En busca de… ¡El móndrigo! – el diario falso del movimiento estudiantil del 68

El móndrigo, una historia sobre el diario falso del movimiento estudiantil del 68, uno de los libros más infames de México.
octubre 1, 2018

Hoy, estos términos forman parte del lenguaje habitual que contamina el debate público. Los bots. Las fake news. El chayote. Las cadenitas de Whats. Mecanismos empleados ya sea por el Estado o por algún poder fáctico para restarle fuerza a una figura política, para deslegitimar un movimiento social o para promover una campaña de manera pérfida, entre otros objetivos no menos nefastos.

En la era de las redes sociales, estas herramientas –diseñadas por maestros del embuste– han logrado afectar el resultado de incontables procesos electorales, así como han arruinado las carreras de más de uno. Para el farsante detrás el teclado, el negocio de la propaganda engañosa es sumamente redituable, y para el cabecilla autoritario, un arma más eficiente que la represión violenta.

¿Pero cuáles eran las mañas de los órganos de inteligencia política del pasado para desviar la atención de la opinión pública o para privar a una causa social de su prestigio y nobleza? Sabemos que, a partir de la coacción, la intimidación o la compra de periodistas y comentócratas, el Estado gozó de una voz privilegiada en los cauces de los medios de comunicación durante la segunda mitad del siglo XX. Pero también ha recurrido a mecanismos menos convencionales para ejercer una influencia sobre segmentos específicos de la población. Tal es el caso del libelo.

El libelo es quizás el sofisma más extravagante para desacreditar a un individuo o conjunto disidente o incluso una idea que contradiga la doctrina oficialista. Se trata de un texto diseñado con la intención de atacar la credibilidad de una entidad opositora. En el México de la ‘Guerra Sucia’, estos libelos adoptaban la forma de obras de “no-ficción” (dizque testimonios, manifiestos, diarios, etc) que calumniaban, por ejemplo, a un intelectual incómodo (Daniel Cosío Villegas en Danny el travieso), a un crítico del poder (Julio Scherer García en El Excélsior de Scherer), a una insurrección armada (Lucio Cabañas en El guerrillero).

El móndrigo es uno de estos libros, quizás el más infame de los libelos publicados en México durante el régimen del PRI. Bajo el subtítulo de Bítacora del Consejo Nacional de Huelga, la enigmática Editorial Alba Roja puso a la venta en puestos de periódicos el supuesto diario de un presunto líder dentro del movimiento estudiantil de 1968. De acuerdo a la “explicación necesaria”–un escrito que cumple la función de prólogo– el diario fue hallado entre las pertenencias de un joven que falleció el 2 de octubre en Tlatelolco. Su cuerpo había sido encontrado por unos vecinos, “semi agazapado”, en un pasillo del tercer piso del edificio “Chihuahua”. El peculiar título del libro, con todo y signos de admiración, surgió a partir de la inverosímil exclamación de uno de los vecinos sin nombre, que al ver el cadáver dijo “¡Es el Móndrigo!”

Otros “grandes títulos” de la Editorial Alba Roja (Foto: Víctor Belén)

El cuerpo nunca fue formalmente identificado ni reclamado por nadie, por lo que se asume que su “legajo manchado de sangre fresca” fue redactado por su propia mano. Claro, en la actualidad se sabe que El móndrigo fue una de tantas maquinaciones creadas para justificar las acciones del Estado en el contexto de la Guerra Fría. Para el régimen priista, cualquier intento de sublevación originado en las calles o en los campos apestaba a influencia comunista, y debía ser aplastado antes de que pudiera contagiar a las masas o derivar en una guerrilla. Libros como El móndrigo servían para retratar a ese “extraño enemigo”, aquella amenaza que se asomaba entre las aulas universitarias y las reuniones sindicales para sabotear la visión de un México moderno.

Se cree que El móndrigo fue elaborado en alguna oficina de la Secretaría de Gobernación antes de salir a la venta a mediados de 1969. En una carta a Octavio Paz, Carlos Fuentes atribuyó la autoría del texto al filósofo Emilio Uranga , uno de tantos intelectuales que simpatizaban con el gobierno o que figuraban en su nómina. Por supuesto, El móndrigo no es el tipo de libro que la gente busca por su valor literario o filosófico (recomiendo la columna de Carlos Monsiváis sobre éste y otros libelos), sino por su valor como documento histórico (o también por fetichismo coleccionista). Ahora bien, ¿será que todavía podamos encontrar este libro en físico? Valdría la pena realizar el experimento…

(AP Photo/Jesus Diaz)

EN LA BÚSQUEDA DE ¡EL MÓNDRIGO!

El móndrigo ostenta algunas facultades que podrían elevarlo a la estatura de un “libro de culto”. En primer lugar, está fuera de circulación. No se ha visto una reimpresión en décadas, por lo que es difícil de conseguir; una búsqueda en Google nos muestra algunas ventas y subastas ya realizadas por más de 400 pesos. Luego está el detalle de la portada de la primera edición, una cosa estéticamente horrorosa que despierta el morbo. Por último, tenemos el misterio que gira entorno al artífice y la elaboración de la obra, lo que aporta a la construcción de una leyenda urbana. También cabe mencionar que poca gente ha escuchado de El móndrigo, ingrediente esencial de cualquier intriga.

