El cerebro de hombres y mujeres no tiene diferencias biológicas: experta

(Archivo/Getty Images).

La cuestión de si hombres y mujeres tienen cerebros innatamente diferentes es una de las cosas que más llega a irritar a la gente. Precisamente el año pasado el ingeniero de la empresa estadounidense Google, James Damore provocó un escándalo cuando publicó un manifiesto en el que detallaba las diversas formas en que hombres y mujeres son biológicamente distintos.

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No obstante, Lise Eliot, profesora de neurociencia en la Escuela de Medicina de Chicago y autora del libro Pink Brain, Blue Brain, dice que cualquiera que busque las diferencias innatas entre ambos sexos no las encontrará.

“La gente dice que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, pero el cerebro es un órgano unisex“, resaltó la investigadora en un evento organizado por el Instituto Aspen y el diario estadounidense The Atlantic.

“No hay absolutamente ninguna diferencia entre los cerebros masculinos y femeninos”, resaltó Eliot.

No obstante, la contundencia de esta declaración sigue dividiendo a la ciencia, y de acuerdo con investigadores todo depende de lo que se mide exactamente. Por ejemplo, un estudio en Reino Unido encontró que muchas regiones del cerebro en los hombres eran más grandes que en mujeres y que, en promedio, la corteza cerebral femenina era más gruesa.

La pregunta en este sentido sería ¿qué significa eso para el funcionamiento del cerebro? Es algo que aún permanece poco claro.

Otro estudio, por ejemplo, descubrió que “promediada en muchas personas, las diferencias de sexo en la estructura de cerebro sí existen, pero un cerebro individual probablemente sea eso: individual, con una combinación de características”, se leía en páginas de la revista científica New Scientist en 2015.

En cualquiera de los casos, Eliot señala que no hay duda de que, cualquiera que sea el cerebro, las diferencias de comportamiento y rendimiento escolar entre hombres y mujeres están fuertemente determinadas por la socialización. 

Eliot dice que Damore, el ingeniero de Google que publicó ese manifiesto, tiene una profunda incomprensión de la neurociencia y que su carta exageraba enormemente el papel de la testosterona en los cuerpos masculino y femenino.

Ya que como señala Eliot, si bien la testosterona está vinculada a la agresión no ofrece una explicación universal para el comportamiento masculino. Además dice que todos, independientemente de su sexo, pueden ser competitivos o agresivos, pero los hombres y mujeres pueden tener distintas formas de expresar estos rasgos basados en normas sociales.

La culpa del debate, señala Eliot, reside en la academia y los medios, que han insistido darle curso a la discusión entre las diferencias cerebrales biológicas. En tanto que la mayoría de los académicos sabe que cualquier pequeña diferencia estadística entre hombres y mujeres será noticia, explotan estos estudios que a la larga solo provocan disparidad de género. 

“Vuelves a los datos, los analizas para tener relaciones entre sexo masculino y femenino, y si encuentras una diferencia, entonces adivina qué: tienes otro trabajo”, lamentó Eliot.

La investigadora señala que incluso las diferencias científicas indiscutibles, como la estadística que se cita con frecuencia y que señala que los cerebros masculinos son 10% más grandes que los femeninos, no significan nada, pues todos los órganos de hombres son más grandes en promedio, cosa que no significa un funcionamiento distinto.

Por ello Eliot destaca que si científicos y académicos iniciaran su investigación con la premisa de que hombres y mujeres son igualmente capaces, “sus estudios darían lugar a conclusiones radicalmente diferentes”.

Como ejemplo Eliot citó un estudio del entonces presidente de la Universidad de Harvard, Lawrence Summers que en 1970 mostró que los hombres superaron a las mujeres de 13 a uno en pruebas matemáticas. “La gente dijo que la brillantez en matemáticas es un fenómeno masculino”, criticó.

En el contexto de la conferencia “Aspen Ideas Festival” en Colorado, Estados Unidos, Eliot terminó diciendo y resaltando:

“Vivimos en un mundo binario de género. La suposición por defecto es que estas diferencias están ‘cableadas’, pero los cerebros de los hombres y mujeres no son mucho más diferentes entre sí que los corazones o los riñones masculinos o femeninos”.

Con información de The Atlantic.