Mexicanos desarrollan nuevo método de producción sustentable de jitomates

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(Wikimedia Commons)

Mediante el trabajo en invernaderos automatizados que optimizan la agricultura de hortalizas mediante el control de variables físicas y nutricionales, expertos de la UNAM lograron una producción sustentable de entre 380 y 450 toneladas de jitomates por hectárea en un año, mientras que invernaderos convencionales la producción alcanzó de 225 a 350 toneladas.

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El invernadero desarrollado por la UNAM, con nivel de automatización media que contempla aspectos como temperatura, radiación, pH, humedad relativa y fertirriego, además integra biofertilizantes y biofungicidas desarrollados por la Máxima Casa de Estudios.

Pero los buenos resultados obtenidos en este espacio fueron más allá pues de acuerdo con Enrique Galindo Fenantes, investigador en el Instituto de Biotecnología, con el invernadero, se logró incrementar la cantidad de jitomates de primera calidad, aumentando utilidades para los productores.

En el caso de esta verdura el costo disminuyó de 7.6 pesos por kilogramo a 4.29, en tanto que el consumo de agua disminuyó de 30 a 14 litros para la producción. Los tiempos de germinación se hicieron más breves, de 28 a 20 días, y la carga química de fertilizantes de 300 gramos por kilogramo producido se redujo a solo 42 gramos por kilo.

De acuerdo con los investigadores, el control de variables ambientales, aunado a un buen trabajo cultural, evitó la propagación de plagas y en consecuencia de plaguicidas.

Por su parte, Antonio Juárez, investigador del Instituto de Ciencias Físicas resaltó que un invernadero instrumentado incrementa la productividad inocua del jitomate, lo que permite ajustarse a las medidas internacionales.

El invernadero, detalló, está equipado con una pared húmeda y ventiladores para su humidificación y enfriamiento; cuenta con mallas-sombra para controlar la radiación solar, y nebulizadores para regular la humedad relativa.

Estos sistemas dependen de sensores que monitorean variables ambientales como radiación, temperatura, humedad relativa y conductividad/salinidad, entre otras. “Si el cultivo requiere menor radiación, las mallas-sombra se cierran automáticamente, y viceversa”.

En tanto, los biofertilizantes y nutrientes se distribuyen a través de un sistema de riego, también automatizado, y la reducción del consumo de agua se logró con un sustrato mejorado, que consiste en una mezcla de tezontle y fibra de coco, diseñada en Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) del Banco de México.

Además, los investigadores precisaron que el nitrógeno es uno de los nutrientes principales de las plantas, pero el problema como el campo es que a fin de mejorar las cosechas se usa de forma indiscriminada en fertilizantes químicos. Las plantas aprovechan solo el 30% de este nitrógeno y el resto se filtra al suelo contaminando el agua.

En respuesta, la Unidad de Bioprocesos del Instituto de Investigaciones Biomédicas en colaboración con la empresa mexicana Biofábrica Siglo XXI trabaja en el desarrollo de un biofertilizante desarrollado a partir de una bacteria que fija el nitrógeno del medio ambiente en la planta para mejorar su nutrición y aumentar la tolerancia a enfermedades e incrementar las cosechas.

Con información de DGCS/UNAM.
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