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¿Quién asesinó a Emiliano Zapata?

México es un país que no titubea a la hora de honrar a traidores. Cuántas avenidas, cuántas plazas, cuántos parques portan los nombres de Ignacio Elizondo, Antonio López de Santa Anna, Miguel Miramón o Anastasio Bustamente, por solo mencionar unos pocos. Hasta Victoriano Huerta tiene varias calles esparcidas por el territorio mexicano. Pero hay un traidor que no tiene el honor ni de un callejón con su nombre, y éste es Jesús María Guajardo Martínez. Ni siquiera en su pueblo natal de Candela, Coahuila lo quieren.

El coronel Jesús Guajardo es recordado por perpetrar el asesinato de uno de los protagonistas más admirados del periodo revolucionario, el general Emiliano Zapata Salazar, quien murió el 10 de abril de 1919. Su muerte no ocurrió en el campo de batalla, ni siquiera en un paredón de fusilamiento, sino fue víctima de un engaño cobarde que desembocó en una trampa mortal.

El embuste fue la única manera que los carrancistas tuvieron a su alcance para eliminar de una vez por todas al Caudillo del Sur, e incluso se vieron dispuestos a sacrificar a sus propios hombres, con tal de ejecutar su infamia.

¿Quién fue Jesús Guajardo?

Nacido en 1892 en el pequeño pueblo de Candela, Jesús Guajardo se incorporó al Ejército Constitucionalista en 1913, cuando el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, se levantó en armas contra el gobierno del usurpador Victoriano Huerta. Guajardo apenas tenía 21 años de edad.

Tras la caída del general Huerta en julio de 1914 y el inicio de hostilidades a raíz de los desacuerdos en la Convención de Aguascalientes, el Ejército Constitucionalista emprendió una guerra contra los otros jefes revolucionarios que desconocían al general Carranza como jefe supremo de la Revolución. A mediados de 1915, Carranza designó al general Pablo González Garza como el encargado de erradicar el zapatismo y pacificar el estado de Morelos.

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Jesus Guajardo, ya con el rango de coronel, se puso bajo las órdenes del general González Garza, quien emprendió una campaña sin misericordia, no solo contra el Ejército Libertador del Sur, sino además contra la población de los estados sureños. Según cuenta Octavio Paz Solórzano, quien luchó al lado de Zapata, era muy complicado para los federales identificar a las fuerzas enemigas porque “en el sur, hasta las piedras eran zapatistas”, principalmente en las zonas rurales.

Esto le dio un permiso tácito al Ejército Constitucionalista para no distinguir entre zapatistas y vecinos pacíficos, sobre todo en las comunidades en las que el zapatismo tenía mayor arraigo. Por ejemplo, el 13 de abril de 1916, las tropas carrancistas fueron enviadas a Tlaltizapán, Morelos, prácticamente para borrar este pueblo del mapa, masacrando a 250 personas. Se presume que el coronel Guajardo estaba al mando de este contingente.

ZAPATA Y LOS TRAIDORES

A los pocos meses, el general González Garza se dio cuenta de que la misión de erradicar el zapatismo era una tarea imposible, por lo que decidió retirar a sus tropas de Morelos, permitiendo que el ejército zapatista tomara la mayor parte de las plazas en el sur de la República.

1917 fue un año en el que Morelos vivió un periodo de paz relativa, pero al mismo tiempo ocurrían varios eventos importantes en el Distrito Federal que tenían repercusiones en el resto del país. El 5 de febrero fue promulgada la Constitución Política de México, excluyendo buena parte de los principios establecidos en la Convención de Aguascalientes y el Plan de Ayala. En mayo, Venustiano Carranza asumió la Presidencia de la República, el cual fue reconocido por el presidente Woodrow Wilson, restableciendo las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Ante estos hechos, las defecciones no se hicieron esperar entre las filas zapatistas.

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No era ningún secreto que el general Zapata odiaba a los traidores por encima de todas las cosas, y aún así, no fueron pocos los subordinados que le dieron la espalda al Caudillo del Sur. Ante este crimen, Zapata tuvo la desgracia de pasar por las armas a no pocos de sus oficiales más cercanos, incluyendo a su secretario Otilio Montaño, así como a Lorenzo Vázquez, Francisco V. Pacheco, entre otros.

No obstante las defecciones, las carrancistas no podían atrapar a Zapata. El general morelense conocía los territorios de Morelos, Guerrero, Puebla y el sur del Estado de México como ningún otro hombre, por lo que era imposible tenderle una trampa o sorprenderlo en una emboscada. Zapata se había vuelto un excelente estratega en la guerra de guerrillas y la población le tenía tanto cariño que siempre lo mantenía informado de los movimientos enemigos.

Pero hubo una traición que fue instrumental en el plan que llevaría a la muerte de Zapata. La de Victorino Bárcenas…

¿QUIÉNES FUERON LOS AUTORES INTELECTUALES DEL CRIMEN?

A inicios de 1919, el general González Garza reactivó las operaciones militares en Morelos. Estas fuerzas eran integradas por numerosos traidores zapatistas que conocían el terreno, incluyendo el susodicho general Bárcenas, Ricardo Reyes Márquez y hasta Sidonio Camacho (el hombre que asesinó a Eufemio Zapata, hermano del jefe libertador del sur).

