Por qué la separación de familias migrantes es un golpe brutal a los “valores morales” de Estados Unidos

Por varias décadas, Estados Unidos ha presumido ser la antorcha de luz que ilumina los ideales del sueño americano, que marca la diferencia entre el bien y el mal, y que proporciona al resto del mundo un supuesto compás de la moral. La nación estadounidense ha forjado esta imagen a través de la industria del entretenimiento, la increíble fuerza del mercado global y el poderío de sus fuerzas militares que aplastan dictaduras extranjeras y luchan por “la libertad”.

No obstante, de vez en cuando ocurren situaciones que logran filtrarse a los medios y manchan la imagen perfecta de la nación infalible, aquel policía del mundo. Por ejemplo, los reportes de tortura y humillación de prisioneros de guerra en Irak; o las masacres de civiles en la guerra de Vietnam, de las cuales se cumplen 50 años. Cuando la sociedad estadounidense se percata de estas rupturas de los valores democráticos y liberales, se desata una reflexión colectiva que los obliga a decir: “No puede ser, esto es ‘América’ y se supone que somos los buenos de la película. Somos mejores que esto”.

En los últimos días, los medios han difundido los indicios de otro golpe brutal a los preciados “valores morales” de la nación estadounidense. Se trata de la polémica generada por la separación de familias migrantes en la frontera, consecuencia de la nueva política de “tolerancia cero”, implementada este año por los Departamentos de Justicia y de Seguridad Interior contra las familias mexicanas y centroamericanas que se atreven a “invadir” su país en busca de una vida mejor.

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El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas -la tan temida “migra” (o ICE, por sus cifras en inglés)- se ha dedicado a desprender a miles de padres y madres de sus hijos menores de edad. Los seguidores de Trump alegan que esta práctica no difiere de las deportaciones que ejecutaron los gobiernos de Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton en el pasado. Pero omiten mencionar que los migrantes arrestados en la frontera no eran detenidos y procesados como criminales, tal como ocurre ahora. Al niño, por supuesto, no se le imputa ningún delito federal, por lo que es apartado del adulto en lo que se resuelve la situación jurídica del padre, es decir, que estará al cuidado de un albergue de gobierno por un tiempo indefinido.

Obama vs. Trump: Diferencias de políticas migratorias

Aunque el gobierno de Obama se distinguió por deportar a más migrantes indocumentados que Bush, Trump a su vez se caracteriza por castigos más severos y políticas menos flexibles que las de su antecesor. En los años de Obama, ICE contaba con una lista de prioridades: sus blancos no eran los humildes jornaleros del campo o los migrantes que trabajaban en restaurantes con documentos ‘chuecos’, sino los traficantes de personas o narcóticos, o los extranjeros con antecedentes criminales. El gobierno de Trump, en cambio, se deshizo de esta lista de prioridades. Ahora cualquier migrante tiene las mismas probabilidades de ser capturado por agentes de ICE, no importa si se trata de una trabajadora doméstica o un pandillero de las Maras.

Trump también ordenó que se descontinuara la práctica de catch and release (captura y libera). Cuando un migrante era detenido en la frontera, éste podía solicitar que se inicie un proceso de asilo, un trámite que se alargaba por varios años en llegar a una conclusión. Como anteriormente no había suficientes centros de detención para albergar a un refugiado por tanto tiempo, el migrante era puesto en libertad en territorio estadounidense. Por lo general, las solicitudes de asilo eran rechazadas, pero ya para entonces, el refugiado tendría años viviendo en la clandestinidad habitual del migrante indocumentado.

Los migrantes que cruzaban la frontera con sus familias, incluyendo niños pequeños, y que eran capturados por las autoridades estadounidenses, por lo general, eran puestos en libertad bajo esta práctica de catch and release (solo eran separados si el adulto tenía antecedentes penales). El gobierno de Trump ordenó que esta práctica llegara a su fin.

