Avándaro y el Festival de Rock de 1971

por: NOTICIEROS TELEVISA / 12:00 am septiembre 12 th, 2013

CIUDAD DE MEXICO, México. Sep. 12, 2013.- El Festival de Rock y Ruedas de Avándaro fue un concierto de música en Valle de Bravo los días 11 y 12 de septiembre de 1971, bajo la sombra de la matanza del Jueves de Corpus del 10 de junio anterior y tres años después de la matanza del 2 de octubre de Tlatelolco.   Fue anunciado como un festival de rock con un costo de 25 pesos por persona y la participación de doce grupos, aunque fueron muchos más.   Tuvo una audiencia de 250 mil personas entre hombres, mujeres y hasta niños a campo abierto durante los dos días de duración del festival. Fue nombrado “Festival de Rock y Ruedas de Avándaro” porque originalmente se convocó como carrera de carros con bandas de música y patrocinios, pero alguien aconsejó al piloto Eduardo López Negrete que incluyera música de Rock para ambientar el Festival.   Los organizadores decidieron consultar al productor de discos Armando Molina quien sugirió incluir a doce bandas de rock y aceptó participar en la organización.   El concierto se llevó a cabo al lado del lago de Avándaro y atrajo a miles de jóvenes que compartieron y disfrutaron la música en un ambiente inmerso en la frase de moda de Peace and Love (paz y amor) que surgió en el hippismo estadounidense por la guerra de Vietnam y en México a raíz de la represión.   El festival estuvo bajo mirada amenazante de las autoridades que después de Avándaro impidieron que las estaciones de radio y los locales para jóvenes tocaran música de rock, un periodo que provocó un hoyo negro de más de diez años en la cultura popular mexicana.   Hasta los locutores que transmitieron el festival, Félix Ruano y Agustín Meza de la Peña de XERPM, Radio Juventud, fueron suspendidos por dos meses por instrucciones de la Secretaría de Gobernación que desapareció de la radio todo lo que oliera y sonara al Festival de Avándaro.   Degenerados, reaccionarios, promiscuos, pachecos, motorolos, mariguanos, drogos, exhibicionistas, mugrosos, imperialistas, jipitecas, traidores a la patria y demás, fueron los calificativos a los jóvenes asistentes al festival y obviamente a los músicos, pero en general el comportamiento fue dentro de los parámetros de un festival de rock masivo, donde sí hubo alcohol, mariguana, sexo y algo de LSD entre los que quisieron probar.   Nadie sabe donde quedaron las horas y horas grabadas en video tape del festival que tomó Telesistema Mexicano. Sólo existen algunas cintas que posee el cineasta Alfredo Gurrola.   Por desgracia en la actualidad, lo que la mayoría de las personas relaciona con Avándaro es la presencia de una mujer semidesnuda durante el concierto. Así la describían algunos medios hace 42 años: Pero el Festival de Rock y Ruedas fue mucho más en medio de un contexto de represión y a la postre se convirtió en el punto de partida del Hippismo Jipiteca Mexicano o en el Woodstock mexicano.   Participó la mejor generación de músicos de rock de todos los tiempos en México con sus mejores creaciones, que había dejado a un lado la época de los covers de cantantes estadounidenses que hicieron famosos a Enrique Guzmán, Angélica María, Cesar Costa, Alberto Vázquez, Los Rebeldes del Rock, Los Locos del Ritmo, Hooligans, Teen Tops, Rocking Devils, Belmonts, Hitters, Apson Boys,  etc.   Avándaro convocó a los jóvenes con una visión comunitaria que trascendío las clases sociales con la mirada vigilante del gobierno en el poder.   Participaron por orden alfabético: Rockóperta Tommy; Zafiro; Soul Masters, Sociedad Anónima; La Ley de Herodes; La Fachada de Piedra; Los Dug Dug’s; Epílogo; Tequila; La División del Norte; Peace and Love; El Ritual; Mayita Campos y los Yaki; Bandido; Tina Blanca; El amor y Three Spuls in my Mind.   Así escribe el periodista Jaime Almeida sobre Avándaro en el sitio de internet: http://goo.gl/FeFUdD   “Todo comenzó en un programa de televisión llamado Domingo a Domingo, que conducía y producía Jacobo Zabludovsky. Participaba en la emisión como reportero, y un día, tras conseguir algunos materiales en los que aparecían los artistas de rock más populares de entonces, le propuse a Jacobo que hiciéramos una sección especial de una hora dedicada a los “film-clips musicales” que teníamos en exclusiva. Por ese tiempo el productor Luis de Llano Macedo realizaba los promocionales del Canal 5, y era un rockero de hueso colorado, a quien conocí desde principios de los sesenta, cuando, junto con su hermana Julissa, formaba parte del grupo Los Spitfires, y lo invité para que juntos hiciéramos la sección musical en el programa dominical.   Zabludovsky aprobó los programas piloto, y pronto la sección, titulada La Onda de Woodstock para evocar aquel festival de dos años antes, salió al aire. En la producción participaban jóvenes muy prendidos y talentosos: Carlos Alazraki, ahora uno de los más célebres publicistas del país; Eduardo El Custer Davis, Roberto Naranjo, Adolfo Rodríguez, Frank Gardoni y Paty Juárez. Era la primera vez que la televisión mexicana lanzaba al aire una emisión a base de videoclips musicales aportados por las disqueras, y fue el programa pionero de lo que ahora son canales enteros dedicados a la música.   