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¿Por qué Johann Sebastian Bach es considerado el padre de la música?

Johann Sebastian Bach es considerado el padre la música por sus maravillosas aportaciones que siguen sin poder ser igualadas

Sabemos que cuando se trata de algo tan subjetivo como el gusto, es muy complicado encontrar un consenso. Lo que es generalmente aceptado, es que la música conocida como “clásica” tiene a tres máximos exponentes: Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig Van Beethoven y Johann Sebastian Bach (aunque algunos podrían argüir que Igor Stravinsky tiene sólidos argumentos para ser incluido). Y si bien los dos primeros dejaron un legado musical excepcional, los aportes de Bach hacen que, para muchos de nosotros, sea el padre de la música.

Bach y el barroco

Johann Sebastian Bach nació en Eisenach en 1685, en el ducado de Sajonia-Eisenach, en una familia de amplia tradición musical. Su padre, Johann Ambrosius Bach, era el director de los músicos de la ciudad y todos sus tíos eran músicos profesionales.

Su padre probablemente le enseñó a tocar el violín y el clavecín, y su hermano, Johann Christoph Bach, le enseñó el clavicordio y lo expuso a mucha música contemporánea.

(Imagen: Pixabay)

Al parecer, por iniciativa propia, Bach asistió a la escuela St. Michael en Lüneburg durante dos años. Después de graduarse, ocupó varios puestos musicales en Alemania: se desempeñó como maestro de capilla (director de música) de Leopoldo, príncipe de Anhalt-Köthen, Thomaskantor en Leipzig, un puesto de director musical en las principales iglesias luteranas y educador en la Thomasschule, donde sirvió desde 1723 hasta su muerte. Recibió el título de “Compositor de la Corte Real” de Augusto III en 1736. La salud y la visión de Bach declinaron en 1749 y murió el 28 de julio de 1750.

Durante sus 65 años de vida, Bach compuso la increíble cantidad de 1128 piezas musicales. Hay otras 23 obras perdidas o inacabadas. Sus composiciones más conocidas incluyen El Clave bien temperado, Tocata y Fuga en Re Meinor, Aria para la cuerda de Sol, las Variaciones de Goldberg, los Conciertos de Brandenburgo y muchos más.

Las composiciones de Bach se dieron durante el periodo musical conocido como Barroco. La música de estos años se caracteriza por el estilo. Al igual que la arquitectura y la escultura barrocas, la música barroca abraza el estilo. Incluso las melodías más simples a menudo se embellecían con ornamentaciones como trinos, mordentes, giros y demás adornos.

La textura polifónica compleja prevalece en muchas obras de compositores. Se incorpora un sentido de drama y urgencia en formas vocales como la cantata, misa, ópera, oratorio y pasiones, y en formas instrumentales como el concierto, concerto grosso, preludio, fuga, toccata, sonata y suite. Los ritmos vibrantes y las disonancias expresivas aumentan la tensión en muchas obras barrocas.

Este fue el escenario en el que Bach trabajó y en el que construyó su argumento para ser considerado como uno de los, sino el más grande, compositores de todos los tiempos. Y en buena parte esto se debe a su trabajo con el contrapunto.

El contrapunto

En el siglo XVII, la música era compuesta para actos religiosos en su mayoría. Eran composiciones casi desechables, que eran perfectamente olvidables. Su objetivo era dar el ambiente a las misas, por lo que eran piezas sin mucho mérito musical.

Entonces, llegaron los grandes maestros del Barroco a cambiarlo todo.

Bach tomó melodías sencillas y las despojó de su simpleza para revestirlas de complejidad, genialidad y belleza. Y esto lo logró gracias al contrapunto.

Bach, el maestro barroco (Imagen: Wikimedia Commons)

El contrapunto no es un estilo. La música de múltiples voces en movimiento se llama polifonía, y la técnica de escribir dicha música es contrapunto (de la palabra latina “contrapunctus”, que significa “nota contra nota”).

Básicamente, el contrapunto es solo un término “elegante” para una o más melodías que se agregan encima o debajo de otra melodía y se tocan juntas.

Bach toma un poco de tiempo en acostumbrarse, y gran parte de su música es difícil de apreciar al principio, precisamente por la cantidad de melodías que persisten en sus composiciones.

Sus obras más conocidas (la ya mencionada Aria o el Preludio en Do del Clave bien temperado o sus piezas de chelo) no son realmente una muestra de la complejidad y riqueza de la música de Bach.

