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¿Por qué el 2 de octubre “no se olvida”?

¿Por qué el 2 de octubre no se olvida?, ¿Por qué nos conviene como sociedad mexicana siempre recordar?
octubre 1, 2018

¿Por qué las y los ciudadanos mexicanos siempre se repiten “2 de octubre no se olvida”?, ¿Por qué recordarnos así la Matanza de Tlatelolco en el 68?

Tendrías que tener al menos 60 para acordarte, y a lo mejor ni así. Pero, ¿para qué acordarnos? Ya no es ese México, ya no somos esos medios, esos estudiantes, esos ciudadanos. Nuestros intereses son otros, y nuestro tiempo es muy distinto. Entonces, ¿para qué hacer memoria?

Joven estudiante llora y sangra mientras los policías lo arrestan en las instalaciones del Instituto Politécnico Nacional. La policía se enfrentó violentamente contra los estudiantes el 24 de septiembre de 1968. (AP)

Inteligencia social

La memoria no es cosa meramente mental. La memoria es física. La naturaleza tuvo incluso que desarrollar un mecanismo de memoria para transmitir información a través de las generaciones, así inventó el lenguaje del ADN. Nosotros inventamos nuestro propio lenguaje con el mismo fin. Sin memoria, no hay cultura. Cada bebé que nace trae el ADN que recoge la historia de su especie, su región y su familia; a cada bebé que nace se le enseña la lengua y todas las cosas importantes para su cultura: “no le hables así a tu madre”, “la familia es lo más importante”, “2 de octubre no se olvida”. Decirlo no basta, la memoria es física. Por eso ponen “memoriales”, se arman museos; por eso buscamos las fotos, vemos documentales; por eso lo seguimos gritando cada año: “2 de octubre no se olvida”.

Militar golpea violentamente la cabeza de un estudiante durante una manifestación. Fue una de las manifestaciones más violentamente reprimidas. Los jóvenes pedían la renuncia del jefe de la policía y la desaparición del cuerpo de granaderos. 29 de julio de 1968. (AP)

Cláudia Cerqueira do Rosario nos recuerda que la memoria es el fundamento de nuestra vida humana. La memoria compartida es lo que nos permite decir que somos parte del mismo mundo, y del mismo país. Pero, ¿por qué recordar lo que duele? Si podemos celebrar nuestra Independencia, podemos recordar a los “héroes que nos dieron patria”, la Batalla de Puebla y las pocas veces que hemos ganado. ¿Para qué recordar lo que duele? ¿Acaso no queremos un país feliz para los bebés que nacen?

Soldados arrestando estudiantes. 3 de octubre de 1968. (AP)

Pero Tlatelolco sigue ahí, Ciudad Universitaria, el Casco de Santo Tomás. En las fotos de los jóvenes contra la pared, sin camisa, golpeados y ordenados como si fueran ganado reconocemos nuestra misma ciudad. Los mismos edificios. ¿Cómo no recordar si la memoria sigue viva en los edificios? Las marchas siguen pasando, todavía hay porros en la UNAM y todavía no conocemos plenamente lo que es la justicia. El 1 de agosto de 1968, antes de la matanza, el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra declaró en un mítin:

“nuestra lucha no termina con esta demostración. Continuaremos luchando por los estudiantes presos, contra la represión y por la libertad de la educación en México”.

Militares golpean a un joven caído mientras los estudiantes de la escuela preparatoria reanudan las manifestaciones en el centro de la Ciudad de México. 30 de julio de 1968.(AP Photo/Jesus Diaz)

Recordar es una forma de determinar el ADN social de nuestro país, diseñar qué aprenderán los mexicanos por venir. Y esa memoria no sólo nos da una cultura, también nos hace adaptarnos mejor. El hecho de que recordemos la matanza de Tlatelolco no nos garantiza que el asesinato de estudiantes nunca vuelva a suceder. La persecución estudiantil ha seguido pasando. Sin ir más lejos, a las familias de los 43 estudiantes de Ayotzinapa no se le ha impartido justicia hasta ahora. Entonces, ¿para qué recordar? Recordamos porque la memoria nos hace inteligentes.

