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CRIMEN Y SEGURIDAD

Los hermanos Menéndez: ¿Cómo dos hijos predilectos de Hollywood mataron a sus padres?

El crimen cometido por los hermanos Menéndez fue el primer gran juicio televisado de los Estados Unidos

La familia Menéndez era, para muchos, el mejor ejemplo del sueño americano en tiempos de Reagan: José Menéndez huyó de Cuba, se forjó una carrera en la industria del entretenimiento y se mudó a una lujosa casa de Beverly Hills junto con su esposa y sus dos hijos. Nadie hubiera podido pronosticar que esta familia se vería rota por un crimen marcado por la codicia. Esta es la historia de cómo los hermanos Lyle y Erik Menéndez asesinaron a sus padres hace más de 30 años.

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En los ochenta, José Menéndez era uno de los ejecutivos más exitosos del medio musical. Su colmillo le permitió descubrir a figuras como Duran Duran y The Eurythmics. Posteriormente, al mismo tiempo que se mudaba a uno de los barrios más exclusivos de Los Ángeles, se cambió a la industria del cine.

La familia Menéndez vivía en una mansión que antes había sido habitada por Prince, Elton John y Michael Jackson. En esa casa llegaron a la adultez los hermanos Lyle y Erik. Dos jóvenes privilegiados que habían tenido la posibilidad de acceder a las mejores universidades y de codearse con la crema y nata de la sociedad norteamericana.

(Imagen: Especial)

Sin embargo, ninguno de estos privilegios salvó a los hermanos Menéndez de cometer varios graves errores. Lyle había sido suspendido de la Universidad de Princeton después de haber sido descubierto copiando un examen. Erik, por su parte, había sido arrestado en varias ocasiones por crímenes menores.

Y a pesar de los tropiezos de los dos hijos, la familia Menéndez mantuvo un halo de gloria hasta la noche del 20 de agosto de 1989. Después de haber paseado en un yate rentado, la familia regresó a su residencia en Beverly Hills. Los hijos salieron al cine y los padres se quedaron en casa.

Esa noche, el 911 recibió una llamada: era Lyle, quien aseguraba que alguien había entrado a su casa y había asesinado a sus padres mientras él y su hermano habían estado en el cine. La realidad es que los hermanos habían regresado antes y cometieron el crimen sin que nadie sospechara de ellos en los meses siguientes.

(Imagen: Especial)

La policía creyó en la coartada de los hermanos y ni siquiera les hizo la prueba para saber si tenían rastros de pólvora en los brazos. Solo empezarían a sospechar en los meses siguientes, cuando los hermanos Menéndez demostraron tener poco interés en conocer cómo seguían las indagatorias para buscar a los posibles homicidas de sus padres.

Erik y Lyle no parecía consumidos por el dolor y en cambio sí estaban muy interesados en gastar con extrema rapidez la fortuna que heredaron. Sus gastos habrían sido tan desmesurados que consiguieron dilapidar 700 mil dólares en escasos seis meses.

A las sospechas de la policía se sumó la confesión de Erik, quien acudió a un terapeuta tras sentirse culpable. Tras confesar su crimen, amenazó al terapeuta, por lo que la novia de este los denunció.

Los hermanos Menéndez creían que su padre iba a desheredarlos y por eso decidieron asesinarlo. No tenían planeado matar a su madre, Kitty Menéndez, pero finalmente decidieron asesinarla por haber presenciado el primer crimen.

(Imagen: Especial)

El proceso legal fue largo y tortuoso. Tomó más de dos años definir si eran evidencias válidas las cintas grabadas por el terapeuta donde los hermanos confesaban sus crímenes. El juicio empezó hasta el 1993 y se convirtió en un suceso nacional, cubierto por todas las cadenas de televisión.

Al verse acorralados por sus crímenes, los hermanos Menéndez aseguraron que el odio a su padre se debía a que este había abusado de ellos cuando eran niños. Los hermanos contaron detalles muy explícitos de cómo habrían sufrido abusos en casa durante la infancia.

Años después, una prima suya respaldaría dicha versión y admitiría que ellos relataron siendo niños hechos parecidos a los expuestos ante la corte. El juicio se extendió hasta el 1996. Ambos fueron encontrados culpables y sentenciados a cadena perpetua sin posibilidad de obtener la libertad condicional.

Fueron enviados a distintas cárceles y solo hasta el 2018 se les permitió ser trasladados a la misma prisión. Ambos se han casado estando en prisión con mujeres del exterior que conocieron por cartas y, también, ambos dicen estar sumamente arrepentidos por haber asesinado a su madre, Kitty Menéndez.