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CRIMEN Y SEGURIDAD

¿Cuáles son los objetivos del terrorismo en Europa?

Una vez más, el mundo gira la mirada hacia Europa, donde una serie de ataques terroristas en distintos puntos del continente vuelven a sacudir los temores de la población, no obstante la nacionalidad, género, raza, ni siquiera su creencia religiosa. Todos leen las noticias con una mezcla de impotencia, indignación y cólera.

Y una vez más -tanto los afectados directamente como los usuarios de redes sociales en zonas remotas del mundo- la gente se pregunta: ¿Por qué lo hacen? ¿Cuál es su objetivo? ¿Qué buscan estos hombres (casi siempre son hombres) que están dispuestos a sacrificar sus vidas mientras erradican a gente que no conocen y que nunca les ha hecho daño?

Las “respuestas” a estas preguntas suelen caer en las maquinaciones más ridículas, ya sea con fines políticos o raciales. Emociones como la ira, la tristeza y el horror son fáciles de manipular por charlatanes que buscan agrupar a todo un sector de la población (en este caso, musulmanes) como un grupo de asesinos, violadores y usurpadores de la cultura local.

De izquierda a derecha: Tahir Aziz, Naweed Ali, Mohibur Rahman y Khobaib Hussain. Hallados culpables de preparar actos terroristas en el Reino Unido, detenidos por el servicio militar británico. (West Midlands Police via AP)

Sin embargo, los actos terroristas que han azotado a Europa este año (al igual que los atentados frustrados por investigaciones policiacas) se apegan a ciertas tendencias en el escenario global, principalmente, la guerra civil en Siria, los conflictos desatados por el Estado Islámico en el Medio Oriente y la explosión en Europa de refugiados y migrantes originarios de Asia y África.

Los migrantes musulmanes que huyen de zonas de conflicto arriesgan sus vidas con el objetivo encontrar nuevas oportunidades para ellos y sus familias en alguna nación del Primer Mundo. Su mentalidad no es distinta a la de migrantes latinos que buscan establecerse en Estados Unidos o en Canadá anhelando una vida mejor, lejos de la violencia o la pobreza de sus hogares.

Por tal motivo, podemos descartar la delirante teoría de “los moros que han regresado para reconquistar el califato perdido”. No obstante el terror de los nacionalistas blancos de ser reemplazados en su propia tierra por sangre extranjera, una parte considerable de los migrantes solo busca un asilo temporal en Europa mientras la situación se estabiliza en sus países de origen.

Otra parte de los migrantes sí busca sentar raíces en su nuevo hogar, pero la integración no es un proceso sencillo. Hay que aprender un nuevo idioma, hay que acostumbrarse al clima y a la comida, hay que buscar un nuevo trabajo, hay que lidiar con una sociedad que los percibe con hostilidad y desconfianza, y claro, hay que pasar por los trámites interminables de una burocracia migratoria que no muestra compasión a los miles de solicitantes.

Las frustraciones que acompañan las situaciones de rechazo y el fracaso de integrarse a una cultura diferente montan el escenario ideal para iniciar un proceso de radicalización, particularmente entre la segunda y tercera generación de expatriados (hijos de migrantes que nacieron en Europa y que no han conocido otra cosa en sus vidas más que la marginación; extranjeros en su propio país, pues.)

Así es, la mayoría de los ataques terroristas de los últimos años en el continente europeo han sido efectuados por ciudadanos europeos que se sienten rechazados por el origen de sus padres o abuelos.

Gracias a la radicalización de jóvenes musulmanes, las naciones que abrieron sus puertas a la migración se vuelven, irónicamente, terreno fértil para los reclutadores de organizaciones terroristas como el Estado Islámico y sus células en Europea.

Haroon Syed, adolescente británico que ha sido condenado a 16 años en prisión por conspirar sobre la ejecución de un acto terroristas. (Metropolitan Police via AP)

Desde el punto de vista del islamista radicalizado, o sea, el yihadista, Europa es un frente más en la guerra que Occidente ha librado contra el Islam en la tierra del profeta. Sus ataques contra la población civil han sido interpretados como represalias por la violencia perpetrada por tropas occidentales en el Medio Oriente o como un acto de protesta por la captura o el asesinato de alguna figura importante.

De acuerdo al internacionalista Mauricio Meschoulam, se usa el terror “como vehículo para transmitir mensajes o reivindicaciones políticas o ideológicas, a fin de ejercer presión o coerción en una sociedad y sus tomadores de decisiones.” Y remata:

En el terrorismo, el blanco no son las víctimas, sino las audiencias que atestiguan su muerte y su dolor porque de ese modo, la organización o el individuo que ataca, transmite eficazmente la idea de que esa muerte y ese dolor podrían ser sufridos por quien sea.

Pero más allá de los objetivos políticos, el yihadista busca justicia personal. La culpa de su radicalización no la tiene él mismo, sino la sociedad occidental que en un principio obligó a su familia a huir de su país natal. Si no fuera por la intervención militar de los países colonialistas que termina por expulsar a la población nativa de sus hogares, y la marginación burocrática y social que sufren los hijos y nietos de refugiados, los extremistas no tendrían que recurrir a la violencia para expresar sus aflicciones en las naciones europeas.

A final de cuentas, nada justifica un acto de violencia cometido sobre gente inocente, pero siempre es importante buscar las razones del terror con el objetivo de evitar que se cometa un acto similar en el futuro.

Video: “Djihad”, una obra en Francia sobre tres musulmanes jóvenes que se arrepienten de su decisión de volver a Siria pero que también se sienten rechazados por Europa. La obra es parte de un esfuerzo comunitario para prevenir la radicalización.