Trump enfermo de covid: Cuál es el futuro de las elecciones y otras 5 preguntas esenciales

Donald Trump tiene COVID-19, ¿qué significa esto para el futuro de las elecciones, la presidencia y el estado de salud del propio presidente?
octubre 2, 2020

Bueno, esto lo cambia todo.

Hasta el 1 de octubre, Estados Unidos parecía acercarse a una jornada electoral ya de por sí caótica. Los analistas tenían prevista una crisis política sin precedentes en la historia moderna del país, la cual iba a ser producto de la presunta carencia de legitimidad de los votos por correo. Dentro de los escenarios más catastróficos, los resultados electorales iban a ser determinados, no por la vía democrática, sino por una Suprema Corte sumamente conservadora o un Poder Legislativo controlado por el Partido Republicano.

Irónicamente, aquellos escenarios tan negativos no tenían contemplado uno muy factible: la posibilidad de que Donald Trump se enfermara de COVID-19 en las semanas previas a las elecciones del 3 de noviembre. Después de todo, la pandemia de coronavirus ha durado más de medio año y, de alguna manera milagrosa, el presidente había esquivado el contagio. Parecía inverosímil que el presidente pudiera contagiarse a solo 34 días de las elecciones. Sin embargo, el panorama dio un giro radical esta semana cuando en la medianoche del jueves el mismo presidente confirmó en Twitter que tanto él como su esposa Melania dieron positivo a la prueba de COVID-19.

Esta peripecia dio lugar a seis preguntas que todos se estuvieron haciendo en las primeras 12 horas de la difusión de la noticia. En seguida voy a responderlas basándome en la información disponible hasta el momento.

1. ¿Es una farsa?

No. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tiene COVID-19. Esto es un hecho así confirmado por una prueba PCR, tal como se lee en uno de los comunicados más recientes emitidos por su vocera Kayleigh McEnany.

En las primeras horas de que se dio a conocer el diagnóstico, en redes sociales se hizo tendencia la palabra “HOAX”, la cual quiere decir “farsa”. Según los argumentos de los creyentes de esta teoría, el desempeño de Trump en el primer debate había sido tan perjudicial para su nivel de aprobación, que su equipo de campaña tuvo que buscar una manera de zafarse de los dos debates restantes. En efecto, si un candidato no está en las condiciones de salud adecuadas para participar en un debate, el evento debe ser postergado.

Muchos analistas criticaron la tendencia viral porque exhibe a los partidarios de Joe Biden de caer en la trampa de las especulaciones exageradas, el mismo juego atribuido con creces a los seguidores de Trump. “Las mismas personas de la izquierda que se apresuran a condenar a la derecha por promover teorías de conspiración están traficando esta noche con teorías de conspiración peligrosas y descabelladas,” escribió la periodista Olivia Nuzzi.

2. ¿Corre su vida en peligro?

Donald Trump es un hombre de 74 años con sobrepeso. Aunque muy poco se sabe acerca de su estado de salud, estos datos ya son suficientes para colocarlo dentro de la población de riesgo de SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19. Encima de esto, trasciende que el presidente mantiene una dieta muy poco saludable, siendo aficionado de la comida rápida; también se ha dicho mucho sobre su temperamento de “mecha corta” y sus malos hábitos de sueño, puntos que no aportan nada positivo a su sistema inmunológico.

Si Donald Trump fuera un ciudadano ordinario, su vida estaría en peligro; afortunadamente para él, se trata del presidente de la superpotencia más importante del mundo, así que es muy poco probable que muera. Por su estatura política, Trump va a recibir el mejor cuidado médico que pueda ofrecer su país desde uno de los hospitales más exclusivos del mundo: el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed. “Para evitar riesgos”, el presidente fue trasladado por la vía área a esta ubicación la tarde del 2 de octubre.

Según los reportes más recientes, el presidente ha manifestado síntomas moderados de COVID-19, similares a los del resfriado común: congestión nasal, una ligera calentura, tos y cansancio. Sean Conley, médico personal de Trump, dio a conocer cómo es el tratamiento que está recibiendo el presidente, único en el mundo: un coctél de anticuerpos desarrollado por Regeneron, empresa especializada en biotecnología, además de dosis de vitamina D, zinc, melatonina, una aspirina diaria y famotidina.

El presidente todavía se encuentra en las primeras fases de la enfermedad, por lo que su salud seguirá siendo evaluada bajo los máximos rigores, al menos por dos semanas.

Varios jefes de Estado y de gobierno han dado positivo por covid a lo largo del año, desde el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, como el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, pero todos lograron superar sus malestares. Los presidentes de Guatemala, Honduras y Bolivia también han contraído la enfermedad, entre otros. La única defunción de un mandatario vinculada a covid parece ser la del presidente del país africano, Burundi.

3. ¿Quién más se ha infectado?

