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¿Quiénes son los héroes de la Independencia de México?

Héroes de la Independencia: Un resumen de la lucha por la independencia a partir de sus principales participantes.

En el año de 1810, la Corona Española enfrentó una serie de cambios que hicieron que tambaleara la estabilidad de su modelo político y la legitimidad de su monarquía.

El imperio creado por Napoleón Bonaparte, en Francia, se extendía rápidamente por Europa y llegaba a España con el propósito de acortar la distancia entre el país y Portugal, sin embargo con algunos cambios en el objetivo inicial de este acuerdo, estipulados en los Tratados de Fontaineblueau, la abdicación de Carlos VI a favor de su hijo Fernando VII, y la posterior renuncia de este al trono, las colonias de la Corona como la Nueva España -hoy México-, vieron la oportunidad perfecta para levantarse en armas e iniciar un movimiento que modificara la política en su interior.

Era un tiempo de luchas contra las monarquías. La Revolución Francesa, las ideas libertarias y la Independencia de las 13 colonias en Estados Unidos, causaron emoción entre los criollos que estaban hartos de los malos tratos del Virreinato. Con el pretexto de unas tertulias chocolateras, militares y civiles se reunieron de forma clandestina para discutir los acontecimientos más relevantes del otro lado del océano, y a la par que buscaron derrocar a la Corona para obtener la Independencia mexicana.

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Cuando el 15 de septiembre de 1810 Miguel Hidalgo y Costilla se reunió en Dolores junto a una serie de importantes personajes, y convocó a un llamado de emergencia que adelantaba el movimiento insurgente que se había formado, la historia del país cambió e hizo que este se enfilara hacia una lucha por su utópica libertad.

El hecho duró 11 años y entre disputas, acuerdos, y alianzas, se firmaron los Tratados de Córdoba pero hasta 1821. Aunque estos serían negados por la Corona en primera instancia, más tarde vendría el “Tratado de paz y amistad entre México y España” que culminó con la opresión política del país y lo reconoció como un imperio independiente. Luego dicho imperio sería eliminado para dar paso a una República.

Los personajes

Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz de Dominguez, Ignacio Allende, José María Morelos y Pavón, los hermanos Aldama,  sus sobrinos, Guadalupe Victoria, Agustín de Iturbide, La Güera Rodríguez y Mariano Matamoros, fueron algunos de los héroes relacionados con el movimiento independentista que más ha recordado la Historia, y aunque solo son algunos de los que participaron en él, fueron quienes ocuparon los papeles de líderes ideológicos, militares y políticos en los once años de guerra independentista.

Miguel Hidalgo y Costilla

Hombre de letras, artes y ciencia; fue promotor de industrias entre los más influyentes de su época.

Tuvo tal importancia en el movimiento que es considerado el “Padre de la Patria” y fue quien un 15 de septiembre de 1810, tras varias reuniones con aliados que integrarían el movimiento insurgente, convocó a un llamado al que acudieron los internos de la prisión de Dolores, vecinos, indígenas y campesinos junto a personajes como Allende y Morelos para tomar las armas e iniciar la guerra.

Como acto simbólico e iconográfico, Hidalgo tomó de la sacristía del santuario de Atotonilco un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe para convocar a las masas. Las tropas e indígenas reconocieron de inmediato la figura y por este impacto, la guadalupana fue considerada la primera bandera del ejército insurgente.

(Antonio Fabrés – Imagen tomada de: Eduardo Báez, La pintura militar de México en el siglo XIX, México, Secretaría de la Defensa Nacional, 1992, p.23., Dominio Público)

Hidalgo estudió en Valladolid, Michoacán, donde fue maestro de Filosofía y Teología. Allí se ganó el apodo de El Zorro por su gran intelecto, mismo con el que predicó contra Napoleón cuando este tuvo mayor presencia en España.

Asistió a las tertulias donde se planeaba la conspiración gracias a Ignacio Allende y  allí conoció a los corregidores Miguel Domínguez y su esposa, Josefa Ortiz, quienes lo querían como líder del movimiento. Tras aceptar el cargo, Hidalgo ideó el golpe insurgente para el 1 de diciembre, pero la fecha se adelantó unos meses por los cambios políticos de la época y el rumor de que había un infiltrado.

