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¿Quién es Kim Jong-un, el misterioso líder de Corea del Norte?

Les presentamos un perfil del líder de Corea del Norte, el misterioso Kim Jong-un.
abril 22, 2020

La dictadura de Kim Jong-un está cubierta de misterio. Como sucedió con su abuelo, el fundador de la República Democrática Popular de Corea, Kim Il-sung y con su padre, el último gran dictador de la península, Kim Jong-il, el líder de Corea del Norte es un ser reclusivo e inalcanzable. Amigo de Dennis Rodman, admirador de Michael Jordan, amante de las películas norteamericanas de acción y cultivado joven estudiante de escuelas privadas en Suiza, ¿quién es realmente el líder de Corea del Norte?

Frente a la incertidumbre impenetrable de un régimen familiar de 72 años, frente a la capacidad de los misiles norcoreanos, las políticas internacionales cambiantes de Trump y el nuevo coronavirus, es buen momento para regresar un poco en la historia y esclarecer quién es el elusivo Kim Jong-un.

Para hacer una semblanza que va más allá de la biografía evidente, recurrimos a los perfiles que ha establecido, en The Brookings Institution, la importante exanalista de la CIA, historiadora y académica, Jung H. Pak. A través de los complejos pliegues de esta historia se irá asomando la personalidad de un dirigente único, lleno de contradicciones y de más preguntas.

Celebración del aniversario del Partido de los Trabajadores, máximo órgano del estado norcoreano (Chung Sung-Jun/Getty Images)

Manga, Chol Pak y los Chicago Bulls

Son los años noventa: los Chicago Bulls dominan la NBA de la mano de Scottie Pippen y Michael Jordan, Jean Claude Van Damme y Schwarzenegger son las máximas estrellas del cine de acción, la Unión Soviética ya no existe, Bill Clinton es el controvertido presidente de Estados Unidos y, en un internado privado de Berna un joven y regordete norcoreano con acné está haciendo composta para vender y financiar una biblioteca pública en Togo. Sus compañeros lo conocen como Chol Pak y dicen que es un tipo agradable.

Cuando Chol Pak llegó al internado en Berna era más retraído. No sabía mucho de inglés y hablaba con un espeso acento. Todos sabían que venía de norcorea, pero nadie preguntaba más allá. Entre tantos hijos de políticos y diplomáticos, estadounidenses, árabes, europeos, la política era tabú y nadie hablaba de sus países de origen. Los gustos eran compartidos, más bien, en la pasión por los deportes y las películas de acción.

Chol Pak aprendió rápido. En poco tiempo ya dominaba el inglés y algo de alemán. Se llevaba bien con todos, amaba el basquetbol y el fútbol. Junto a sus compañeros, los hijos de diplomáticos o los herederos de ricas familias de abolengo suizo, iba a esquiar a los alpes los fines de semana. En ocasiones, por qué no, a nadar en la costa azul francesa.

En ese bello internado, rodeado de árboles y naturaleza exuberante, lleno de riquezas y comodidades, Chol Pak era inseparable de otro joven norcoreano. Ese otro joven era todo un atleta y parecía tener entrenamiento militar. Proficiente en fútbol y artes marciales complejas, Chung Kwang era inseparable de Chol Pak.

Retratos de Kim Il-sung y Kim Jong-il en Pyongyang Corea del Norte (Carl Court/Getty Images)

Nadie sospechaba entonces que Chol Pak, ese niño regordete, podía ser Kim Jong-un, el heredero de la dictadura familiar comunista de Corea del Norte. Nadie sospechaba tampoco que su esbelto acompañante, Chung Kwang, era un joven guardaespaldas.

En el internado de Berna todos eran iguales y todos aprendían lecciones de igualdad. Entre las clases más privilegiadas de adolescentes de todo el mundo, Chol Pak no destacaba. Y nadie sospechaba entonces que, cuando regresaba a Pyongyang, que ese simpático niño regordete con acné que soñaba con ser Michael Jordan, se vestía con un pequeño uniforme militar y recibía las reverencias de generales veteranos de los horrores de la Guerra de Corea.

Nadie sospechaba que, unos años más tarde, tras la muerte fulminante de su padre, el supremo líder Kim Jong-il, Chol Pak se convertiría en el tercer Kim en asumir el poder absoluto de ese pequeño país aislado del mundo. Lo que nadie sospechaba se convirtió en realidad: el nuevo líder de norcorea sobrevivió a la herencia de su padre, se impuso a dos hermanos mayores y acabó siendo el férreo líder de una nación que sigue amenazando a Estados Unidos con una guerra nuclear.

