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¿Recuerdas tus libros de texto gratuitos de la SEP?

Los Libros de Texto Gratuitos del 93 fueron un gran acierto de la SEP por la educación mexicana, así los recordamos.
enero 30, 2020

Casi todos concordamos en que en nuestra infancia las siete de la mañana era la hora en la que el frío de la madrugada emprendía la huída entre los pasillos, patios y explanadas de las primarias (públicas y privadas) de casi todo el país para dar paso a la llegada de decenas de niños a sus escuelas. Entre abrigos y mochilas atiborradas de útiles, uno a uno de nosotros con menos de 10 años de edad comenzábamos a integrarnos a las legendarias filas del 1°A, 1°B, 2°C y 3°D para avanzar hacia nuestras aulas.

Pese a que este acto se repetía todos los días como un ritual inalterable, pocos son los recuerdos que resultan tan cercanos como el del día en que la formación se realizó para recoger un pesado regalo que la Secretaría de Educación Pública tenía para los que recién llegábamos a la primaria: los libros de texto gratuitos de la generación 1993.

Español Primer grado Lecturas. (Issuu/Yanet Ayala)

El ‘libro del perrito’, por fin en nuestras manos

El día que los libros de la SEP llegaron a nuestras manos la formación era un caos: un grupo de niños, que se resistía a sumarse a las filas, corría de aquí para allá lanzado peligrosos balones a diestra y siniestra mientras que una serie de cajas gigantescas se acumulaba frente a la biblioteca. Los más tímidos (como yo) mordisqueábamos nuestras uñas y suéteres porque los maestros iban y venían con los enormes paquetes que hacían sudar sus frentes. El sol cubría cada esquina del patio de aquella primaria católica de la San Rafael y nuestros uniformes, oscuros y pesados, hacían que la espera fuera aún más larga. En aquella ocasión, los más altos no nos quedamos hasta atrás, sino que se nos asignó un número de lista de acuerdo al orden de nuestros apellidos para acomodarnos. Cuando los más rebeldes por fin cedieron a las peticiones de los maestros por el orden, uno a uno nos acercamos a largas mesas blancas donde había cientos de listas y papeles esperándonos.

“Tienes que poner tu nombre aquí y tu firma acá para poder recoger tus libros” susurraban las maestras. Lo que provocaba que quienes no teníamos firma nos preguntáramos inquietos qué podíamos hacer. Héctor dijo que una firma era como tu nombre pero con rayoncitos, mientras que Ramiro sacó la lengua y trazó figuras indescifrables en el aire. Entre los improvisados garabatos sobre las hojas de las mesas y los tachones que lo cubrían todo, podían observarse fallidos intentos de letras cursivas e iniciales mal garigoleadas con dibujos chiquitos que parecían barcos chuecos y extrañas florecillas que se amontonaban en los márgenes. Sin embargo, lo importante lo habíamos logrado porque, después de tanto, los libros de la SEP por fin estaban en nuestras manos.

Aunque eran muy pesados, estaban llenos de color y de vida, por lo que nos atraparon de inmediato y provocaron que los maestros nos pidieran que no los abriéramos hasta que estuviéramos en el salón de clases. Como era de esperar, esta petición fue ignorada por la mayoría, que enseguida tiró a los botes de basura del patio los plásticos protectores que cubrían los tan ansiados textos.

Dentro de los nuevos tesoros por descubrir había un libro de Matemáticas con una increíble mandala en su portada y estaba acompañado por un segundo tomo que anunciaba un cuaderno de recortes. Otro, de ‘Español Actividades‘, tenía un altar con velas, retratos y banderines que se parecían a los que decoraban los puestos del Mercado de San Cosme y el Libro Integrado, con su gigantesco globo de líneas rojas, negras y blancas salido de la imaginación de Ramón Cano Manilla, nos acercaba al arte mexicano sin que lo supiéramos. El Atlas de Geografía Universal, que los de quinto grado ondeaban como una bandera de victoria, mostraba el ‘Fenómeno de ingravidez’ de la gran Remedios Varo, mientras que la versión más pequeña, de los de cuarto grado, nos enseñaba los cielos azules de Rufino Tamayo.

Atlas de 5º grado con ‘Fenómeno de ingravidez’ de Remedios Varo. (Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos)

Una vez en los salones, los de primero recorrimos con la misma inercia que nos hacía darle vida a la escuela las páginas de los tres libros amarillos que acompañaban a un tomo de forma italiana con la imagen de un simpático perro de manchas cafés y negras con orejas amarillas mirando con firmeza hacia el Este. El nombre del material que este can protegía era el de ‘Español Lecturas‘, sin embargo más de la mitad de los alumnos nos aferramos a bautizarlo como ‘el libro del perrito’. Con el tiempo, y a medida que fuimos creciendo, supimos que el ‘Juguete de barro de Metepec‘ (nombre de la obra en la portada y trabajo de Roberto Montenegro) era el título de uno de los aliados de nuestra niñez y de un firme complice de nuestros recuerdos que lideraba al “eje articulador de los nuevos materiales” de la SEP y escondía en su interior a personajes como niños, monos y cabritas que nos hablaban de un mundo que apenas se transformaba.

