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¿Las lenguas indígenas se encuentran en riesgo de desaparecer?

La UNESCO declaró el 2019 como el año de las Lenguas Indígenas y así es su panorama en México.
octubre 4, 2019

 

“La lengua es el elemento fundamental de la identidad cultural, que es un conjunto de peculiaridades propias de una cultura o grupo que permiten a los individuos identificarse como miembros, pero también distinguirse de otros grupos culturales”.

Kálman Verebelyi

La lucha y la permanencia

El 2019 fue decretado como el Año de Las Lenguas Indígenas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) con el propósito de generar un llamado de alerta sobre el estado crítico en el que estas se encuentran. 

Mediante este anuncio se dijo que de las casi 7,000 lenguas que existen en el mundo, las provenientes de comunidades indígenas y pueblos originarios están desapareciendo a una velocidad sin precedentes, pues las reubicaciones forzadas, el crecimiento de la mancha urbana, las desventajas educativas, el analfabetismo, los movimientos migratorios, la exclusión social y, evidentemente, las condiciones de pobreza extrema, son algunos de los factores que fomentan su ocaso.

Es en este terreno donde se vuelve necesario mirar hacia un concepto que ha estado en boga durante los últimos años y tiene una manifestación interesante en la interacción de los pueblos indígenas con el resto del mundo: la apropiación cultural, que puede definirse como el fenómeno que sucede cuando, en una relación entre dos culturas, una se apropia de los elementos de la otra, los reproduce y los hace propios.

“La apropiación cultural de aspectos estéticos y su reproducción en masa, en ocasiones   ignora la visión de sus autores, y por lo tanto su lengua, volviendo sus objetos un producto de uso cotidiano”.

Un ejemplo que explica este fenómeno es el caso de Isabel Marant con el pueblo Mixe, en el que la famosa diseñadora francesa, junto a una marca de moda, copió y reprodujo los diseños textiles de la comunidad sin su permiso.

Aunque desde una perspectiva optimista este hecho habría servido para darle difusión a los mixes y a su cultura, Marant tomó las imágenes sin el persmiso del pueblo y las hizo suyas para reproducirlas y obtener un beneficio económico, del cual los creadores originales de este arte no vieron parte.

Además, el valor significativo que los diseños tenían para los indígenas fue ignorado por quienes compraron las prendas, ya que si bien los compradores se sintieron atraídos por su estética, no conocieron la profundidad su historia.

Suárez, Jorge A. (1993). Mesoamerican indian languages. Cambridge: Cambridge University Press. pp. xiv-xv. (Año 2000/Wikipedia Commons)

Lo que cuentan los números

Como podemos verlo en el caso de Marant, en el contexto de las apropiaciones culturales e intelectuales surge un fenómeno que está cobrando más fuerza, pero en un sentido inverso, pues en la permanencia de las comunidades, pero a costa de la pérdida de sus lenguas la apropiación parte de lo general a lo particular. 

En la actualidad, de las 7,500 millones de personas que habitamos en el mundo-según cifras oficiales de el Banco Mundial– 400 millones nos comunicamos en español y unas 360 millones lo hacen en inglés, lengua que con el paso del tiempo se convirtió en la oficial de países como Belice, India, Dominica, Ghana y Pakistán, además de en Estados Unidos, donde al igual que en el resto del planeta, antes existían lenguas étnicas que formaban parte de una gran diversidad cultural que con el paso del tiempo desapareció.

En mayor medida por la escasez de uso y, en otro tanto, por factores como las conquistas, el paso del tiempo y los cambios históricos y socioculturales, hasta este siglo se han perdido un total de 227 lenguas natales a las que se suma un 60% de las lenguas indígenas mexicanas, las cuales se encuentra en decadencia desde 2017.

Y es que en nuestro país no solo han cambiado las lenguas, sino también las interacciones sociales, dando lugar a fenómenos como el que sucede en ciertas regiones del Istmo y de la costa del Golfo, donde el inglés tiene una mayor presencia que las lenguas originarias.  Ya sea por la presencia constante de extranjeros en la zona, quienes inyectan un gran flujo monetario a la vida local, o por un desprestigio nacido en la discriminación, habitantes de lugares como Cancún, Isla Mujeres, Oaxaca o Mérida, por citar algunos ejemplos, suelen vean a su lengua como una herramienta más bien tradicional e histórica, que funcional y activa. 