Conforme el tiempo avanzó y los ejércitos se fueron debilitando, a menos de un año de estar en lucha los realistas capturaron a este líder en una colina cercana a las Norias de Baján. Los independentistas que se llevó la oposición eran cerca de ochocientos noventa personas.

“Al amanecer del 22 de mayo de 1811, la caravana de prisioneros en la que iban los principales caudillos insurgentes con las manos atadas a la espalda, los pies uno con el otro y montados ‘a mujeriegas’ sobre mulas salió de Acatita de Bajan rumbo a Monclova, a donde entraron a las seis de la tarde del mismo día, sin comer, ni tomar agua, siempre vejados por los soldados realistas.

“Las calles de Monclova estaban adornadas, había repiques y salvas de artillería, y cuando entró Elizondo al frente de la columna de dragones, fue recibido al grito de “¡Viva Fernando VII y mueran los insurgentes!”, mientras que los principales jefes del movimiento de Independencia, recibían la humillación de ser conducidos frente a una herrería, bajo un frondoso nogal donde les fueron colocadas esposas y grilletes… Dadas sus ataduras, los caudillos tuvieron que ser cargados en sillas al hospital que fue habilitado como cárcel, donde hacinados en estrechas habitaciones, semidesnudos, hambrientos y con sed de varios días, comenzaron su cautiverio”.

Prisionero en Mapimi, Durango, y después trasladado a Chihuahua, Miguel Hidalgo enfrentó dos de los juicios más importantes de la Independencia, uno eclesiástico y otro militar.

En el primero se le acusó de hereje, sedicioso, cismático y por el delito de apostasía, razón por la que fue excomulgado. En el segundo, Hidalgo declaró haber levantado al ejército insurgente, fabricado monedas en Zacatecas, construido cañones y armas, así como municiones, y confesó haber depuesto autoridades europeas o criollas que no seguían su partido.

Una vez terminado el juicio, fue llevado a prisión y el 30 de julio de 1811 pagó sus delitos siendo fusilado por orden de los Realistas.

“…conducido hasta donde se hallaba el pelotón que iba a ejecutarle, [Hidalgo] repartió dulces a los soldados, pidió que le tiraran al corazón, poniendo su mano sobre el lado izquierdo de su pecho… A la señal del capitán, cuatro soldados hicieron fuego destrozándole el vientre y quebrándole el brazo izquierdo, él se arrancó la venda de los ojos con la mano derecha y lanzó una mirada a los soldados, brotando de sus ojos dos lágrimas; se hizo otra segunda descarga, quebrándole el esternón; en seguida otra tercera, que sólo le destrozó el estómago; entonces el capitán hizo avanzar dos soldados que le hirieron el corazón, quedando entonces completamente muerto…”

José María Morelos y Pavón

El Siervo de la Nación es otro de los insurgentes clave en el movimiento de Independencia que conoció a Miguel Hidalgo en Valladolid, Michoacán, cuando el párroco era rector de un colegio al que Morelos asistía.

Su lucha tomó un tinte todavía más social del que tenía la de Hidalgo. Gracias a que pactó alianzas a lo largo de sus cinco años como combatiente de la Independencia, militares como Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, los hermanos Galeana, Mariano Matamoros y la familia Bravo lo siguieron en la lucha.

“Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones”, escribió en los Sentimientos de la Nación.

De su cercanía con el cura retomó algunas de sus posturas para su formación personal. Quiso ser párroco a su lado, pero Hidalgo lo puso al frente del movimiento al sur de México y de las vías de comunicación con Manilia y Filipinas, puertos de la Nueva España.

Cuando supo que habían fusilado a Hidalgo tomó el mando del ejército, y hasta 1814 lo extendió hacia las zonas en que los insurgentes tenían aliados. Añadió a su bando importantes victorias como la de Cuautla o Acapulco, donde el sitio duró 27 meses y fue un triunfo clave para los insurgentes.