Estudiantes universitarios detenidos por soldados en Tlatelolco, 2 de octubre 1968. (AP Photo/Proceso)

En la matanza de estudiantes del 68 se creó un cerco mediático que no permitió que los mexicanos que no fueron testigos se enterará en el momento de lo que pasó. Muchos de los que estaban vivos entonces, no se enteró de que había asesinado a universitarios sino hasta muchos meses después. Ahora eso es mucho más difícil. Los estudiantes de Ayotzinapa que sobrevivieron convocaron a una rueda de prensa poco después de que fueron atacados. Sabían que era importante que la información circulara antes de que el Estado Mexicano tuviera la oportunidad de ocultar la información. Las organizaciones civiles, defensoras de Derechos Humanos, saben cómo prevenir que las “verdades históricas” y las manipulaciones del gobierno se impongan como la verdad de lo que ocurrió. Y todo eso se logró porque no olvidamos.

Tanque del Ejército en el Zócalo capitalino en 1968.

El 2 de octubre fue un momento de quiebre en la historia moderna de México. Principalmente para quienes no permiten que las mentiras de Estado se conviertan en verdades. Ojalá pudiéramos asegurar que algo así nunca más va a pasar; pero en México, hasta el momento, no es posible. Lo que sí podemos decir es que gracias a la memoria, reaccionamos mejor como sociedad, exigimos más nuestros derechos, nos organizamos. Por eso gritamos, cada año, “no se olvida”.

¿A quién le conviene que olvidemos?

Olvidar el 2 de octubre nos daría más calma, sería un medio terapéutico para funcionar mejor como país, para “superar” el dolor, como sugirió Peña Nieto a los padres de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. ¿Por qué los gobernantes nos piden “superar” las cosas?

La inteligencia social que hemos construido nos sirve para ponerle freno a los abusos de gobierno. Gracias a lo que hemos aprendido antes, es más difícil que nuestro gobierno sea autoritario y cometa otros crímenes; pero no hay garantías, todavía puede pasar. Por eso es importante recordar, porque todavía no logramos como país garantizar la integridad de nuestros estudiantes. Todavía hay riesgos de autoritarismo, corrupción y violencia del gobierno. Recordar y seguir construyendo inteligencia social es el único camino que tenemos para construir la paz y el gobierno justo que añoramos.

Una gran multitud de manifestantes se reúne en el Zócalo, o Plaza de la Constitución, en el corazón de la Ciudad de México, el 14 de agosto de 1968, al final de una marcha de cinco millas por la ciudad. En el fondo se encuentra la Catedral Nacional. (AP Photo / Jesus Diaz)

Pero en algo tienen razón los gobernantes: recordar duele. En 1998 hubo una matanza de grupos paramilitares en Monteloro, departamento de Antioquia, Colombia. Veinte años han pasado, y aún no hay justicia. Una de las sobrevivientes afirmó: “una se lastima recordando, pues todo lo que viene de la familia es dolor”. Si todo lo que viene es dolor, ¿no sería mejor olvidar, darle paso a los vivos y enterrar a los muertos?: “una hermana mía estaba en embarazo y soñó cómo asesinaban a nuestro papá y perdió al muchacho… nunca se me olvidará eso, se despertó gritando”.

Gritamos “no se olvida” para advertir al gobierno que conservamos nuestra inteligencia social; pero también gritamos para lidiar con el dolor. Recordar no es fácil, por eso necesitamos hacerlo juntas y juntos. No es lo mismo gritar solos en la oscuridad, que salir a la luz y gritar juntos. Eso es la inteligencia emocional colectiva. También gritamos para estar juntos, para que nadie tenga que estar sola ante la injusticia. A algunos les conviene que olvidemos, pero a la mayoría, especialmente a quienes han sufrido la violencia de Estado, nos conviene recordar:

2 de octubre, ¡no se olvida!

Imagen principal realizada por @esepe1

Un grupo de jóvenes realiza una manifestación. 3 de octubre de 1968.(AP Photo)