Kirstjen Nielsen, secretaria de Seguridad Interior, justificó la decisión de Trump al decir que criminales mexicanos y centroamericanos usaban a los niños para ingresar a los Estados Unidos. Como consecuencia, en estos días ICE tiene a miles de personas detenidas y los centros de detención han llegado a su máxima capacidad de cupo. Es por eso que el gobierno de Trump se ha dedicado a transferir a niños migrantes a centros improvisados, como bases militares o antiguos supermercados.

(AP Photo/Ross D. Franklin)

(AP Photo/Ross D. Franklin)

¿Cómo funcionan las medidas de “cero tolerancia” del gobierno de Trump?

Luego de varios meses de vender la nueva política migratoria de Trump a la ciudadanía, a inicios de este año, Jeff Sessions -el polémico fiscal general de Estados Unidos- anunció que las familias de migrantes indocumentados serían divididas en los centros de detención, en lugar de enfrentar un proceso de deportación juntos:

Si cruza con un niño de contrabando, lo procesaremos, y ese niño será separado de usted según lo exige la ley. Si no le gusta eso, entonces no cruce con niños nuestra frontera.

Y en efecto, nada más del 19 de abril al 31 de mayo, cerca de 2 mil niños fueron apartados de sus familias o de los adultos que los tenían bajo su cuidado. Los menores han sido transferidos a albergues dirigidos por la Oficina de Reasentamiento de Refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos, donde supuestamente reciben el mismo trato que en un orfanato, incluyendo actividades deportivas, educativas y sociales.

Así como cada albergue es distinto, cada centro de detención es diferente. Estos últimos son los más notorios por la frialdad y austeridad de las instalaciones. Todo niño migrante tiene que pasar por un centro de detención antes de ser reubicado en un albergue. Las imágenes de los centros que el mismo gobierno compartió con la prensa han despertado la indignación de la sociedad (ver videos en esta nota). En éstas podemos apreciar a migrantes de todas las edades divididos en espacios enrejados que han sido comparados con jaulas y corrales. En estos mismos espacios, vemos a personas acostadas cubiertas con papel aluminio. Los llantos de niños confundidos y asustados son una constante.

A pesar de las supuestas comodidades que más tarde ofrecen los albergues, especialistas advierten que estas medidas nunca podrán aliviar el trauma psicológico de permanecer separados de sus seres queridos. ¿Cómo puede un niño de 6 o 7 años lidiar con la incertidumbre de reunirse con su familia? ¿Qué gana el gobierno de Estados Unidos con castigar a los menores por las decisiones que tomaron los padres?

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(U.S. Customs and Border Protection’s Rio Grande Valley Sector via AP)

Un grupo de migrantes en EU son llevados al centro de detención para indocumentados (AP/archivo)

Por qué estas medidas están destinadas al fracaso

La lógica de funcionarios como Sessions o John Kelly -el jefe de gabinete de la Casa Blanca- es que estas medidas punitivas tienen el fin de disuadir a cualquier posible migrante de emprender el peligroso viaje con su familia. Si cruzas la frontera y eres detenido, ya no serás deportado de inmediato junto con tu familia, sino serás procesado como delincuente y te quitarán a tus hijos por el tiempo que sea necesario.

Lo irónico del caso es que poco han importado las restricciones de las políticas migratorias de Estados Unidos. Cualquier riesgo valdrá la pena, siempre y cuando puedas escapar de la barbarie, la pobreza y la inseguridad que plagan a tu lugar de origen. Por tal motivo, no debe ser sorpresa que la mayor parte de migrantes son originarios de países azotados por la violencia como Guatemala, El Salvador y Honduras, gente que se siente defraudada por estos estados y gente que luchará por una nueva oportunidad para sus familias en tierras relativamente más prósperas (los mexicanos que cruzan la frontera no suelen entregarse a Migración para solicitar asilo político, por lo que los casos de familias detenidas en este periodo son del 1% según el canciller Luis Videgaray).

