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¿Un espíritu comenzó la Revolución Mexicana? Madero y su creencia en el espiritismo

No parecía probable que Porfirio Díaz se moriría alguna vez. Para la elección presidencial de 1910, el dictador había coqueteado con la idea de la democracia, principalmente porque no creía que nadie en México siquiera imaginaría una presidencia sin él. Muchos habían intentado llegar a la Silla Mayor, y el general Díaz los había vencido a todos. ¿Cómo iba a ser posible que un joven ranchero viniera a desafiarlo?

Así le iba a los trabajadores con Porfirio Díaz

Contra todo pronóstico, Francisco I. Madero llegó a la presidencia en 1911, a pesar de la persecución, la cárcel y la inestabilidad que se cernían sobre él. Nadie daba crédito a lo que estaba pasando, ¿el general derrotado en las urnas?, ¿un presidente civil, joven y de otro partido diferente al oficial? La proeza no hubiera sido posible sin una voluntad inquebrantable. Madero se jugaba la vida para expulsar al dictador. ¿De dónde sacó tanta convicción para sacrificarse de esa manera?

El espiritismo

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Estatua ecuestre de Francisco I. Madero en la Alameda Central de la Ciudad de México
REUTERS/Tomas Bravo (MEXICO – Tags: POLITICS ENERGY BUSINESS CIVIL UNREST)

Estatua ecuestre de Francisco I. Madero en la Alameda Central de la Ciudad de México REUTERS/Tomas Bravo (MEXICO - Tags: POLITICS ENERGY BUSINESS CIVIL UNREST)

Las guerras, el hambre y la crueldad se multiplicaron por todo el siglo XIX. Cada generación que vivió entre 1800 y 1900 fue testigo de actos de violencia que cada año parecían más terribles. El espiritismo floreció en ese contexto, como un respuesta ante un mundo que parecía indescifrable y en crisis.

A tantos años de distancia, el espiritismo nos parece una ridiculez. Pero no hay manera de entender este fenómeno sin la crisis espiritual. La doctrina espírita es un esfuerzo intelectual por resolver el lugar que tendría la espiritualidad en el mundo moderno, un intento de conjugar lo mejor del conocimiento científico con el desarrollo religioso de decenas de culturas a lo largo de los milenios.

En última instancia, se trataba de hablar con espíritus. Pero no de cualquier forma. Los espiritistas no se ponían a preguntar cuándo encontrarían el amor o el número ganador de la lotería. Para los fieles a la doctrina, hablar con los espíritus siempre implicaba conversaciones serias, sobre filosofía, política, economía, finanzas públicas, historia, literatura, etc. Era natural, pues, que se tocaran temas relativos a la sucesión presidencial en México y el futuro político de la patria.

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Francisco I. Madero y su esposa reunidos con varias personas. (Foto de DeGolyer Library, Southern Methodist University)

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La sesión espiritista más común se relaciona con las élites, gente que tenía acceso a libros, leían mucho y hablaban francés. Normalmente, se acordaban lecturas específicas. Se discutía uno de los temas, y, más tarde, con el médium, continuaban indagando sobre el mismo tema en un círculo espírita. Un secretario ponía en limpio lo que se decía y se publicaba en uno de los órganos del espiritismo en México como Helios, o La sombra de Hidalgo.

El verdadero iniciador de la Revolución fue un espíritu. Se llamaba José

Francisco I. Madero conoció el espiritismo mientras se formaba en París. De regreso al rancho de sus padres, en Coahuila, refinó su conocimiento y consolidó su carácter de médium. Con la práctica, llegó a convencerse que se comunicaba con un espíritu que, a través de su mano, escribía sus recomendaciones y consejos.

Para los espíritas como Madero, la doctrina no es ningún juego, y no pierden el tiempo en trivialidades. El espíritu que se comunicaba con él le recomendaba ser una persona virtuosa, un hombre de familia, y que ocupara su tiempo en estudiar y no en jugar pool. La fuerza de convicción del espíritu moralista se multiplicó cuando se descubrió como “Raúl”, el hermano menor de Francisco que había muerto porque se echó encima el aceite de la lámpara a los cuatro años.

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Francisco I. Madero en campaña. (Wikimedia Commons).

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Años después de su primera comunicación, el espíritu de Raúl presentó uno nuevo, José, a su hermano, y juntos pasaron de recomendarle ser una buena persona, a convertirse a un buen ciudadano y más tarde un buen político. Ambos urgían a Francisco a asumir una tarea que transformaría el destino del país y lo llevaría a una nueva época. Madero guardó sus diarios espíritas, y nosotros los podemos consultar. En uno de ellos registró la supuesta comunicación de Raúl para el 30 de octubre de 1907:

¡Cuán feliz me siento al ver que en tu planeta hay seres que compartan nuestros sentimientos, que están dispuestos a luchar para que triunfe la causa de la libertad y la justicia, a fin de que al calor de estos brillantes soles, germinen los buenos sentimientos que dormitan en la humanidad; se desarrollen los nobles esfuerzos que han de llevarlos a la felicidad suprema: a la felicidad dentro del cumplimiento de la ley! ¡Ahora sí has vencido!

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Francisco I. Madero (Wikimedia Commons).

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Raúl y José acompañaron al presidente hasta su llegada al poder; y siempre le inculcaron el sacrificio y el compromiso por su país. Muchos historiadores consideran que el contacto de Madero con los espíritus dio pie a su afán revolucionario. Es más probable que él mismo expresara su vocación democrática a través de su fe en la doctrina espírita. Desafortunadamente para él, los espíritus en los que creían no veían el futuro, y nunca le advirtieron de la traición que lo llevaría a la tumba. Después de 1910, la fama del espiritismo decayó, y su prestigio dentro de los círculos cultos se terminó para siempre.

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