Los cuentos de sus más de cien páginas nos abrían un panorama completo y real sobre nuestros miedos, tristezas y preocupaciones que pocas veces podíamos abrazar sin sentirnos extraños, pues la vida académica estaba por comenzar y con ella nuestros primeros pasos en un planeta llamado realidad.

Canción de Agustín Larreta en el libro ‘Español Lecturas’ de 1º grado. (Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos)

En casa, mamá y papá tenían una serie de paquetes de plásticos de colores para ‘forrar’ a nuestros nuevos amigos en una tarea que era relativamente sencilla porque cada color en el empaque correspondía a un libro.

Mientras mamá aseguraba su protección con pegamento, los niños poníamos nuestros datos en diferentes etiquetas para que nadie nos quitara los preciados regalos que a lo largo del curso escolar seguiríamos utilizando. Al día siguiente,  ‘Paco el Chato‘ nos dio la bienvenida a una serie de lecturas que los más ansiosos devoramos en cuestión de semanas para seguir navegando por los empolvados tomos de nuestros hermanos mayores. ‘La estrellita fugaz‘ y ‘Rufina, la cebra intrépida‘ nos enseñaron sobre el amor por la vida, los animales y nosotros mismos, así como ‘Risitos de Oro y los tres osos‘ nos llevó a comprender la importancia del respeto por lo ajeno. La ‘Mariposa de papel‘ nos encaminó hacia nuestra cultura ancestral y ‘La viejita y los quesos‘ pudo conmovernos con sus increíbles sueños en ilustraciones narrativas que acompañaban los argumentos literarios. A medida que crecimos, los textos sobre matemáticas, civismo, geografía y ciencias naturales complementaron las fantasías que creamos con ‘el libro del perrito’ haciéndonos entender el funcionamiento del mundo.

Aprendimos a germinar frijoles y a respetar los procesos biológicos de la vida y de la existencia. Conocimos la importancia que tenía el pensamiento lógico, pero también las emociones con las que, de más grandes, abrazaríamos nuestra realidad sin miedo ni violencia. Algunos empezamos así a alimentar nuestra fascinación por el cielo, los astros, el planeta y sus misterios, mientras que otros dieron grandes pasos creativos inspirándose en las obras de Francisco Goitia, José María VelascoIrina Botcharova, María del Roser Martínez Chalamansh y más para diseñar sus propios universos.

Poema de Rosario Castellanos en el libro ‘Español Lecturas’ de 3º grado. (Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos)

Los miles de secretos que los niños de los noventa encontramos en los Libros de Texto Gratuitos del 93 fueron parteaguas para la explicación de la vida que hoy transformamos y perseguimos, pues mientras múltiples inquietudes s0bre el funcionamiento de nuestro cuerpo, mente y espíritu se entretejían con la vida escolar, los poemas y textos de Oscar Wilde, Efraín Huerta, Federico García Lorca, Gabriela Mistral, León Tolstoi, Ana María Machado y hasta Jaime Sabines entremezclándose con literatura maya, mexica y otomí nos esclarecieron todo tipo de preguntas. La nueva forma de ver la realidad se fusionó con los dibujos del Dr. Atl y al mismo tiempo sus gigantescos volcanes se adentraron en lo más profundo de nuestra memoria para prepararnos para el siguiente nivel de aprendizaje que alcanzaríamos en la educación secundaria.

Ciencias Naturales de 3º grado con ‘Flora y fauna del periodo cuaternario plio-pleistoceno’ de José María Velasco. (Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos)

La transformación del ‘libro del perrito’

Los libros de la SEP que los millennials cobijamos con tanto cariño en nuestra infancia fueron reemplazados en 2008 por nuevos tomos más “dinámicos” y “actualizados” que exploran la naturaleza y la sociedad a través de una “Formación cívica y ética”.  Los tomos que los nuevos alumnos de las viejas escuelas conocen, así como sus portadas y diseños, resultaron sumamente diferentes a los que nosotros conocimos, pero emitir un juicio sobre su impacto en el aprendizaje de los niños mexicanos sería un error porque no perteneció a nosotros ese saber.

Los libros de texto gratuitos de 1993 no fueron los primeros que se repartieron en las escuelas, su primera entrega se remonta a la década de 1960. A estos siguieron los de 1962, cuyas portadas serían retomadas más de cincuenta años después para la edición de 2014 y durante 1972, 1982 y 1988. Fue así como llegó a nuestros ojos la mítica Sor Juana de Miguel Cabrera, engalanada con un intenso rojo carmín a su alrededor. La transición de estas obras continuaría con la Comisión Nacional de libros de texto gratuitos durante tres años más.

Los recuerdos permanecen y resisten

En algunos hogares, el ‘Kalendario Astronómico‘ y el Hidalgo de Orozco junto a ‘La Ofrenda‘ de Saturnino Herrán todavía son parte de la biblioteca de algunos niños de los noventa, quienes los atesoramos como reliquias casi sagradas que pudimos rescatar del inminente paso de la vida. Los mosquitos que debían comer la cáscara de plátano dentro de un bote de vidrio y los primeros desnudos del cuerpo humano en  los temas de educación sexual siguen en las hojas de papel amarillento, resistiendo casi tanto como los recuerdos de los fallidos experimentos de cuarto grado.

