El deterioro que corroía la Catedral de Notre Dame

Bombero combate el fuego que consume la Catedral de Notre Dame. (AP)

El incendio en la Catedral de Notre Dame inició en la aguja de la joya arquitectónica del gótico medieval; una joya que requería una remodelación extensa.

A finales de 2017 se reconocía la “necesidad real de un trabajo de restauración urgente”, de acuerdo con Michel Picaud, creador de la fundación Amigos de Notre Dame, cuyo objetivo era recaudar dinero para contribuir con un gasto que se calculaba en 150 millones de euros.

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Los expertos afirmaban que Notre Dame no estaba en riesgo de derrumbarse repentinamente, pero admitían que había alcanzado un momento crítico, que sería muy costoso.

La fundación Amigos de Notre Dame calculaba que se necesitaban cerca de 40 millones de dólares para reparaciones urgentes, y esperaban recaudar más de 110 millones en la próxima década para las renovaciones completas.

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El Estado francés, que es propietario de la catedral, ya dedicaba hasta dos millones de euros al año para mantenimiento y se había comprometido a duplicar la cantidad durante los siguientes diez años.

Por lo pronto, antes del incendio, las gárgolas rotas y los balaustres caídos eran remplazados por tubos de plástico y tablones de madera. Arcos arbotantes oscurecidos por la contaminación y erosionados por la lluvia. Pináculos sostenidos con vigas y unidos con cuerdas.

Pero ese deterioro no era inmediatamente visible para los millones de asombrados turistas que visitaban la Catedral de Notre Dame todos los años, quienes se ocupaban en admirar el frente esculpido intrincadamente.

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André Finot, vocero de la catedral, señalaba que había trozos de piedra caliza que se caían se cayó con el toque de un dedo.

“Por todas partes, la piedra está erosionada, y mientras más sopla el viento, más de estos pequeños trozos se caen”, dijo Finot en una entrevista para The New York Times, en octubre de 2017, mientras caminaba sobre montones caídos de piedra en el pasillo de la azotea de la catedral. “Se está saliendo de control por doquier”.

Notre Dame de París, ubicada en el centro de la capital, está en la lista de lugares por visitar de muchas personas, incluyendo a Melania Trump y Beyoncé. Es parte del “vínculo sentimental” entre Francia y Estados Unidos, uno forjado a través de las alianzas en tiempos de guerra, valores compartidos y una fascinación recíproca por la cultura del otro, de acuerdo con Picaud.

Construida en los siglos XII y XIII, una de las más importantes remodelaciones de Notre Dame tuvo lugar entre 1844 y 1864, cuando los arquitectos Jean-Baptise-Antoine Lassus y Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc rehicieron el chapitel y los arcos arbotantes, además de añadir varias modificaciones arquitectónicas.

Esa restauración se dio después de décadas de negligencia y daño parcial a manos de los revolucionarios franceses, se lee en el texto de NYT, y fue promovida en parte por la publicación, en 1831, de la novela de Victor Hugo Nuestra Señora de París, que arrojó luz sobre el estado decrépito de la edificación.

“Todavía hoy la iglesia de Nuestra Señora de París es un sublime y majestuoso monumento”, escribió Victor Hugo, “pero por majestuoso que se haya conservado con el tiempo, no puede uno por menos de indignarse ante las degradaciones y mutilaciones de todo tipo que los hombres y el paso de los años han infligido a este venerable monumento”.

Esas palabras suenan ciertas hoy día. “Aquí estamos, más o menos 150 años después de que escribió eso, el llamado a actuar por Notre Dame hace 150 años, y sirve hoy también”, dijo Andrew Tallon, profesor adjunto de Arquitectura e Historia del Arte en el Vassar College.

Notre Dame enfrenta “una situación muy delicada —si no es que atemorizante— que necesita de toda la ayuda”, reflexionaba el experto hace dos años.

Usualmente el agua gotea por entre el chapitel cubierto de plomo, debilitando su estructura de madera. La lluvia, en parte ácida, está erosionando lentamente los arcos arbotantes y sus pináculos decorativos, construidos con delicada piedra caliza.

Las gárgolas se han caído al piso y han sido remplazadas con tubos de PVC. En un pequeño jardín a espaldas de la catedral, se han apilado ordenadamente trozos de mampostería que se han roto o quitado como medida precautoria a lo largo de los años.

Philippe Villeneuve, el arquitecto en jefe a cargo de la renovación de la catedral, explicó que es complicado restaurar Notre Dame porque en la arquitectura gótica “todos los elementos tienen un papel estructural dinámico”.

Los pináculos, por ejemplo, sirven para anclar y estabilizar los arcos arbotantes, que reciben el peso de la catedral. Las caras retorcidas y burlonas de las gárgolas sirven tanto para decorar como para drenar la lluvia.

“Si quitas alguno de esos elementos, habrá un desequilibrio en alguna parte”, dijo Villeneuve. “No es que se vaya a caer todo el edificio porque pierdas tres pináculos, pero sí va a desequilibrarlo”.

(Con información de NYT)
tfo

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