Quienes entonces aún se comunican en su lenguas indígenas son en su gran mayoría niños y ancianos a los que las condiciones de vida no favorecen del todo, pues aunque los primeros todavía logran moverse hacia la modernidad para subsistir, los segundos perecen en el olvido junto a su bastedad cultural.

De este hecho común surgen historias como Doña Ángela, quien desde la zona del Istmo aún enfrenta una complicada realidad en la que a sus sesenta años no le es posible amoldarse a la ‘mordernidad’.

Aún no tiene un dominio completo del inglés y dice que “lo medio machacalea” cuando alguien le pregunta qué tan complicado le resulta entenderlo. El español comenzó a hablarlo entre los siete y diez años, y para los quince, ya había olvidado gran parte de su lengua madre, el mixe. En su tierra natal, para conectarse a la luz eléctrica, es necesario hacer algunos trucos con unos cables sueltos que se asoman entre la pared. El internet es una realidad distante que se obtiene pagando treinta pesos la hora en una tienda de abarrotes, y aunque es muy difícil que turistas lleguen a la comunidad, su lengua natal se ido olvidando.

Cuando su familia le comparte material de entretenimiento como canciones, series o películas que se encuentran en inglés, una ligera muestra de vergüenza se dibuja en su rostro mientras su cabeza asiente y ríe como si entendiera lo que se le dice, pero es solo en ocasiones, cuando el interés rebasa la pena, que ella misma le pide a sus hijos y nietos -la juventud y el futuro- que le traduzcan las cosas que no comprende y que implican un verdadero misterio que resolver.

Sus abuelos hablaban zapoteco, además del mixe, y era una bebé cuando sus padres migraron a la ciudad con el firme el objetivo de mejorar sus condiciones de vida para modernizarse. La esperanza era, que la entonces niña, tuviera un destino mejor que el de sus papás y del que lograría en su pueblo, donde si bien se tiene de todo para subsistir, las posibilidades de ‘ser alguien’ a los ojos del mundo se vuelven las mínimas.

Ángela ignora la gran tradición cultural de su pueblo, así como las enseñanzas de sus ancestros y la identidad que corre entre sus vena, Sabe que hoy, en Tuxtepec, algunos pobladores que todavía hablan su lengua originaria tienen la creencia de que el inglés es necesario, incluso un poco más que el español, porque esta lengua les garantiza una mayor oportunidad de desarrollo que trata de inculcar, con gran insistencia, a sus hijos. 

Convite de la Guelaguetza 2015. (Foto: Arturo Pérez/Cuartoscuro.com)

Los pueblos indígenas enfrentan la transformación de una sociedad en la que el significado de las migraciones y la adaptación,  a nivel lingüístico y cultural,  surgen en primer orden, ya que a las comunidades indígenas no les está bastando con conseguir algunos pesos del turista despistado que se deja fascinar por pencas de plátano o maíz en las faldas de la carretera para subsistir. 

Ellos requieren de nuevas herramientas que les permitan interactuar, prepararse y seguir creciendo, sin que estas signifiquen un riesgo para su patrimonio histórico.

A manera de explicación, los datos del INEGI dicen que, aunque en estas zonas el porcentaje de hablantes de lenguas indígenas es mayor -Oaxaca, Chiapas y Yucatán-, es común que sus habitantes escondan su legado para evitar la discriminación.

En 2015, en México, un 84% de su población comprendía el inglés a un nivel básico, mientras que en 2016, tan solo un 6.5% de la población hablaba alguna lengua indígena. Este año, 2019, la cifra dicta que siete de cada cien habitantes, de tres años o más, hablan alguna de estas lenguas y que es en el municipio de Santiago El Pinar, en Chiapas, donde casi toda la población del lugar se comunica de esta manera. Sin embaro, según el CONEVAL, es precisamente este estado el que encabeza la lista de pobreza extrema con una tasa del 76.6% poblacional bajo estas condiciones. 

De las 500 lenguas indígenas que existían hace siglos en toda Latinoamérica, hoy, tan solo en nuestro país, quedan 11 familias lingüísticas y 68 agrupaciones, según información del Director General de Políticas Lingüísticas del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), Fidencio Briceño Chel.