Chol Pak dejó atrás las distracciones mundanas de los balnearios europeos y se vistió con el uniforme caqui para presidir un politburó. Ninguno de sus compañeros en el internado volvió a escuchar su nombre: Chol Pak nunca había existido, detrás de todo siempre estuvo el elegido, Kim Jong-un.

Soldados de Corea del Norte observan a Corea del Sur desde la zona desmilitarizada (Chung Sung-Jun/Getty Images)

La juventud de un líder

Nadie sabe exactamente cuando nació Kim Jong-un. La propaganda norcoreana asegura que nació el 8 de enero de 1982, pero muchos sospechan que, más bien, nació alrededor de 1984. La fecha de 1982 era simbólica, claro, porque marcaba el destino del nuevo líder.

1982 representaba 70 años exactos después del nacimiento de su abuelo, el fundador de la República Popular de Corea, el guerrero férreo que se enfrentó a los norteamericanos y sus perros falderos sucoreanos, el implacable Kim Il-sung. 1982 representaba 40 años exactos del nacimiento de su padre, el líder que consiguió las primeras armas nucleares para su país, el vencedor de la pobreza y las hambrunas, el implacable Kim Jong-il.

La fecha era simbólica, entonces, y a nadie le importa manipular un poco al destino para aderezar los símbolos.

Kim Jong-un no era la primera elección para tomar las riendas del poder en Norcorea. Antes de él estaban dos hermanos: Kim Jong-nam, el hermano mayor que siempre estuvo destinado a tomar el poder, y Kim Jong-chul, el hermano intermedio. Pero ninguno de los dos hermanos logró consolidar su poder. Uno era demasiado reformista, el otro “demasiado afeminado” o, como lo dirían en otras partes, demasiado compasivo.

Kim Jong-nam parecía tener esperanzas renovadoras, un regusto de demócrata que terminó perdiéndolo: cuando fue capturado en Japón por falsificar un pasaporte para visitar Disneylandia Tokio, cayó en desgracia. Años más tarde sería asesinado en un aeropuerto de Macao con un pañuelo impregnado por el agente neurotóxico VX. Se sospecha que su pequeño hermano, Kim Jong-un, ordenó el atentado.

Kim Jong-chul carecía de la determinación violenta de su hermano menor, de la confianza absoluta en su poder y de la capacidad para perpetrar ejecuciones. Según lo que decían sus allegados, el problema de Kim Jong-chul es que jamás habría podido pasar por un villano. Era un tipo de modales educados y visión humanista, un hombre demasiado compasivo para estar en el primer rango de poder. Allí, a la cabeza, no había lugar para los débiles.

Zona desmilitarizada de la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur (Chung Sung-Jun/Getty Images)

Kim Jong-un, en cambio, creció pensando que merecía lo que tenía. Merecía el internado en Berna y los fines de semana esquiando en los alpes suizos, merecía las escapadas a la rivera francesa y merecía la reverencia de los viejos generales leales a su padre. Mientras que su abuelo, Kim Il-sung había peleado la guerra de Corea, se había enfrentado a los americanos, había fundado el país y negociado el programa nuclear con China; mientras que su padre, Kim Jong-il, había sobrevivido a la hambruna que mató a 3 millones de coreanos en los años noventa y había llevado a cabo el primer test nuclear del país; Kim Jong-un siempre vivió en una cuna de oro, sin preocupaciones, viendo repeticiones de los playoffs de los Chicago Red Bulls y dibujando obsesivamente a Michael Jordan.

El nuevo dirigente de norcorea era un niño mimado que no se había bañado en fuego. También era muy joven cuando tomó el poder en un país en donde se reverencia la vejez como símbolo de sabiduría. Mientras el halo de sus ancestros era de guerra y supervivencia, de trabajo y de moderación, Jong-un aprendió a manejar a los siete años en coches de lujo, vivía en enormes haciendas en las que podía pasar horas montando a caballo y tuvo una educación privilegiada en el extranjero.