En mayo de 1971 Luis de Llano se apareció con una idea muy buena: hacer un festival de rock al estilo de Woodstock para videograbarlo y presentarlo como programa. El lugar y la fecha del festival quedaron determinados por un evento que desde años anteriores ya se celebraba en Avándaro: las carreras de coches. Programadas éstas para el sábado 11 de septiembre, el permiso dado a los organizadores del evento automovilístico incluía en la posibilidad de presentar música en vivo, y se pensó que podríamos aprovechar el atractivo de las carreras para llevar a los chavos a una explanada en el Rancho Avándaro, a cinco kilómetros de Valle de Bravo.   Justino Compeán y Eduardo El Negro López Negrete eran los empresarios de las carreras de coches; nos escucharon y se convencieron de que el automovilismo y el rock podrían convivir en un fin de semana glorioso. Así se integró el concepto de lo que sería el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro. Zabludovsky, muy amigo del entonces gobernador del Estado de México, Carlos Hank González, y ex compañero universitario de Mario Moya Palencia, entonces secretario de Gobernación, nos abrió esas puertas. Tanto Hank como Moya Palencia vieron el asunto con tranquilidad y lo aprobaron sin broncas.   El responsable de conseguir el elenco del festival fue Armando El Ringo Molina. La idea era tener a los 10 mejores grupos de rock de México pagándole cuatro mil pesos a cada uno: Los Dug Dugs, Peace And Love, Three Souls in My Mind, La Tinta Blanca, El Amor, Epílogo, Bandido, La División del Norte, Tequila y Los Yaki con Mayita Campos. También queríamos tener a Javier Bátiz, pero sus pretensiones económicas eran inalcanzables y por ello quedó fuera.   Sin tener participación en el negocio, Zabludovsky fue el principal promotor de Avándaro a través de su noticiario 24 Horas. En la primera semana de promoción ya se habían agotado los 75 mil boletos emitidos, y todavía faltaba un mes y medio para el concierto. Dado que las dimensiones del terreno lo permitían, se pusieron a la venta otros 75 mil boletos, los que se vendieron casi de inmediato. Cinco días antes del festival, miles de personas ya estaban a las puertas del lugar. Entonces fue necesario abrir el evento y hacerlo libre, pues, de otra forma, pronto sería imposible contener a quienes, boleto o dinero en mano, reclamaban el derecho de entrar.   El grupo Three Souls in My Mind, con Alex Lora al frente, hizo la prueba general de sonido y tocó varias rolas, siendo así el primer artista que ocupó el escenario de Avándaro. El festival se prolongó hasta el día siguiente ante un público integrado por casi un cuarto de millón de personas. Dos acontecimientos marcaron para siempre aquella noche de Avándaro: una chava se quitó la camiseta y ofreció una generosa dosis de taco de ojo al respetable, y unos muchachos quemaron una bandera tricolor que tenía como escudo el signo de amor y paz. Ambos sucesos fueron deformados después para satanizar el evento, el primero como una orgía de sexualidad y pornografía, y el segundo como un agravio a los símbolos patrios y a la identidad nacional. Es verdad: muchos se animaron a quitarse la ropa y a mostrar sus miserias. Varios asistentes llevaban marihuana y se la fumaron. Los sanitarios portátiles resultaron insuficientes, al igual que las dotaciones de agua, refrescos y sándwiches que habían sido concesionadas. Los 40 policías municipales asignados al evento se la pasaron escondidos debajo del escenario, impotentes. Pero, a pesar de todo, la vivencia resultó espectacular y relativamente tranquila, y nadie anticipó la desproporcionada reacción de censura por parte del gobierno. Al día siguiente se hablaba de muertos, intoxicados, atropellados, asaltos a casas y robos en autos. Se comentaba que Avándaro había sido un desastre total, que había puesto en peligro la paz social. El presidente Luis Echeverría declaró: “Aunque lamentamos y condenamos el fenómeno de Avándaro, también nos alienta nuestra convicción de que en este tipo de actos y espectáculos sólo es partidaria una reducida parte de nuestra población juvenil”.   De las 30 horas de videotape grabadas en Avándaro no se sabe qué pasó con ellas. Durante muchos años se dijo que habían sido guardadas en un almacén de Tijuana. El resultado más lamentable fue que al gobierno le entró una “rockofobia” furiosa que le llevó a prohibir los conciertos durante la siguiente década. Los grupos sufrieron el cierre de los cafés cantantes y tuvieron que refugiarse en los “hoyos fonquis”. Pocos lograron sobrevivir.   Así nació el Festival de Avándaro, su mito y su leyenda. Nosotros,  los que lo hicimos, sólo queríamos hacer algo interesante para pasarlo por televisión”, dice Jaime Almeida.   Els