Con una mayor estructura política que el resto de los insurgentes, Morelos promulgó la primera constitución que tuvo el país, y a pesar de que un año más tarde fuera capturado por las tropas de Calleja -cuando se dirigía a Tehuacán- su participación con los independentistas le otorgó un gran avance al movimiento.

(Pintor Mixteco/CC Wikipedia)

Sin dejar de lado al campesinado, Morelos cargó con una visión diferente a la de Hidalgo y siendo un caudillo de la Patria impuesta por los Realistas, encontró en la Independencia la lucha que podría abrirle camino a una nueva forma de administración social y pública.

Tenía 45 años cuando se levantó en armas y comenzó a forjar su leyenda como uno de los héroes de la Patria. Resultó un excelente estratega militar que gustaba de oficiar los avances insurgentes -como la declaración oficial de la Independencia en 1813 en el Congreso de Chilpancingo-.

Tras cinco campañas como el Sitio a Cuautla y el Congreso de Anáhuac, fue capturado el 5 de noviembre de 1815 luego de perder la batalla de Temalaca, en Puebla, contra el ejército de Matías Carranco; un antiguo insurgente que ahora se encontraba en las filas de Manuel de la Concha.

Cuando lo capturaron, Félix María Calleja ordenó casi de inmediato su fusilamiento, ya que su sentencia había sido dictada previamente en Tehuacán. De los 200 prisioneros que cayeron ese día, 150 serían fusilados y el resto enviado a Manila en calidad de esclavos.

Aunque la idea inicial era la de confinar a José María a un convento africano, al final se le condenó como hereje y luego dijeron que se había retractado de sus pecados. A Calleja se le entregó un documento donde Morelos presuntamente revelaba los lugares clave para el Ejército Insurgente, pero lo cierto es que nunca se ha confirmado la autoría de esta redención.

El virrey reafirmó su condena a muerte para el 22 de diciembre de 1815, fecha en que a las seis de la mañana Morelos subió a una carroza custodiada por 50 soldados para ser asesinado. Allí, sujetando un crucifijo, el Siervo de la Nación recitó el Salmo 51 y le pidió a Dios que “si había obrado mal, fuera acogido a su infinita misericordia”. Recibió dos descargas que le destrozaron el cuerpo y terminaron con su vida.

Mariano Matamoros

Durante su lucha con el ejército insurgente, Morelos tuvo varios aliados y hombres de confianza, sin embargo solo uno se ganó su respeto y admiración a grado de convertirse en su mano derecha: Mariano Matamoros.

Este pasó de ser un párroco a uno de los insurgentes más aguerridos de la Independencia. Nació en la Ciudad de México, pero residió en Pachuca, Querétaro y Jantetelco donde las ideas de los criollos contra el virreinato lograron conquistarlo para hacer que se sumara a los insurgentes luego del Grito de Dolores.

(Jose Maria Obregon – Palacio Nacional de la Ciudad de México, dominio público)

Al ver que su estrategia militar era brillante, y sus sentimientos hacia el movimiento similares, Morelos le confió a Matamoros la ocupación del Istmo y lo llamó Coronel de su Estado Mayor. Con un ejército armado entre feligreses y civiles, Matamoros montó el estandarte “Morir por la inmunidad eclesiástica”, con el que buscó proteger a la iglesia de los cambios en la Corona.

Sin embargo, con a estrategia militar de los realistas, su ejército enfrentó fuertes bajas de las que no se recuperó tan fácil.

Cuando fue capturado por un soldado dragón que cobró doscientos pesos por el prisionero en un traición, pasó al mando de Calleja y aunque Morelos intentó rescatarlo estableciendo una negociación con el virrey, en la que estaban a juego doscientos  soldados españoles capturados, esta propuesta fue rechazada.

El juicio de Mariano Matamoros lo señaló como culpable y acreedor a dos ráfagas de disparos contra su cuerpo. El 3 de febrero de 1814, día de su muerte, las campanas de la ciudad sonaron una tras otra en homenaje y disculpa por su asesinato. José María Morelos jamás se recuperó de esta pérdida y el ejército insurgente tampoco.