Los chantajes de Trump

Aunque la política de “cero tolerancia” de Trump ha sido cuestionada por los medios a lo largo de varios meses, en realidad fue en las últimas semanas que se volvió un escándalo internacional, creando conflictos incluso entre los propios republicanos. Porque una cosa es la promesa de campaña de reforzar la seguridad fronteriza con sanciones más severas para los inmigrantes, y otra cosa es ejecutar las políticas en el mundo real, donde todos pueden ver las consecuencias trágicas con sus propios ojos.

Por supuesto, Trump y su equipo se han apresurado a justificar sus medidas, pero lo han hecho de una manera tan torpe que a menudo entre ellos mismos se contradicen. Cuando explotó el escándalo, la secretaria Nielsen escribió en Twitter que nadie estaba separando a las familias en la frontera. Al mismo tiempo, Stephen Miller -asesor de Trump- afirmó que la ejecución de la política migratoria fue una decisión simple y que nadie está por encima de la ley. Nielsen tuvo que reconocer lo que estaba ocurriendo y defender las acciones de ICE.

La Casa Blanca ha sido severamente criticada, incluso por grupos conservadores y religiosos (apenas este martes, la cancillería mexicana reaccionó al escándalo y condenó la política migratoria de Trump como “cruel e inhumana”). Pero el golpe más fuerte hasta el momento fue propinado por una fuente algo fuera de la común. Laura Bush, la ex-Primera Dama, cuyo esposo también tuvo sus batallas polémicas sobre el tema migratorio. En un artículo de opinión en el Washington Post, Bush comparó la separación de familias mexicanas y centroamericanas con los campos de internamiento para japoneses en territorio estadounidense:

Nuestro gobierno no debería estar en el negocio de almacenar niños en bodegas improvisadas o hacer planes para colocarlos en tiendas de campaña en el desierto a las afueras de El Paso. Estas imágenes remiten de manera inquietante a los campos de internamiento para ciudadanos estadounidenses y no ciudadanos de ascendencia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, que ahora se considera uno de los episodios más vergonzosos en la historia de los EE. UU.

Ante el repudio general, el mismo Trump tuvo que recurrir a la escapatoria más patética de todas con tal de apelar a su base: culpar a la oposición. Según el presidente, la política de “tolerancia cero” es culpa de los demócratas en el Congreso, porque ellos renunciaron a llegar a un acuerdo con los republicanos sobre un plan migratorio. Trump afirma que él lo que menos quiere es tener campos de refugiados similares a los que existen en Europa. Para los demócratas, estos huele a chantaje, y han acusado a Trump de usar a los niños migrantes como peones en su plan de obtener lo que realmente quiere: su infame muro.

A final de cuentas, la ruptura de las familias en la frontera sirve para exhibir la hipocresía que pudre a la sociedad estadounidense. Más de la mitad de los seguidores de Trump aprueban estas políticas inhumanas que enjaulan a niños y personas humildes como si fueran animales de granja. ¿Por qué? Porque es “la ley”. Si es así, ¿qué derecho tiene el gobierno de Estados Unidos y el Partido de Republicano de criticar a otros países por abusos a los derechos humanos y de intervenir en conflictos extranjeros, cuando ellos mismos son incapaces de poner la casa en orden?

Es evidente que ningún país que impulsa leyes raciales fascistas tiene derecho a llamarse líder de un “mundo libre”.

Imagen principal: John Moore/Getty Images. La desgarradora foto fue tomada en McAllen, Texas, el 12 de junio. Se trata de una niña de 2 años que llora mientras su madre es detenida por un agente de la Patrulla Fronteriza tras cruzar el Río Bravo. Madre e hija son hondureñas que buscan asilo en los Estados Unidos. Según la política de cero tolerancia, Jeff Sessions informó que la violencia doméstica y pandillera ya no serán motivos válidos para solicitar asilo político.

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