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Cómo el streaming acabó y revivió al cine, la televisión y la música

¿Cómo afecta el streaming al cine, la música y la televisión? Las industrias se transforman por los servicios vía internet.
enero 2, 2020

Durante los últimos años, la guerra entre los servicios de streaming y las academias cinematográficas tocó su punto más álgido cuando Roma de Alfonso Cuarón y Okja de Bong Joon-ho fueron ignoradas y desechadas para participar en Cannes y en los premios Oscar, respectivamente, bajo excusas que, lejos de entenderse como respuestas lógicas, parecían ignorar deliberadamente lo que Netflix, Amazon Prime, Crunchyroll, Hulu o YouTube TV representan hoy por hoy en la industria del cine y la televisión.

En ambos casos, se arguyó que ninguna de las dos había sido proyectada en cines, por lo tanto, no podían ser consideradas como “productos cinematográficos”; asimismo, Steven Spielberg, aseguró que debería haber más filtros para que películas de servicios de streaming, como Roma, no opten por premios de la Academia, pues solo son “películas para televisión”. (Vía: El País)

Esto no solamente incrementó las críticas en contra de Cannes y la academia estadounidense, sino que también suscitó la pregunta más pertinente del momento: ¿qué es el cine?

Netflix es, sin lugar a dudas, la productora más relevante del momento. Durante 2019, produjo 371 películas y series que son, aproximadamente, el 65% de la producción total de películas de Hollywood anualmente.

Su fuerza no es inusual ni es producto de la casualidad. Este servicio de streaming ha cambiado la forma como se hace cine y televisión de manera paulatina, ante el evidente declive de los grandes estudios hollywoodenses que, en un primer momento, rechazan la nueva forma de consumo, y finalmente, terminarán tomando el mismo camino que marcan las empresas de streaming.

La fórmula de Netflix es simple y sumamente pragmática: a partir de los datos de sus consumidores, seleccionan temáticas, tiempo de duración, actores, guionistas, escenarios y demás, crea una serie o una película que sea más proclive de ser consumida, sin necesidad de apostar duramente por los creadores independientes.

En sí, para Netflix es más importante un grupo de guionistas que un gran estudio o un director probado. La base de su éxito está en la definición segmentada de sus producciones originales por el medio geográfico, atendiendo necesidades específicas de los públicos, y no arriesgando de más en el proceso.  Es por eso que en Alemania se produjo Dark, en Estados Unidos Stranger Things y en México Club de Cuervos. (Vía: Forbes)

Esta misma fórmula es la que le ha permitido arriesgar con otro tipo de contenidos que son los que han entrado en controversia con las academias cinematográficas, que son historias originales de autores que ante la falta de espacios donde el riesgo sea tomado, recurren a Netflix, una plataforma que hace millones de sus originales calculados, para entregarlos a contenidos que le den más prestigio como casa productora.

La industria hollywoodense y los festivales siguen pensando en el cine como un producto que no ha entrado a Internet, ya no como una plataforma, sino como un nuevo ecosistema de distribución, como sí lo ha entendido la industria musical.

Esta, después de pasar por años de pérdidas en ventas, distribución e impacto, optó por tomar la alternativa en vez de enfrentarla. Ahora, los medios de consumo en streaming son la principal herramienta para que tanto músicos, productores, disqueras y demás actores de la industria musical, tengan impacto y visibilidad, más allá de las ventas físicas de álbumes.

Los servicios de streaming no están cambiando solamente la forma en que consumimos, sino que están modificando lo que consumimos desde la raíz. La música, hoy por hoy, busca ser acorde a la competencia, a la audiencia y a la tecnología en donde es distribuida.

Y lo mismo pasa con Netflix. No solo ha cambiado la velocidad de producción y los niveles de distribución, también está impactando la forma de hacer y contar historias, cosa que no quiere aceptar Hollywood y Cannes.

Crear a partir de algoritmos permite ver que las audiencias son predecibles y que el arte, como un complejo estético y como producto industrializado, puede ser producido en masa bajo estructuras factibles para cualquier persona que tenga la paciencia y las bases de datos para realizarlo.

El modelo que plantean los sistemas de streaming propone que el arte y el genio no son la base del cine o de las creaciones artísticas, sino la audiencia. Los consumidores, con sus conductas, deciden qué existe y qué no, y eso es algo que Hollywood no puede permitirse de manera abierta.

Algunas premiaciones, como los Globos de Oro, están aceptando la tendencia y la nueva forma de producir como una realidad. Este año, tres de las cinco películas (The Irishman, Marriage Story y The Two Popes) compiten para ser mejor película del año, confirmando que el modelo funciona tanto para las pretensiones estéticas como para las pretensiones económicas.

Netflix ha apostado por hacer que los riesgos tomados sean pocos con éxitos mayores, sin olvidar que los creadores merecen espacios que superen el claustro de una sala de cine.

El streaming ha impactado de manera significativa las formas de hacer cine y televisión, cuestionando fuertemente a las academias que buscan categorizar y delimitar el arte a cánones que no responden a las necesidades de las audiencias o de los creadores.

Los espacios que pueden buscarse y expandirse a través de esto son mayores que los que propone una industria cara y avejentada, a la que solo le falta tiempo para entender que interponerse de manera directa con la audiencia es el primer paso para contraerse y desaparecer.

Ilustración destacada: César Castro

Autor:
Freddy Campos Periodista apócrifx. Todavía no lo suficientemente viejx para morir joven.