Podrías tener síndrome del intestino irritable y no saberlo

El colon irritable es una enfermedad que afecta, sobre todo, a mujeres y jóvenes

Aunque el síndrome del intestino irritable (SII) afecta a cerca del 16 por ciento de mexicanos, solo una minoría de esta población sabe que padece este trastorno.

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También conocido como colon irritable, el SII es un trastorno del intestino grueso caracterizado por dolor abdominal crónico o recurrente, y a menudo está asociado con una alteración de la microflora.

Aunque cualquiera puede padecer los síntomas de esta enfermedad, el SII suele manifestarse sobre todo en mujeres y personas menores de 45 años, y cabe resaltar que es bastante común. De hecho, es la segunda causa de ausentismo laboral, sólo por detrás del resfriado común.

Según Mayo Clinic, los síntomas del colon irritable incluyen cólicos, dolor abdominal, hinchazón, gases y diarrea o estreñimiento. Por tal motivo, es común que alguien que presente estos signos pueda pensar que se trate de un dolor estomacal común y no busque atención médica.

Aunque la causa de una manifestación del SII puede estar vinculado a los hábitos alimenticios de un paciente, lo que sí es seguro es que una dieta poco saludable, con un nulo consumo de fibra, es capaz de empeorar los síntomas.

Otro factor que puede agravar la condición del paciente suelen ser los niveles de estrés. Por eso no es raro ver que personas que trabajan bajo mucha presión se quejen de dolores intestinales.

Aunque el intestino irritable no es un trastorno que termine por modificar el tejido intestinal ni es capaz de aumentar el riesgo de cáncer colorrectal, no es una enfermedad que pueda ser curada en su totalidad. Sin embargo, hay medicamentos y remedios que pueden atenuar los síntomas.

La causa exacta del SII es todavía un misterio, pero para comprender por qué se podría manifestar hay que entender el funcionamiento del intestino grueso: paredes revestidas por capas de músculo que se contraen a medida que los alimentos son trasladados por el tubo digestivo.

Las contracciones más fuertes pueden causar gases, hinchazón y diarrea, mientras que las contracciones intestinales débiles pueden frenar el paso de los alimentos, lo que provoca que las heces sean duras y secas. La microflora juega un papel clave en el desempeño de este mecanismo.

En lo que respecta al estrés, las anomalías en los nervios del aparato digestivo están vinculadas a las molestias provocadas cuando el abdomen se estira por la producción de gases y heces. Las señales mal coordinadas entre el cerebro y el intestino pueden hacer que el cuerpo reaccione de manera exagerada a los cambios que tienen lugar en el proceso digestivo.

Por eso es importante realizar ejercicios para reducir los niveles de estrés, como entrenamientos de consciencia plena (meditación) y ejercicios de relajación progresiva, así como sesiones de terapia. Si el estrés es de origen laboral, se deben tomar medidas para reducir los conflictos en el trabajo.