Revolución Mexicana: ¿Quiénes son los héroes del movimiento?

La Revolución Mexicana contó con hombres que ahora son considerados héroes por la historia. Con el 110° Aniversario de este movimiento aquí los recordamos
noviembre 20, 2020

La Revolución Mexicana es uno de los movimientos más importantes en la historia de México y, sin temor a exagerar, del continente entero. Su impacto tuvo repercusión en toda Latinoamérica y desde hace 110 años ha sido el objeto de estudio e inspiración para la literatura, las ciencias sociales y el arte. Mediante la fotografía, la ilustración y hasta el muralismo, muchos son los espacios que los rostros de los llamados “héroes de la Revolución” ocupan en la actualidad.

¿Pero quiénes fueron estos personajes y qué hacían de sus vidas cuando el movimiento comenzó?, ¿cuál fue su participación dentro de la Revolución y por qué se han convertido en piezas clave dentro de la historia?

Retablo de la Revolución (Sufragio efectivo no reelección). (Juan O’Gorman/Museo de Historia Nacional-Castillo de Chapultepec)

Emiliano Zapata, “Pancho” Villa, Francisco I. Madero y José María Pino Suarez son algunos de los nombres que asociamos, casi de forma automática, a este histórico suceso, sin embargo no fueron los únicos partícipes en la transformación de México.

Para comenzar con orden iremos a la primera figura en que se centró la atención y el poder de la lucha revolucionaria. De este hombre se ha dicho que recurrió al espiritismo y a la figura de su hermano muerto en busca de guía e incluso hay quienes señalan que las primeras nociones del sufragio efectivo, no reelección” surgieron bajo la influencia del más allá.

Francisco I. Madero

Empresario, político y revolucionario, Madero fue quien inició históricamente el movimiento antirreeleccionista, pero con una perspectiva más formal de la que tenía. Perteneció a una familia de hacendados al norte del país y tuvo una noción amplificada del mundo gracias a sus estudios en Estados Unidos y Francia. Pese al espiritismo, que muchos han criticado, volvió a México para sembrar sus ideas filantrópicas que dejaron, junto al trabajo de los hermanos Flores Magón, un movimiento revolucionario plasmado en publicaciones como el periódico Regeneración que el futuro presidente ayudó a financiar.

Con una serie de escritos, preparó una red que se extendió a nivel nacional e hizo frente al régimen político de Porfirio Díaz, siendo además seguido por una cantidad notable de personas que lo veían como el rostro revolucionario que podía gestar un cambio real en el país. Tras organizar el Centro Antirreeleccionista de México y ser el autor del Plan de San Luis se convirtió en el nuevo presidente electo tras convocar a elecciones contra Díaz.

Pese a que la Decena Trágica terminó con su vida, y con la de su inseparable compañero, vicepresidente y amigo, José María Pino Suárez, Madero fue quien notó que en este país “existía una clase media que no podía desarrollarse, y se convirtió para ella en una suerte de intelectual que mostró una alternativa eficaz para luchar contra las corrupciones de un sistema, que se ha considerado dictatorial, mediante la unión y la protesta.

José María Pino Suárez

Pino Suárez fue asesinado por los hombres Huerta. Le hizo compañía a Francisco I. Madero durante sus últimas horas de vida cerca de la penitenciaría de la Ciudad de México y es recordado como uno de los vicepresidentes de México, pero también fue un periodista, abogado y poeta que la historia no olvida. En su trayectoria política fue designado secretario de Justicia, Educación y Bellas Artes un año después de ser presidente del Senado.

Como legado dejó las páginas de El Peninsular, un periódico del cual fue fundador y director, y una obra poética publicada en algunos países de Europa y este continente. Para el Partido Nacional Antirreeleccionista fue una pieza clave que desde Yucatán comenzó su larga travesía acompañando a Madero. El puesto de Vicepresidente lo obtuvo de manera legal tras resultar electo y cuando los huertistas lo acribillaron tenía 43 años de edad.

Las Melancolías, de 1896, Procelarias, de 1903, lo muestran como el hombre que habitó este mundo más allá de la política y del escenario físico de una Revolución convulsa que cimbró a la tierra.

