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The Medium: la decepción del año – Reseña especial Sitges 2021

En esta reseña desde Sitges 2021, analizamos por qué The Medium fue una de las más grandes decepciones del festival y del año.

The Medium era una de las películas más esperadas en el festival de Sitges 2021. Esta coproducción tailandesa y surcoreana tenía la reputación de ser la cinta asiática más aterradora de la década. La realidad es que, por más stunts publicitarios que le hicieron, The Medium es una película de terror mediocre y la más grande decepción del festival. En esta breve reseña, les explicamos por qué.

I

Todo el ruido alrededor de The Medium empezó con una gran idea publicitaria. Algunos cines en Corea del Sur comenzaron a proyectar la película con las luces prendidas y distribuyendo tapones de oídos a los asistentes argumentando que la cinta era demasiado terrorífica para verse en condiciones normales. Evidentemente, la nota le dio la vuelta al mundo y todos empezaron a hablar de la nueva locura que había creado Banjong Pisanthanakun. El director tailandés, si bien recuerdan, ya tenía cierta reputación por haber realizado, hace casi veinte años, el clásico de fantasmas Shutter (2004). También, en el cartel de la película estaba el nombre, como productor y co-escritor, de Na Hong-jin, mundialmente reconocido por hacer una de las mejores películas de horror sobrenatural en lo que va de siglo: The Wailing (2016).

Desde hace tiempo aprendimos que los stunts publicitarios apestan a mediocridad. Cuando empezaron a pedir obligatoriamente una identificación para entrar a 50 Shades of Grey (2015), era evidente que no iba a tener nada escandaloso. Por supuesto, hay excepciones notables. Sobre todo en el horror. Es el caso paradigmático de The Blair Witch Project (1999) que, en los albores del internet omnipresente, hizo una campaña mediática sumamente interesante. En cualquier caso, The Medium es más 50 Shades of Grey que The Blair Witch Project. Y eso dice mucho.

II

Comparar The Medium con The Blair Witch Project, más allá de lo paratextual, no es casual. La cinta asiática retoma, dos décadas después, el principio del mockumentary de found footage que inició la icónica cinta estadounidense. Aquí, un grupo de jóvenes realizadores quieren hacer un documental, sobre los mophi, o mediums, o chamanes de la región de Isan en el noroeste de Tailandia. En esta región (como en muchas otras en el país surasiático), las principales creencias budistas se mezclan sincréticamente con tradiciones folclóricas animistas. Adentrándose en estas tradiciones, los documentalistas siguen el día a día de Nim, una chamana que debe ir al funeral del esposo de su hermana.

En el camino, Nim explica superficialmente las creencias animistas de la región y la razón por la que ella se convirtió en chamana. La bendición del chamanismo como las maldiciones parecen venir de viejas herencias. La familia del esposo de su hermana, por ejemplo, siempre estuvo rodeada de situaciones desafortunadas: suicidios, muertes accidentales, problemas legales, en los negocios, etcétera; mientras que las mujeres en la familia de Nim han heredado el don del chamanismo y la posesión del dios benéfico Bayan.

Una vez en el funeral, Nim y los documentalistas empiezan a notar que la hija del fallecido, Mink, tiene un comportamiento particularmente errático. Al principio, Nim piensa que es la manifestación de Bayan eligiéndola como la siguiente chamana de la familia. Pero pronto, por una serie de errores rituales, las cosas comienzan a empeorar. Mientras Nim lucha con su fe por Bayan y sus conocimientos, el poder de Mink parece aumentar. En medio de todo, los documentalistas están cada vez más atrapados en una vorágine de locura ritual de la que, tal vez, nunca saldrán vivos.

III

La idea en el principio de The Medium podría ser interesante si no la trataran, de entrada, con la distancia documental del exotismo. Aquí, el mecanismo del found footage funciona para mostrar una mirada colonial, centralista, de documentalistas que desconocen el contexto cultural de una región específica de su país. A diferencia de un enorme clásico como Cannibal Holocaust (1980) de Ruggero Deodato, sin embargo, la mirada colonial aquí nunca se cuestiona. De hecho, esa mirada es esencial para el desarrollo de todo lo que va a suceder: sin el exotismo asumido de las tradiciones que se retratan aquí, nada de esto tendría sentido. El miedo, pues, que fundamenta la creación de esta película es el miedo al otro; el miedo a sus creencias; el miedo a otros mundos poblados de espíritus.

Esto se entiende desde el principio de la cinta con la explicación absolutamente superficial del animismo entre los Isan. Pensemos en un contraejemplo. Sin dejar de mostrar cierto autoexotismo, El Viaje de Chihiro (2001) de Miyazaki, por ejemplo, da una apertura al pensamiento animisma del Shinto desde una cariñosa visión contemporánea. Ahí, en vez de buscar dicotomías explicables para el público occidental, Ghibli muestra un mundo complejo, lleno de símbolos y de espíritus que, lejos de ser “malignos” o “benignos”, tienen una compleja riqueza interior.

Aquí, el mecanismo del found footage no nada más propone una visión exótica colonial bastante limitada, sino que la convierte en el centro mismo de la eficacia de la película. Encima de esto, la cinta parece tomar apuntes del libro de James Wan para mezclar tropos gastados del horror contemporáneo intentando hacer un licuado que pase por algo medianamente original. Al mockumentary se mezcla el found footage de visión nocturna que tanto explotó la saga interminable de Paranormal Activity; a la temática chamánica se mezclan los clichés más gastados de las escenas occidentales de exorcismo; y, cuando todo lo demás se agota, la cinta quiere llegar a un clímax totalmente injustificado y francamente poco imaginativo con tintes de película de zombies (hasta Romero jugó con el found footage).

En principio, una remezcla de mecanismos formales del género no tiene nada de malo. En ocasiones, incluso, puede crear cosas particularmente hermosas como en la última cinta de fantasmas de Edgar Wright, Last Night in Soho. Aquí, sin embargo, el uso de estos mecanismos parece ser el fin en sí. Pisanthanakun y Hong-jin crearon una historia sin mucho sentido solamente para cuadrar estos recursos formales de horror superficial. Como es irritante que un comediante insista demasiado en mostrar su gracia, una película que insiste tanto en los mecanismos evidentes que emplea para causar miedo, deja de causarlo.

Lejos del horror ambiental, duradero, completamente desconcertante de The Wailing, The Medium es una película efectista que quiere causar sustos por causarlos, que quiere rebajar todos los mecanismos que toma del horror a una simple excusa para vender palomitas. Esto podría estar bien y simplemente ser intrascendente, de no ser por la mirada exotizante que plantea todo el argumento y la dolorosa mercantilización de la película. The Medium parece absorber, de la mano de dos importante creadores asiáticos, las peores lecciones de colonialismo acrítico y horror superficial de Hollywood. Esperemos que esto sea solamente un tropiezo y no una tendencia en la antes prolífica, original y libre creación de cine de terror asiático.

Calificación: 1/5

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