K-Pop: Música de moda y política cultural que está conquistando el mundo

K-Pop: ¿Qué es y cuáles son sus bandas más representativas de este fenómeno cultural?
abril 2, 2020

Hombres y mujeres jóvenes bailando emocionantes coreografías y cantando pop en los más ambiciosos videos musicales que se hayan visto. De reojo, el K-Pop puede parecer una moda más que atrae a la juventud del mundo globalizado. Sin embargo este fenómeno cultural involucra aspectos políticos e inimaginables ganancias económicas para Corea del Sur, su país de origen.

El K-Pop, aunque con particularidades propias de Corea del Sur, en buena medida es una versión amplificada del pop occidental: más dinámico, con mayor producción, más luces, escenarios y colores. Puede ser visto como el último grito de la moda; no obstante, las raíces están en el siglo pasado y no se encuentran en la industria del entretenimiento sino en la política.

Desde su fundación en 1948, Corea del Sur tuvo una estrecha relación con Estados Unidos. La nación asiática servía como freno para el avance del comunismo. Las dictaduras antizquierdistas, en mayor o menor medida apoyadas por EE. UU., no permitieron el desarrollo de una industria musical comercial. Por lo que fue hasta los noventa que surgieron los primeros sellos discográficos como parte de una ambiciosa maniobra del gobierno para impulsar la economía surcoreana. Ya en esa década, la predominancia de la televisión influyó en la producción y estética de lo que conocemos actualmente como K-Pop, caracterizado por vestuarios vistosos, coreografías atractivas pero accesibles para que todos las puedan bailar, así como videos con los mayores estándares de calidad.

No solo la tele tuvo un fuerte impacto en el origen del K-Pop. Otro hecho que terminó por condicionar su estética fue precisamente el proceso de liberalización posterior a las dictaduras, a inicios de los noventa. Con la llegada del internet, los surcoreanos se empaparon de la cultura estadounidense. Un ejemplo de esta tendencia fue Seo Taiji and Boys, un acto musical surcoreano que combinaba ritmos occidentales como rap, rock, techno y R&B.

Fue a partir de entonces que las industria cultural empezó a crecer hasta tener un impacto en la economía similar al de los sectores químicos, automovilísticos, electrónicos y de la construcción. Desde entonces se destacan los sellos SM Entertainment, YG Entertainment y JYP Entertainment.

A pesar de la fuerte iniciativa, no todo fue un éxito en el amanecer del K-Pop. Artistas como Hyun Jin-Young fueron fracasos comerciales. En respuesta, las grandes compañías decidieron sistematizar el proceso de creación de estrellas de pop con el fin de minimizar las posibilidades de falla. Así fue como SM creó su in house system para el lanzamiento de artistas. Se llama Culture Technology o CT.

Letristas, arreglistas, ingenieros de audio, agentes, coreógrafos, coordinadores de diseño, asesores de imagen, instructores de canto. Todo estaba a cargo de la empresa.

A las estrellas del K-Pop que surgen del CT se les conoce como idols. Son jóvenes estudiantes que participan en audiciones. Muchas de estas se transmiten por televisión o internet. De este modo, los seguidores se involucran emocionalmente en la carrera artística de su ídolo.

El genio detrás del CT es el fundador de SM Entertainment, Lee Soo-man, acaso una de las figuras de mayor impacto en la industria musical.

Los idols pasan por un entrenamiento que involucra prácticas de canto y coreografías. A partir de ese momento inicia una etapa de enormes sacrificios para estos jóvenes que aspiran al estrellato.

Mucho se podría discutir acerca de dicha estrategia, lo cierto es que comercialmente resultó un éxito, y hasta la fecha, muchas de las compañías involucradas en el K-Pop la implementan. Otro hecho que hay que tomar en cuenta para poner en su justo contexto a la industria cultural del K-Pop es que las condiciones socioeconómicas de Corea del Sur y EE. UU. en la posguerra eran diametralmente distintas. Mientras que en la Unión Americana los jóvenes contaban con tiempo libre para su preparación y dinero para sus instrumentos y demás equipo, los chicos y chicas surcoreanos dependen en buena medida del sistema de los sellos discográficos para forjar sus carreras.

La industria del K-Pop es tan influyente que el crossover con la publicidad de bienes y servicios se volvió inevitable. Si los comerciantes tienen la intención de llegar a los jóvenes, entonces lo tiene que anunciar un idol. Incluso, la mayor proyección a la que puede aspirar una marca es salir en un video de un grupo musical. Es así como el K-Pop se integró en un circuito por el que tiene que pasar todo lo que es calificado como cool.