José María Pino Suárez. (Wikipedia Commons/De Adolfo Bauer – CC BY-SA 4.0)

“El sauce que se inclina en la ribera
préstale sombra grata en el estío,
y el camalote y la gentil palmera
dulces rumores a mi undoso río…

¡Quiera el cielo propicio, cuando muera,
bañen sus aguas el sepulcro mío!…”

… escribió en el poema “Usumacinta”.

Hermanos Serdán

Y aunque la historia en ocasiones va relegando nombres y anécdotas que en su momento encendieron un polvorín, desde el silencio siempre se levanta el recuerdo de quienes provocaron un cambio. En esta línea desfila Carmen Serdán y sus hermanos; los precursores y testigos de un atroz episodio revolucionario en Puebla que, para muchos, provocó el verdadero inicio de la Revolución.

Natalia, Aquiles, Máximo y Carmen estaban ligados a la política desde sus entrañas. Su abuelo ocupó cargos importantes en este sector y, antes de 1910, formaron una revolución anticipada con la fundación de Luz y Progreso; un club político que dio como resultado el semanario La No Reelección. Éste, antecesor a la prensa revolucionaria y sus planes promulgados, era una obra de tiraje corto, pero potente contenido ideológico que sacudió las ideas de cambio entre sus lectores. Con un  fuerte hilo invisible unió el deseo de una transformación social en la que Aquiles, el penúltimo descendiente, era el que llevaba la batuta. Junto a él, Carmen, Natalia y Máximo se mantenían a la vanguardia de su generación.

Cuando el gobierno de Diaz comenzó a vigilarlos en fechas previas a la revuelta del día que todo comenzó -20 de noviembre de 1910-, las autoridades de Puebla ordenaron llevar a cabo un cateo en un intento por frenar a la historia. La casa de los Serdán fue el objetivo y en cuarenta y ocho horas los hermanos tuvieron que organizarse para convocar una rebelión; el 18 de noviembre comenzaron las actividades.

Aunque se sabía que algo terrible sucedería, pero se desconocía la precisión del destino, su domicilio fue intervenido por sorpresa con balas que daban eco a la muerte y ponía en riesgo el movimiento. Natalia y Máximo se defendieron, tomaron las armas a su alcance y dieron batalla. Carmen, una de las sobrevivientes, alertó al pueblo desde su balcón mientras que su Aquiles se ocultó, una vez cesado el fuego de las fuerzas de Díaz, en un agujero subterráneo. Durante la noche, un absceso de tos lo delató y provocó que lo acribillaran tras pasar 14 horas bajo las duelas de su cama.

La mayor de los Serdán -Carmen- fue enviada a una prisión a la que llegó junto a su madre; la cárcel de La Merced. Para el 20 de noviembre quedó al frente de la logística del movimiento en su estado; poco había que perder.

Francisco Villa

José Doroteo Arango Arámbula fue, junto con Emiliano Zapata, uno de los caudillos más rebeldes e importantes para el movimiento revolucionario de 1910. Al norte de México se encargó de movilizar a toda una tropa que sacudió, con gran fuerza, todo cuanto se encontraba a su paso. Durante su juventud fue un campesino pobre, huérfano y con una escasa formación que contrarrestó con su audacia, astucia y eficiente estrategia a la hora comandar a la División del Norte. Su carisma, impulsividad e inteligencia han trascendido los años, pues pese a que comúnmente  no cuente con el mismo impacto ideológico que Zapata, sus más de 16 batallas resultan hechos incomparables.

Pancho Villa, como mejor se le conoce, despertó en la lucha revolucionaria un gran espíritu y su participación fue un factor clave para la derrota de Díaz. Muchos señalan sus grandes anécdotas entre las que se enlistan, por ejemplo, la ocasión en que se encontró con Zapata en La Casa de los Azulejos y paró allí con su ejército para tomar café, chocolate y pan antes de llegar a Palacio Nacional, donde aprovechó para sentarse en la silla presidencial.

“¿Y por esto nos estamos matando?…”, se cuenta que expresó tras ocupar tan atesorado sitio.

