Bicarbonato con limón para adelgazar: ¿Es realmente efectivo?

Bicarbonato con limón para adelgazar: ¿Es realmente efectivo?

FOTO: El mito más peligroso que tiene como protagonista al bicarbonato es el que dice que tomar este compuesto diluido en agua y mezclado con un chorrito de limón ayuda a adelgazar. (El Español)

A juzgar por la cantidad de propiedades que se le atribuyen y la de remedios que nuestras madres y abuelas eran -y son- capaces de improvisar con él, podríamos decir que el bicarbonato es poco menos que un compuesto milagroso.

Una suerte de sustancia que lo mismo sirve para desatascar el fregadero que para curar una faringitis o, según algunas mentes pensantes, para adelgazar.

De hecho, si vamos a Google y tecleamos “bicarbonato”, el buscador nos sugiere términos como “…para adelgazar”, “…con limón”, o “…dientes”. Pulsamos intro y allí está: el buscador nos ofrece resultados con titulares tan llamativos como 50 asombrosos usos y beneficios del bicarbonato de sodio.

Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Por qué se le atribuyen tantas propiedades a este compuesto? ¿Sirve realmente para algo?

Gemma del Caño, farmacéutica, especialista en seguridad alimentaria y eminente divulgadora, explica que el bicarbonato es un compuesto químico que antes se utilizaba “con mucha frecuencia (y en muchas ocasiones) cuando no se sabía que dar”. Un remedio casero “de toda la vida” que se ha beneficiado desde hace décadas del argumento más convincente e irrebatible jamás esgrimido: “Pues a mí me funciona”.

Según Del Caño, a todo esto, hay que añadir el imparable y preocupante auge de lo tradicional, de “lo de siempre”, en detrimento de tratamientos, fármacos o productos cuya eficacia y seguridad ha sido avalada por ciencia.

“Se ha generado una moda en torno a la ‘vuelta a lo natural’ que nos lleva a usarlo ‘como antes, para todo’, sin tener en cuenta las desventajas que pueda tener y que hay alternativas mejores”, lamenta Del Caño.

Una terrible paradoja, si tenemos en cuenta que son muchas las personas que se entregan cada día a productos ‘bio’, ‘eco’ o ‘sin antibióticos’, cuyos reclamos coquetean con la quimiofobia, mientras abrazan compuestos químicos como éste porque así se ha hecho “toda la vida”.

¿Pero adelgaza?

El mito más peligroso que tiene como protagonista al bicarbonato es el que dice que tomar este compuesto diluido en agua y mezclado con un chorrito de limón ayuda a adelgazar.

El procedimiento se asemeja al del clásico vasito de agua con limón en ayunas. Los creyentes de este brebaje milagroso sostienen que es importante tomarlo de un trago en cuanto se ha preparado, hacerlo por las mañanas, tener el estómago vacío y esperar al menos media hora antes de volver a ingerir de nuevo alimentos sólidos.

“Aunque tanto el limón como el bicarbonato se pueden tomar por separado para adelgazar, la verdad es que la combinación de ambos es una apuesta más segura”, se puede leer en una de las cientos de webs que lo recomiendan.

“Creer que el limón con bicarbonato tiene algún efecto es absurdo, pero no porque lo diga yo, la química nos ayuda a destapar este mito”, afirma Del Caño.

“El limón es ácido, el bicarbonato básico. Ambas cosas juntas forman lo que llamamos una reacción ácido-base. Una de las frases más repetidas de los que hemos estudiado ciencias es ‘ácido+base–sal+agua’ y además se libera CO2. Es decir, esto está fenomenal para hacer un volcán con los niños o para hacer espuma en la bañera, pero para nuestro estómago… como que no”, señala la especialista.

“No sirve para adelgazar, pero yo hago gárgaras de bicarbonato cuando tengo faringitis y funciona fenomenal”, suelen argumentar aquellos que confían a ciegas en este remedio. En realidad, lo que ocurre es que la inflamación se baja por un efecto llamado ósmosis, un fenómeno físico de regulación que se produce en nuestro cuerpo cuando tenemos dos soluciones con diferente concentración separadas por una membrana.

“Piensa en cuando comemos muchas semillas saladas. Nuestros labios se quedan pequeñitos y secos, pues lo mismo ocurre con nuestra garganta”, explica la farmacéutica. “Eso sí, con la salvedad de que, si nos pasamos con el bicarbonato, nos puede quemar y no hay necesidad de jugársela”.

Blanqueador de dientes

Hay quien argumenta también que el bicarbonato puede servir como un blanqueador casero ya que la pasta de dientes que encontramos en el supermercado incluye bicarbonato de sodio. Y, efectivamente, así es. Distintos estudios han demostrado que este producto de limpieza bucal, si contiene bicarbonato, puede ejercer un efecto blanqueador. Pero, cuidado, la cantidad que podemos encontrar en un dentífrico y la que nos podemos aplicar de forma casera varían sobremanera. “El bicarbonato es abrasivo. Desde luego que es posible que al principio parezca que blanquea los dientes, pero usado durante mucho tiempo (y sin controlar las cantidades justas), lo que estamos provocando es una erosión del esmalte de los dientes”, advierte Del Caño.

El poder abrasivo de este compuesto químico también facilita que desaparezcan las manchas de ropa y, mezclado con vinagre, según reza la tradición, es capaz hasta de destapar las tuberías. Pero claro, tal y como ocurre cuando se utiliza como blanqueador, su poder abrasivo puede llevarse por delante el tejido de la ropa. “Si nos pasamos, es abrasivo y te limpia la mancha y desatasca, pero se lleva el resto por delante también. Así que, si tenemos productos con las dosis indicadas, ¿vale la pena arriesgarse?”.

El portal de la Biblioteca Nacional de Estados Unidos, MedlinePlus, recoge que el bicarbonato sí puede ser un buen remedio para calmar la acidez de estómago.

Tal y como explica Del Caño, la ciencia avala este “remedio” ya que al añadir una sustancia básica sobre otra ácida se neutralizan. Sin embargo, llevar a cabo esta práctica habitualmente también tiene sus riesgos.

“El pH del estómago es ácido por algo. Entre otras cosas, porque será una primera barrera para la entrada de ciertos microorganismos. Si constantemente consumismo bicarbonato, abrimos la puerta a bacterias patógenas quitando el primer filtro y, además, puede favorecer la formación de los temidos cálculos renales”.

La experta asegura que con este compuesto conviene tener “las mismas precauciones que un medicamento, con sus efectos secundarios, y utilizarlo exclusivamente en las dosis que un médico nos diga y durante el tiempo indicado”.

Con información de El Español.

LLH

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