Muchos de estos ex-zapatistas aceptaron los términos de una amnistía ofrecida por el gobierno de Carranza. A su vez, el general Zapata ofreció su propia amnistía a los oficiales federales que quisieran sumarse a su bando. Zapata había escuchado rumores de numerosos choques y conflictos entre los mandos carrancistas, por lo que su desconfianza en los desertores tuvo que ponerse en segundo plano ante la falta de militares experimentados.

Al saber de este ofrecimiento, los carrancistas vieron su oportunidad. Aunque no se tiene registro de quién tuvo la idea de diseñar un plan tan macabro, Pablo González y Jesús Guajardo tomaron la iniciativa de fingir un fuerte descontento entre ellos, con el objetivo de infiltrarse en las filas del zapatismo y acercarse al jefe enemigo.

Pablo González (Bain News Service., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=8509174)

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¿Cómo se llevó a cabo el asesinato?

Salvador Reyes Avilés, quien fuera secretario particular de Emiliano Zapata en los últimos meses de su vida, acompañó a su general a la Hacienda de San Juan Chinameca, el fatídico sitio donde se ejecutó la infamia de Guajardo. El señor Reyes Avilés logró salir con vida de la emboscada y ese mismo día redactó su testimonio en el ‘Parte oficial de la muerte de Zapata’, el cual puede ser consultado por este enlace.

En pocas palabras, cuando el coronel Guajardo logró establecer contacto por correspondencia a través de distintos intermediarios, el general Zapata le ofreció “toda clase de seguridades y felicitándolo por su actitud, ya que lo juzgaba hombre de palabra y caballero y tenía confianza en que cumpliría al pie de la letra sus ofrecimientos.” ¿Qué tan desesperado podía estar Zapata al decir que el mismo sujeto acusado de toda clase de tropelías era un “hombre de palabra y caballero”?

No obstante, Zapata no mordió el anzuelo a la primera, y para comprobar que Guajardo era sincero en sus palabras, le pidió que castigara a los hombres del ex-zapatista Victorino Bárcenas (“a la sazón bajo las órdenes de Guajardo”) que cometieron abusos contra la población de numerosos pueblos en las semanas recientes.

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El coronel Guajardo procedió entonces a separar a 59 hombres de Bárcenas y -con el permiso del general González- mandó a fusilar a sus propios soldados. El general Zapata quedó satisfecho con la medida impartida por el coronel y movió sus piezas para reunirse con Guajardo para diseñar una nueva estrategia de combate. Así que acordaron en reunirse en Tepalcingo con una fuerza mínima de 30 soldados cada uno.

El 9 de abril, Guajardo “se presentó como a las cuatro de la tarde, pero no con treinta soldados, sino con seiscientos hombres de caballería y una ametralladora,” escribió Reyes Ávila. A pesar de esta desobediencia, Zapata “lo recibió con los brazos abiertos: Mi coronel Guajardo, lo felicito a usted sinceramente, le dijo sonriendo.”

Zapata, Guajardo y sus respectivas tropas marcharon a Chinameca al día siguiente. En la mañana, el general sureño recibió la alerta de una invasión carrancista en un pueblo cercano, lo que provocó una movilización apresurada de parte de los zapatistas. Al percatarse de que era una falsa alarma, Zapata regresó al medio día a Chinameca y se enteró que Guajardo y su escolta se había instalado en la hacienda.

Guajardo le envió varias invitaciones al general Zapata para que lo acompañara en el interior de la hacienda. Zapata finalmente accedió y le ordenó a diez hombres que sirvieran de escolta. Al ingresar a la hacienda, los zapatistas fueron recibidos por la guardia de Guajardo, aparentemente preparada para hacerle los honores. El secretario Reyes terminó así su Parte:

El clarín tocó tres veces llamada de honor y al apagarse la última nota, al llegar el general en jefe al dintel de la puerta, de tal manera más alevosa, más cobarde, más villana, a quemarropa, sin dar tiempo para empuñar ni las pistolas, los soldados que presentaban armas descargaron dos veces sus fusiles, y nuestro general Zapata cayó para no levantarse más.

El resto de las tropas que acompañaban a Zapata en el exterior fueron sorprendidos por mil soldados federales, que salieron de los llanos. Muy pocos lograron escapar con vida.

¿Qué fue de Guajardo?

El cuerpo de Zapata fue llevado a Cuautla, el sitio de numerosas batallas durante la Revolución, y exhibido como trofeo de guerra frente al ayuntamiento. Es en esta ciudad de Morelos donde reposan los restos del caudillo libertario.

En lo que respecta a Guajardo, el presidente Venustiano Carranza lo ascendió de rango a general de división, recibiendo una recompensa de 50 mil pesos. Sin embargo, el flamante general no tuvo mucho tiempo para disfrutar su gloria. Al año siguiente, tuvo la ocurrencia de levantarse en armas contra Adolfo de la Huerta y fue derrotado con facilidad en Monterrey. Ante este fracaso, se escondió en la casa de una amante, pero fue delatado por el hermano de ésta. Al poco tiempo fue aprehendido y pasado por las armas. Murió el 17 de julio de 1920, a los 27 años de edad.

Ilustración principal: @esepe1

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