ELECCIONES EUA 2020: ¿Podría el coronavirus costarle la reelección a Donald Trump?

ELECCIONES EUA 2020: Donald Trump se juega la reelección ante una crisis sanitaria y una economía en picada.
marzo 20, 2020

Hasta el 20 de marzo, Estados Unidos registraba poco más de 16 mil casos confirmados de coronavirus y 217 fallecimientos. Muchas de las grandes ciudades del país, como Nueva York, Houston y Chicago, han tenido que frenar su actividad comercial en seco, mientras que los indicadores más importantes de la economía nacional van en picada. La recuperación económica que vio el país tras la llamada Gran Recesión de 2008 fue prácticamente borrada en cuestión de unas semanas.

A todas luces, la sociedad estadounidense debería estar pidiendo la cabeza de su presidente, Donald Trump. Sus opositores lo han criticado de menospreciar la dimensión real de la crisis sanitaria, de hacer caso omiso a las recomendaciones de sus expertos de salud, y de no mostrar suficiente empatía por los que han sido afectados por la enfermedad, COVID-19. En pleno año electoral, uno pensaría que los niveles de aprobación del señor Trump estarían por los suelos… pero no.

Donald Trump sigue gozando de la misma popularidad que ha tenido desde el primer año de su presidencia. Un relativamente saludable 40 a 45% de aprobación general. Si ponemos a un lado a los pocos independientes que restan en un país tan polarizado, esta cifra se refleja entre los simpatizantes de cada partido, con poco más del 90% de republicanos que respaldan al señor Trump y poco menos del 10% de demócratas. A los ojos de sus seguidores, no hay error que su presidente sea capaz de cometer, y esos números podrían ser suficientes para asegurar cuatro años más en la Casa Blanca.

(Photo by Brian Blanco/Getty Images)

UN PRESIDENTE A PRUEBA DE CRÍTICAS

En medio de la tragedia y la desesperación, los tiempos de crisis también ofrecen oportunidades de gallardía política. Ante una amenaza que descarrila la vida rutinaria de una sociedad, ciertas personas aprovechan el momento para asumir papeles de liderazgo con tal de proponer un plan de lucha o para motivar a su pueblo a seguir adelante con su visión del camino correcto. Los jefes de Estado, como Churchill, o los mandos militares, como Patton, suelen ser estos personajes más grandes que la vida misma, que levantan los ánimos de su gente, aquellos que montan su caballo o que toman el podio y pronuncian un discurso que termina siendo recitado por un actor en una película de Hollywood.

Y Donald Trump, pues…

Donald Trump es un caso muy curioso en la historia política de Estados Unidos. Hoy nadie se acuerda de que este hombre enfrentó hace pocos meses la posibilidad de ser destituido tras la aprobación del impeachment, así como nadie se acuerda de que estuvo a un pelo de detonar una guerra con Irán tras mandar a asesinar a uno de los principales generales del régimen iraní. Y vaya, no vale la pena recordar todos los escándalos y los atropellos previos a este año. El hecho de ser sometido a un impeachment o emprender otro conflicto militar en el extranjero hubiera hundido a otros políticos. Pero no a Trump. Oh no. El presidente Trump se mantiene estable en su nivel de aprobación que oscila entre el 40 y el 45% y parece que no hay ninguna fuerza en la Tierra que lo pueda mover de ahí.

Hasta que llegó el nuevo Coronavirus a Estados Unidos.

Y entonces todo cambió.

Todo cambió… pero no tanto.

Las ganancias históricas de la Bolsa de Valores de Nueva York que tanto presumía Trump en Twitter. Estas se esfumaron. Las aerolíneas, colapsadas. El comercio exterior, en la ruina. El sector turístico, desaparecido. Las cadenas de abasto, fracturadas. Así como el resto del mundo, Estados Unidos se encuentra ante una crisis global sin precedentes. ¿Y qué es lo que hace Trump cuando tiene en frente una crisis global sin precedentes?

Fácil. Culpar al extranjero.

Es una estrategia que no le falla. Al menos, no con su base.

Ah, y ahora también se presenta como un presidente en tiempos de guerra. ¿Pero una guerra contra quién?

TRUMP VS. “EL VIRUS CHINO”

En sus más recientes conferencias de prensa, así como en Twitter, el presidente Trump ha retornado a sus prácticas habituales de insultar a los medios de comunicación, felicitarse a sí mismo por el desempeño de su gobierno y culpar a entidades extranjeras de la crisis actual. En su más reciente intercambio de injurias con reporteros, un fotógrafo vio que en las notas del presidente venía la palabra ‘coronavirus’ tachada con marcador, y en su lugar tenía escrito el término “virus chino”.

