“Falsos positivos”, aquellos que no estaban enfermos pero son de importancia en la pandemia

Diagnosticados erróneamente, los falsos positivos representan un misterio de la pandemia
La importancia de los falsos positivos en la pandemia. (Imagen: Pixabay)

Los “falsos positivos”, aquellos que fueron diagnosticados con COVID-19 sin estar realmente contagiados, representan uno de los mayores misterios de la pandemia de coronavirus. Los científicos no saben cuántos son, tampoco por qué fallan las pruebas; y aunque son un grupo discreto, su papel es importante.

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Podría pensarse que ser catalogado como un “falso positivo” no pasa de ser una mala broma: una prueba sale positiva pero el paciente no desarrolla síntomas. Una prueba posterior sale negativa y entonces se confronta una sospecha: acaso nunca estuvo contagiado.

Pero las consecuencias de ser un falso positivo pueden ser graves. Algunas personas han cancelado intervenciones quirúrgicas importantes tras ser engañados por una prueba donde dieron positivo. En los países donde el seguimiento de contactos es la norma, un falso positivo puede representar una enorme cantidad de recursos desperdiciados.

Lo más preocupante es que no hay certeza sobre cuántos falsos positivos hay. Ni siquiera las pruebas más confiables son 100% certeras en sus resultados. Si bien se sabe que los “falsos negativos”, aquellos que sí estaban contagiados pero salieron negativos en las pruebas, rondan el 37% de los resultados, el porcentaje exacto de falsos positivos es una incógnita.

Algunos expertos señalan que podrían rondar el 0.5% de los casos, pero no hay certidumbre en estas estimaciones. Esto puede representar un problema en la medida en que se invierten recursos, tiempo y dinero en casos que simplemente no existen.

Un artículo publicado por la prestigiosa revista científica The Lancet enumera algunos de los problemas que acarrean los falsos positivos. Desde la perspectiva del individuo puede haber un daño económico, sobre todo si esa persona no puede acudir a trabajar para cumplir con un confinamiento que tenía razón de ser.

A esto se puede agregar daño psicológico por el miedo de haber infectado a otros o la angustia sobre el desarrollo de los propios síntomas. Incluso puede haber un estigma social por haber sido señalado como posible portador del virus.

Desde la perspectiva de los gobiernos, estos casos representan no solo recursos que se podrían haber empleado en personas que sí estaban contagiadas. Además, los falsos positivos pueden entorpecer la labor de aquellos que siguen cadenas de contagio. 

Sobre todo en los tipos de pruebas más confiables, algunos expertos sospechan que los falsos positivos podría deberse en su mayoría a una contaminación en las pruebas o a un mal manejo en el laboratorio de las mismas.

Con información de El Universal