Luz Long: El alemán que ayudó a Jesse Owens a ganar la medalla de oro

Luz Long ayudó a Jesse Owens a bañarse de oro en los Juegos Olímpicos de Alemania en 1936
septiembre 11, 2020

El nombre de Jesse Owens nos remite a las imágenes de su triunfo en los Juegos Olímpicos de 1936, en Berlín. Con apenas 22 años, el oriundo de Alabama se bañó de oro ante los ojos de Adolf Hitler y su nombre se convirtió en símbolo de resistencia contra el racismo de los nazis. Sin embargo, hay una historia no tan conocida sobre Owens durante ese verano de 1936, trata sobre una amistad impensada, improbable y casi prohibida. Es la historia de la amistad de Jesse Owens con el atleta alemán Carl Ludwig “Luz” Long.

En 2020, la historia de Owens y Long y lo que ellos y su amistad representaron sigue siendo una lección que aprender, aprender de nuevo y reforzar. La conmovedora historia de Owens y Long habla del papel curativo que el deporte puede jugar, pero que a menudo no lo hace.

Berlín 1936

La atmósfera en la que Jesse Owens compitió era dura e intimidante, por decir lo menos. Los Juegos Olímpicos de 1936 fueron parte del gran plan de Adolf Hitler para demostrar que la superioridad aria y los afroamericanos no ocupaban un lugar destacado en su lista de prioridades.

A Owens, de apenas 22 años, lo ofendieron con epítetos raciales, y lo sometieron a otras formas de maltrato. Aunque para él, no era distinto o peor que lo que ya había sufrido en Estados Unidos.

La propaganda nazi presentaba a los afroamericanos como “auxiliares negros”. Y, como recordó Albert Speer, ministro de armamento de guerra de Alemania, en sus memorias, Hitler estaba “muy molesto” por las victorias de Owens. Speer agregó: “Las personas cuyos antecedentes provenían de la jungla eran primitivas”, dijo Hitler encogiéndose de hombros. Sus físicos eran más fuertes que los de los blancos civilizados y, por lo tanto, deberían ser excluidos de los Juegos futuros”.

(Imagen: Wikimedia Commons)

Mantener un máximo de logros durante toda una semana en un entorno moral tan desagradable fue una señal para que Owens usara toda su determinación y coraje para no flaquear ante la intimidación de un escenario tan hostil.

Grabando su nombre en letras de oro

A pesar de las adversidades y desafíos presentes en los Juegos de Berlín, Owens escribió su historia en el escenario mundial. Terminó los Juegos de 1936 con cuatro medallas de oro olímpicas en 100 metros, 200 metros, relevos 4×100 y salto de longitud. Una hazaña que ningún otro atleta olímpico había logrado, hasta que su compatriota Carl Lewis lo batió en los Juegos Olímpicos de 1984.

Aunque el oro en la carrera de relevos se vio ligeramente empañado por una controversia de selección que fue un recordatorio de los temas desagradables que nunca estuvieron del todo ausentes del trasfondo de los Juegos de Berlín.

Dos atletas judíos, Sam Stoller y Marty Glickman, fueron retirados del equipo de relevos de Estados Unidos en la mañana de las primeras eliminatorias. Glickman estaba convencido de que el presidente del Comité Olímpico de su país, Avery Brundage, había ajustado el equipo para evitar exacerbar la sensibilidad del Führer. Fue un episodio poco edificante que disminuyó el brillo del último florecimiento olímpico de Owens.

Sin embargo, parte de la gloria de su logro olímpico fue el hecho de que, tan implacablemente como los racistas de varias naciones trataron de envenenar los procedimientos con sus mensajes de odio, su propia historia personal continuó demostrando el otro lado del ideal olímpico: no el patriotero, sino el ideal del deporte como fuerza que puede unir a la familia humana.

Y el mejor ejemplo está con lo que ocurrió el 4 de agosto de 1936, cuando el camino de Jesse Owens se cruzó con el de Luz Long.