Cuando una reportera increpó al presidente sobre la connotación racista del término “virus chino”, el señor Trump simplemente dijo que lo de “virus chino” se justifica porque de ahí viene la cepa, de China. También acusó al gobierno chino de divulgar información falsa en su país. Fuentes oficiales del Partido Comunista de China alegan que el coronavirus fue creado en un laboratorio militar de Estados Unidos para luego liberarlo en la ciudad de Wuhan.

Aunque este nivel de propaganda es de esperarse en un país donde la circulación de información es controlada por un Estado autoritario, en Estados Unidos, país que alberga a una enorme comunidad de ascendencia oriental, las palabras del presidente hallan su eco en las cabezas huecas de aquellos que buscan una excusa para ventilar sus opiniones racistas y xenófobas en público.

Muchos asiáticos americanos en Estados Unidos han denunciado casos de agresiones físicas y verbales en su contra, por el simple hecho de tener rasgos orientales. En Filadelfia, tres hombres le gritaron a un sujeto que caminaba por Chinatown que se muera de coronavirus. En Nueva York, un hombre vestido de camuflaje insultó y golpeó a un hombre de rasgos orientales que caminaba con su hijo. “¿Dónde está tu cubrebocas, pinche chino?” le gritó.

Pero más allá de los crímenes de odio dentro del territorio nacional, el discurso del presidente Trump busca poner la responsabilidad de esta crisis sobre los hombros de una potencia rival. A su juicio, Estados Unidos estaba gozando de una prosperidad bajo su liderazgo “nunca antes vista en la historia del país”, hasta que un virus extranjero, del cual era imposible defenderse, lo puso todo de cabeza. Y su base de fieles seguidores le da la razón. Ya son numerosas las voces de MAGA (Make America Great Again) que exigen acciones punitivas contra China, como si 3250 muertes no fueran una pena suficiente para este país.

Por si fuera poco, el mandatario le recuerda a su base que, si la oposición hubiera atendido su exigencia de construir el muro fronterizo con México, imponer prohibiciones de viaje a las naciones musulmanas, y limitar el número de visas expedidas, su país no tendría que pasar por las molestias que está experimentando en la actualidad. Y su base, claro, le da la razón. Su lógica les dicta que hay que apoyar a un presidente “en tiempos de guerra” y, ¿por qué no?, hacer compras de pánico de armas de fuego. No vaya a ser que el “virus chino” contagie a la Segunda Enmienda.

TRUMP VS… ¿QUIÉN ERA EL OTRO? ¡AH! BIDEN

Otro suceso que pasó a segundo plano a causa de la pandemia es la contienda por la candidatura del Partido Demócrata. En las últimas semanas, Joe Biden aseguró su victoria tras una serie de triunfos en los estados sureños y en lugares del centro del país como Illinois e Indiana. Por miedo al contagio de COVID-19 o plena indiferencia al proceso electoral, la generación millennial que tanto apoyaba a Bernie Sanders le dio la espalda a su socialista favorito, mientras que los baby boomers prácticamente arriesgaron sus vidas en la situación actual para salir a votar por el exvicepresidente.

Era un hecho que Donald Trump no quería competir contra Joe Biden. En las encuestas nacionales, Biden se coloca por encima del presidente por un margen considerable. La postura centrista y las propuestas moderadas del político demócrata apelan a un sector más amplio de la sociedad que siente nostalgia por aquellos días cuando el presidente no era una figura narcisista que estaba en la tele a toda hora.

Sin embargo, los números que respaldan a Biden representan a una sociedad fría y distante, una sociedad que está harta de Trump, cierto, pero que también está harta de la clase política en general. Hace diez años, el señor Biden hubiera sido un magnífico oponente, pero a sus 77 años de edad, el candidato no inspira ninguna chispa de entusiasmo entre su coalición de liberales, y sobra decir que su discurso cada vez está más plagado de desvaríos. De igual manera, uno podría cuestionar la salud mental del señor Trump, pero la base que respalda al mandatario es más apasionada y más dispuesta a votar por su reelección, haya o no un virus mortal en las calles.

(Photo by Kyle Rivas/Getty Images)

P.D.: Hay un escenario en el que esta “secta” de votantes conservadores podría traicionar a Trump a causa de la pandemia de coronavirus, pero esto solo se ve posible si el impacto de la crisis sanitaria sobre la economía estadounidense termina por reflejarse en la tasa de desempleo. Por el momento, todavía es demasiado pronto para medir la extensión de la catástrofe que se podría derivar de la pandemia, pero mientras las finanzas personales de los seguidores de Trump sigan gozando de buena salud, no hay motivo alguno para que estos titubeen al momento de emitir su voto.

Autor:
Javier Carbajal Doxálogo