Villa y Emiliano Zapata el 6 de diciembre de 1914 en la silla presidencial. (Fundación del Centro Histórico/Agustín Víctor Casasola)

Bandolero, héroe, caudillo, estratega militar sin las condecoraciones propias del Estado, líder campesino, rebelde y enemigo de los hacendados, Villa llegó a simbolizar la figura máxima de la Revolución para los oprimidos, por quienes se supuso que todo el movimiento tuvo sentido. Se unió a la Revolución en 1910 y fue el primero en darle la espalda a Madero cuando los objetivos trazados en el Plan de San Luis, después de la derrota de Díaz, no se cumplieron. Al igual que Emiliano buscaba la “Tierra y Libertad” para el campesinado.

Contrario a quienes ansiaban apoderarse del control y poder de México, Villa se trazó como meta, quizá sin saberlo, la utopía enfrentando a Huerta cuando éste usurpó el poder y más tarde a Carranza y Obregón. En Parral fue asesinado cuando regresaba de los campos guerrilleros un 20 de julio de 1923.

¿Qué habría pasado si no hubiera tomado el control sobre Ciudad Juárez en un golpe que llevó a Díaz a renunciar a la presidencia y al país al inicio de la Revolución? Probablemente sin la figura ni las hazañas del “Centauro del Norte” hoy estaríamos contando otra historia.

Emiliano Zapata

El “Caudillo del Sur” es recordado por organizar a los campesinos en la parte baja de México. Se le recuerda también por sus altos ideales y firme confianza en el movimiento revolucionario, así como por dejar una de las tantas frases de protesta que siguen resonando en las luchas sociales. Sin embargo, más allá de “Tierra y libertad”, la grandeza histórica de este revolucionario comenzó a gestarse antes de 1910.

En el campo, que hasta ese entonces era trabajado por el campesinado que vivía en condiciones extremas e inhumanas, Emiliano Zapata fue testigo de cómo los hacendatarios morelenses abusaban de su papel como latifundistas, adueñándose de todo cuanto les rodeaba. Si había algo que hacer era cambiar los papeles, darle equidad al pueblo trabajador y libertad a los prisioneros de su propio arado, quienes veían sus cultivos migrar hacia todas partes, excepto sus propias manos.

La Revolución fue el movimiento perfecto para sumar fuerzas y dar justicia a los campesinos olvidados en la tierra cálida y fértil sobre la que, irónicamente, morían tantas esperanzas. Con el respaldo de Villa, sus seguidores y la fe en una transformación social, en 1911 redactó el Plan de Ayala y más tarde designó a los aliados y enemigos del zapatismo. Al no obtener una respuesta rápida a los objetivos planteados en el documento su relación con Madero, mas no con el movimiento, se fragmentó.

“Para Zapata, la Revolución tuvo su origen en el reclamo social generado por las injusticias del campo… Por tal motivo, la Revolución no se podía consumar sin que se implementara primero el reparto inmediato de las tierras.”

El Caudillo del Sur no era ignorante ni un héroe emanado del campo, sino un hombre inteligente, formado y capaz de orquestar toda una reforma campesina en la que se nivelara la balanza con equidad. Tras la muerte de Madero, este revolucionario mantuvo el dedo en el renglón y siguió su lucha por la gente pobre, marginada y los idealistas que, hasta el momento de su muerte, lo siguieron con fiereza.

Para enfrentar a Huerta sostuvo una alianza con Villa, pero también se negó a aceptar el nuevo gobierno de Carranza. Huyendo del entonces jefe supremo se estableció en Veracruz, puesto que desde esta parte seguiría luchando porque se cumpliera la promesa dada al campesinado. En medio de esta incansable batalla, fue en 1919 cuando el general Jesús Guajardo, bajo las órdenes de Venustiano, lo asesinó. Su legado, leyenda e importancia en todo México y el mundo forman parte de otra historia que se enraizó con la de la Revolución.

Hermanos Flores Magón

Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón provinieron de Oaxaca. La familia se desplazó por esta región y estuvo inmersa del mundo indígena. En la juventud temprana de los hermanos, éstos migraron a la Ciudad de México y su vida académica se gestó en la Nacional Preparatoria. Desde aquí formaron parte de los movimientos escolares en contra de Porfirio Díaz que fueron precursores a la propia Revolución.

Con una vocación periodística y literaria fundaron diarios como El Demócrata, en el que plasmaron críticas y lo no dicho abiertamente en contra del régimen porfirista. Luego de volver a estar encarcelados retomaron las prensas para el nacimiento de Regeneraciónel periódico que fue financiado por Francisco I. Madero y en el que se escribieron los primeros hitos de las ideas comunitarias y anarquistas de México.

