Los impactantes testimonios de abuso contados por las víctimas de la Iglesia

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Juan Barros, uno de los obispos chilenos que pusieron a disposición su renuncia tras la investigación de los casos de abuso en Chile. (Fuente: AP Photo/Alessandra Tarantino)

Gonzalo Duarte se suma a la lista de obispos chilenos cuyas renuncias fueron aceptadas por el papa Francisco justo durante la racha de denuncias y protestas que sacuden a la Iglesia católica. Según la institución, los retiros se deben a “motivos de edad”, sin embargo la BBC tuvo la oportunidad de entrevistar a algunas de la víctimas de abuso que acusan al sacerdote de la tercera diócesis más importante de Chile de encubrir los crímenes y desestimar sus denuncias.

Mauricio Pulgar

Mauricio Pulgar fue acólito y participaba en la pastoral de su parroquia, en una ciudad cercana a Valparaíso. Era natural que tuviese interés por la vocación sacerdotal. Así que cuando invitaron a una jornada, él no dudó en unirse.

Ahí, el padre que estaba a cargo los hizo bañarse en la alberca desnudos:

El padre M comenzó a pasar entre nosotros. Nos tocaba y nos decía que esto era súper bueno porque ayudaba a la confianza, al autoestima”, confesó Pulgar.

Posteriormente, Pulgar ingresó al seminario de Valparaíso, las actitudes de los sacerdotes lo siguieron incomodando.

Si uno no se dejaba dar besos en la cara era porque uno tenía problemas. Había que vestirse como el padre M quería y empezaron a alejarme de mi madre”.

En particular, le incomodaban los comentarios del entonces profesor de liturgia, Gonzalo Duarte.

Se obsesionaba con hablar de temas sexuales que no tenían nada que ver con liturgia. Un día, por ejemplo, empezó a decir que si uno tenía una erección y no sabía qué hacer o si uno se masturbaba mucho, tenía que hablar con él, porque él era la persona adecuada… ¡el profesor de liturgia!”.

Según parece, la estrategia de los sacerdotes era mantenerlos incomunicados. En el caso de Pulgar, solo le permitían ver a su madre si ella lo visitaba.

Mis papás eran divorciados y mi mamá se volvió a casar, así que para estos sacerdotes era un ser inferior. Además insistían en que las cosas del seminario no debían hablarse afuera”.

Y al aislamiento se le aunaba la culpa.

Te meten la idea de que si tú le haces daño a la Iglesia eres prácticamente el anticristo. La obediencia y la sumisión es parte importante de la formación. En ese momento uno cree que es así, que el problema es uno”.

Los maltratos, humillaciones y el acoso llevaron a Pulgar a una crisis de angustia.

(Los formadores) te abrazaban, te tomaban por la espalda, se llevaban a compañeros a las piezas. Si uno no quería ir o rechazabas los cariños en el cuello, se enojaban. Un día me chorié (enojé) y como había estudiado karate le doblé el brazo a uno y le dije que no me molestara más. Ahí me catalogaron de violento, me mandaron al psicólogo y el trato se volvió insoportable”.

Pulgar encontró su oportunidad para salir de ahí. Un sacerdote que conocía lo invitó a ayudarlo en su parroquia, el joven aceptó la oferta y así dejó el seminario.

Como parte de sus nuevos deberes estaba el ayudar al padre ‘H’. Para su desgracia el acoso continuó con él:

Me preguntó por qué no dejaba que me ‘iniciara’ y yo nunca entendí, pensé que estaba bromeando. Él decía que todos éramos homosexuales y había que probar”.

Un día me pidió que me quedara en la parroquia durante la noche. No me pareció bien porque la otra pieza estaba ocupada por otro sacerdote, pero me dijo: ‘Yo pongo un colchón al lado de mi cama’. Le dije que prefería dormir en el living; me dio un sándwich y una bebida, pero me empecé a sentir mal y me dijo que me recostara en la cama. De ahí yo me desvanecí y sólo me desperté al oír un jadeo. Me estaba abusando. Yo traté de mover los brazos y las piernas y no pude. Logré mover una mano, pero me la tomó, junto con la otra y…”, confesó Pulgar con la voz quebrada a la BBC.

Pulgar pidió la intervención de otros sacerdotes, que alguien se hiciera responsable por lo que había pasado; sin embargo las quejas resultaron contraproducentes, Gonzalo Duarte intervino para que no pudiera terminar sus estudios teológicos.

El tema fue retomado hasta el 2013, Mauricio Pulgar se enteró que existía una queja canónica formal en contra de los abusos del seminario. Sin embargo, ya no hubo investigación de su caso, ante la ley, los delitos ya habían prescrito.

Marcelo Soto

En 1992, otro seminarista pasó por una situación similar a la de Mauricio Pulgar en el mismo seminario. Marcelo Soto era acólito del padre ‘H’.

Después de ayudar en la misa, ‘H’ me dijo que fuéramos a descansar, a comer chocolates. Me pidió que tomara una película de su dormitorio para verla. Cuando la saco me doy cuenta de que era una película porno gay. Él justo vuelve y cuando yo le pregunto él se me tira encima a tocarme los genitales e intenta hacerme sexo oral”.

Soto buscó apoyo entre la gente de la iglesia, pero, en su lugar, fue revictimizado.

Gonzalo Duarte me recomendó quedarme callado porque ‘en la Iglesia el hilo se corta por lo más delgado'”.

Sebastián del Río

Después de un accidente que lo dejó en coma a los 12 años, Sebastián del Río se convenció de que tenía vocación sacerdotal. Así que en 1999 ingresó al seminario, donde el rector, el padre ‘M’, tomó especial interés en él.

Era torturante. ¿Sabes qué es estar en misa y sentir que no te quita la vista de encima? Se me iba a meter a la pieza a hablar puras tonteras. Tuve que empezar a dejar la puerta abierta cuando entraba, porque me daba miedo”.

La historia se repite. Tras encarar a su acosador, las cosas empeoraron. “Me hizo la vida a cuadritos”, dice Del Río. Gonzalo Duarte hizo que dejara el seminario.

“Este niño tenía muchas quejas de mucha gente. Finalmente yo le pedí que se retirara porque no debió haber entrado”, confirma Duarte.

¿Cultura de abuso en la Iglesia?

La red de protección al acoso en Chile es solo una de tantas que están en la mira del Vaticano. Tras una investigación, el Papa aseguró que en Chile existía una “cultura de abuso” y un “sistema de encubrimiento”. Todos los obispos pusieron su cargo a disposición y esta semana se la aceptó a tres de ellos, incluido Duarte.

“Estos no son casos aislados. Estamos hablando de un grupo de personas que se concertan para abusar”, denuncia Sebastián del Río.

Vía BBC

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