Así lo describió un compañero de su internado en Berna:

“Chol Pak se unió al equipo de futbol soccer con varios americanos y un israelí le enseñó a jugar basquetbol. Incluso, pasó mucho tiempo con un surcoreano. Creo que la razón por la que pasaba tanto tiempo con él era porque este chico surcoreano era muy bueno dibujando cómics. A Chol Pak le encantaban los cómics. En especial los mangas japoneses. No nos interesaban mucho las chicas en ese momento, pero claro que había fiestas. A Chol no le entusiasmaban mucho esas cosas. Me acuerdo, sin embargo, de que era un buen estudiante, especialmente en matemáticas. Todo esto parece señalar que era un nerd, pero no. En realidad era un buen tipo”.

¿Entonces cómo llegó al poder? Y, más importante aún, ¿qué hizo para mantenerlo?

Bloque de departamentos en Pyongyang, capital de Corea del Norte (Carl Court/Getty Images)

El poder de las armas

En diciembre de 2011, los servicios de propaganda de Norcorea anunciaron algo que impactó al mundo: Kim Jong-il había muerto, de un ataque al corazón fulminante, en un tren a las afueras de Pyongyang. Se dijo que su muerte fue causada por exceso de trabajo. No se habló, claro, del gusto por el coñac, la diabetes, los problemas cardiacos congénitos y el tabaquismo severo. Jong-Il tenía 70 años y había pasado los últimos 17 años en el poder.

Rápidamente se anunció que su sucesor sería el hijo más pequeño del amado líder: “Al frente de nuestra revolución, el camarada Kim Jong-un está de pie como el gran sucesor.”, dijeron los medios oficiales. Los dados estaban echados, un joven de 27 años tomaría las riendas del complejo y empobrecido estado comunista.

Lo que no era tan claro era cómo Jong-un iba a establecer el poder. Algunos dicen que, desde 1992, Kim Jong-il ya tenía planeado que su hijo menor fuera su heredero. Más recientemente, en 2010, lo nombró general con cuatro estrellas y comenzó a invitarlo a las ceremonias oficiales más importantes. De alguna forma, en los últimos años, estuvo afianzando su figura cerca del establecimiento militar, la parte más importante del régimen norcoreano.

Jamás se había presenciado que un régimen comunista tuviera una tercera generación de líderes en una misma familia. Kim Jong-un era demasiado joven, demasiado inexperto, demasiado mimado. Todos esperaban fugas masivas de Norcorea, refugiados huyendo a China continental y Seúl, las élites del país orquestando un golpe de estado… Pero nada de eso ocurrió.

Kim Jong-un y el presidente de Corea del Sur Moon Jae-in (Korea Summit Press Pool/Getty Images)

Kim Jong-un cimentó un poder durable utilizando viejas tácticas. Pronto entendió que las hambrunas en su país, la pobreza extrema, la fragilidad económica, sólo se podía contrarrestar a través de las recurrentes tácticas de diplomacia chantajista. Así había sobrevivido tantos años el régimen entre dádivas internacionales y sanciones recurrentes. Y la única forma de ejercer esa política exterior para alimentar al interior era a través de las armas nucleares.

Durante años, Corea del Norte pidió apoyo a Rusia y a China para comenzar un programa de armas nucleares. Tanto soviéticos como chinos se negaron rotundamente. Pero, finalmente, bajo la presión diplomática de Kim Jong-il, la URSS decidió ayudar a Corea del Norte a desarrollar un programa lateral de energía nuclear y a entrenar a físicos nucleares. Con esto, claro, no les permitían fabricar armas nucleares… pero era un inicio.

Para 1985, Corea del Norte había firmado un tratado en el que se comprometía a no tener fuerza nuclear y en 1992, ambas Coreas firmaron un documento similar. En los años noventa, una gran hambruna atacó al país y cerca de 3 millones de personas fallecieron por falta de alimentos. La fragilidad económica del país se sostuvo, entonces, por su capacidad de negociar ayuda internacional. Y esta ayuda solo llegaba en forma de tensiones alrededor de la carrera armamentística.