Entre los hermanos, Ricardo es el nombre que más figura entre las nuevas generaciones y el más recordado de los libros de historia, pues fue el que enfrentó directamente al presidente sin que el temor a represalias se notara, por lo menos, en su porte y retórica. Sus ideas eran radicales, anárquicas y proclamaban la exigencia de un cambio. Cuando en 1902 se deterioró la relación entre Jesús, Ricardo y Enrique, los dos últimos siguieron su curso contra el llamado dictador.

Ambos proclamaron la No-Reelección, pero fue Ricardo el que recibió la primera de muchas censuras ejercidas por el Estado. Desde Estados Unidos, donde se reencontraron, mantuvieron sus publicaciones y luego se unieron a Madero, pues el anarquismo implementado en algunas partes de México ya hacía realidad las fantasías políticas que parecían imposibles. Sin embargo, en 1922, Ricardo Flores Magón fue asesinado en la Penitenciaría de los Estados Unidos de Leavenworth, Kansas con la meta de establecer la primera república socialista del mundo.

Venustiano Carranza

Carranza quería ser médico, pero sus ojos se lo impidieron. Al llevar una vida agraria en Cuatro Ciénegas y estudiar leyes en la hoy Ciudad de México, comenzó a participar activamente en la política local. A medida que su espíritu revolucionario creció, se interesó en la postura ideológica y propuestas de Madero, brindándole su apoyo para el movimiento revolucionario.

Aunque su participación en dicho movimiento y su presidencia son los aspectos más destacados de su vida, cabe mencionar que inició su vida política mucho antes de 1910, cuando con su hermano, Emilio Carranza, hizo frente a la reelección de Garza Galán.

Tras postularse como candidato independiente a las elecciones para gobernador y tener que exiliarse en San Antonio durante 1910, se unió a la Revolución que más tarde lo llevaría a la historia formando parte del gabinete provisional de Madero como secretario de Guerra y Marina.

Después de que Pino Suárez y Madero fueran asesinados desconoció el gobierno huertista y, para 1913, salió de Saltillo levantado en armas para derrocar al usurpador. Una alianza posterior con Obregón, en la que lo nombró general en Jefe del Ejército de Operaciones, y su participación en la convocatoria al Congreso Constituyente para reformar la Constitución de 1857, logró alcanzar el puesto de Jefe Máximo y hacer realidad, el 5 de febrero de 1917, uno de sus mayores propósitos; reformar la Constitución.

Durante su mandato dedicó los días a pacificar el país y hacer valer la nueva Carta Máxima, a la par que reorganizaba la administración pública.

Álvaro Obregón

Obregón fue un destacado estratega militar considerado como el mejor de la revolución porque nunca perdió una batalla. Su figura política, además de este gran sentido, fue la encargada de ‘la reconstrucción del país‘, pues en su administración firmó los tratados de Bucareli con el gobierno de Estados Unidos. Con ello garantizó los intereses y prioridades mexicanas tras uno los movimientos más importantes de su historia social y política; la Revolución.

Las revueltas que encabezó se cuentan en más de diez, venció a Pancho Villa y, ya en su gobierno, trató de que México formara parte del club de naciones después del movimiento armado. Con su ascenso al poder, el 5 de septiembre de 1920, logró que el golpe de Estado en contra de Carranza fuera consumado con legalidad. El reparto agrario que tanto se había prometido al campesinado por fin se aplicó bajo la ley, y entre sus acciones destaca su interés en la creación de políticas a favor de la educación.

Su muerte fue causada por un homicidio en el hoy Parque de la Bombilla de la Ciudad de México, donde el entonces presidente se encontraba comiendo en un restaurante sin seguridad alguna. La fecha en el calendario marcaba un 17 de julio de 1928.

Después de que la radio mexicana diera la noticia, se supo que fue José de León Toral quien terminó su vida. Aunque el restaurante de La Bombilla ya no existe, algunos afirman que hasta antes de su desaparición era posible ver los agujeros de las balas que se llevaron al “General Invencible”.

Belisario Domínguez

Belisario Domínguez defendió la libertad cuando el gobierno de Madero sufrió el golpe militar de Victoriano Huerta a tres años de haber derrocado a Porfirio Díaz. Desde Chiapas mostró un interés en la ciencia y la política, ejerciendo su profesión, la medicina, entre la población más pobre de la localidad de manera gratuita.