Ignacio Allende

Hay quienes dicen que si Hidalgo le hubiera hecho caso a Allende en la planeación militar y estratégica del movimiento insurgente, la Independencia mexicana se hubiera logrado al poco tiempo de haberla iniciado, sin embargo, debido a la terquedad del cura y a la impulsividad del militar, la amistad entre ambos se fragmentó al grado de volverse ajena e hizo estragos en el movimiento.

(Ramón Pérez – Presidencia de la República. Imagen tomada del libro: Eduardo Báez, La pintura militar en el siglo XIX, México, SDN, 1994, p. 21.)

Para Hidalgo, en ocasiones la postura de Allende era tibia. El militar había ascendido en el ejército gracias a las órdenes de Calleja, y pese a detentar gran poder entre las tropas del movimiento, protegía a los civiles y no condenaba con la muerte a sus prisioneros.

Fue hijo de una familia acomodada y desde 1802 se unió al ejército. Dos años más tarde, miembros de la oposición virreinal lo descubrieron en una de las tertulias clandestinas y lo invitaron a unirse al movimiento, valorando sus conocimientos como estratega y soldado. Estableció una estrecha amistad con Miguel Hidalgo, y de la unión entre ambos surgió un espíritu insurrecto que durante meses fue inquebrantable.

Para la Batalla en el Monte de las Cruces, en la que Hidalgo prefirió esperar y no seguir el camino hacia la Ciudad de México, la amistad se fragmentó y con ello la fuerza del movimiento. Que si la debilidad del ejército o que si la impulsividad de Allende, el cura había tomado una decisión: no iba a encaminaría a la parte de su ejército hacia un destino que corriera el riesgo de terminar en otra masacre, ya que para el cura resultaba mejor enviar a un emisario a dialogar con el virrey Francisco Venegas y así, por la vía pacífica, culminaría la toma de Independencia. Si Ignacio quería partir podía hacerlo solo, pero ni Hidalgo ni su bando insurgente se ofrecerían a ayudarlo.

Tras la disputa, Hidalgo partió hacia el Bajío y Allende hacia el norte. La decisión estaba tomada y no habría forma de volver sobre sus pasos, aunque Allende lo intentó. El militar buscó a su amigo y abogando a su buen juicio, le escribió una carta con su advertencia final: si Miguel no le permitía ser el comandante y Jefe de las Fuerzas Insurgentes, dejaría la lucha. La carta nunca tuvo respuesta.

(José Inés Tovilla, Mexicano. 1864 – Museo Nacional de Historia, Dominio Publico)

El rencor del cura venía de una batalla en Puente de Calderón, Jalisco, donde Allende logró que cien mil insurgentes combatieran hasta la muerte contra los realista, pero allí, tras la explosión de una granada, decenas de soldados sin nombre ni más patria que su libertad, perdieron la vida.

Cuando el evento pasó, las tropas se dieron cuenta de que el movimiento sería víctima de constantes heridas en las que se perdería más de lo que se tenía y así, de esta derrota, los insurgentes jamás pudieron recuperarse. Como Allende eligió el lugar del asalto, Hidalgo lo culpó de lo sucedido. Impulsivo, leal, pero independiente, Allende aceptó el silencio del párroco y siguió el camino solo hasta que fue traicionado por Ignacio Elizondo en Acatita de Baján. Allí se le condenó a un juicio en Chihuahua.

Con una sentencia por su insubordinación, su fusilamiento fue programado para el 26 de junio de 1811. Tras morir acribillado, Allende fue decapitado y su cabeza fue puesta en una pica en una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas. Tenía 46 años de edad.

Los Aldama

Ignacio y Juan Aldama eran uno abogado y el otro insurgente. En la historia, ambos son recordados junto a sus sobrinos, quienes combatieron con ellos.

(Jean Meyer, Hidalgo, México, Editorial Clío, 1996, p. 52., Dominio público)

Juan fue el mayor. Cuando supo que los insurgentes habían iniciado su movimiento era capitán del regimiento de caballería de la Reina. Al final lo dejó todo para informar a Miguel Hidalgo e Ignacio Allende sobre lo que sucedía en España, ya que por su posición privilegiada funcionó como infiltrado de la Corona.

