sabina, y después de esta fecha, se preparan con el dinero ahorrado de 12 meses para la más poderosa tradición de Huautla de Jiménez: la Fiesta de los Muertos.

Hombres vestidos para la celebración de Día de Muertos. (Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura de Oaxaca)

Esta celebración se realiza del 27 de octubre al 4 de noviembre, y en ella, los mazatecas honran a quienes ya no están en este mundo con cantos en su lengua y bailes ancestrales aprendidos por tradición.

Aquí acompañan sus representaciones artísticas y culturales con vestimentas típicas, como los huipiles o los sombreros de bejuco, y los danzantes, elegidos para que las almas de los muertos tomen prestados sus cuerpos por esa semana, portan las máscaras de madera del municipio de Santa María Chichotla, con las que ocultan su identidad.

Foto: Mujeres usando huipil. Septiembre 2019

Mujeres usando huipil. (Foto: Cortesía de Secretaría de Cultura de Oaxaca)

María Sabina, la curandera de los niños

Entre la vegetación viva de Huautla de Jiménez y sus calles de colores sin igual, habitó hace más de 30 años la curandera de los niños santos -hongos mágicos- que llevó los rituales chamánicos de su pueblo más allá de las fronteras de los cafetales y el copal.

La maestra María Sabina, considerada por algunos una santa de las artes mágicas, utilizó los hongos psilocibios -o alucinógenos- como medicamento natural, medio de comunicación con las divinidades mazatecas, y herramientas de introspección y clarividencia.

Se volvió popular en 1952 por Robert Gordon Wasson, un banquero estadounidense fanático de los hongos y la micología, quien la visitó en México y le dio fama en Estados Unidos con la publicación del libro El Hongo Maravilloso: Teonanácatl Micolatría en Mesoamérica, lo que provocó el viaje de cientos de norteamericanos y turistas del mundo a la Sierra de Oaxaca para vivir la experiencia con la Santa.

Pese a que al inicio, sus encuentros con los extranjeros no fueron bien vistos por su comunidad, con el tiempo la chamana llevó vida económica a su población, y aunque murió en medio de la pobreza, aquejada por el mal uso que algunos de sus visitantes daban a sus niños santos, y preocupada por el pago que debía hacerles, a cambio de sus beneficios en vida, en la actualidad su pueblo la enaltece y le da las gracias por contribuir a la preservación de Huautla de Jiménez.

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