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Mucho trabajo, poco dinero

Los derechos laborales de las trabajadoras del hogar, piedra angular de la sociedad actual.
enero 21, 2020

Son la piedra angular de la sociedad actual, se encuentran en muchos de los hogares de las clases medias y altas de México, sin embargo, reconocemos poco el trabajo del hogar.

Solo el 2% de las trabajadoras del hogar completó una carrera terciaria o los estudios universitarios, de acuerdo con la Organización Mundial del Trabajo. En el caso de México, una encuesta del INE señala que 4 de cada 10 trabajadoras del hogar tienen algún grado de secundaria, 32% solo concluyó la primaria y 21% no concluyó los grados de primaria.

La OIT define el trabajo doméstico como el trabajo realizado en un hogar u hogares, o para los mismos. Este tipo de empleo incluye que se viva o no en el hogar donde se realiza el trabajo; que se trabaje para uno o más empleadores, por horas o por días, así como a aquellas personas que trabajan a través de un intermediario (público o privado), y a aquellas que realizan de forma directa o indirecta distintas actividades de cuidados como atender a menores y personas mayores, limpiar, cocinar, lavar la ropa, etc.

Tradicionalmente se piensa que es obligación de las mujeres realizar los trabajos de cuidado, es decir, ver por el bienestar de hijos e hijas, familiares que envejecen y/o personas con alguna enfermedad o dependientes. Eso dificulta que se incorporen al mercado laboral y, en muchos casos, cuando lo hacen es en condiciones precarias, con salarios menores y mayor informalidad.

Las mujeres contribuyen a la economía de mercado como mano de obra barata y, al mismo tiempo, apoyan a los Estados llevando a cabo el trabajo de cuidados que debería estar cubierto por el sector público.

Históricamente, como señala la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el trabajo se ha dividido en:

a) trabajo productivo, es decir, aquellas actividades humanas que producen bienes y servicios y que tienen un valor de cambio, por lo tanto, generan ingresos tanto bajo la forma de salario o bien mediante actividades agrícolas, comerciales y de servicios desarrolladas por cuenta propia.

b) trabajo reproductivo, que constituye un conjunto de tareas necesarias para garantizar el cuidado, bienestar y supervivencia de las personas que componen el hogar. Este último tipo, por lo general, no ha sido remunerado económicamente o se paga muy poco por él.

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Se estima que por efectos de cambio climático, en 2025, hasta 2400 millones de personas vivirán en zonas donde no habrá agua suficiente, también se reducirá la producción de alimentos y aumentará la incidencia de enfermedades, lo cual incrementará el estrés y las exigencias de tiempo que sufren mujeres y niñas, ya que se espera de ellas que hagan el trabajo adicional necesario para adaptarse a esta nueva situación.

Quienes realizan trabajo de cuidados para que la familia no pague centros de cuidados o servicios particulares, pasan por una serie de inconvenientes, tales como disponer de menos tiempo para estudiar, formarse, trabajar fuera del hogar, así como tener que aceptar trabajos más flexibles que suelen ser precarios y peor pagados, además enfrentar dobles jornadas laborales. Las mujeres que trabajan no llegan a casa a descansar, sino a seguir trabajando.

El trabajo del hogar también es trabajo y, como tal, debe ser bien retribuido. La falta de retribución económica de estos trabajos tiene efectos a largo plazo, no hay edad ni ahorro para el retiro en el trabajo del hogar. ¿Quién cuida a quién nos cuida

La realidad es que, en otros contextos, este tipo de trabajo sí se paga; por ejemplo, en centros de cuidados, como guarderías, jardines maternales o casas de retiro; o en la forma de servicios particulares como servicio doméstico, personal de cocina, enfermeras y niñeras. 

A esto, se agrega el hecho de en países con grandes desigualdades sociales es más fácil encontrar mujeres pobres y con poca educación dispuestas a trabajar en una casa por poco dinero, este es uno de los colectivos laborales más explotados del mundo, no se estipulan un límite de horas para la jornada laboral de este sector y en casos más extremos de trabajo forzoso y tráfico de personas, las trabajadoras del hogar se encuentran atrapadas en las casas de sus “empleadores”, que controlan absolutamente todos los aspectos de sus vidas, lo cual las deja en una situación de invisibilidad y total desprotección.

De acuerdo con la OIT, el dinero que se roba a las más de 3,4 millones de trabajadoras del hogar en situación de trabajo forzoso que hay en todo el mundo asciende a 8000 millones de dólares anuales, una cifra equivalente al 60% de los salarios que deberían percibir.

A finales de 2019, México ratificó el Convenio 189 de la OIT sobre la protección de las trabajadoras y los trabajadores del hogar. Este paso histórico debe ir acompañado de cambios legislativos y políticas públicas para que los compromisos se conviertan en realidades. En particular, es fundamental: (1) Implementar medidas que garanticen la asociación sindical; (2) el reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva; (3) la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio; y (4) la plena incorporación de las personas trabajadoras de este sector al IMSS o algún esquema de seguridad social.