“Los poseedores de estas lenguas no solo son líderes en la protección del medio ambiente, sino que además sus idiomas representan sistemas complejos de conocimientos y deben reconocerse como un recurso nacional estratégico”. UNESCO,

Después de recorrer 50 kilómetros un grupo de mujeres chiapanecas, conocidas como ‘abejas’ descansan, para seguir mañana con rumbo al DF. (Foto: Oscar Leon/Cuartoscuro.com)

El choque con la realidad

Hace unos meses, en internet, la palabra apapacho apareció como una de las más lindas que el náhuatl nos heredó, seguida por guacamole, chocolate y chile. La euforia por el apapacho tuvo tal efecto en los usuarios de redes sociales, que las personas se mostraron conmovidas por este término, pero muy pocos se sumergieron en la profundidad del náhuatl en su totalidad.

No sé mencionaron otros términos del glosario como “tlali nantli”, que se traduce como Madre Tierra, o “xochitecatl”, que quiere decir canto florido o el arte de cantar, y mucho menos términos como “toltecayotl”, que significa la pertenencia social de un grupo de personas que comparten una filosofía y la continuidad del universo como un todo, haciendo evidente que el olvido de las lenguas es una  problemática que se expande hacia el patrimonio de la humanidad y deja de tejer su historia. 

La identidad en el panorama de las lenguas

A la identidad cultural se le puede ver como el sistema de valores, creencias, tradiciones, ritos, costumbres y comportamientos dentro de un conjunto de particularidades y patrimonio de una comunidad, que refleja su pensar y lo transmite a otras generaciones. Estas, como legado, reciben la construcción colectiva de sus antepasados, albergan en su memoria sus orígenes y travesías, y así, se desarrollan con las herramientas necesarias para comenzar a caminar hacia un nuevo futuro sin perder el respaldo de saber quiénes son. 

“Con la desaparición de las lenguas, merma su identidad, su memoria colectiva, pero también existe un peligro que pasa desapercibido para muchos: una pérdida de conocimiento que ha sido y será clave para el futuro de la región”.

Banco Mundial

Pese a que la identidad de nuestros pueblos indígenas haya pasado por diversos momentos históricos que la han puesto en riesgo -desde los saqueos de la época colonial, hasta la discriminación racial de los tiempos contemporáneos- el que existan, se propaguen y formen parte de la existencia de centenares de personas a lo largo y ancho del país, nos muestra que ellas no desean perecer, y que son parte responsiva de toda una sociedad que debe atender al llamado de alerta que advierte su extinción como un hecho serio. 

“En lingüística, para determinar la posición jerárquica de una lengua dentro de una comunidad, se distinguen tres posibilidades: sustrato, superestrato y adstrato. El encuentro de la lengua española y las indígenas de Mesoamérica al inicio, en el siglo XVI, fue una relación de superestrato, ya que el conquistador se comunicaba con el pueblo sometido por medio de intérpretes”. 

El INALI y la ONU han dicho que las lenguas definen los rasgos y características que expresan su identidad, y de acuerdo a lo dicho por Kálman Verebélyi, profesor universitario, lingüista, traductor y periodista, cuando un pueblo opta por sustituir su lengua por alguna otra, diluye su esencia, se desvanece y muere, dejando un gran abismo en su ser cultural dentro del gran engranaje social.

El vuelo del colibrí

En las comunidades indígenas, no solo los recursos materiales, la lejanía demográfica y los vacíos comunicativos son un problema para sus habitantes, sino también las condiciones abruptas que tienen las nuevas generaciones para subsistir e integrarse a un universo de conocimientos que les permita desarrollar su vocación mediante los estudios y la formación académica.

El abismo entre las lenguas provoca que los jóvenes de estas comunidades no tengan un gran acceso a la educación, ya que por no comprender el español ni contar con información en su lengua, solamente el 1% de los estudiantes indígenas llega a la universidad, donde suelen ser víctimas de una pobreza multidimensional que el CONEVAL ha definido como un rezago en el acceso a un sano desarrollo, exponiendo que además, cerca de 50 mil jóvenes se quedan sin estudios de licenciatura, y quienes los alcanzan, no siempre desean sentirse como miembros indígenas, ya que su condición étnica los vuelve vulnerables. 