Carlos “Luz” Long

Sin embargo, antes de finalmente hacerse con la medalla en el evento de salto de longitud, Owens estaba luchando a pesar de tener el récord mundial en esa disciplina. Necesitaba una distancia de siete metros y medio para clasificarse a la final.

En su primer intento, Owens hizo una carrera de práctica, aún con su ropa de calentamiento, y aterrizó en el pozo, sin darse cuenta de que los jueces ya habían levantado sus banderas para indicar el inicio de la competencia. Es decir, contaron ese salto como un intento oficial y fue el primero de sus intentos fallidos.

Desanimado, Owens también cometió una falta en su siguiente intento, dejándolo con solo una última oportunidad de clasificarse para la final. Fue en esta coyuntura crucial cuando Carl Long, al que llamaban “Luz” se acercó al joven estadounidense.

El salto largo que le valio el oro a Jesse Owens (Imagen: Wikimedia Commons)

Tras preguntarle cómo estaba — en inglés— , le dijo a Owens que notaba que algo no estaba bien. “Deberías poder calificar con los ojos cerrados”.

Luz Long continuó platicando con Jesse hasta que lo tranquilizó lo suficiente. A pesar de haber sido criado y adoctrinado en el movimiento juvenil nazi, no creía en la supremacía aria. Por eso, no tuvo ningún problema en ayudar a Owens y darle un consejo que lo ayudaría a poder calificar a la final:

“¿Por qué no trazas una línea unos centímetros en la parte posterior de la tabla y despegas desde allí?”, dijo Long. “Te asegurarás de no cometer falta, y ciertamente debes saltar lo suficiente para calificar. ¿Qué importa si no eres el primero en las pruebas? Mañana es lo que cuenta”.

Owens atendió su recomendación y dibujó una línea a 30 centímetros detrás de la tabla, saltó desde allí, y como lo predijo Long, calificó para la final.

Más que un oro, una amistad

Al final resultó que Owens se llevó el oro, estableciendo un nuevo récord olímpico (8.06 metros) mientras que Long se llevó la plata (7.87 metros). La multitud en Berlín, incluido Hitler, tal vez estuvo decepcionada porque uno de los suyos fue derrotado por alguien que no consideraban ni digno de ser humano. Pero Long no. El alemán fue el primero en felicitar a Owens y luego caminó por el estadio del brazo del norteamericano. El dúo incluso posó juntos para las fotografías.

Owens con Luz Long (Imagen: Wikimedia Commons)

Fue un acto de deportividad que se quedó con Owens por el resto de su vida.

Owens y Long permanecieron en contacto incluso después de los Juegos. Su amistad trascendió todas las barreras, menos la Segunda Guerra Mundial. Luz Long perdió la vida durante la batalla de San Pietro en 1943, pero le escribió una conmovedora carta a Owens antes de morir, en la que reflexiona sobre su encuentro en Berlín 1936, sobre su amistad y le pide que le cuente a su hijo sobre él, sobre su camaradería y sobre la importancia de valorar las personas por sobre cualquier prejuicios.

La carta la firmó como: “Tu hermano, Luz.”

“Le tomó mucho valor hacerse amigo mío. Puedes derretir todas las medallas y copas que tengo y no serían un chapado en la amistad de 24 quilates que sentí por Luz Long en ese momento. Hitler debe haberse vuelto loco al vernos abrazados ”, dijo Jesse Owens.

En un mundo que parece cada vez más dividido y desgarrado por las diferencias que nos separan, la historia de Jesse Owen y Luz Long nos recuerda que los lazos de hermandad y amistad se pueden construir siempre y cuando tengamos la disposición de abrazar y aceptar al otro a pesar de lo que aparentemente nos separa.

Autor:
Alina Escobedoo Historiadora de profesión. Nerd y friki por convicción. Caminante de rpgs, navegante de mundos fantásticos y mendiga de buen fútbol.