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¿Por qué es importante atender la salud mental?

Te explicamos la importancia de atender la salud mental, un problema que parece individual pero es colectivo.


¿Qué es la salud? ¿Qué es “estar bien”? Cuando hablamos de la salud casi siempre pensamos en la mera ausencia de enfermedades, todas ellas físicas. La relación que tenemos con nuestro entorno o el estado de nuestra mente no siempre figuran en el imaginario de lo que es la salud. Sin embargo, cada vez cobra mayor relevancia en nuestra sociedad la salud mental.

 

En palabras de la Organización Mundial para la Salud (OMS), la salud es un estado de equilibrio mental, social y físico. Por su parte, la organización define la salud mental como “el estado de bienestar en donde el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones de la vida diaria, además de ser productivo y contribuir con su comunidad”.

15 de cada 100 mexicanos padecen depresión. (Fuente: Pexels)

Desde la Antigüedad, los médicos sabían que de nada servía el mero bienestar físico si se padecía “algún mal del alma”. Aunque los tratamientos no siempre surtieran el efecto deseado, aquellos preocupados por la salud reconocían lo importante que era combatir los males que no tenían estragos físicos y que, sin embargo, mermaban a quien los padecía.

La salud mental en el siglo XXI

Con el nacimiento de la medicina moderna, la salud mental empezó a recibir una atención de la que no gozó en siglos previos. Casi al mismo tiempo en que Pasteur desarrollaba su teoría microbiana, la psicología daba sus primeros pasos de la mano de un afán científico.

Paciente en terapia psicológica. (Fuente: Pexels)

Atrás quedaban las teorías de los humores o la omnipresencia de la religión en la atención psicológica. Por el contrario, ahora se trabajaba con un espíritu moderno a partir de los conceptos desarrollados por médicos y pensadores árabes como Avicena, quienes vislumbraron por primera vez la psicoterapia.

A lo largo del siglo XX, la psicología y la psiquiatría tuvieron un desarrollo inimaginable. Los médicos desarollaron terapias y fármacos capaces de curar o revertir la depresión, los problemas de aprendizaje, el pánico y la ansiedad.

En el siglo XXI parece haber más opciones que nunca antes para atender la salud mental. Y, sin embargo, cada vez hay más gente que reporta malestares sin tratamiento.

La salud de uno, un problema de todos

Según datos de la ONU, en el mundo casi mil millones de personas sufren algún trastorno mental. Cada 40 segundos ocurre un suicidio; y actualmente ocurren cerca de 700 mil suicidios al año en el mundo.

En cuanto a México, según un estudio de la OMS, en 2016 nuestro país registraba 5.2 suicidios por cada cien mil habitantes. Esta cifra lo colocaba en la posición 149 a nivel mundial. Por su parte, según datos de la UNAM, en México 15 de cada 100 han padecido depresión.

Sin embargo, desde entonces los números han empezado a empeorar: en 2019, México registró un total de 6 mil 524 suicidios. En cambio, en tan solo en los primeros ocho meses del 2021 se han registrado 6 mil 366 suicidios en nuestro país.

Cualquier observador pensaría que ante el enorme desarrollo de las ciencias médicas, el número de personas con trastornos mentales disminuiría y, sin embargo, parece ascender. ¿Cómo es posible que en un mundo donde existen terapias y medicamentos, tantos pacientes ni siquiera consideren la posibilidad de buscar ayuda?

Por años hemos conceptualizado la salud mental como un fenómeno exclusivo del individuo, al margen de la sociedad y su devenir. Esto ha facilitado que construyamos entornos que invisibilizan o dificultan la atención de sus miembros.

La salud es un equilibrio mental, físico y social. (Fuente: Pexels)

Según datos de la ONU, en países con ingresos bajos o medianos más del 75% de la gente no recibe tratamiento. Esto revela un desfase con respecto a la atención que se pone en la salud física.

Nuestras comunidades y gobiernos, por ejemplo, pueden tener muy claro por qué es importante invertir en la prevención del dengue, la diabetes, el VIH o la tuberculosis.

Algunas de estas enfermedades se previenen con una sola vacuna, otras se tratan con medicamento de por vida. Todas tienen en común que causan estragos en el tejido social cuando no son atendidas, afectan la productividad del país y representan una enorme carga económica para los gobiernos.

La salud mental cumple todos estos puntos antes mencionados, pero no se le trata con la misma importancia. Alrededor de los trastornos mentales hay estigmatización y desdén; no pocas veces se juzga moralmente a quien los padece o se menosprecia la urgencia con que deben atenderse.

De ahí que la OMS haya instituido dos días para promover la importancia de la salud mental y concientizar sobre un problema que parece individual pero cuya solución es necesariamente colectiva.

Desde el año 2003, el 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Esta fecha se instituyó para combatir el estigma que padecen las personas con trastornos mentales o comportamiento suicida, pues este suele ser uno de los mayores obstáculos en la prevención del suicidio.

Por su parte, el 10 de octubre se celebra el Día Internacional de la Salud Mental. En esta fecha, las acciones están avocadas en subrayar que la salud plena no es posible si no pasa por la salud mental.

A diferencia de otras épocas donde los llamados “malestares del alma” eran un misterio cerrado a nuestro escrutinio, en el siglo XXI se ha conseguido una comprensión inédita de la salud mental. Aunque aún haya mucho camino por recorrer, en ninguna otra época los pacientes tuvieron tantas soluciones posibles a la mano.

Pero, para que estas tengan éxito, es necesario vencer los estigmas, escuchar a aquellos que nos necesitan y comprender que el malestar de uno repercute en todos.

 

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