¿Por qué la explosión de Beirut formó un hongo?

Si hubiera caído una bomba atómica sobre Beirut, las consecuencias habrían sido muy distintas
¿Por qué la explosión de Beirut formó un hongo? (Imagen: Especial)

La explosión de Beirut ha cobrado decenas de vidas, los heridos se cuentan por miles y los daños causados en unos segundos rebasan los que habrían de causado días de combate por una guerra. Apenas llegaron los videos del estallido a redes sociales, muchos se preguntaron si se podía tratar de una bomba atómica, sobre todo por el hongo que provocó. Pero esta explosión estuvo muy lejos de una explosión atómica; te explicamos por qué.

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Para empezar: ¿qué hubiera pasado si se hubiera tratado de una explosión atómica? Las imágenes hubieran sido muy distintas.

Al interior de una bomba atómica, la temperatura puede rebasar la del Sol. Con una explosión atómica se libera un intenso resplandor blanco acompañado de un calor capaz de quemar la piel a varios kilómetros a la redonda.

La gente cerca de la explosión se habría calcinado hasta desaparecer en el mismo instante del resplandor y muy pocas estructuras habrían sobrevivido.

Un poco más lejos, la mayoría de las personas habrían visto el resplandor y luego habrían sufrido severas quemaduras por el mismo.

Incendio en Beirut tras la explosión. (Imagen: EFE)

Las escenas dantescas descritas por John Hersey en la crónica Hiroshima hablan de gente que traía impreso en la piel el diseño de sus kimonos, por poner uno de los ejemplos menos gráficos al respecto.

Otra consecuencia: mucha gente alrededor de la zona cero no habría podido grabar la explosión porque sus celulares y todos los aparatos electrónicos a su alrededor se habrían achicharrado hasta quedar inservibles.

Una bomba atómica libera, entre otras cosas, un pulso electromagnético que suele dejar inutilizable todo aquel artefacto electrónico cercano que no esté protegido en una Jaula de Faraday.

Asimismo, todas las placas de rayos X en todos los hospitales de la ciudad se hubieran revelado solas.

El centro de Hiroshima tras la explosión. (Imagen: Especial)

Por otro lado, así como los países llevan un registro del clima o la sismicidad del suelo, también suelen monitorear la radiactividad y, definitivamente, una explosión atómica sobre una ciudad como Beirut se habría visto reflejada en más de una oficina de la región como un intenso pico en las gráficas.

Para colmo, muchos de los peores efectos de la bomba atómica se notarían hasta dentro de varios días, cuando la radiación empezara a enfermar severamente a los habitantes. El envenenamiento radiactivo es una enfermedad que los doctores describen como caprichosa pues los pacientes pasan por altibajos difíciles de pronosticar en ocasiones. Y los síntomas suelen ser sumamente dolorosos y comprometedores.

A todo esto hay que agregar los incendios que hubiera consumido buena parte de la ciudad, por días enteros. Los efectos inmediatos de una bomba atómica se sentirían por meses y las consencuencias durarían años.

¿Entonces por qué se formó un hongo?

El hongo de la explosión de Beirut se formó por la velocidad de la onda de choque, mayor a la velocidad del sonido. Que el estallido haya condensado la humedad del aire circundante es un fenómeno común a las explosión de amplia magnitud.

En Hiroshima, los testigos reportaron que llovió unos segundos después de que estallara Little Boy, una lluvia oscurecida por el hollín y las cenizas. Esto no ocurrió en Beirut, pero sí se condensó el aire comprimido por la onda de choque en un fenómeno conocido como “nube de Wilson”.

De cualquier forma, el nitrato de amonio no es una sustancia noble. En 1947 una explosión similar cobró la vida de más de cuatrocientas personas en el puerto de Texas City, en la Bahía de Galveston, Texas.

Hay varias coincidencias entre la explosión de 1947 en Texas y la del 2020 en Beirut; las más notorias: el accidente previo que desencadenó la explosión, la onda de choque que se sintió tan lejos como 200 kilómetros de distancia y los miles de heridos.