Hombres y mujeres son azotados en público por tener sexo antes de casarse

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(AP Photo/Heri Juanda)

A inicios de marzo, en Indonesia, doce personas fueron azotadas en público por cometer actos que van desde la prostitución y el adulterio a muestras de afecto con alguien que no es su pareja en matrimonio.

Brunéi castigará con muerte la homosexualidad y el adulterio

Antes de que se ejecutaran los castigos, los culpables pasaron varias semanas en prisión. Otros delitos que ameritan la flagelación incluyen el consumo de alcohol, vestir ropa inapropiada, realizar apuestas y cometer cualquier acto de afecto homosexual.

Los azotes ocurren con frecuencia en Banda Aceh, la única provincia en este país musulmán donde se impuso la sharia. La sharia es la ley islámica que rige, entre otras cosas, sobre los criterios de la moral en el modo de vida islámico.

En las interpretaciones más estrictas de la sharia, las sanciones pueden tomar la forma de lapidaciones y mutilaciones. Sobre este aspecto, las autoridades de Aceh aseguran que están siendo indulgentes con sus “pecadores”. Para ellos, el castigo no es tanto el dolor de unos diez o doce azotes, sino la vergüenza de recibir el castigo frente a sus vecinos.

La sanción, por supuesto, depende del delito. Una pareja de novios puede recibir una docena de azotes por tener relaciones antes de casarse. El castigo por adulterio es arriba de los 20 latigazos. En cambio, por el “delito” de tener relaciones homosexuales, los azotes pueden llegar a los 87, como en el caso de una pareja gay en 2018.

El presidente de Indonesia, Joko Widodo, se ha pronunciado ante la indignación internacional al respecto y se ha comprometido a prohibir esta medida. Sin embargo, los castigos corporales tienen el apoyo de la mayoría de la población de Aceh, e incluso se han registrado protestas tras los intentos de transferir la ejecución del castigo al interior de los penales.

La realidad es que estas sanciones humillantes se han vuelto un espectáculo popular. Mientras un oficial enmascarado golpea la espalda de los inculpados con una vara, decenas de personas celebran los golpes, se ríen del dolor de los sancionados y graban el momento en sus teléfonos. ¿Será un reclamo de justicia o el placer del sadismo?

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