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HISTORIA

¿Qué se dice en el Grito de Independencia?

¿Es obligatorio por ley que todos los ‘Gritos’ digan lo mismo?

¿Cuáles son las palabras que expresa el presidente de México, o cualquier titular del Poder Ejecutivo en otros niveles de gobierno, cuando da el Grito de Independencia la noche del 15 de septiembre? ¿Cuál es el origen histórico de estas palabras? ¿Y por qué cambian cada año?

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El Grito de Independencia es una arenga, es decir, un discurso pronunciado para enardecer los ánimos de los oyentes. Por ello, el ‘Grito’ se caracteriza por varios ‘vivas’ dedicados a los Héroes de la Patria. Tanto Hidalgo como Morelos tienen un lugar prioritario en la celebración, aunque los demás nombres tienden a cambiar de un año a otro.

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Por lo general, el mandatario inicia el acto solemne al tocar una campana mientras sostiene en su mano la bandera de México y luego se dirige al público, abriendo el micrófono con la palabra “Mexicanos”. El resto de la arenga está a discreción del orador, por lo que no es raro que este le quiera dar su “toque personal”, pero el contenido del discurso no suele desviarse mucho de lo que establece la tradición.

Por ejemplo, en el Grito de 2019, el presidente López Obrador lanzó 20 ‘vivas’ y exclamó los nombres de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio Allende, Leona Vicario, los héroes anónimos, las comunidades indígenas, la fraternidad universal, entre otros conceptos abstractos como la paz y la democracia.

Un año antes, Enrique Peña Nieto exclamó los nombres de Hidalgo, Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, además de Ignacio Allende, Juan Aldama, Hermenegildo Galeana, Mariano Matamoros y Vicente Guerrero, limitando sus vivas a los héroes de la Guerra de Independencia.

La falta de protocolo en torno al contenido del discurso quizás se deba a la naturaleza histórica del Grito de Dolores, más una leyenda que un hecho histórico que pueda ser comprobado con evidencia documental.

Origen del Grito de Dolores

Lo que hoy se conoce como El Grito de Independencia es básicamente una interpretación del llamado a las armas que presuntamente convocó el padre Miguel Hidalgo desde su parroquia en el pueblo de Dolores en algún punto de la mañana del 16 de septiembre de 1810.

Como no se hizo ningún registro de lo ocurrido en aquellos momentos tan apremiantes (recordemos que habían delatado a los conspiradores, por lo que Hidalgo y sus colaboradores tuvieron que adelantar su plan de rebelión), los primeros hombres que documentaron la historia de aquel periodo tuvieron que recurrir a testimonios de segunda o tercera mano.

Uno de los registros primerizos sobre el llamado Grito de Dolores es atribuido al obispo Manuel Abad y Queipo, quien escribe que el cura Hidalgo lanzó vivas a “la madre santísima de Guadalupe”, a “Fernando VII”, y además que “muera el mal gobierno”. Servando Teresa de Mier le da la razón con su versión de los hechos: “¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe!”

Diego de Bringas señala que hubo un “¡viva la América!”, así como un “¡viva Fernando VII!”, además de “¡viva la religión y mueran los gachupines!”. Muchos años más tarde, Lucas Alamán nos dio su versión: “¡Viva la religión!, ¡viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la América y muera el mal gobierno!”.

Así que hay un consenso en torno a las ‘vivas’ dedicadas a la Virgen de Guadalupe y a Fernando VII.

Un paréntesis polémico: el viva a Fernando VII -quien fuera rey de España en aquella época, aunque desterrado por el ejército napoleónico- se debe a que Hidalgo, Allende y los demás involucrados en la conspiración, eran partidarios en aquel momento de ganar la autonomía para la Nueva España, pero no estaban a favor de un movimiento independentista, por lo que sus lealtades todavía estaban con la corona española.

Por el carácter laico del Estado, sería mal visto que un mandatario en la modernidad lanzara un viva a la religión o a la Virgen de Guadalupe. También sería muy peculiar escuchar un viva dedicado a un líder extranjero. Pero la esencia del Grito de Dolores perdura en la arenga que pronuncia la figura gobernante en la actualidad desde un palacio de gobierno.