Así, en 1993, las agencias de inteligencia americanas encontraron signos de que Norcorea estaba desarrollando su primera arma nuclear y, entre 1994 y el 2002, empezó a establecerse una dinámica diplomática sencilla: Corea del Norte prometía congelar la explotación de plutonio enriquecido y Estados Unidos relajaba los embargos económicos; Corea del Norte prometía dejar de fabricar armas y Estados Unidos mandaba alivio alimentario…

Kim Jung-un y Donald Trump en un encuentro sin precedentes entre mandatarios de Estados Unidos y Corea del Norte (Vietnam News Agency/Handout/Getty Images)

Cuando llegó Kim Jong-Un al poder, el nuevo líder de 27 años permitió la entrada de inspectores internacionales, prometió acabar con las investigaciones de misiles balísticos y armas nucleares y, como respuesta de agradecimiento a esta renovación, el gobierno de Barack Obama mandó a Norcorea toneladas de alimento. Pero, mientras recibía dádivas internacionales, Kim entendió que no podía ceder sus armas nucleares.

Quedarse sin armas nucleares era quedarse sin poder de negociación, sin el alivio alimentario y, sobre todo, sin ninguna credibilidad en el interior. Jong-un tenía muy presente lo que le había sucedido a Gadaffi en Libia y no quería acabar como un cadáver desgarrado por las masas en la portada de un periódico.

Entonces continuó la experimentación balística y en armas nucleares Y continuó como nunca. Cuatro de las seis pruebas de armas nucleares que se han hecho en la historia de norcorea sucedieron en los primeros seis años de mandato de Kim Jong-un. En 2017 probó una bomba con un poder estimado cien veces mayor al de Little Boy, la bomba que lanzaron los americanos sobre Hiroshima. También, como bien señala, Jung H. Pak, Jong-un ha probado casi tres veces más misiles que todos los que se probaron durante el mandato de su abuelo y de su padre juntos. Se estima que Corea Del Norte tiene entre 20 y 60 armas nucleares y ha probado exitosamente misiles de alcance intercontinental.

Protesta contra Donald Trump y Kim Jong-un en Berlín, Alemania (Adam Berry/Getty Images)

A pesar de que se sabe que el gobierno de Corea del Norte aún no tiene la capacidad de miniaturizar las bombas nucleares para ponerlas dentro de un misil balístico intercontinental (ICBM), las pruebas que ha hecho Kim Jong-un han puesto nervioso a más de uno. Es por eso que Estados Unidos demostró el poder de sus armas perfora-bunkers en Afganistán: parte de la estrategia de Norcorea es asegurar, a través de un complejo sistema de bunkers, que si su país es absolutamente erradicado por armas nucleares, sobrevivirá alguien para mandar una respuesta. Máximo deterrente, máxima capacidad de chantaje, máximo seguro contra cualquier invasión.

Con esta política, el régimen de Kim Jong-un se consolidó dentro y fuera de Corea del Norte. Por fuera, después de sobrevivir al mandato de Barack Obama, Jong-un y Donald Trump intercambiaron insultos y luego abrazos y apretones de manos en una reunión sin precedentes en Singapur.

También, de paso, el líder norcoreano afianzó su poder cibernético atacando a SONY por producir la película de mofa The Interview con James Franco y Seth Rogen, en donde lo ridiculizan directamente. Con el ciberataque, Jong-un liberó propiedad intelectual y archivos personales de miembros de la compañía. Y SONY cedió a las demandas de limitar el estreno de la cinta.

Finalmente, con el asesinato de su medio hermano mayor con un poderoso agente neurotóxico, se demostró -o, al menos se alimentaron considerables rumores- sobre la capacidad de norcorea para manipular armas químicas.

Todo desde el principio se vio venir. Apenas unos meses después de su investidura como dirigente supremo de la nación, Kim Jong-un organizó uno de los desfiles militares más imponentes que se hayan visto en la historia de su país. Toda su armada, una de las más voluminosas del mundo, con más de un millón de soldados, desfiló frente a este nuevo dirigente de veintitantos años. El poder se afianzaba con viejas usanzas: armas, chantaje, asesinato, intimidación.

Trabajadores del campo en Corea del Norte (Gerald Bourke/WFP via Getty Images)

El reino del más débil

Kim Jong-un es un líder que tiene un pie en la nostalgia y otro en el futuro. Por un lado, se remite constantemente a la figura de su abuelo, el fundador del país, Kim Il-sung, con el que comparte un parecido físico desconcertante. Como su abuelo, también, privilegia los eventos públicos y le gusta dar discursos (cosa que su padre raramente hacía). Como sus antecesores, Jong-Un sigue la carrera armamentística y mantiene el férreo control del régimen con campos de concentración y de trabajos forzados diseminados en todo el territorio. Como sus mayores, también, el tercer Kim manda ejecutar a diestra y siniestra. Entre el 2011 y el 2016 se calcula que ha mandado fusilar a 340 personas, algunas de las cuales fueron acusadas de aplaudir débilmente o quedarse dormidas en una reunión. Las ejecuciones, además, son extensivas: cuando tuvo una disputa insalvable con su tío Jang Song-thaek, no le bastó fusilarlo, sino que también mató a su esposa junto a su marido, a su sobrino y a los dos hijos de su sobrino. Se le llamó a este terrible episodio, la purga del clan Jang; una purga que, según los medios oficiales, “Purificó los rangos de nuestro partido y nuestra revolución”.

