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¿Por qué los Rolling Stones nunca se desintegraron?

Bandas como los Beatles no sobrevivieron a los sesenta pero los Rolling Stones, a pesar de sus muchas diferencias, permanecieron juntos por décadas.

En cualquier conversación sobre la música de los sesenta, es natural que los Rolling Stones sean barajados con otros nombres que marcaron aquella época, como The Doors, Cream, The Byrds, Jimi Hendrix, Buffalo Springfield, Jefferson Airplane, Janis Joplin, The Beach Boys o Bob Dylan.

Los Rolling Stones estuvieron presentes en la vanguardia cuando la música popular prendió la mecha de la revolución cultural de la década. Canciones como “Paint It Black”, “Street Fighting Man” y “Sympathy for the Devil” siempre formarán parte de la banda sonora cuando invocamos imágenes de fiestas hippiosas en Berkeley, marchas por los derechos de las minorías y los campos de muerte de Vietnam.

Ahí estaba Mick Jagger, con sus grandes labios besando el micrófono mientras bailaba de un lado del escenario al otro; un suave Keith Richards tocando su guitarra como si fuera algo tan sencillo como cortar mantequilla; Charlie Watts en la batería, ajeno a todo lo que ocurre en su entorno y a la vez, poniendo orden con su estilo jazzero; y Brian Jones, un día experimentando con instrumentos de apariencia exótica, y otro día muerto, ahogado en su propia piscina.

En medio de este gran torbellino rocanrolero, entre 1962 y 2021, hubo un tecladista (Ian Stewart) que fue echado como miembro oficial por lucir más como un contador que como un joven rebelde en una banda de rock; hubo un bajista (Bill Wyman) que sus compañeros prefieren no recordar por aquellos escándalos con menores de edad; hubo otro guitarrista (Mick Taylor) que nunca pudo tener una relación cordial con el cantante; y hubo un guitarrista más (Ronnie Wood) que de alguna manera pudo encajar en el complicado engranaje.

(AP Photo)

Los Rolling Stones no fueron ajenos a los conflictos creativos y financieros que suelen mermar la camaradería de un conjunto, ni estuvieron exentos de las trágicas consecuencias que conlleva el consumo de sustancias ilícitas. Y aún así, los Rolling Stones, los malosos del rock and roll, los mismos que se pintaban como la antítesis de los adorados Beatles, aquellos que fueron acusados de corromper a la juventud, esa misma banda fue la que sobrevivió.

Los Stones superaron la muerte de Brian Jones, superaron la tragedia de Altamont Speedway, superaron el final de los sesenta, superaron el final de los setenta, superaron a la cocaína y a la heroína, superaron las etiquetas crueles como ‘dinosaurios del rock’, superaron este horrible, horrible disco de 1986, superaron las modas que iban y venían, superaron el punk, superaron el disco, superaron el new wave. Y mientras los Rolling Stones superaban todos estos topes en el camino, eran testigos del colapso de sus pares: The Who, Led Zeppelin, Pink Floyd, Genesis, Jethro Tull, Creedence Clearwater Revival…

Claro, algunas de estas bandas desaparecían y luego, años después, regresaban con una espectacular gira de reunión, con uno o dos integrantes menos, o con otra identidad, ligeramente distinta para no confundir tanto a la fanatiza. Pero los Rolling Stones, como grupo, siempre fueron los Rolling Stones. Desde la década de los ochenta, la banda se había apegado a una rutina de (1) componer el álbum, (2) grabar el álbum, y (3) promover el álbum con una enorme gira mundial, seguido por (4) un disco-video de material grabado en vivo. Claro, las giras llegaron a abarcar la mayor parte del tiempo, pero los Stones nunca se atrevieron a darle la espalda al estudio de grabación. Apenas en 2016, los Stones nos dieron su más reciente disco, Blue & Lonesome, un brillante álbum en el que la banda regresa a sus raíces, los covers de blues.

Esta capacidad de reinvención es equiparable a los Beatles, los eternos rivales de Jagger y compañía. Cada cinco años más o menos, el patrimonio de los Fab Four nos sorprendía con un lanzamiento nuevo, ya sea una serie documental, una alianza con Cirque du Soleil, alguna comedia de Danny Boyle, o algo que mantenga con vida la marca entre las nuevas generaciones. La maquinaria de los Stones funcionaba de una manera similar, con lanzamientos de boxsets, nuevas ediciones especiales de vinilos, documentales de Martin Scorsese y demás, pero con una enorme ventaja… los Stones seguían activos.

¿Cómo le hicieron para sobrevivir por tanto tiempo?

Para explicar de dónde salió el pegamento que mantuvo unido al núcleo de Keith, Mick, Ronnie y al recién fallecido Charlie, hay que remontarnos a la época en la que ya todos daban por un hecho el final de la banda. Y vaya que tuvieron muchos momentos de aparente ruptura. A mediados de los setenta, los problemas de adicciones eran tan graves que Keith Richards apenas podía levantar su guitarra. Pero ningún momento fue tan catastrófico para la supervivencia del grupo como cuando Jagger probó por primera vez el éxito solista.