Sin embargo, existe un demérito significativo que le roba el calificativo de libro de culto a nuestra obra y es que nadie se muere por leer El móndrigo; tal vez algunas páginas por curiosidad, pero no el texto en su totalidad “infumable”. Por su naturaleza deshonesta y oprobiosa, los libelos no aportan nada rescatable a los géneros de la ficción y la no-ficción. Recordemos que todo objeto de culto requiere seguidores y los únicos interesados en preservar semejante chatarra literaria podrían serían los aficionados del morbo, los cazadores de cachivaches y los coleccionistas de la parafernalia kitsch. Como el redactor de esta nota.

https://noticieros.televisa.com/especiales/perfil-presidente-luis-echeverria-alvarez/

Dicho sea esto, El móndrigo definitivamente merece un lugar en cualquier colección de libros de mal gusto, así que me di a la tarea de buscar un ejemplar el fin de semana previo al 50 aniversario de la matanza en la Plaza de las Tres Culturas. Le pregunté al escritor Alejandro Toledo si todavía era posible encontrar una copia en físico de este bodrio y me indicó que tal vez en una librería de viejo. En la Ciudad de México hay librerías de segunda mano esparcidas por doquier, pero si tienes la misión de buscar algo estrafalario, qué mejor que Donceles, una calle del Centro Histórico abarrotada de librerías de viejo.

Al entrar a la primera librería me percaté del gran defecto que aquejaba mi búsqueda. Es prácticamente imposible encontrar El móndrigo en una librería, incluso si ésta llega a contar con un ejemplar en sus enmarañados pasillos. El problema principal es que El móndrigo es inclasificable y ninguna librería cuenta con un apartado para libelos o fraudes. ¿Qué carajos es El móndrigo? ¿Un ensayo? ¿Un ensayo con elementos de ficción? Entonces es una novela, ¿no? Y de ser así, ¿cómo la busco? Fui a ver qué podía encontrar bajo “Consejo”, bajo “Uranga”, bajo “Móndrigo”, en la sección de Anónimos… y ya en la segunda librería me resigné a la idea de que mi búsqueda no iba brindar ningún fruto.

Si me ponía buscar, perdía el tiempo, y si le preguntaba a los encargados, las respuestas eran las mismas, o no lo tengo o no lo conozco. Los encargados de edad más avanzada reconocían el título y me contaban alguna anécdota general del libro, pero nadie lo tenía en su inventario. Alguno de ellos me contó que “fue muy circulado en los 70”, pero luego otro me decía que “ése ya no se consigue”. El que terminó por destruir mis esperanzas fue uno de los últimos libreros que consulté. Me dijo que podía conseguir un ejemplar pero también me preguntó que cuánto estaba dispuesto a pagar. Le indiqué que no tenía idea alguna sobre el valor del libro, así que me informó que el precio podría oscilar entre los 500 y los 2 mil pesos porque “esos libros del 68 son difíciles de encontrar”. Le di las gracias y me fui. En total fui a nueve librerías. Y nada.

Bueno, aún me quedaba un gramo de esperanza. Cuando salí de la cuarta librería me pasó algo raro. Ya en la banqueta, un hombre de apariencia treintañera se me acercó y me dijo que había escuchado que yo estaba preguntando por El móndrigo. Ahora bien, la gente que se gana vida en la redacción de un noticiero está condicionada a pensar que todo desconocido que te aborda en la vía pública –especialmente en ciertas zonas, como en el centro– tiene toda la intención de asaltarte. Ya te viste a ti mismo en una cámara del C4, protagonista de un video viral en las páginas de nota roja. Asaltan a redactor de Noticieros Televisa en Donceles. La ingenua víctima estaba buscando un libro que a nadie le importa, y en su lugar encontró la punta de una pistola.

La primera entrada de “El móndrigo” (Foto: Víctor Belén)

Por supuesto, el tipo no me asaltó. El mundo no es tan nefasto. Resulta que solo quería darme información sobre dónde conseguir el libro. Al parecer, un amigo suyo lo estaba vendiendo, un sujeto de nombre Yoko, Joco, Ioco, o tal vez Lloko. Me dio su número de teléfono y no tuve más remedio que sacar mi celular en la calle (otro “no-no”) porque no tenía otra cosa con qué apuntar, aparte de un libro de Juan José Arreola que tenía que devolver. Le dije que llamaría al tal Yoko, Joco, Ioco, o tal vez Lloko y se marchó. Experiencias como ésta me enseñan a no ser tan paranoico. Obvio, nunca llamé al tipo, pero es de notar que hay gente que solo quiere ayudar, sin esperar nada a cambio.

Antes de irme a casa con las manos vacías, opté por darme una vuelta por la calle Condesa, ahí en el callejón de libros de segunda mano, a un costado del Palacio de Minería. Una buena parte de los puestos venden los típicos best-sellers y novedades pirateados, pero todavía hay uno que otro puesto por ahí que ofrece auténticas gemas de antaño. En una de esas me topé con El móndrigo, escondido entre una docena de libros con el lomo para arriba. No lo podía creer. Era una segunda edición, cierto, pero beggars can’t be choosers, como dice aquel dicho de los gringos. Ya me había resignado a la idea de ir el lunes por la mañana a Ciudad Universitaria. Un compañero me había dicho que la Biblioteca Central de la UNAM tiene un ejemplar de El móndrigo y me hacía falta una foto original de su portada para la imagen destacada de esta nota (me niego robarme fotos de Google Images).

Le mostré el libro al señor del puesto y dijo que me lo dejaba en 50 pesos. ¡Qué suerte! Me acordé del encargado que me dijo que este mismo libro podría costarme 2 mil pesos y me dio aquella sensación de triunfo que no puedes compartir con nadie más porque nadie lo entendería. ¿Encontraste un libro infame y apestoso con manchas de mugre y quién sabe qué en sus páginas y solo te costó 50 pesos? Increíble. Cuéntame más. Así que le di el tostón al vendedor de manera apresurada y me fui al metro sin ton ni son. Ya amenazaba con llover.