Primero, Corea; luego, el mundo

A inicios del siglo XXI ocurrió un fenómeno curioso. El K-Pop, inspirado en la escena musical comercial de Estados Unidos en los noventa, llegó a Occidente y conquistó a los jóvenes millennials. Algunos conocedores seguramente supieron de los artistas coreanos mucho antes, pero quien masificó el alcance del K-Pop fue PSY con su éxito “Gangnam Style”, una canción que, por su humor, resulta no ser lo más representativo del pop asiático. El video del tema fue el primero de YouTube en sobrepasar las mil millones de vistas.

¿Será que el K-Pop pronto se encumbrará en el mainstream de América? Solo el tiempo lo dirá.

Y es que el modelo surcoreano permite la multiplicación de la marca, que puede llegar a otros países. Un ejemplo es la banda Super Junior de SM Entertainment, que incluye diversas “subunidades” como Super Junior-M (mandopop, música pop en mandarín), Super Junior-T (música trot, un género coreano con más de 100 años de antigüedad), además de Super Junior-H (por Happy, feliz en inglés).

El Caballo de Troya con el que entró el K-Pop a Occidente se llama YouTube. Y es que la plataforma de videos permitió a este género musical llegar a nuevos mercados, según Ann Lu, vicepresidenta de marketing del canal de televisión musical Mnet America.

“Los videos de K-Pop fueron vistos [en YouTube] cerca de 2.3 mil millones de veces alrededor del mundo en el último año [2012], rompiendo casi tres veces el récord del año pasado de 800 millones de vistas”, según un reporte citado en el blog especializado Soomoi.

Sin embargo es importante decir que, más allá de los fans gritando y los likes a los videos, el K-Pop sirve otro propósito relacionado con un concepto usado por los internacionalistas, el poder blando (del inglés soft power), es decir, la capacidad de un actor político para incidir en otros por medios culturales o ideológicos.

La presidenta de Corea del Sur (de 2013 a 2017) Park Geun-hye lo dijo: “En el siglo XXI la cultura es poder”. En este sentido, los surcoreanos van en serio. Desde 2008 el gobierno estableció el Ministerio de Cultura, Deporte y Turismo de Corea con un departamento dedicado a la promoción global del K-Pop.

Y es que no todo es una reinterpretación de la cultura pop estadounidense. Cada vez es más común ver elementos del folclore coreano, como es el caso de “Idol” de BTS que, además de trap, tiene elementos de samulnori.

No es una exageración hablar del K-Pop como una herramienta cultural de gran influencia. Si usted se rodea de gente joven, es muy probable que alguno de ellos esté aprendiendo o quiera aprender coreano para saber de primera mano el significado de lo que cantan sus ídolos. Para satisfacer esta demanda, el gobierno surcoreano abrió 130 escuelas de lenguas en 50 países, según datos de la BBC.

Una muestra de la aceptación e incluso prestigio del K-Pop es la invitación que recibió BTS -una de las agrupaciones más populares del género- a dar un discurso en la ONU.

Mientras que en 2019 el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, se hizo acompañar de la banda EXO para recibir al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Y un ejemplo más de diplomacia del más alto nivel: en el marco de la Declaración de Panmunjom para la Paz, la Prosperidad y la Unificación de la Península de Corea, firmada en 2018, que buscaba la reconciliación de las dos Coreas, la agrupación Red Velvet se presentó ante el líder norcoreano Kim Jong-un.

A primera vista podría parecer muy extraña la política cultural exterior de Corea del Sur, pero pensemos por un momento que muchos países de Occidente, como México, tienen como emblema sus manifestaciones folclóricas. La diferencia es que los surcoreanos han decidido abrazar la modernidad y sus productos culturales.

Además, como señalan Claudia Valge y Maari Hinsberg, el avance del K-Pop podría conseguir un fin más humilde y noble: acabar con los estereotipos que se hacen de las personas asiáticas. Que supuestamente son introvertidos, tradicionalistas y ñoños. Nada de eso está presente en las representaciones de las bandas musicales.

Es más, como Valge y Hinsberg afirman, las bandas masculinas de K-Pop han logrado romper con los moldes de masculinidad hegemónicos propios de la herencia cultural surcoreana. Los artistas varones son motivados a ser más sensibles, empáticos y educados.

Y no todos los logros del K-Pop son meramente culturales o sociales. De hecho también hace enormes contribuciones a la economía surcoreana. Tan solo los ya mencionados BTS aportaron 3.6 mil millones al producto interno bruto de su país en 2019, según un informe del Instituto de Investigación Hyundai.

Uno que está acostumbrado a ver que las modas van y vienen puede pensar que el K-Pop es algo pasajero. No obstante, por su historia, hasta el momento es más posible pensar que la fórmula de su éxito bien podría reproducirse en otros países en próximos años.

Si quieres saber más acerca del interesante fenómeno del K-Pop, así como de su música, checa el programa K-Pop Idols en el canal de televisión BitMe.

Agradecimiento especial a Freddy Campos.

Con información de Cuck Philosophy, The Verge y el ICDS-International Centre for Defence and Security

Autor:
Marco Ortiz Editor de Especiales NT