El diagnóstico del presidente y de la Primera Dama se dio a conocer pocas horas después de que se filtrara a la prensa el hecho de que Hope Hicks, la fiel y muy cercana subordinada de Trump, diera positivo a una prueba de covid.

Así quedó la lista de personas infectadas de covid en las últimas horas que son cercanas a Trump:

  • Melania Trump – Primera Dama de los Estados Unidos
  • Hope Hicks – Asesora senior del presidente
  • Kellyanne Conway – Ex-asesora del presidente
  • Mike Lee – Senador republicano
  • Thom Tillis – Senador republicano
  • Ronna McDaniel – Presidenta del Comité Nacional Republicano
  • John Jenkins – Rector de la Universidad de Notre Dame

Todavía se desconoce cómo fue que el presidente se infectó, sobre todo porque la agenda de Trump ha estado más activa de lo normal estos últimos días, atascada de mítines, cenas de recaudación y conferencias de prensa, de alguna manera compensando por todos los eventos perdidos a lo largo del año electoral. No obstante, se sospecha del día en que Trump presentó a la jueza Amy Coney Barrett como su nominación a la Suprema Corte, dada la presencia del senador Mike Lee y John Jenkins entre los contagiados. La magistrada dio negativo a una prueba reciente por el simple hecho de que ella estuvo enferma de covid en el verano.

Cabe señalar que se están administrando pruebas todos los días en Washington, epicentro de este brote, por lo que la lista de contagiados puede sumar todavía más nombres en los próximos días, incluso en las próximas horas (un par de reporteros y personal de la Casa Blanca se acaban de agregar a la lista de casos confirmados). Entre los personajes que han dado negativo destacan Ivanka Trump, Jared Kushner, Mike Pompeo y Mike Pence, así como los principales rivales políticos de Trump, Joe Biden, Kamala Harris y Nancy Pelosi. En seguida veremos por qué este dato es relavente.

4. ¿Qué puede pasar con la línea de sucesión?

Esta es la primera vez que un presidente de Estados Unidos enfrenta una amenaza contra su vida desde 1981, cuando Ronald Reagan fue víctima de un intento de asesinato. Así que el diagnóstico de Donald Trump volvió a poner sobre la mesa el tema incómodo de la sucesión presidencial. Hasta el momento, Trump sigue ejerciendo funciones como titular del Poder Ejecutivo. En su último tuit, Trump aseguró en un video que se siente “muy bien”, pero su estado de salud puede cambiar de un momento para otro.

Según la Vigesimoquinta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, no es obligatorio que el presidente muera para que el poder sea transferido al vicepresidente. Basta con que el mandatario esté incapacitado para desahogar sus funciones, lo que en este caso podría significar que el paciente sea entubado y entre en coma. En caso de superar la enfermedad, la Constitución permite al paciente recuperar sus poderes al mando del Ejecutivo.

Si el vicepresidente Mike Pence llegara enfermarse de gravedad de coronavirus, entonces las funciones del presidente serían transferidas al presidente de la Cámara de Representantes, cuyo puesto sigue siendo ocupado por la congresista demócrata Nancy Pelosi. Tanto Mike Pence como Nancy Pelosi se encuentran bien de salud, por lo que es muy poco probable que se llegue a presentar este escenario.

Simpatizante de Biden, 2 de octubre (Chip Somodevilla/Getty Images)

5. ¿Qué puede pasar con las elecciones?

Aunque el debate vicepresidencial sigue en pie para este 7 de octubre en Utah, los dos debates presidenciales que restan son un enigma por el momento. El segundo debate se iba a llevar a cabo el 15 de octubre y el último estaba agendado para el 22 de octubre. Al tomar en cuenta lo que se sabe sobre el periodo de síntomas y convalecencia de covid, es muy poco probable que el presidente pueda verse dispuesto para cumplir la cita de la primera fecha, por lo que ésta sería postergada o cancelada.

Aquí lo que tiene más preocupados a los analistas son los escenarios donde el estado de salud del presidente se agrava aún más, ya que millones de personas ya emiteron su voto por correo; es muy tarde para cambiar los nombres en las boletas. Cierto, el proceso electoral cuenta con reglas que indican los protocolos a seguir en caso de enfermedad o muerte de un candidato, pero estas no son garantía de que el proceso va a estar libre de controversias, sobre todo en el contexto de una pandemia.

“No hay posibilidad real de retrasar las elecciones”, indica el profesor en Derecho, Brian C. Kalt. “Eso requeriría la aprobación de una ley, lo cual es políticamente improbable y sería legalmente incómodo cuando la votación ya ha comenzado. En lugar de posponer o rehacer la elección, el sistema se basa en reemplazar candidatos. Las reglas para hacerlo son claras, pero lo que sucederá bajo esas reglas es todo lo contrario.”

El docente de la Universidad Estatal de Michigan indicó para The Atlantic que la opción más obvia para reemplazar a un candidato difunto o indispuesto sería el compañero de fórmula, es decir, Mike Pence, pero los partidos no están obligados a seguir este rumbo.