Como Presidente Municipal de Comitán, Senador Suplente y legislador, mostró su compromiso a la causa revolucionaria, ya que cuando los detractores del gobierno maderista ejecutaron acciones atroces en contra de quienes se atrevían a rechazar el gobierno de Huerta, Belisario mantuvo una protesta activa contra el nuevo régimen.

Ante el temor de los Senadores por los alcances del nuevo “presidente”, se ofreció voluntariamente a pedirle de manera personal su renuncia, misma que fue planteada por él a viva voz en las sesiones de septiembre de aquel año. En consecuencia, los hombres de Huerta se dieron a la tarea de buscarlo para reprenderlo, y encontrándolo en su vivienda en el Hotel Jardín, lo trasladaron al cementerio de Coyoacán donde lo torturaron y asesinaron.

Tras su muerte 90 diputados fueron encarcelados al hacer eco en ellos las violentas acciones cometidas contra los detractores de Huerta. En conmemoración a este ilustre y valiente médico, en México se otorga desde 1954 una medalla a quienes se distinguen por sus servicios a la patria y lealtad a sus ideales.

Antonio Caso y José Vasconcelos

Filósofos y grandes pensadores de su tiempo, Antonio Caso y José Vasconcelos se encargaron de ampliar el panorama de su contexto social para encausarlo hacia un pensamiento que siguiera los lineamientos ideológicos acordes a la lucha revolucionaria. Mientras Antonio gestó las bases de un nacionalismo latente desde la academia y hacia el mundo exterior, la titánica labor de Vasconcelos para la patria, el arte, el conocimiento y La Raza Cósmica son bien conocidas.

Caso, con sus sistemas filosóficos, reinstaló la metafísica para contrarrestar el positivismo de Díaz como nuevo punto de partido hacia una sociedad moderna, en la que la naturaleza y cosmología de los nuevos tiempos exigían un cambio de las corrientes y aspiraciones obsoletas.

Miembro del Ateneo de la Juventud, en 1909 haló en la Revolución el movimiento en el que colocar su doctrina ideológica, sin embargo la desconfianza entre las autoridades revolucionarias y la élite intelectual dificultaron las relaciones y los escenarios. Antonio Caso defendió la autonomía escolar, colaboró con el gobierno de Obregón fomentando el comienzo de la construcción del Estado revolucionario y, gracias a la intervención de José Vasconcelos, finalmente dedicó su legado a su país.

“Al individuo biológico se agregan los caracteres de unidad, identidad, de continuidad sustanciales. Sólo el hombre desempeña un papel como ser sociable. De aquí la denominación de persona, que significa, precisamente, el desempeñar un papel, como lo desempeñan los actores en el teatro. De la misma manera, en el hombre, como unidad social, desempeña un papel, siempre, en la historia”, escribió en El Hombre Como Persona.

Felipe Ángeles

Militar y artillero, Felipe Ángeles pasó a la historia por “su heroica participación en la Revolución Mexicana”. Se enlistó al ejército para formar parte de las tropas villistas y antes, desde Hidalgo, recorrió los caminos de la tierra para inscribirse al Colegio Militar. Aunque recibió el apoyo de Díaz para formar parte de esta escuela de cadetes, sobresalió en ella por su talento innato para la artillería y más tarde se convirtió en profesor.

Al momento de empuñar las armas en la lucha revolucionaria como brigadier contra los hombres de Orozco, dio la orden a sus tropas de no dañar a la población civil.

Luego de la Decena Trágica fue encarcelado junto al presidente, y pese a que se le ofreció la posibilidad de cambiar de bando, se mantuvo fiel a sus principios renunciando a todos sus cargos con tal de preservar la Revolución. Cuando Madero y Pino Suárez fueron asesinados, se exilió en Francia con la promesa de regresar.

Tiempo después cumplió este pacto luchando junto a Carranza para, más tarde, unirse a la División del Norte, sin embargo murió en 1919 en Chihuahua siendo fusilado por un consejo de Guerra. “Mi muerte hará más bien a la causa democrática que todas las gestiones de mi vida, la sangre de los mártires fecundiza las buenas causas” fueron sus últimas palabras.