Ejemplos de su música polifonal, donde el contrapunto brilla estaría Toccata y Fuga en Re menor. Las melodías entran por nuestros oídos para quedarse grabadas en nuestro cerebros para la posteridad.

El diálogo de sus melodías convergiendo con nuestros sentimientos es el estado más sublime al que nos puede transportar una pieza musical y Bach lo logra mejor que nadie. 

El  canon

El canon es quizás la forma más estricta del contrapunto. Se compone de dos voces separadas, una de las cuales es una repetición exacta o derivación contrapuntística de la otra. Una suele seguir a la otra, y se dice que la segunda voz es “generada estrictamente” por la primera.

Por lo tanto, el canon es como “el niño mimado” de la teoría musical, ya que sus dos voces se pueden interpretar simultáneamente con cualquier línea melódica.

La reputación de Bach como compositor “matemático” se deriva en gran medida de su dedicación al canon. Él no fue el inventor de este estilo de composición (lo heredó de predecesores de Alemania del Norte del siglo XVII), pero fue —y sigue siendo— el gran maestro reconocido del canon y su obra representa el punto más alto en la música occidental.

Su genio particular no era solo una cuestión de manejar el contrapunto de manera experta, sino de su capacidad para expresar una gran variedad y profundidad de emoción, y para producir composiciones bien equilibradas y bellamente proporcionadas, utilizando estas “técnicas matemáticas” con una disciplina inquebrantable.

Crear una melodía interesante ya es bastante difícil. Crear muchas de ellas y hacer que todas las combinaciones entre las partes también suenen bien es un logro increíble. En esencia, el grado de complejidad aumenta exponencialmente en el número de voces. Bach fue capaz de improvisar fugas de 5 y 6 voces en un momento de reflexión.

Cuando escuchamos una fuga, debemos recordar que si el músico se equivoca en una nota, destruirá la estructura melódica de una línea y la estructura armónica de otra. Buscar las notas correctas para colocar en una pieza musical no se puede hacer de manera aleatoria. Todo tiene que ser preciso y puntual.

Bach era un maestro en el manejo de este tipo de complejidad. Su música es como una conversación, que comienza con poco significado y adquiere una estructura brillante a través de la autorreferencia repetida.

Bach era un compositor maravillosamente diverso, que hablaba con fluidez muchos idiomas y estilos, y era capaz de un inmenso drama y de un ingenio astuto. Los matemáticos no ven el mundo solo en términos de ecuaciones, y Bach no ve la música solo como un sistema de reglas. Él era el maestro de su cálculo musical.

También cabe mencionar que Bach tenía un interés especial por la numerología. Por ejemplo, estaba bastante interesado en el número 14, que es la suma que obtienes cuando se asigna un número ordinal a cada una de las letras de su apellido y se sumas. Este número aparece en el tejido de su música de muchas formas interesantes.

La simetría en Bach (Imagen: Picryl)

Bach para la eternidad

Es común —y tentador— imaginar a los compositores clásicos como iconoclastas torturados, sin encontrar nunca esa revolución que imaginaban. Algunos eran así, sin duda. Pero Bach generalmente prefería un enfoque conservador, estudiado y económico. Estaba obsesionado con descubrir cuánto podía lograr, cuánto kilometraje podía obtener de los sistemas fijos y los procedimientos establecidos. Esta ética fue moldeada en parte por su devota fe luterana.

Su trabajo es aventurero. Desafía los límites del instrumento y el rango del vocalista. Sin embargo, nunca lo hizo arbitrariamente. Todo estaba pensado para entregar piezas que trascendieran el espacio y el tiempo.

Como lo dijera Claude Debussy:

“Y si miramos las obras de JS Bach, un dios benévolo al que todos los músicos deberían ofrecer una oración para defenderse de la mediocridad, en cada página descubrimos cosas que pensamos que nacieron ayer, desde deliciosos arabescos hasta un desborde de elementos religiosos, sentimiento más grandes que cualquier cosa que hayamos descubierto desde entonces”.

Porque en Bach no encontramos la rigidez que podría aparentar. Su obra posee una increíble amplitud emocional. Desde los máximos máximos de alegría pura, hasta los mínimos más profundos: todo el espectro está representado, aunque la mayor parte de él es vigorosamente afirmador de la vida o trascendente en su pura serenidad. Bach es reflejo del universo mismo.

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