“Con todo lo que está en juego, nadie debería sorprenderse si otros candidatos hicieran una jugada por el primer puesto. Y si se eligiera al compañero de fórmula, el partido tendría que elegir un nuevo candidato a vicepresidente, un proceso que necesariamente sería muy abierto. Seguramente se produciría un drama.”

Las reglas electorales en la Vigésima Enmienda también señalan que, si un candidato gana las elecciones, pero muere entre el día de la elección (3 de noviembre) y el día de la inauguración presidencial (21 de enero), entonces es el vicepresidente electo el que asume funciones.

Mike Pence y Donald Trump, el 25 de septiembre (Drew Angerer/Getty Images)

¿Pero qué pasa si el candidato está gravemente enfermo pero se niega a retirarse de la contienda? Es un escenario que tendría a los republicanos muy preocupados:

“Algunos podrían intentar interpretar las reglas del partido para permitir la destitución de dicho candidato, pero ningún partido querría organizar esa pelea en medio de una elección. Si los líderes del partido no pudieran persuadir al candidato de que se retirara, tendrían que dejarlo en su lugar para cruzar la línea de meta como pudiera.”

Esta complicación no sería tan grave si el presidente se hubiera enfermado en abril o mayo, pero ahora que el Partido Republicano está a un solo mes del día más importante del año en el ámbito político, es menester desempolvar los reglamentos.

6. ¿Cambiará Trump su postura sobre la pandemia?

Desde el mes de marzo se ha dicho que la principal amenaza a las probabilidades de reelección de Donald Trump es la pandemia de coronavirus. En lo que va del año, la cifra de defunciones se acerca con rapidez al cuarto de millón de personas; el golpe económico tampoco ha pasado desapercibido, con millones de empleos perdidos y miles de negocios en bancarrota.

Pero Trump, en lugar de abordar la crisis sanitaria como un tema de salud pública, aprovechó la ocasión para politizarla. Si sus rivales políticos promovían el uso del cubrebocas, entonces él iba a estar en contra de los cubrebocas. Si los gobernadores demócratas imponían medidas de confinamiento en sus estados, entonces él iba a alentar a sus seguidores a marchar en las calles para exigir la reapertura de comercios.

A través de su canales favoritos de propaganda política (como Fox News y Breitbart), Trump vendió primero la narrativa de que el coronavirus “era como la influenza” y que esta enfermedad “pronto desaparecerá, como un milagro”. Pero cuando se empezaron a registrar más de mil muertos por día, Trump cambió el guion, señalando que la pandemia era culpa de China y de los inmigrantes; siempre había un culpable en la mira de Trump, ya sean entidades extranjeras o domésticas, desde el Partido Demócrata hasta su propio equipo de expertos, encabezados por el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas.

Joe Biden y Kamala Harris, con sus respectivas parejas, mantienen sana distancia (AP Photo/Carolyn Kaster)

En la semana previa al debate con Joe Biden, Trump ya estaba acelerando la frecuencia de mítines, convocando a miles de seguidores en espacios cerrados y manchando la reputación de su oponente. Era de resaltar que la gran mayoría de simpatizantes en estos rallies ni siquiera portaban mascarillas ni mantenían sana distancia, replicando la falta de cuidado de su ídolo político. Durante el debate (y después de éste), el presidente ridiculizó a Biden por tener puesto su cubrebocas a todas horas, ya que para los propagandistas del mandatario, es imposible dar una imagen de fortaleza a sus seguidores con un pedazo de tela en el rostro.

¿Cambiará Trump su postura en torno al coronavirus? Es poco probable. En el mejor de los casos, Trump la libra sin problemas y esta crisis pasaría a ser un punto crucial a favor de su campaña, ya que demostraría por su cuenta lo que siempre ha dicho este año: que el coronavirus es como una gripe y cualquiera puede superar la enfermedad. Esta es la máxima y única esperanza de sus simpatizantes, porque así, les podrían propinar un “se los dije” a los demócratas, a los intelectuales y a los expertos de salud.

Sin embargo, el presidente ya fue internado en el hospital Walter Reed, a pesar de mostrar, presuntamente, síntomas moderados. Esto ya es una señal de debilidad desde el punto de vista del marketing electoral. El tono de su discurso dependerá, obviamente, de su estado de salud, así como el mensaje que será transmitido por su campaña y por los canales del semi-oficialismo. Al mismo tiempo, los simpatizantes de Trump tendrán que lidiar con las contradicciones derivadas de las imágenes que muestran a su candidato luchando por su vida contra “una farsa”.

Sobra decir que octubre será un mes muy interesante, no solo para los observadores la política exterior, también para el mundo en general.

Donald Trump. (Imagen: Noticieros Televisa)

Autor:
Javier Carbajal Doxálogo