Las lecciones de escritura, lectura y redacción que hicieron eco en todas sus formas y hoy nos permiten comunicarnos siguen tan vigentes como los análisis semiliterarios que en quinto y sexto grado tratamos de emprender para aprobar el curso, y los temidos problemas de matemáticas para algunos siguen siendo tan complejos que es mejor no tratar de resolverlos.

‘Naranjas’ de Jaime Torres Bodet en el libro ‘Español Lecturas’ de 5º grado. (Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos)

Aunque las ediciones del 93 puedan recuperarse por algunos pesos en las viejas librerías del Centro Histórico de la ciudad, internet, o bien consultarse en el sitio web que la Secretaría de Educación Pública asignó para el archivo histórico de estos ejemplares en un bonito e innovador formato digital, aquellos que se perdieron en las inminentes purgas de nuestras madres o en el desinterés que llegaba con el paso de la edad hoy son homenajeados con incontables referencias que despiertan a la nostalgia dormida placidamente en nuestro pecho.

Al rebelde de Bodet y sus místicas conexiones con Vasconcelos le debemos todo esto, pues si no hubiera sido por su Comisión formada a finales de 1958 e inicios de 1959 quizá formaríamos parte de aquellos ochocientos sesenta y seis estudiantes que desertaban de la educación primaria.

“Los hombres de letras me miraron como a un ser raro, que concedía incomprensible importancia a tan modesta literatura […] Nuestros más célebres escritores no descenderían de las alturas de su Parnaso, para contar a los niños la historia de México, describirles su geografía, prepararlos a la lectura de Don Quijote […] El que se interesó desde luego por semejante empresa fue Martín Luis Guzmán” diría el primer compañero del canino de Metepec.

Material de lectura en el libro ‘Español’ de 2º grado. (Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos)

El legado de los libros de texto gratuitos

Cuando por arte de magia los elementos más emblemáticos de los libros de la SEP fueron transformados en playeras, pines y diseños, la generación de los noventa supo que el camino iniciado por Bodet había germinado y hecho florecer sus ambiciosos proyectos.

El que los textos nos marcaran a tal grado que los reproducimos con emoción, felicidad y nostalgia a más de diez años de haber terminado la primaria se explica en lo grandioso que resultaron sus diseños. A finales de los noventa no existían smartphones ni tabletas electrónicas. Los celulares más innovadores resultaban aburridos al poco tiempo de utilizarlos, pues como entretenimiento tenían el juego de “la viborita” y algunas aplicaciones como descarga de tonos musicales y cámara fotográfica adaptable. Si necesitábamos acceso a cualquier tipo de información, era más seguro y preciso acudir a los grandes ejemplares bibliográficos de nuestros hogares o colegio que conseguir una computadora y tener acceso al mundo virtual. Efectivamente, aunque del año 2000 solo hayan corrido 20 veinte años, en aquellos momentos se vivían tiempos distintos.

 

La lectura era una aliada para la mayoría y, por lo menos, era una actividad casi obligada y recomendada por los profesores a los padres para “ampliar la inteligencia y creatividad de sus hijos”. Por si fuera poco, los materiales que teníamos a nuestra disposición resultaban interesantes objetos que podíamos redescubrir una y otra vez de mil formas. Quizá éramos demasiado pequeños para saberlo, pero los más de cuarenta libros que formaron nuestra perspectiva académica y nos hicieron compañía durante seis años fundamentales de nuestra vida nos acercaron a la historia de nuestro país y a sus raíces con todos los elementos que tuvieron a su alcance: literatura, ilustración, fotografías, imágenes y arte. Ese guiño cultural que había hacia muralistas, personajes emblemáticos, científicos y hasta geógrafos o cartógrafos hizo eco en nuestra memoria para ahora mirar al horizonte sabiendo que no existen los límites para la creatividad y mucho menos para vivirla.

En julio de 2020, nuevos libros de texto gratuito volverán a imprimirse. Integrarán un código QR junto a los temas de lecturas y actividades para que los niños puedan adquirir más información sobre sus inquietudes y formarán parte de los materiales para el ciclo escolar 2020-2021.

“El compromiso es tener una primera etapa listos para mayo de este año, porque se tienen que cambiar todos los contenidos y además imprimir los libros de texto antes del mes de julio. Los primeros materiales son los de civismo, ética e historia, que además recuperan contenidos locales” mencionó el actual secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán.

El objetivo será que los niños y niñas conozcan sus derechos, sus responsabilidades y que desarrollen un pensamiento crítico que impulse ‘una nueva moral social’, pues después de todo como lo mencionó hace sesenta años Jaime Torres Bodet, los libros de texto “son un regalo del pueblo de México para el pueblo de México”.

Poema dentro de ‘Español Lecturas’ de 5º grado. (Comisión Nacional de Libros de Texto)