¿Quién fue Quino, el gran artista que dio vida a Mafalda?

Quino, el creador de Mafalda, murió en la provincia de Mendoza, Argentina, a los 88 años de edad
Quino con Mafalda. (Foto: ReutersEloy Alonso /File Photo)

Quino, el creador de Mafalda, murió a los 88 años de edad en Argentina. La noticia fue confirmada por el editor Daniel Divinsky. A continuación daremos un vistazo a su prodigiosa carrera artística y al gran legado que consolidó para el mundo de la cultura y el arte.

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¿Quién fue Quino o mejor dicho, quién no fue Quino?. Ahondar de manera breve, precisa, creativa y concreta sobre un artista controversial, estridente desde su particular sencillez y vivo desde la tinta es difícil cuando uno tiene que imaginar a ese gigante sobre su mesa de dibujo volcado a los susurros de sus personajes.

Quino fue el creador de Mafalda y el primer humorista argentino reconocido más allá de la Patagonia, Norteamérica y la Península Ibérica. Su crítica social representada a través de tiras cómicas rebasó todas las fronteras y se hizo escuchar por todo el planeta.

Consagró todo un legado que se gestó en la punta de su pluma y sirvió de influencia e inspiración para decenas de nuevas generaciones que lo volvieron un referente obligado en la cultura gráfica.

La vida de Quino antes de Quino

Nació en Mendoza un 17 de julio de 1932 bajo el nombre de Joaquín Salvador Lavado. Sus padres tuvieron que emigrar hacia Argentina y desde niño le montaron el mote de Quino para diferenciarlo de su tío. El publicista y dibujante que guiaría al sobrino cuando quedaba a su cuidado. Si no hubiera sido por él, quizá la vocación habría llamado a Salvador por otra puerta, pero el comienzo de todo surgió en una noche de caricaturas y humor.

Luego de que su madre muriera por culpa de un cáncer atroz, Quino comenzó a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Mendoza porque quizá así podría seguir dibujando las imágenes que nacían en su cabeza, pero cuando a los 17 años fue su padre quien faltó, tomó una decisión importante: decir adiós a la academia para convertirse en autor de historietas cómicas.

Un servicio militar obligatorio, establecido en Buenos Aires durante 1954, sería otra de las experiencias trascendentales para el humorista que más tarde encontraría un espacio en el semanario Esto Es.

A partir de entonces varias puertas se abrieron ante sus pasos y lo llevaron a plasmar sus tempranos personajes bajo títulos como Leoplán, Vea y Lea, Adán, Usted Panorama y muchos otras más.

A mediados de la década de los 50 su trabajo se volcó hacia la creación de Rico Tipo Tía Vicenta, preparándose sin saberlo para el encuentro que marcaría por completo su vida; el de una niña con vestido rojo y cabello estridente llamada Mafalda.

Mafalda, la niña que sueña “con un mundo más digno” y Quino

Cuando Quino creó a Mafalda fue testigo de la fusión de varios elementos gráficos, visuales y culturales que captaron su atención, quizá sin que el gran maestro lo supiera. Uno de ellos fue la obra cinematográfica “Dar la Cara” de David Viñas.

Al dibujante el nombre le hizo gracia, le pareció alegre y digno de albergar a un “ser diminuto, genial y con una inteligencia inmune a los razonamientos adultos”. La historieta se desarrolló con una serie de personas de tintes filosóficos que reflexionaron sobre el mundo que les rodeaba y sus caóticas revoluciones, el universo de los adultos.

Años más tarde, Mafalda se mudó del LeoplánPrimera Plana y más tarde a El Mundo, acumulando a una serie de seguidores que fueron aumentando a la par que la visión prodigiosa y particular de esta niña se expandió.

Los “lucidos mensajes del personaje” y su mundito dejaron entrever a un Quino vivo, valiente y que despertaba polémicas y admiraciones a su paso. El éxito había llegado, la empatía de esta característica niña despertó el cariño y la alegría en toda Latinoamérica mientras se adhería, con humor irónico, al corazón de diversas geografías.

Cuando a su creador “se le agotaron las ideas”, a mediados de 1973, la magia terminó de surtir efecto y dio paso al legado. Para aquel entonces, Mafalda ya era un personaje con identidad propia que acompañaba a Quino en sus andares. Uno llevaba al otro y entre ambos platicaban.

La perspicacia de Joaquín ardía como aquel dibujo de esqueleto que tanto lo marcó; sus pasos generaban nuevas tinturas en su andar y, sin hijos, adoptó a millones bajo sus creaciones.

De Milán a Perú, Quino obtuvo varios premios que destacaron su gran aportación a la cultura.

Uno de ellos fue el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, otro la Palma de Oro en el Salón Internacional del Humorismo de Bordighera. En Madrid, Argentina, Norte América, Alcalá, La Halaya, Córdova y prácticamente toda Iberoamérica, fue galardonado por sus 70 años de visión única.

De ser un niño formado por padres anticlericales, antimonárquicos y anti-todo, se convirtió en un guía de contrastes con una gama ideas revolucionarias. Se convirtió en el emblema de la comedia gráfica, la crítica mordaz y la sutil fantasía, donde la batuta la llevó una niña que junto a sus amigos se fue independizando y hoy, aunque “papá ya no esté en casa” cuestiona los porvenires de la historia.

La partida de Quino y un largo adiós

Quino dejó el mundo tan solo un día después de que Mafalda cumpliera 56 años de existencia. Más de 35 idiomas a los que fue traducida esta tira cómica hoy guardan silencio y seguramente se cuestionan si Joaquín sintió dolor o miedo cuando un accidente cerebrovascular lo atacó una semana antes de su muerte.

El artista tímido que antes fue un niño al que no le gustaban las clases, acumuló 88 años de existencia en medio de transformaciones asombrosas. La cifra que da temporalidad a estos años de vida, el número ocho y su forma, representa para algunas culturas el símbolo de la inmortalidad, pero para la gráfica es, entre otras cosas, el símbolo de lo infinito, de lo que no muere y de lo que ya es el legado de Quino; la inmensidad.