A lo largo de los ochenta, con los lanzamientos de Undercover y Dirty Work, era evidente que los Rolling Stones estaban hartos de sí mismos. Ninguno de estos dos discos fue recibido con el entusiasmo habitual, ni por la crítica ni por los fans. Jagger deseaba que la banda se abriera a otras vertientes de la música pop, incorporar algo de reggae y dance, mientras Richards quería aferrarse al estilo que ha sido su sello desde su origen, el blues-rock. Harto de la cerrazón, Jagger tomó la decisión de hacer algo que nunca había ejecutado en el pasado: lanzar una carrera como solista.

Jagger invitó a sus amigos Herbie Hancock, Pete Townshend y Jeff Beck para apoyarlo con su debut como solista, el cual vio la luz del día en 1985 bajo el título She’s the Boss. Aunque el disco no obtuvo las mejores críticas, el nombre de Jagger cargó el peso suficiente para posicionarse en las tablas de popularidad. Tras el éxito que obtuvo por su cuenta, Jagger regresó a regañadientes con los Stones para grabar el muy mediocre Dirty Work y sacarlo en 1986; sin embargo, el cantante rechazó la idea de emprender una gira mundial para promover el disco. Acto seguido, se dio una media vuelta y regresó al estudio para grabar su segunda placa, Primitive Cool, de 1987.

Parecía que era el ocaso de los Stones. Charlie Watts estaba lidiando con sus propios problemas con la heroína, su manager/tecladista Ian Stewart murió en el 84, Keith Richards estaba contemplando su propio debut como solista y, sorpresa sorpresa, Jagger sí emprendió una gira, pero para promover su propio material. En 1987, los Rolling Stones estuvieron a nada de ponerle punto final a su magnífica trayectoria y Jagger no podía estar más contento.

A nadie debería importarle si los Rolling Stones se desintegran, ¿o sí? Quiero decir, cuando los Beatles se separaron, no podía importarme un carajo. Pensé que era una muy buena idea. […] Conmigo la gente parece exigir que mantenga intactos sus recuerdos juveniles en una caja de vidrio específicamente preservada para ellos.

¿Entonces que pasó? ¿Cómo fue el Ave María que rescató a la banda de su muerte no tan prematura?

(AP Photo/Clem Murray)

Cuando Primitive Cool salió en 1987, Jagger fue sorprendido con un cubetazo de agua fría. El disco no figuró en las tablas de popularidad. Uno de sus sencillos, “Let’s Work”, apenas pudo colarse en el Top 40 y el disco ni siguiera pudo vender las 500 mil copias necesarias para ganarse el certificado de disco de oro. Keith Richards, en cambio, tuvo un éxito modesto con su debut de 1988, Talk Is Cheap. Amado por la crítica, el primer disco del guitarrista no se desviaba del sonido de los Stones (entre los músicos invitados figuraba Mick Taylor), incluso le inyectaba una muy necesaria dosis de vida a la guitarra de Richards, algo que no se apreciaba desde Some Girls, de 1978.

Jagger tenía que lidiar con esta realidad. Por un lado, Richards podía seguir corriendo con la batuta de los Stones y llevarse a toda la fanatiza que la banda había acumulado desde 1962, la cual ya tenía un gusto por todo lo que hacían ellos, sea bueno o mediocre. Y por el otro lado, Jagger tenía que lidiar con un futuro inseguro, en el que podía seguir explorando la música con la que otros artistas -veinte años más jóvenes- estaban triunfando, pero sin la certidumbre económica que le puede asegurar un hit tras otro. Cierto, el nombre de Mick Jagger tenía su peso, pero no se comparaba al prestigio de los Rolling Stones, y con este prestigio, un futuro económico más tranquilo.

Así que Jagger tuvo que regresar, con la cola entre las patas, a las filas de los Rolling Stones. Al parecer el grupo llegó a un acuerdo. Cada quien podía dedicarle su tiempo a sus proyectos alternos, pero la marca de los Rolling Stones sería su red de seguridad, a la cual tenían que volver al momento de ser convocados. Entonces la banda se puso a trabajar como no lo habían hecho en mucho tiempo. En 1989 lanzaron el muy decente Steel Wheels, emprendieron una gira mundial enorme, y fueron investidos al Salón de la Fama del Rock and Roll.

De ahí en adelante, el camino estaba claro para los Rolling. Claro, las peleas y las rencillas seguían siendo una constante, pero nada que pusiera en riesgo el futuro de la banda. Algunas de estas disputas alcanzaban niveles cómicos, como cuando Richards lanzó su autobiografía y reveló que Jagger era conocido bajo los apodos de ‘That Bitch Bertha’ y ‘Su Majestad’. También se burló del tamaño de las partes íntimas del vocalista y su capacidad de seguir engendrando hijos a su edad. Jagger exigió una disculpa pública, y Richards, con su típica indiferencia elegante, no tuvo problemas con acceder a su petición.

Lo que sí era cierto es que estos músicos, ya en los 70 años, parecían incapaces de abandonar los escenarios o despegarse de sus instrumentos. Era más que obvio que iban a morir, ya sea en los escenarios, en los estudios, o en un aeropuerto, esperando a que el avión los llevara a su próxima tocada. Mientras sus contemporáneos disfrutaban de la jubilación, los Stones hacían soundchecks y encores, dedicados al rock and roll hasta el final.

Imagen principal: Adrián López

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