Colocándose del lado de Allende tras su ruptura con Hidalgo, sugirió que las tropas fueran a Estados Unidos a buscar aliados y así consiguieran elementos para la guerra. Su hermano, Ignacio, se encargó de narrar sus victorias en El Despertador Americano y También fue enviado al norte como embajador. Los insurgentes esperaban que después de la victoria de las 13 colonias, los americanos apoyaran la lucha al sur. Sus sobrino, Antonio, sería el único Aldama que lograría ver la culminación de esta lucha y entrara a la ciudad con el Ejército Trigarante.

Josefa Ortiz de Dominguez

La noche del Grito de Dolores, La Corregidora alertó a los insurgentes que los conservadores los estaban buscando, y aunque no fue la única mujer que participó en la rebelión, sí una de las primeras en formar parte de la conspiración.

Josefa, huérfana desde niña y dotada con los mejores conocimientos de la época, fue alumna del prestigioso Colegio de las Vizcaínas y es considerada la Madre de la Patria por algunos historiadores, ya que no solo convenció a su marido de integrarse cada vez más al movimiento, sino también cobijó a los insurgentes.

Cuando los realistas llegaron por los independentista, el corregidor Miguel Dominguez la protegió ocultándola en un cuarto bajo llave, pero Josefa encontró la forma de dar aviso a Hidalgo y Allende a través del taconeo de sus zapatos, el cual escuchó Ignacio Pérez, quien se dispuso a cabalgar hasta donde estaban los Aldama. A su vez, estos transmitieron transmitir el mensaje a los dos amigos.

Aunque no fue encarcelada, sí se le prohibió seguir en la lucha. Aguerrida como era, le brindó apoyo incondicional a los insurgentes hasta el día de su muerte a causa de una enfermedad. Junto con Antonio Aldama, Josefa pudo ver cómo México se convirtió en una República Libre.

Guadalupe Victoria

El “Benemérito de la patria”, al igual que Josefa, fue huérfano desde temprana edad y pasó su vida en el norte del país, en el territorio de Durango.

Llegó a la ciudad para estudiar leyes en el Colegio de San Ildefonso, sin embargo, por los movimientos militares y tensiones políticas tomó bando con los insurgentes, y fue tanta su fe a la causa que incluso cambió su nombre de José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, a uno compuesto por dos elementos claves de la Independencia: la Virgen y la victoria.

(Carlos Paris – Own work, Thelmadatter, 2009-05-30, CC BY-SA 3.0)

El militar independentista, uno de los favoritos de Morelos, después de la muerte de Mariano Matamoros, desarrolló una táctica de guerra de guerrillas y mantuvo unidos a los insurgentes que se encontraban perdidos por la captura y muerte de sus  líderes principales.

“Veintitrés años he peleado por vuestra misma causa: y si nuevos peligros me llamaren a vuestra defensa, sabed que mi irrevocable voto es: Federación o muerte”, solía decir.

Cuando las cosas se complicaron, se ocultó en Veracruz hasta el final del movimiento, donde forjó una leyenda entre los habitantes. Después con los ejércitos de ambos bando agotados y los conservadores creyendo que la guerra de Independencia se acercaba a su final, Victoria volvió al combate y ayudó a que los insurgentes obtuvieran la victoria.

Firmó junto a Agustín de Iturbide, el primer emperador de México, el Plan de Iguala y de esta forma la independencia que había tardado tantos años en forjarse, se hizo una realidad.

(Dominio Publico)

Armando sus tropas en el sur del país y poniendo a Veracruz de pie en la lucha, Guadalupe Victoria resaltó por su audacia militar y se dice que cuando el Ejército Trigarante entró a la capital, Victoria llegó al último porque su transporte llegó tarde y no alcanzó a formarse junto a Iturbide y Guerrero.

En una versión más romántica de este acontecimiento, se cuenta que Guadalupe Victoria esperó a cerrar el desfile fue porque quería ver el resultado de once años en combate. Después este militar se convirtió en el primer presidente del país y su recién instaurada República.

Vicente Guerrero

Guerrero se encontró en sus viajes por el país con José María Morelos. Este lo invitó a unirse al movimiento de rebelión contra los realistas, por lo que formó una guerra de guerrillas al igual que lo había hecho Guadalupe Victoria. Por su compromiso con la lucha independentista, el Siervo de la Nación puso su atención sobre sus hombros.

