Papelito habla: la importancia de la Ley Agnes para la comunidad trans

En Puebla se aprobó la Ley Agnes, que reconoce a las personas trans. Comentamos su importancia y a su gran impulsora, Agnes Torres.
marzo 1, 2021

El 25 de febrero del 2021 se aprobó en Puebla la Ley Agnes, que reconoce a las personas trans. En una entidad que anteriormente se ha caracterizado por el conservadurismo, ahora las personas trans podrán cambiar género y nombre en sus documentos legales. A continuación comentamos brevemente la historia de Agnes Torres, a quien debe su nombre la ley, así como la importancia de su aprobación.

Para quien nunca ha sufrido un agravio en la vida, la justicia es una entidad metafórica difícil de definir. En cambio, quienes viven anhelando su presencia, saben que la justicia es precisa como una piedra. Para muchas personas trans, la justicia suele presentarse bajo una forma rectangular: el acta de nacimiento, el pasaporte, la credencial del INE.

Una credencial no restituye desavenencias ni humillaciones del pasado, pero impide muchos agravios futuros. Cuando una persona trans no puede modificar sus papeles, con toda seguridad será discriminada en cada faceta legal de su vida.

Tener una credencial que consigna el sexo opuesto y otro nombre es el equivalente a no tener identidad. Los bancos te rechazan a la hora de abrir cuentas o realizar retiros; los médicos ponen aún más reparos en tu atención; levantar una denuncia en un ministerio público se vuelve un suplicio. Decir que tú eres tú casi nunca es suficiente: “Papelito habla”, te dicen ante la discrepancia en los documentos.

Aun los trámites más pequeños se entorpecen si la persona que tienes enfrente ve con malos ojos que no te parezcas a la personas en la fotografía. Esto lo supo muy pronto Agnes Torres Hernández, quien empleó su carrera como activista para resarcir esa deuda del Estado con las personas trans.

Agnes Torres. (Imagen: Especial)

Nacida en Tehuacán, Puebla, en 1983, realizó su transición de género mientras estudiaba Psicología en la Universidad Veracruzana, en Xalapa. Crónicas y aun comentaristas casuales, que escucharon de su legado sin llegar a conocerla en persona, reconocen lo difícil que fue ese trance para la activista.

Cuando se anunció la aprobación de la ley que lleva su nombre, un usuario de Twitter compartió una anécdota, incidental pero ilustrativa, de la discriminación que sufrió Agnes Torres durante su licenciatura en la Universidad de Xalapa:

“Cuando yo ingresé, aún se hablaba de ella en los pasillos a pesar de haberse titulado dos años atrás. Los profesores se referían a ella como ‘el estudiante que llegaba vestido de mujer’. En la ceremonia de entrega de papeles fue nombrada por su deadname, a pesar de haber solicitado explícitamente ser llamada Agnes Torres”, escribió el usuario @MawSaldivar.

La historia muestra a la perfección cómo aun en instituciones que presumen ser garantes del conocimiento y la ética, como es una universidad, las personas trans pueden enfrentar toda clase de humillaciones. Que la anécdota sea de segunda mano reafirma lo común de estas vejaciones.

A las personas trans se les exige continuamente en la vida cotidiana argumentar sobre su existencia. “¿Qué es ser mujer?” es una de las preguntas más frecuentes, como si la identidad fuese no solo materia de debate sino que además una persona pudiera modificarla si el interlocutor no se siente convencido por la respuesta.

Celebración tras aprobación de Ley Agnes. (Imagen: Cuartoscuro)

Si en la vida privada las personas trans deben lidiar con amigos, parejas y familiares que se sienten agraviados por la identidad ajena, en la esfera públicas ven limitadas sus libertades básicas por falta de documentos. Ir al baño puede ser un acto temerario cuando no tienes una INE que respalde que estás donde te corresponde. En consecuencia, muchas mujeres trans no acuden a sanitarios públicos a menos que sea una emergencia.

Si ir al baño puede ser problemático, ahora podemos imaginar lo difícil que puede ser tramitar un título universitario. Las instituciones de educación superior en México no suelen ser favorables a los cambios de identidad. Mientras que algunas, como la UNAM, emplean la tramitología laberíntica para negar el derecho, otras instituciones, como la UAS, se han rehusado a respetar los derechos de sus estudiantes a pesar de la intervención de organismos como la CNDH.

El agravio cometido por la Universidad Veracruzana impulsó a Agnes Torres a proponer una ley para el estado de Puebla en un momento en que las legislaciones trans en el país estaban en pañales. Si hoy son 14 entidades las que reconocen a las personas trans, hace diez años la historia era muy distinta. La primera entidad en permitir un cambio legal en los documentos fue la Ciudad de México, que legisló al respecto en 2008 y que simplificó el trámite en 2014.

Agnes fue asesinada mientras buscaba que su estado aprobara la ley que hoy lleva su nombre. De haber sido aprobada cuando ella vivía, hubiera sido reconocida como revolucionaria, mucho más avanzada que la legislación homóloga que en aquel entonces era vigente en el Distrito Federal.

Agnes Torres, activista trans. (Imagen: Especial)

Como recogen las crónicas publicadas en Lado B, a medida que el crimen de odio del cual Agnes fue víctima quedaba relegado en el torrente de noticias, la ley que en adelante llevaría su nombre quedó en un parcial olvido. Solo la presión de los colectivos trans de la entidad permitieron que fuera retomada y más tarde aprobada.

Pero el camino por recorrer es largo aún: durante la discusión de estas reforma al Código Civil causaron conmoción los comentarios del diputado local Héctor Alonso, vertidos de lenguaje de odio. Su posición exhibe cómo las personas trans son percibidas por una sociedad convencida de que, como él mismo dijo, los derechos de una minoría representan un ultraje a la mayoría cis-heterosexual.

Tener una credencial del INE con el nombre correcto no corrige todos los agravios, pero permite que las personas trans dejen de ser fantasmas jurídicos y pasen a convertirse en sujetos de derechos en lugar de materia de debate. Mañana la justicia podrá tomar muchas formas, pero hoy es rectangular. Papelito habla.