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Éxodo venezolano en la frontera entre Perú y Ecuador

Exodo venezolano en la frontera entre Peru y Ecuador

Venezolanos viajan hacia Perú. (AP)

Se oculta el sol en la frontera peruano ecuatoriana. Es la hora más propicia para que los venezolanos indocumentados, que no tienen pasaporte, eludan los controles migratorios.

Disminuye el tránsito vehicular, se relaja la vigilancia policial. Por el centro binacional fronterizo han estado cruzando cinco mil venezolanos por día. Hoy, ese número se ha reducido, debido a la exigencia del pasaporte, un documento que no es de uso común en la población venezolana, pero eso no impide que busquen huir a como dé lugar.

Elegimos esta zona o cualquier otra zona, lo importante es salir del país”, explica el emigrante venezolano Alejandro Borda.

Tumbes, mil 300 kilómetros al norte de Lima, es la región limítrofe con el Ecuador. Tiene una población de 200 mil habitantes. La masiva presencia de venezolanos ha alterado su modo tradicional de vida. Hoy en sus calles, decenas de ellos se dedican al comercio ambulatorio, otros simplemente piden ayuda.

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Pero no todos piensan igual.

Nosotros no somos un país donde todo sea color rosa, entonces definitivamente tenemos que regular el ingreso de las personas que quieren buscar trabajo”, dice la congresista Karla Schaefer.

Las restricciones y controles no van a detener, sin embargo, la marea migratoria. Aquí en Tumbes hay un control fronterizo, pero en las inmediaciones hay hasta 8 zonas alternas por donde los venezolanos pueden seguir avanzando de manera clandestina con destino a otras ciudades peruanas, Chile e incluso Argentina.

Por ejemplo, el paso de Aguas Verdes, que es una frontera viva entre el Perú y Ecuador y es una de las opciones que tienen los venezolanos indocumentados que no cuentan con pasaporte para seguir su ruta hacia la capital del Perú.

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En este lugar, muchos ecuatorianos no ven con buenos ojos el incesante tránsito migratorio de venezolanos indocumentados.

Casi la gente que ve usted aquí es puro venezolano que pasa, el negocio está malo, desplazan puestos de trabajo a los de aquí, todo”, subraya el comerciante ecuatoriano Medrano Consu.

Pero, también cuentan con apoyo.

“Se busca la vida vendiendo caramelo, se busca la vida para ganar su pan sentado a la mesa del hogar. Uno no está, ellos no están robando, están vendiendo”, dice Jorge Luis Poma, también comerciante ecuatoriano.

Otros caseríos y comunidades cercanas en la zona de frontera de Perú son puertas abiertas para el tráfico de personas. Ya ocurrió hace un tiempo con emigrantes de Haití, hoy vuelve a ocurrir con los venezolanos.

Al respecto, el transportista Martín Pazos dice: “Allí comienzan los coyotes a llevarlos no y les cobran un cupo. Eso es así, así también sucedió con los haitianos”.

Por ahora son mafias incipientes, pero nadie duda que el tráfico de personas va crecer. Informes de inteligencia del ejército ya han identificado estas rutas: Papayal, Pocitos, Uña de gato, Cuchareta, La Palma y Matapalo. Son caminos en medio de los bosques secos de los cerros de Amotape. Cruzar estas zonas, guiados por coyotes cuesta entre 20 a 30 dólares, una suma exorbitante para cualquier venezolano que está huyendo de la crisis humanitaria de su país.

Pero no son los únicos riesgos que deben enfrentar. Las mafias de trata de personas están al acecho de las mujeres. En una reciente intervención, la Policía rescató a 20 venezolanas que fueron obligadas a prostituirse en bares y antros. Los facinerosos fueron enviados a la cárcel y las víctimas a refugios y albergues. Un alto precio que el gobierno de Nicolás Maduro cobra a sus compatriotas que logran huir del país que los vio nacer.

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Con información de Ricardo Burgos

AAE

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