Al mismo tiempo, Jong-un entiende la importancia de la presencia cibernética y mantiene un ejército estimado de 6 mil hackers, tiene una esposa joven que alguna vez fue cantante y con la que se pasea públicamente para mostrar su virilidad, y se ha dedicado a construir modernas obras dedicadas al esparcimiento que incluyen parques de diversión, clubes hípicos, resorts de ski y, por qué no, un delfinario. Kim Jong-un proyecta entonces, junto a la nostalgia de los grandes líderes del pasado, junto a la fuerza militar apremiante, una cara de juvenil prosperidad.

Con esto, por supuesto, muchos analistas leen un intento de propaganda interna. El delfinario, más que para apantallar al mundo, sirve para apaciguar a un pueblo que cada vez tiene mayor contacto con el mundo exterior. La televisión de Corea del Sur llega a verse en Corea del Norte, pasan discos de música y discos DVD piratas de películas (se dice que Titanic es muy popular todavía) por la frontera en el paralelo 38, la radio en el norte sintoniza los canales del sur… Para conjurar las comparaciones con el próspero vecino se juntan imágenes de nostalgia militar, miedo real y rejuvenecimiento ocioso.

Disparo de un misil surcoreano diseñado para contrarestar ataques de Corea del Norte (South Korean Defense Ministry via Getty Images)

Con todo esto, Kim Jong-un ha logrado mantener el poder y consolidarse como líder indiscutible cuando nadie pensaba que lo lograría. Ahora, ocho años después de su toma de poder, no hay nadie que le dispute el liderazgo a pesar de la tambaleante economía, las presiones políticas internacionales, la inquietud creciente de un pueblo más informado y la constante amenaza de hambruna.

Con este poder incuestionable, Kim Jong-un ha sido caracterizado como una figura irascible, caprichosa, infantil y tosca. Como bien explicó Jung H. Pak, a Jong-un lo pintan como un bebé o como un coloso. En esto, parece no haber medias tintas. Pero, como también explica Pak, ridiculizar las capacidades del líder norcoreano es parte de una ceguera selectiva occidental. Kim Jong-un demostró ser un líder muchísimo más astuto de lo que sus caricaturas parecen decir. Ha sabido navegar las peligrosas aguas internacionales en tiempos de Putin, Xi Jinping y Donald Trump; se ha adaptado a las nuevas tecnologías y ha sabido consolidar su poder interno.

Por más que el líder de Corea del Norte parezca una caricatura de tiempos remotos, un extraño vestigio de la guerra fría, un remanente absurdo de otro orden mundial, Jong-un sigue siendo una figura de inmenso poder en su país y de peso considerable en el balance geopolítico del mundo. No se debe despreciar el orgullo o la capacidad de un líder así… sobre todo viendo su creciente arsenal nuclear.

Como bien explica Pak, Corea del Sur no es un país congelado en la historia: este estado y su líder cambian con el tiempo, evolucionan y aprenden. Así, todo perfil de Jong-un seguirá siendo un misterio. No nada más por la falta de datos, sino también por la complejidad del personaje.

Ahora que corren rumores sobre su frágil salud y su posible muerte quedará ver si con él termina el legado de una dinastía con más de 7 decadas en el poder o si seguiremos viendo, en este líder, la nostálgica modernidad de un país al borde del precipicio.

El presidente de Corea Kim Jong-un ayuda a cruzar la zona desmilitarizada al presidente de Corea del Sur (Korea Summit Press Pool/Getty Images)

Autor:
Nicolás Ruiz Escritor y editor en distintos medios electrónicos e impresos, entusiasta de la literatura comparada y los mazapanes, reseñista de cine en Código Espagueti, conductor y redactor en Noticieros Televisa.