Breve Panorama Educativo de la Población Indígena. (INEE)

Cuando el entorno se vuelve completamente hostil, el único remedio que les queda a las generaciones es el de abdicar, pues su condición los lleva a un nivel de apatía que resulta brutal. La Secretaría de Educación Pública contaba, en 2014, con 10 756 estudiantes y 1,055 profesores en las 12 universidades interculturales, lo que ayudó a la inclusión de este nivel de estudios en las comunidades indígenas, pero ahora, incluso la seguridad se ha vuelto un tema delicado. 

Nicolás Boullosa/Fontainebleau, France – “Dualidad” (1964), by Rufino Tamayo (1899-1991), CC BY 2.0/ Wikipedia Commons.

El canto de las 400 voces

Como lo informa el Banco Mundial, “la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas analizó 62 idiomas en México y concluyó que 22 estaban sujetos a un rápido proceso de reemplazo”, debido a que la exclusión social aqueja a los pueblos indígenas y, pese a que a lo largo del mundo distintas naciones hayan retomado la creatividad y visión de diversos pueblos, -como el maya, zapoteca y wixárika- la discriminación también se manifiesta y atenta contra los artistas que regalan su trabajo y obra a cambio de nada en estos niveles.

Santos de la Torre y Maruch Méndez son claros ejemplos de ello, ya que sin sentirse con la autoridad ni confianza de exigir un pago a cambio de su trabajo, han extendido el hilar de su cultura hacia todos los hemisferios, haciendo que la identidad y cosmogonía indígena de México esté al alcance de cualquier par de manos que desee sostenerla.

Artistas y miembros de las mismas comunidades -como Kalu Tatyisavi, Nadia López Garcia y Filogonio Velasco Naxín– gigantes contemporáneos que siguen los pasos de grandes maestros como Francisco Toledo y Rufino Tamayo, quienes al igual que las voces jóvenes, rebasaron todas las fronteras impuestas para dar a la permanencia de su lengua, su identidad y su cultura un giro de 180 grados que, hasta la actualidad, es visible a los ojos del mundo entero.

En la literatura, la pintura y el universo de las narrativas, los pueblos indígenas han sido pioneros, ya que desde tiempos prehispánicos tenían códigos y escrituras en las que plasmaron los rasgos más importantes de sus pensamientos, y ahora sirven de inspiración para la creación de nuevos horizontes.

A nivel gubernamental, y de iniciativa privada, existen ejemplos por enlistar como el Programa de Derechos Indígenas de Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y la plataforma 68 voces, los cuales abren el panorama a la participación activa de la sociedad invitándola a comulgar con sus orígenes. 

Si bien se ha mostrado que los colores de los pueblos indígenas -en los tiempos modernos y globalizados- se desgastan día a día, el trabajo de grandes académicos, periodistas y lingüistas, como Miguel León Portilla o Fernando Benitez, también se suman a la resistencia, enseñándonos que en el fondo, el crecimiento de las raíces nos ha servido para que las lenguas indígenas sean el camino que nos lleve de regreso al hogar, sin importar las distancias que nos separen de él.

La muerte de una lengua es la muerte de una historia y de una vida repleta de legados humanos, por lo que el INALI, las instituciones públicas y cientos de colectivos independientes han comprendido que para seguir avanzando es necesario sustentarnos y comulgar con el pasado, en el que los pueblos trazaron surcos en la tierra para abastecerse y encontrarse.

Los indígenas y sus manifestaciones deben ser protegidos, y el hecho de que, en apariencia no formen parte de un mundo moderno, no significa que sean obsoletos ni mucho menos que sus conocimientos no tengan nada que aportarnos, sino todo lo contrario, porque al mirarlos de frente es posible reconocer en ellos una gran parte de nosotros y de nuestro sentir.

Las lenguas indígenas y sus hablantes están mucho más cerca de lo que imaginamos. Se encuentran en cada esquina y en cada calle. Después de tantos años siguen sustentando a nuestra sociedad y con sus ritos, flores y cantos nos acompañan en las explicaciones del universo, la vida y la muerte.

Tanto el Mictlán como los hombres de maíz convergen con nosotros en un entorno que es real, que no puede olvidarse de lo que fue y que no debe permitir que una apropiación externa, vacía y sin sentido de pertenencia se lleve lo que es vital para el espíritu: una lengua en la que se explique, cree y sustente lo que será el porvenir.