La estrategia militar de Guerrero, al igual que la de Matamoros, fue sumamente buena, tal como lo demostraron sus victorias contra Iturbide, quien le ofreció un pacto entre los dos bandos para terminar con la guerra.

Ocupó varios cargos políticos y administrativos luego de la consumación del movimiento, hasta ser el segundo presidente designado en 1829, logrando abolir formalmente la esclavitud.

En 1831, un golpe de Estado por parte de los conservadores le quitó el poder y lo hizo víctima de una traición, por lo que perdió la vida bajo dos ráfagas disparadas por el pelotón de fusilamiento de Bustamante en Acapulco.

(Imagen tomada del libro: Eduardo Báez, La pintura militar de México en el siglo XIX,México, SDN, 1992, p. 45., Dominio público)

Agustín de Iturbide

Muchas personas no están de acuerdo en considerar a Iturbide como un héroe independentista, por el simple hecho de que fue el primer emperador de un país que buscaba quitarse de encima a la monarquía y a los imperios.

Sin embargo, es innegable que la participación de Iturbide en este movimiento aceleró lo que ya era una lucha larga y compleja por la reconstrucción de una nación fragmentada, herida y profundamente confundida sobre su porvenir político, social y militar.

Iturbide nació en Valladolid y era hijo de un español y una criolla. Su posición económica era bastante acomodada, considerando la realidad que enfrentaba el país. Cuando era adolescente dejó el seminario y se dedicó a administrar la hacienda de su padre. A los 16 se dice que encontró su vocación militar y que mostró ser un prodigio para la creación de estrategias de combate y el uso de las armas.

Una vez que la guerra por la Independencia comenzó, sus tierras fueron tomadas por los insurgentes y esto le supuso un reto, ya que si bien Iturbide tampoco estaba a favor de la Corona y quería que México tuviera más libertades, las formas en que operaba el movimiento chocaban en su práctica como terrateniente.

(Agustín de Iturbide, militar, político y emperador mexicano, 1865, Primitivo Miranda)

Agustín de Iturbide formó parte del ejército realista y combatió contra Morelos. A los seis años de iniciar la lucha fue acusado de uso indebido de fondos y por abuso de autoridad. Pese a que luego se le reasignaría en el ejército, decepcionado y molestó, decidió no volver a formar parte del ejército realista.

Como había tenido un largo historial de conflictos con los insurgentes, escribió en contadas ocasiones que la única forma de lograr la independencia del país era extinguiendo esta ideología y a sus adeptos, por lo que para 1820 peleó contra Guerrero por órdenes del virreinato, pero traicionando a este bando estableció una correspondencia con el insurgente para lograr un acuerdo que los beneficiara a ambos.

Luego de una serie de planes, movimientos y alianzas entre los bandos que luchaban por proclamar una República, la Independencia mexicana fue aceptada, pero solamente si se elegía a un emperador que que estuviera a cargo del Nuevo Imperio que sustituiría a la Corona. El elegido, por votación popular, fue Iturbide pero su tiempo en el poder duró muy poco ya que volvió a ser considerado un tirano.

Sin el apoyo de ningún bando y exiliado a Europa, Iturbide se alejó de la lucha independentista y de los sueños de ver libre a su país. Sin que lo supiera, una orden de arresto se emitió en su contra y se sentenció que su regreso estaría condenado con la pena de muerte si llegaba a suceder.

Dado que en Europa el gobierno español y otros aliados comenzaron a tramar planes para la reconquista de México, Iturbide regresó a estas tierras en 1824, pero al desembarcar fue arrestado para después enfrentar su fusilamiento. Sus restos se encuentran en la Catedral Metropolitana y no en la columna de la Victoria Alada donde están los de Hidalgo, Allende, Nicolás Bravo, Leona Vicario, Juan Aldama, Andrés Quintana Roo, Mariano Jiménez, Francisco Javier Mina, Morelos, Guerrero, Mariano Matamoros y Guadalupe Victoria, considerados los héroes y heroínas de la nación.

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